De Molina | El Aquiles | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 238, 130 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El Aquiles


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-191-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 238, 130 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-191-0
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Los clásicos de la antigüedad fueron un modelo en la comedia española de siglo de oro, autores como Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca, remodelaron la tradición de manera que el resultado reflejase la sociedad del entorno. Así el joven Aquiles expresa, en esta obra, la preocupación por la definición de género y para analizar el destino predeterminado. Aquiles es hijo de la diosa Tetis y de Peleo quien, aunque de sangre real, es un mortal. Ello hace de este personaje un semidiós: ni del todo hombre ni del todo divino. Tirso aprovecha y explota esa personalidad indefinida del héroe en este drama; para plasmarla, se centra en el aspecto físico de Aquiles. Lo hace, tal como la tradición lo pinta, presentando un individuo andrógino que participa tanto de lo masculino como de lo femenino.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen Aquiles, de dama bizarramente vestida de camino, y Tetis.)

Aquiles ¡A extrañas cosas me obligas!

Tetis Transformaciones de amor

dan a los dioses valor.

Aquiles Es verdad; mas no me digas,

madre, que no degenero

con aquestos trajes viles

de mi ser. Yo soy Aquiles

con gentil arnés de acero.

¿Para la guerra me ensayas

que en Troya Grecia me ofrece?

¿Fama mi valor merece

entre chapines y sayas?

Afuera pasiones locas,

que con cobardes cautelas

corchos viles por espuelas

y por la celada tocas

entorpecen mi valor.

¡Vive Dios que he de rompellas,

pues no es bien que infame en ellas

mi opinión un torpe amor!

Tetis Cuando a Hércules se iguale

el que disfraza tu ser,

y en hábito de mujer

le contemples con Onfale,

dejarás de estar confuso;

pues no te aconsejo yo

que, si Hércules hiló,

juegues tú a la rueca y huso.

Nunca mucho costó poco,

mucho si amas has de hacer.

Aquiles ¿Yo vestido de mujer

y no me juzgas por loco?

Bien lograré de Quirón

las lecciones y ejercicios

con que, refrenando vicios,

pieles del tigre y león

despedazados por mí

por galas me acomodaba,

y en vez de triunfos me daba

los brazos viéndome así.

¿Qué diría si me viese

de infame mujer vestido?

Tetis Eso fuera, hijo querido,

cuando Quirón lo entendiese;

mas sólo hemos de saberlo,

después del cielo, los dos.

Aquiles Pues ¿no sabrá que algún dios

en mi afrenta puede verlo?

Esta razón te convenza;

que merece infames nombres

quien se esconde de los hombres

y de Dios no se avergüenza.

Cuanto y más que, aunque pudiera

ser posible el ocultar

de los dioses el obrar

cosa que justa no fuera;

el que en valor se señala

no lo ha de dejar de hacer

porque ellos lo puedan ver,

mas porque es de suyo mala.

Deidamia y su amor perdone,

que, aunque la adoro, no es justo

que oprima a la honra el gusto

y tal infamia ocasione.

¡Vive Dios, que de afrentado

de la vileza presente,

tengo de huír de la gente

y nunca entrar en poblado!

¿Yo joyas, sedas y rizos?

¿chapines y tocas yo?

Tetis Siempre el amor inventó

galas, disfraces y hechizos;

mas, pues no quieres usallos,

procura olvidar, si puedes,

a la hija de Licomedes

que, aunque salen sus vasallos

en su nombre a recibirnos,

y él desea tanto vernos,

fácil nos será volvernos

y de su corte encubrirnos.

Quien sus pasiones reprime

no tenga amor, pise estrellas;

Deidamia es de las más bellas

que honran su deidad sublime;

goce Lisandro las glorias

que dejas tú, pues se casa

con ella, y tú el tiempo pasa

en atormentar memorias,

de puro honrado, homicidas.

Galas lascivas desnuda,

de opinión y traje muda,

asalta las defendidas

murallas que en Troya empieza

a guarnecer el valor

mientras Lisandro al amor

ejecuta en la belleza

de Deidamia.

Aquiles ¿Quién es ése

que a mi dueño ha de gozar?

Tetis Con quien la quiere casar

su padre.

Aquiles Eso no, aunque fuese

pública al mundo la infamia,

de aquestos disfraces viles;

pues sólo merece Aquiles

la hermosura de Deidamia.

Vence, Amor, vuestro poder,

dioses, los que habéis amado.

Aquiles enamorado

se disfrace de mujer.

No pierda yo mi opinión

con vosotros, que no es nuevo

en Neptuno, Jove y Febo

transformarse. Dioses son

y hombre Aquiles, que hoy imita

a Júpiter vuelto en toro,

águila, cisne, nube, oro

con que mi amor acredita.

Celoso estoy, mis desvelos

fuerzan lo que amante dudo,

que lo que el amor no pudo

siempre lo acaban los celos.

Madre, al rey vamos a hablar

y a dar a Lisandro muerte.

Tetis Lo que te he enseñado advierte.

Aquiles Sólo dificulto andar

sobre estos corchos, no quepo

en ellos ni se regillos;

fueran acerados grillos

cadenas, prisiones, cepo,

que con hacerlos pedazos

quedara libre después;

mas con corchos a los pies

y con puños en los brazos,

terribles cosas me mandas,

¡que prender puedan a Aquiles

corchos y telas sutiles,

y en vez de maromas, randas!

Tetis Todo es fácil a quien ama.

Cuando estés en la presencia

del rey, haz la reverencia

que te he enseñado de dama;

vuélvela a ensayar aquí.

(Hace una reverencia de soldado.)

Aquiles Si la errare no te asombre.

Tetis Ésa es reverencia de hombre.

Aquiles Y ésta de mujer. Caí.

(Cáese

de los chapines.) Juráralo madre yo

que en haciéndome mujer

había luego de caer.

Mas ¿qué es esto?

Tetis El rey salió

de mi venida avisado,

tu dama y competidor.

Aquiles Sólo esta vez el temor

mi corazón ha usurpado;

los efectos del vestido

me pegan su liviandad.

Tetis Hijo, en la dificultad

tu ciego amor te ha metido;

ten con las acciones cuenta

que te enseñé.

Aquiles Harélo así.

Tetis Si te conocen aquí

caerás en mayor afrenta.

Mira no eches a perderlo.

Aquiles Amor, ayudadme vos,

porque si no, vive Dios,

que habemos de revolverlo.

(Salen Licómedes, viejo; Deidamia, con otro vestido; Briseida, dama; Peloro y Lisandro.)

Licómedes Ya se me cumplió el deseo

que de conocer tenía

a quien, siendo sangre mía,

es esposa de Peleo.

Dadme, señora, los brazos.

Tetis Con ellos el alma os doy,

pues asegurando estoy

en ellos mortales lazos

que mi agravio pronostican,

no hallando en vos, gran señor,

el esperado favor

que mis remedios publican.

Llegad a besar la mano,

Nereida, al rey vuestro tío.

Aquiles En ella el amparo fío

que ha de hacer mi temor vano;

pues, fuera de ser mujer,

soy, gran señor, deuda vuestra,

y vos espejo en quien muestra

la clemencia su poder.

(Aparte.) (¿Cuál de aquellos dos será

que Deidamia trae al lado,

el que a mi amor y cuidado,

veneno entre celos da?

Gana tengo, vive Dios,

de dar tras todos.)

Licómedes Admiro,

de la belleza que miro,

hermosa sobrina, en vos,

de vuestros padres la suerte,

pues que les dió su ventura

en vos toda la hermosura

y en vuestro hermano el más...



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