E-Book, Spanisch, Band 236, 132 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina Doña Beatriz de Silva
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-183-5
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 236, 132 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-183-5
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(Salen doña Beatriz y doña Inés, dama.)
Beatriz Alegre está Tordesillas,
InésSi en estas bodas ha sido,
entre ciudades y villas,
solo el lugar escogido
del rey ¿qué te maravillas?
Beatriz ¡Bravas fiestas, diestras cañas,
valientes toros!
Inés Los hijos,
Beatriz, de las dos Españas,
aun hasta en los regocijos
se entretienen con hazañas.
Beatriz ¿En fin tenemos torneo
esta noche?
Inés Del amor
que te tienen, noble empleo,
pues dando a tantos favor,
tan repartida te veo,
que te juzgo enamorada,
y no sé, en particular,
si lo estás.
Beatriz Todo me agrada,
y a todos quiero igualar,
y no me enamora nada.
Inés A don Pedro diste un guante.
BeatrizEs Pereira y mi pariente;
portugués en lo constante,
en lo airoso, en lo valiente
y portugués en lo amante.
Inés En Castilla está por ti;
bien, por fuerza, has de quererle.
BeatrizQuiérole, Inés, así, así,
lo que basta a entretenerle,
pero no a salir de mí.
Inés Si eso es verdad, no has andado
grata a su merecimento,
pues le has con otro igualado.
Beatriz¿Cómo?
Inés A don Diego Sarmiento
el otro guante le has dado.
Beatriz Pidióle con cortesía;
es ilustre castellano
y cuando calzada vía
la una a la otra mano
envidiosa se corría.
Inés El don Diego es por extremo,
y si en tal Sarmiento ves
llamas de amor, ya te temo.
BeatrizA tales llamas, Inés,
caliéntome y no me quemo.
Inés Creólo, pues te divierte
don Luis de Velasco.
Beatriz Sabe,
tiene alma, es gallardo, es fuerte;
por lo secreto y lo grave
entre damas tendrá suerte.
Inés También mostraste largueza
en favorecerle.
Beatriz Sí,
que es mnucha su gentileza,
y, como los guantes di,
fui a pedir a la cabeza
una flor de su tocado.
InésEn fin, ¿ha de dar favores
a todo tu amante agrado?
Beatriz¿Qué quieres? Guantes y flores,
danlos las tiendas y el prado;
no he de ser yo menos que ellos.
InésEn no habiendo más que dar,
pediráslo a tus cabellos.
BeatrizNo, Inés, que no ha de llevar
mi gusto nadie por ellos.
Inés Sé con todos general,
porque ansí, Beatriz, conserves
tu inclinación liberal,
con tal que uno me reserves,
que no me parece mal
y me da con ocasión
celos de ti.
Beatriz No me espanto.
¿Quién es?
Inés Don Pedro Girón.
Beatriz¿Qué dices?
Inés Quiérole tanto,
que le he dado el corazón.
Beatriz Como fuera gavilán
bien le dabas de comer.
Don Pedro es cuerdo y galán,
y yo, solo por saber
que celos pena te dan
aunque le igualé hasta aquí
con los otros, esa pena
he de aumentar.
Inés ¿Cómo así?
BeatrizTodo lo que es cosa ajena
engendra apetito en mí.
En viendo en otra una gala,
luego por ella me muero
hasta estar de envidia mala;
al que desdeñaba, quiero
si otra dama le regala.
Mira tú de qué manera
sufrirá mi inclinación
que lo que quieres no quiera.
InésÉsa es común condición
y no eres tú la primera;
pues que todas la heredamos.
Mas, las que nobles nacimos,
cuando amistad profesamos,
con cordura resistimos
lo que necias deseamos.
Beatriz Ahora bien, yo te prometo,
doña Inés, hacerlo así;
y, sólo por tu respeto,
olvidarle desde aquí.
Inés¿No le has de dar, en efecto,
favor para este torneo?
BeatrizNi para fiesta ninguna.
InésVoyme, pues, que hablar deseo
a don Álvaro de Luna.
(Aparte.)(A don Pedro venir veo.
Escondida quiero ver
si esta portuguesa sabe
cumplir como prometer.)
(Sale don Pedro Girón.)
Pedro No tiene por cosa grave
el que es rico mantener
su familia con su casa;
mas, al que, cuando le importa,
la fortuna le es escasa,
y dándole hacienda corta
le da los gastos sin tasa,
igualarále en rigor
conmigo, a quien hace aposta
hoy el rey mantenedor,
si para ayuda de costa,
no os merezco algún favor.
Beatriz Corréis vos por otra cuenta;
dama hay en palacio, rica,
que manteneros intenta
con el favor que publica
y en vuestro nombre alimenta.
Pedidia, don Pedro, vos
para esa empresa favores,
que en la corte de Amor, dios,
nadie sirve a dos señores,
ni tira gajes de dos.
Pedro Es muy corto tiempo agora
para poder responderos,
por ser ya del torneo hora;
sólo podré cierta haceros,
que siendo vos mi señora
no se sujeta mi amor
a otro dueño, ni otra ley;
porque es vasallo traidor
quien conoce más que a un rey
y sirve más que a un señor,
Y mi palabra os empeño,
que mi esperanza creciera
si, en fe del amor que enseño,
solamente yo os sirviera,
pues vos sola sois mi dueño.
Mas deseos excusados
dan materia a mi temor;
pues ya advierten mis cuidados
que ha de ser uno el señor,
pero muchos los criados.
En serlo vuestro me empleo;
mas, pues sin favor me voy,
y en vos novedades veo,
fingiré que enfermo estoy
y quedaráse el torneo.
(Quiérese ir.)
Beatriz No quiera Dios que por mí
pierda el palacio su fiesta;
volved, no os partáis así,
que si tan caro me cuesta
cumplir lo que prometí,
por mejor tengo agradaros
que triste el palacio esté.
Don Pedro, ¿qué podré daros?
Buscando estoy y no sé
si he de hallar con que agradaros.
Ahora bien, inconvenientes
contra amor no han de bastar,
de celos impertinentes;
ni sin causa os quiero dar,
don Pedro, este mondadientes,
(Dásele.) que es la voluntad notoria
de una dama a quien hacéis
objeto de vuestra gloria,
y os le doy porque saquéis
reliquias de la memoria.
(Vase.)
Pedro ¡Oh premio rico, que a perder provoca
el seso del dichoso que te alcanza!
Pues si enloquece una desconfianza,
también el gozo vuelve una alma loca.
Ya la sentencia mi temor revoca,
pues a pesar de celos y mudanza,
Beatriz, por sustentar vos mi esperanza,
os lo habéis hoy quitado de la...




