E-Book, Spanisch, Band 237, 156 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina El amor médico
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-190-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 237, 156 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-190-3
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera
(Salen doña Jerónima y Quiteria.)
Jerónima¿Hay huésped más descortés?
¿Un mes en casa, al regalo
y mesa de don Gonzalo,
y sin saber en un mes
que mujer en ella habita,5
o si lo sabe, que es llano,
blasonar de cortesano
y no hacerme una visita?
¡Jesús, Quiteria, es grosero
aunque tú vuelvas por él!10
QuiteriaYo, en lo que he notado dél,
perfeto le considero:
la persona, un pino de oro;
un alma en cualquiera acción;
de alegre conversación,15
guardando en ella el decoro
que debe a su calidad;
en lo curioso un armiño,
mas no afectando el aliño
que afemina nuestra edad;20
mozo, lo que es suficiente
para prendar hermosuras
mas no para travesuras
de edad, por poca, imprudente.
Júzgole yo de treinta años.25
JerónimaPinta en él la perfección
que el conde de Castellón
en su Cortesano.
Quiteria Extraños
humores en ti ha causado
ese enojo que condeno.30
Ya no tendrá nada bueno,
porque no te ha visitado.
Si ignora que en casa hay dama,
¿qué le culpas?
Jerónima No lo creas;
que, aunque abonarle deseas,35
un mes de mesa y de cama
en casa, viendo criadas,
escuderos, coche y silla,
si no es que se usa en Castilla
en las más autorizadas40
servirse los caballeros
de dueñas y de doncellas,
sacado habrá ya por ellas
quién vive aquí.
Quiteria Forasteros
más tratan de su negocio45
que de tantas menudencias.
Jerónima¡Qué alegas de impertinencias!
La curiosidad es ocio
de obligación en discretos;
que nunca están los cuidados50
en ellos tan ocupados
que perjudiquen respetos,
hijos de la cortesía,
y más en casas extrañas.
Porque veas que te engañas, 55
anoche a la celosía
del patio le vi bajar;
y para que no tuviese
disculpas, porque me oyese,
dije en voz alta: «Aguilar, 60
¿dónde dejáis a mi hermano?».
Y respondióme: «Señora,
iba a la Alameda agora».
Entonces él, cortesano,
quitó a la reja el sombrero,65
sin extrañar el oírme.
¿Osarás ahora decirme
que no peca de grosero
quien, sin hacer novedad
de escuchar que en casa había70
hermana, la suponía?
QuiteriaCulpa la severidad
de tu hermano; ¿mas pasó
sin hablarte?
Jerónima Hizo un pequeño
comedimiento y, risueño,75
en la otra cuadra se entró.
QuiteriaEs tan negro circunspecto
mi señor que habrá mostrado
en que no te vea cuidado,
y don Gaspar tan discreto80
que le adivinará el gusto.
¿Mas que nunca en él te habló
después que está en casa?
JerónimaNo;
que como muestra disgusto
porque no me determino85
en admitir persuasiones
casamenteras, pasiones
de hermano a que no me inclino
le ocasionan a no hablarme
dos meses ha.
Quiteria No me espanto;90
haste embebecido tanto
en latines que a cansarme
llego yo sin que me importe;
cuánto y más quien se encargó
de ti desde que murió95
tu padre.
Jerónima Yo sigo el norte
de mi inclinación; ¿qué quieres?,
mi señor se recreaba
de oírme cuando estudiaba.
¿Siempre han de estar las mujeres100
sin pasar la raya estrecha
de la aguja y la almohadilla?
¡Celebre alguna Sevilla
que en las ciencias aprovecha!
De ordinario los vasallos105
suelen imitar su rey
en las costumbres y ley.
Si da en armas y en caballos
soldados y caballeros
son el sabio e ignorante;110
enamorados si amante;
si ambicioso lisonjeros.
Dicen que en Indias hay gente
que porque a un cacique vieron
sin un diente todos dieron115
luego en sacarse otro diente.
La reina doña Isabel,
que a tanta hazaña dio fin,
empieza a estudiar latín
y es su preceptora en él120
otra que por peregrina
no hay ingenio que no asombre,
tanto que olvidan su nombre
y la llaman la Latina.
Por esto quiero imitalla.125
QuiteriaHaces bien; mas dese modo
procura imitarla en todo,
por mujer y por vasalla;
cásate, pues se casó.
JerónimaDame tú un rey don Fernando130
que, a Castilla gobernando,
me deje estudiar, que yo
haré mis dichas iguales.
El matrimonio es Argel,
la mujer cautiva en él.135
Las artes son liberales
porque hacen que libre viva
a quien en ellas se emplea;
¿cómo querrás tú que sea
a un tiempo libre y cautiva?140
QuiteriaYo no te sé responder,
porque no sé argumentar;
pero, ¿por qué ha de estudiar
medicina una mujer?
JerónimaPorque estimo la salud,145
que anda en poder de ignorantes.
¿Piensas tú que seda y guantes
de curar tienen virtud?
Engáñaste si lo piensas;
desvelos y naturales150
son las partes principales
que con vigilias inmensas
hacen al médico sabio;
por ver si a mi patria puedo
aprovechar contra el miedo,155
que a la salud hace agravio.
¿No es lástima que examinen
a un albéitar herrador,
a un peraile, a un tundidor,
y que antes que determinen160
que pratique su ejercicio
aprueben su suficiencia;
y la medicina, ciencia
que no tiene por oficio
menos que el dar o quitar165
la vida que tanto importa,
con una asistencia corta
de escuelas, un platicar
dos años a la gualdrapa
de un dotor en ella experto170
porque más hombres ha muerto,
prolijo de barba y capa,
en habiendo para mula
luego quede graduado
antes de ser licenciado175
de dotor? ¿Quien no regula
estos peligros no es necio?
QuiteriaCuanto a esa parte estoy bien
con lo que dices.
Jerónima ¿Que den
joya que no tiene precio180
ni se puede restaurar
a un bárbaro desa suerte?
QuiteriaY aun no dan de balde muerte,
que se la hemos de pagar.
Diz que en Madrid enseñaba185
cierto verdugo su oficio
no sé a qué aprendiz novicio
y viendo que no acertaba,
puesto sobre un espantajo
de paja, aquellas acciones190
infames de sus liciones,
le echó la escalera...




