De Molina | Desde Toledo a Madrid | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 234, 142 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina Desde Toledo a Madrid


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-176-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 234, 142 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-176-7
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Desde Toledo a Madrid, de Tirso de Molina, tiene su antecedente en el tercer capítulo de su 'novela' Cigarrales de Toledo. Un hombre celoso y despechado, en una noche de pendencia, irrumpe al huir de la justicia en la alcoba de una dama. El encuentro hará que los dos se replanteen la vida a la que parecen predeterminados ante la posibilidad de un nuevo y verdadero amor. Doña Mayor, es una dama toledana que se va a casar por compromiso en Madrid, al día siguiente. Don Baltasar, pretende conquistarla. Durante dos jornadas de viaje entre Toledo y Madrid, asistimos a una lucha contra reloj, urdida por los amantes. Él disfrazado de mozo de mulas y ella, desplegando todos los sutiles ardides de la inteligencia femenina. Tirso despliega todo su ingenio y sabiduría, en el retrato de unos personajes frágiles pero llenos de determinación, dispuestos a seguir los impulsos de sus pasiones y rebelarse contra lo establecido.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Suena dentro ruido de coche. Don Alonso, doña Mayor, Medrano, dentro.)

Alonso Para, para.

MayorMedrano,

¿estáis sordo? Parad el coche, hermano,

que voy muerta.

Medrano ¡La flema!

Dalas, muchacho, pues el Sol no quema,

que ya se ve Cabañas.

MayorSeñores, ¿quieren que eche las entrañas?

Parad, o arrojaréme

del coche.

Alonso Parad; ¡hola!

MedranoPararéme,

con treinta diablos; ea,

no malpara. ¡Qué presto se marea

la dama! Yo la digo

que tomara en Madrid este castigo;

que hay hembra que una noche

no se acostó, por sólo andar en coche.

(Salen don Alonso, doña Mayor y Medrano.)

Mayor¡Jesús!¡cuál vengo! El alma

traigo en los dientes.

MedranoÉchela en la palma.

¡Gentiles damerías!

Legua y media han andado. Ésta es Olías;

éstas sus ventas llenas

de palominos, vaca y berenjenas.

A este andar, llegaremos

en dos años. Marina, remojemos.

(Vase.)

Mayor¡Que sólo hemos andado

legua y media no más?¿Hay tal enfado?

No imaginé yo que era

tan largo el mundo.

AlonsoPonte en la litera,

si te hace mal el coche,

y lleguemos a Illescas esta noche.

Mayor¡Litera, ni por pienso!

¿Turibulada yo sin ser incienso,

y entre dos machos feos,

sujeta a descorteses bamboleos?

No, padre, no me agrada;

descanse en ella tu dolor de ijada;

que será cosa esquiva

querer que vaya en tumba, estando viva.

Alonso¡Oh, qué melindres tienes!

Mayor, repara que a casarte vienes;

olvida niñerías,

y logra seso, como logras días.

MayorPues si perdida vengo,

¿qué he de hacer? Desde luego te prevengo

que no será posible

pasar de aquí, si tu vejez terrible

no quiere que me muera,

yendo a Madrid en coche o en litera.

Dejemos la jornada,

o a Toledo volvamos si te agrada;

pues es mejor dar vuelta,

que entre polvo y calor morir envuelta,

dentro de un calabozo

portátil, para ver de mí mal gozo.

Yo no quiero casarme,

si primero pretendes enterrarme.

Méteme en un convento

y no en un coche, estrecho monumento,

pues cuando en él me vea,

aunque cause tristeza, no marea.

(Salen don Luis y doña Elena.)

Luis Pues, esposa querida...

Elena¿Qué aguardamos, Mayor?

Mayor Estoy perdida.

Señor don Luis, advierta

que he de llegar, si voy en coche, muerta.

No estoy acostumbrada

a un balanzo tras otro. La jornada

es larga; si procura

mi salud, o me den cabalgadura

con sillón, o en Olías

nos desposemos.

LuisDichas fueran mías

el acortar los plazos

que ha de lograr mi amor en vuestros brazos.

