De Molina | El burlador de Sevilla | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 240, 146 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El burlador de Sevilla


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-915-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 240, 146 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9816-915-7
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El burlador de Sevilla es la primera obra donde aparece el legendario burlador de la fe y de las mujeres. Se trata de Don Juan que, conjuntamente con el Quijote, es el otro gran héroe de la literatura clásica española. Unos de sus personajes más universales y populares. El don Juan de Tirso de Molina seduce a doña Isabela haciéndose pasar por su marido. El asunto inspiró posteriormente a otros autores como Moliere, Verdi o José Zorrilla. Sin embargo, este don Juan original, padre de todos ellos, es curiosamente el menos conocido.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen el rey y don Diego Tenorio, el viejo.)

Rey¿Qué me dices?

Diego Señor, la verdad digo,

por esta carta estoy del caso cierto,

que es de tu embajador, y de mi hermano.

Halláronle en la cuadra del rey mismo

con una hermosa dama del palacio.

Rey¿Qué calidad?

Diego Señor, es la duquesa

Isabela.

Rey ¿Isabela?

Diego Por lo menos...

Rey¡Atrevimiento temerario! ¿Y dónde

ahora está?

Diego Señor, a vuestra alteza

no he de encubrirle la verdad, anoche

a Sevilla llegó con un criado.

ReyYa sabéis, Tenorio, que o estimo,

y al rey informaré del caso luego,

casando a ese rapaz con Isabela,

volviendo a su sosiego al duque Octavio,

que inocente padece, y luego al punto

haced que don Juan salga desterrado.

Diego¿Adónde, mi señor?

Rey Mi enojo vea

en el detierro de Sevilla, salga

a Lebrija esta noche, y agradezca

sólo al merecimiento de su padre...

Pero decid, don Diego, ¿qué diremos

a Gonzalo de Ulloa, sin que erremos?

Caséle con su hija, y no sé cómo

lo puedo agora remediar.

Diego Pues mira,

mi gran señor, ¿qué mandas que yo hago

que esté bien al honor de esta señora,

hija de un padre tal?

Rey Un medio tomo

con que absolverlo del enojo entiendo:

mayordomo mayor pretendo hacerle.

(Sale un criado.)

CriadoUn caballero llega de camino,

y dice, señor, que es el duque Octavio.

Rey¿El duque Octavio?

Criado Sí, señor.

Rey Sin duda

que supo de don Juan el desatino,

y que viene, incitado a la venganza,

a pedir que le otorgue desafío.

DiegoMi gran señor, en tus heroicas manos

está mi vida, que mi vida propia

es la vida de un hijo inobediente

que, aunque mozo gallardo y valeroso,

y le llaman los mozos de su tiempo

el Héctor de Sevilla, porque ha hecho

tantas y tan extrañas mocedades.

La razón puede mucho. No permitas

el desafío, si es posible.

Rey Basta,

ya os entiendo, Tenorio, honor de padre...

Entre el duque...

Diego Señor, dame esas plantas.

¿Cómo podré pagar mercedes tantas?

(Sale el duque Octavio, de camino.)

Octavio A esos pies, gran señor, un peregrino

mísero y desterrado, ofrece el labio,

juzgando por más fácil el camino

en vuestra gran presencia,

Rey ¡Duque Octavio!

OctavioHuyendo vengo el fiero desatino

de una mujer, el no pensado agravio

de un caballero, que la causa ha sido

de que así a vuestros pies haya venido.

ReyYa, duque Octavio, sé vuestra inocencia.

Yo al rey escribiré que os restituya

en vuestro estado, puesto que el ausencia

que hicisteis, algún daño os atribuya.

Yo os casaré en Sevilla, con licencia

del rey, y con perdón y gracia suya

que puesto que Isabela un ángel sea,

mirando la que os doy, ha de ser fea.

Comendador mayor de Calatrava

es Gonzalo de Ulloa, un caballero

a quien el moro por temor alaba,

que siempre es el cobarde lisonjero.

Éste tiene una hija, en quien bastaba

en dote la virtud, que considero,

después de la beldad, que es maravilla

y el Sol de las estrellas de Sevilla.

Ésta quiero que sea vuestra esposa.

OctavioCuando yo este viaje le emprendiera

a sólo eso, mi suerte era dichosa,

sabiendo yo que vuestro gusto fuera.

ReyHospedaréis al duque, sin que cosa

en su regalo falte.

Octavio Quien espera

en vos, señor, saldrá de premios lleno.

Primero Alfonso sois, siendo el onceno.

(Vanse el rey y don Diego Tenorio, y sale Ripio.)

Ripio¿Qué ha sucedido?

Octavio Que he dado

el trabajo recibido,

conforme me ha sucedido,

desde hoy por bien empleado.

Hablé al rey, vióme y honróme,

César con él César fui,

pues vi, peleé y vencí,

y ya hace que esposa tome

de su mano, y se prefiere

a desenojar al rey

en la fulminada ley.

RipioCon razón el nombre adquiere

de generoso en Castilla.

¿Al fin te llegó a ofrecer

mujer?

Octavio Sí, amigo, y mujer

de Sevilla, que Sevilla

da, si averiguarlo quieres,

porque de oírlo te asombres,

si fuertes y airosos hombres,

también gallardas mujeres.

Un manto tapado, un brío,

donde un puro Sol se esconde,

si no es en Sevilla, ¿adónde

se admite? El contento mío

es tal que ya me consuela

en mi mal.

(Salen Catalinón y don Juan.)

Catalinón Señor, detente,

que aquí está el duque, inocente

Sagitario de Isabela,

aunque mejor le diré

Capricornio.

Juan Disimula.

CatalinónCuando le vende, le adula.

JuanComo a Nápoles dejé

por enviarme a llamar

con tanta prisa mi rey,

y como su gusto es ley,

no tuve, Octavio, lugar

de despedirme de vos

de ningún modo.

Octavio Por eso,

don Juan amigo, os confieso,

que hoy nos juntamos los dos

en Sevilla.

Juan ¿Quién pensara,

duque, que en Sevilla os viera;

para que en ella o sirviera

como yo la deseara.

Dejáis más, aunque es lugar

Nápoles tan excelente,

por Sevilla solamente

se puede, amigo, dejar.

Octavio Si en Nápoles os oyera,

y no en la parte en que estoy,

del crédito que ahora os doy

sospecho que me riera.

Mas, llegándola a habitar,

es, por lo mucho que alcanza,

corta cualquiera alabanza

que a Sevilla queráis dar.

¿Quién es el que viene allí?

JuanEl que viene es el marqués

de la Mota. Descortés

es fuerza ser.

Octavio Si de mí

algo hubiereis menester,

aquí espada y brazo está.

Catalinón (Aparte.)(Y, si importa gozará,

en su nombre otra mujer,

que tiene buena opinión.)

OctavioDe vos estoy satisfecho.

CatalinónSi fuere de algún provecho,

señores, Catalinón,

vuarcedes continuamente

me hallarán para servillos.

Ripio¿Y dónde?

Catalinón En los Pajarillos,

tabernáculo excelente.

(Vanse Octavio y Ripio y sale el marqués de la Mota y su criado.)

MotaTodo hoy os ando buscando,

y no os he podido hallar.

¿Vos, don Juan, en el lugar,

y vuestro amigo penando

en...



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