E-Book, Spanisch, Band 233, 130 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina Cómo han de ser los amigos
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-010-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 233, 130 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-010-9
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(Salen don Manrique y el rey de Navarra.)
Manrique Don Guillén de Tolosa, cuyo estado,
como hermano, heredó del conde muerto,
viendo al de Fox, mi amigo, aprisionado,
su dañada intención ha descubierto,
porque con Aymerico concertado
que guarde a don Gastón, tiene por cierto,
después que a Fox y su condado rinda,
ser dueño de Narbona y de Armesinda.
Hásela el duque viejo prometido,
y hasta que ella dé el sí de ser su esposa,
la tiene en un castillo, donde ha sido
Armesinda tan firme como hermosa;
porque aunque a nadie el Duque ha permitido
visitarla, sino es al de Tolosa,
ni que la sirva más que una doncella,
no puede persuadirla ni vencella.
Aquesto, gran señor pasa en Narbona.
Amigo soy de don Gastón; y tanto,
que por la libertad de su persona
daré la vida. Pues el cielo santo
de Aragón te ha entregado la corona,
con que tu nombre al moro causa espanto
y obedecerte aqueste reino miro
por sucesor del monje don Ramiro.
Así pise las lunas africanas
la victoriosa cruz de tus banderas,
desterrando las barras catalanas
al sarraceno vil de sus riberas,
que el nombre que de justo y largo ganas,
con don Gastón mostralle agora quieras,
dándome gente y armas, con que pueda
su estado defender, que a riesgo queda.
Perderá el de Tolosa su arrogancia,
y partiendo a Narbona en son de guerra,
las lises quitaré, que le dio Francia,
y las barras pondré de aquesta tierra.
Gozarás a Narbona, si a tu instancia
al Duque venzo, que la paz destierra,
y libre don Gastón, será testigo
de lo que vale un verdadero amigo.
Navarra Don Manrique, el amor que os he cobrado
a vos y a vuestro padre, el conde muerto,
por el rey de Castilla desterrado,
y admitido en mi reino, os hará cierto
cuanto deseo, que al antiguo estado
de Castilla volváis; y tornen puerto
allí vuestros trabajos; mas recelo
que aun no quiere aplacar su enojo el cielo.
Con el rey de Castúla, Alfonso Octavo,
por cartas he tratado que os reciba
en su gracia, mas lleva por el cabo
la envidia a su rigor desde que priva
con él don Lope de Haro, y temo al cabo
que ha de ser imposible, mientras viva
su enojo, y de don Lope la privanza,
cumplir vuestra quietud y mi esperanza.
Quisiera, don Manrique, para aquesto
que, restaurando parte del estado
que habéis perdido, os viera otra vez puesto
conforme merecéis. Pues el condado,
de Fox está en peligro manifiesto,
preso su conde, y él casi usurpado,
gozad de la ocasión. Yo os daré gente
con que quede por vuestro fácilmente.
A mí me está esto bien, porque es frontera
Fox, de Aragón y, su áspera montaña,
por donde Francia ha hecho guerra fiera
diversas veces a Aragón y a España.
Por aquesta razón, Conde, quisiera
que, sacando mis gentes en campana,
ganárades a Fox, que así procuro,
que estemos, vos honrado y yo seguro.
Manrique Señor, si la amistad que he profesado
con don Gastón, permite, estando preso,
tan grande ingratitud, que su condado
le usurpe...
Navarra Don Manrique, dejaos de eso;
mi amigo sois también; determinado
tengo de hacer matarle, que os confeso
que las guerras que ha hecho a esta corona
piden satisfacción de su persona.
Si estimáis mi amistad más que la suya,
yo haré que, despreciando al de Tolosa,
su hija el de Narbona os restituya
y, conquistando a Fox, sea vuestra esposa.
ManriquePrimero el cielo santo me destruya,
que, siendo yo su amigo, haga tal cosa.
NavarraPerderéis, no cumpliendo lo que os digo,
por un amigo conde, un rey amigo.
(Vase el rey de Navarra.)
Manrique ¡Qué notable tentación
ha combatido mi pecho!
La honra con el provecho
grandes enemigos son.
Si ha de morir don Gastón,
sin que le dé libertad
de Aymerico la crueldad
con que mis ruegos resiste,
porque su estado conquiste
¿en qué agravio su amistad?
Mas —¡Oh, civil pensamiento!—
¿tal comunicas conmigo?
Preso don Gastón, mi amigo,
su hacienda usurparle intento?
Quimeras sin fundamento
son; mas, si en prisión cruel
muere, ¿qué he de hacer? Ser fiel,
y a pesar de armas y miedo,
libertarle; y si no puedo,
morir en prisión con él.
¿Mandólo el rey de Aragón?
Cuando el amigo es de ley
atropella vida y rey.
¿Que importa, si entrambos son
amigos? La obligación
que tengo al rey, y su amor
no ha de manchar mi valor,
para que su intento siga,
que no es amigo el que obliga
a su amigo a ser traidor.
Estas consecuencias claras,
por más seguras elijo,
que bien dijo aquél que dijo:
«El amigo hasta las aras.»
Mas —¡ay, alma!—. ¿No reparas
que a Armesinda me han de dar?
Gran premio, no hay que dudar;
porque si se ha de romper
la amistad, sólo ha de ser
por amor o por reinar.
Interés y amor me llama
pero, en fin, soy don Manrique;
padezca yo, y no publique
de mí tal caso la fama.
Amo a quien amigo ama,
sin poder mi libertad
olvidar tanta beldad;
pero atorménteme y muera
mi amor, como quede entera
la ley de nuestra amistad.
(Sale Tamayo.)
Tamayo ¡Válgame Dios! Y qué a pique
de morir está un lacayo,
si anda cual yo!
Manrique Tamayo.
Tamayo¡Pardiez! señor don Manrique
que no lleguemos a nietos
con esta vida en Narbona.
Ayer se vio la persona
en temerarios aprietos.
No soy bueno para espía.
Mándame tú que haga plaza
del mandil y la almohaza,
o que juegue todo un día
y la noche, aunque a mi padre
pierda, y no me mandes ser
podenco de una mujer;
que no pare y es mi madre.
¡Bravas cosas hay de nuevo!
Manrique¿Cómo? ¿Hablaste a don Gastón?
Tamayo¡Sí! ¡Bonica es la prisión,
y bonico es el mancebo!
Ahí tenemos en el arca
otra vida. No hay entrar
una mosca en el lugar;
y por toda su comarca
se publica que eres muerto.
Manrique¿Que soy muerto?
Tamayo Sí; y también
que en volviendo don Guillén
de Fox, que dicen que es cierto
el haberse apoderado
de su injusta posesión,
le darán a don Gastón
despachos en un bocado.
Manrique ¿Que soy muerto yo?
Tamayo Tú, pues.
Y aunque entonces lo creí,
y mandé decir por ti
un real de misas, después
que vi a Rosela quedé
desengañado y corrido.
Dice, que el haber fingido
el duque tu muerte, fue
porque Armesinda te adora,
desde que a Narbona fuiste
y muerte a don Ramón diste,
como a su Endimión la Aurora.
Tiénela su padre presa
hasta que dé el sí de...