Poco hay de aquí a Cabañas.

MayorMenos hay de la boca a las entrañas.

Señores, yo no puedo

conmigo más; o vuélvanme a Toledo

o llévenme de suerte

que, en vez de bodas, no lloren mi muerte.

ElenaAlquilen un jumento;

irá mi prima en él más a contento;

pues aquí es fácil cosa

hallar jamúas.

Mayor ¡Invención airosa

será, por vida mía,

que entremos en Madrid al mediodía,

en coche el desposado

y la novia en jumento angarillado,

dando a risas motivo

ir yo galanteándole el estribo!

AlonsoPues ¿qué traza daremos

para que tus melindres contentemos?

Mayor¿No van cuatro criados

a mula, a su placer acomodados?

Escojan la más mansa,

pues la litera angustia, el coche cansa;

que, habiendo aquí herederos,

que en Toledo son casi caballeros,

si diligencia pones,

no faltarán jamúas o sillones.

Búsquenme una emprestada,

o si no, demos fin a la jornada.

Luis Si sólo estriba en eso,

démosla gusto.

(Salen don Baltasar, de mozo de camino, Medrano, y Casilda.)

BaltasarBonda pan y queso

para beber un trago.

MedranoBerrico, ¿no coméis?

BaltasarNunca me pago

de manjar que se asienta

en las tripas; con pollos pago cuenta.

Mis amos, pues ¿qué [es] esto?

¿Ya se han cansado? Vamos de aquí presto,

que es de noche.

AlonsoNo quiere

ir en coche Mayor.

Baltasar¿No? Pues espere;

la mula que yo llevo

anda como una dama.

Alonso Es de mancebo,

que llaman de camino.

Buena será.

Baltasar A mi cuenta no hay pollino

que ande más manso y llano.

[...]

Si gusta de ir en ella,

busquen unas jamúas que ponella.

MayorMancebo acomodado

sois para vos.

Baltasar De cinco que me han dado,

un coche y la litera,

escogí la mejor y más ligera;

que todo sobrestante

ha de mirar por sí, Cristo delante.

Luis Alto, pues nos la ofrece,

busquemos, entretanto que anochece,

vendidas o emprestadas

jamúas o sillón en las posadas.

AlonsoDeudos tengo en Olías;

Gonzalo de Aguilera o Juan de Frías

podrán acomodarnos

de todo, aunque sospecho han de estorbarnos

esta noche el camino.

Cumplámosla este antojo u desatino.

Luis Vamos a hablarlos luego.

Alonso¡Libréme Dios de tu desasosiego!

(Vanse don Alonso, don Luis y Medrano.)

ElenaLlegaremos de noche.

MayorNo es mi estómago, prima, para coche.

Mas vos, ¿de qué manera

habéis de caminar?

Baltasar ¿Yo? A la ligera.

Yendo a su lado, quiero

servirla al pie de su palafrenero.

Ya que nos detenemos,

señora doña Elena, merendemos;

vaca hay salpimentada,

palominos fïambres y ensalada.

Elena¡Vaya!¿No vienes, prima?

MayorNo estoy para comer, antes me anima

el fresco que aquí corre.

Tráiganme en que me asiente.

(Don Baltasar entra en la venta y saca una silla de costillas.)

Casilda¡Brava torre

empina nuestro Olías!

BaltasarDe costillas es ésta.

Casilda¡Y de hartos días!

Elena¿No entra el señor Berrío

a merendar?

Baltasar Ya yo he bebido frío.

Elena¿De nieve?

Baltasar Lo del pozo

suple esta falta.

Elena ¡Qué alentado mozo!

(Vanse doña Elena y Casilda.)

MayorPues, señor don Baltasar,

¿qué es esto?

BaltasarLograr venturas,

que en desdichados son cortas

y largas penas anuncian;

añadir nuevos cuidados

a los primeros que buscan

por donde se libre una alma

que más se enreda y anuda;

alargar lo más que puedo

la vida, si no la cura,

de una voluntad doliente,

en vísperas de difunta;

cumplir órdenes severas,

pues vuestras crueldades gustan

que os salga al...



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