De Molina | El amor médico | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 237, 156 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El amor médico


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-190-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 237, 156 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-190-3
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El amor médico es una notable comedia de enredo escrita por el prolífico dramaturgo español Tirso de Molina. Ambientada en Portugal, la obra nos introduce a una serie de personajes cosmopolitas, con alusiones a ciudades tan lejanas como La Habana. La historia gira en torno a Jerónima, la audaz protagonista que no se detiene ante nada para conquistar a su amado, Don Gaspar. En su camino para ganar el corazón de Don Gaspar, Jerónima muestra una determinación y un ingenio excepcionales, llegando incluso a disfrazarse de hombre para lograr su objetivo. Tirso de Molina utiliza esta trama para crear una narrativa llena de giros y vueltas inesperadas, manteniendo a los espectadores en vilo hasta el final. El amor médico es un ejemplo perfecto del talento de Tirso de Molina para combinar elementos de comedia, romance y aventura en una obra que es tanto entretenida como reflexiva. Además de su trama intrigante, El amor médico también se destaca por su representación de las costumbres y actitudes de la época, proporcionando un retrato vívido de la sociedad del Siglo de Oro español. La valentía y la astucia de Jerónima en particular, desafían las expectativas tradicionales de comportamiento femenino, añadiendo un matiz de crítica social a la obra.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera


(Salen doña Jerónima y Quiteria.)

Jerónima¿Hay huésped más descortés?

¿Un mes en casa, al regalo

y mesa de don Gonzalo,

y sin saber en un mes

que mujer en ella habita,5

o si lo sabe, que es llano,

blasonar de cortesano

y no hacerme una visita?

¡Jesús, Quiteria, es grosero

aunque tú vuelvas por él!10

QuiteriaYo, en lo que he notado dél,

perfeto le considero:

la persona, un pino de oro;

un alma en cualquiera acción;

de alegre conversación,15

guardando en ella el decoro

que debe a su calidad;

en lo curioso un armiño,

mas no afectando el aliño

que afemina nuestra edad;20

mozo, lo que es suficiente

para prendar hermosuras

mas no para travesuras

de edad, por poca, imprudente.

Júzgole yo de treinta años.25

JerónimaPinta en él la perfección

que el conde de Castellón

en su Cortesano.

Quiteria Extraños

humores en ti ha causado

ese enojo que condeno.30

Ya no tendrá nada bueno,

porque no te ha visitado.

Si ignora que en casa hay dama,

¿qué le culpas?

Jerónima No lo creas;

que, aunque abonarle deseas,35

un mes de mesa y de cama

en casa, viendo criadas,

escuderos, coche y silla,

si no es que se usa en Castilla

en las más autorizadas40

servirse los caballeros

de dueñas y de doncellas,

sacado habrá ya por ellas

quién vive aquí.

Quiteria Forasteros

más tratan de su negocio45

que de tantas menudencias.

Jerónima¡Qué alegas de impertinencias!

La curiosidad es ocio

de obligación en discretos;

que nunca están los cuidados50

en ellos tan ocupados

que perjudiquen respetos,

hijos de la cortesía,

y más en casas extrañas.

Porque veas que te engañas, 55

anoche a la celosía

del patio le vi bajar;

y para que no tuviese

disculpas, porque me oyese,

dije en voz alta: «Aguilar, 60

¿dónde dejáis a mi hermano?».

Y respondióme: «Señora,

iba a la Alameda agora».

Entonces él, cortesano,

quitó a la reja el sombrero,65

sin extrañar el oírme.

¿Osarás ahora decirme

que no peca de grosero

quien, sin hacer novedad

de escuchar que en casa había70

hermana, la suponía?

QuiteriaCulpa la severidad

de tu hermano; ¿mas pasó

sin hablarte?

Jerónima Hizo un pequeño

comedimiento y, risueño,75

en la otra cuadra se entró.

QuiteriaEs tan negro circunspecto

mi señor que habrá mostrado

en que no te vea cuidado,

y don Gaspar tan discreto80

que le adivinará el gusto.

¿Mas que nunca en él te habló

después que está en casa?

JerónimaNo;

que como muestra disgusto

porque no me determino85

en admitir persuasiones

casamenteras, pasiones

de hermano a que no me inclino

le ocasionan a no hablarme

dos meses ha.

Quiteria No me espanto;90

haste embebecido tanto

en latines que a cansarme

llego yo sin que me importe;

cuánto y más quien se encargó

de ti desde que murió95

tu padre.

Jerónima Yo sigo el norte

de mi inclinación; ¿qué quieres?,

mi señor se recreaba

de oírme cuando estudiaba.

¿Siempre han de estar las mujeres100

sin pasar la raya estrecha

de la aguja y la almohadilla?

¡Celebre alguna Sevilla

que en las ciencias aprovecha!

De ordinario los vasallos105

suelen imitar su rey

en las costumbres y ley.

Si da en armas y en caballos

soldados y caballeros

son el sabio e ignorante;110

enamorados si amante;

si ambicioso lisonjeros.

Dicen que en Indias hay gente

que porque a un cacique vieron

sin un diente todos dieron115

luego en sacarse otro diente.

La reina doña Isabel,

que a tanta hazaña dio fin,

empieza a estudiar latín

y es su preceptora en él120

otra que por peregrina

no hay ingenio que no asombre,

tanto que olvidan su nombre

y la llaman la Latina.

Por esto quiero imitalla.125

QuiteriaHaces bien; mas dese modo

procura imitarla en todo,

por mujer y por vasalla;

cásate, pues se casó.

JerónimaDame tú un rey don Fernando130

que, a Castilla gobernando,

me deje estudiar, que yo

haré mis dichas iguales.

El matrimonio es Argel,

la mujer cautiva en él.135

Las artes son liberales

porque hacen que libre viva

a quien en ellas se emplea;

¿cómo querrás tú que sea

a un tiempo libre y cautiva?140

QuiteriaYo no te sé responder,

porque no sé argumentar;

pero, ¿por qué ha de estudiar

medicina una mujer?

JerónimaPorque estimo la salud,145

que anda en poder de ignorantes.

¿Piensas tú que seda y guantes

de curar tienen virtud?

Engáñaste si lo piensas;

desvelos y naturales150

son las partes principales

que con vigilias inmensas

hacen al médico sabio;

por ver si a mi patria puedo

aprovechar contra el miedo,155

que a la salud hace agravio.

¿No es lástima que examinen

a un albéitar herrador,

a un peraile, a un tundidor,

y que antes que determinen160

que pratique su ejercicio

aprueben su suficiencia;

y la medicina, ciencia

que no tiene por oficio

menos que el dar o quitar165

la vida que tanto importa,

con una asistencia corta

de escuelas, un platicar

dos años a la gualdrapa

de un dotor en ella experto170

porque más hombres ha muerto,

prolijo de barba y capa,

en habiendo para mula

luego quede graduado

antes de ser licenciado175

de dotor? ¿Quien no regula

estos peligros no es necio?

QuiteriaCuanto a esa parte estoy bien

con lo que dices.

Jerónima ¿Que den

joya que no tiene precio180

ni se puede restaurar

a un bárbaro desa suerte?

QuiteriaY aun no dan de balde muerte,

que se la hemos de pagar.

Diz que en Madrid enseñaba185

cierto verdugo su oficio

no sé a qué aprendiz novicio

y viendo que no acertaba,

puesto sobre un espantajo

de paja, aquellas acciones190

infames de sus liciones,

le echó la escalera...



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