De Molina | El celoso prudente | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 243, 160 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El celoso prudente


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-199-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 243, 160 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-199-6
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La pieza teatral de Tirso de Molina El celoso prudente transcurre en Praga. La historia relata las angustia del príncipe Sigismundo, enamorado de una dama llamada Lisena. Sin embargo, su padre, el rey de Bohemia, lo quiere casar con Leonora, la princesa de Hungría. Como es habitual en las comedias de enredo Leonora a su vez está enamorada de otro personaje, el infante Alberto, complicando la historia hasta niveles insospechados. El celoso prudente es una obra escrita en la España del siglo XVII, que refleja un ideal amoroso propio del barroco y se articula en torno a las artimañas que inventan los amantes para enfrentarse a la tiranía de sus padres. Cabe añadir que El celoso prudente es una de las tres obras de teatro incluidas en Los cigarrales de Toledo.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera


(Salen Lisena y Diana. Lisena tiene en la mano un librillo de cera blanca encendido, y en la otra un papel que Diana quiere quitarle.)

Lisena No has de verle. Sueltalé;

que ya pecas de cansada.

Mira que le rasgaré.

Diana¿Tú has de encubrirme a mi nada

bien lo que me amas se ve.

¡Tú a tal hora en el jardín

sola, con luz y papel,

sin que yo sepa a qué fin!

¿Merece saber mas de él

que yo esta murta y jazmín?

Si de testigos te enojas,

que hablar puedan en tu mengua

cuando cuentes tus congojas,

yo solo tengo una lengua,

e infinitas estas hojas.

Murmurar las siento aquí

con cualquier aura liviana,

y debe de ser de ti;

porque siendo yo tu hermana,

no te osas fiar de mí.

Lisena, suelta el papel

o dime lo que contiene

y a quien estimas en él.

LisenaNi que lo sepas conviene

ni una letra has de ver de él.

Diana ¿No soy tu hermana mayor?

Lisena¿Qué importa aquí el parentesco

donde el secreto es mejor?

DianaPues que verle no merezco,

venta será del honor;

que por ser de mí estimado

en el extremo que entiendes,

a encubrirle te ha obligado.

LisenaBien sé, hermana, que pretendes

que te diga mi cuidado;

y por eso hablas ansí,

aunque en diverso conceto

estoy acerca de ti;

y pues te guardo el respeto

que tú me pierdes a mí,

ni de esa suerte me trates

ni por fuerza saber quieras

lo que es.

Diana Cuando te recates

de que sepa tus quimeras

y encubras tus disparates,

como en cosas del honor

no toquen, no soy curiosa;

mas soy tu hermana mayor.

Ésta es hora sospechosa;

el papel encubridor

de algún liviano suceso;

la luz, señal que procuras

publicar tu poco seso;

que el yerro que se hace a escuras

alivia a la afrenta el peso;

el sitio no conveniente

para quien profesa honor

y el riesgo que corre siente;

caviloso tu temor,

o al menos impertinente

pues has dado en recelarte

de mí con tan necio extremo.

Soy tu sangre, tengo parte

en tu mal o bien, y temo

no haya venido a engañarte

quien a tal hora provoca

tus deseos inconstantes;

que una travesura loca

es mal de participantes

que a todo un linaje toca.

Lisena En mejor reputación

esté mi fama contigo.

No sé yo por qué razón

me das antes el castigo

que mi culpa la ocasion.

Mis pensamientos, si en ellos

se han fundado los enojos

qon que intentas ofendellos,

tan altos son, que tus ojos

no han de alcanzar ni aun a vellos.

Si eres mi mayor hermana,

y temes que he de ofenderte,

trátame mejor, Diana;

y si malicias, advierte

que la malicia es villana

y que, aunque en los nacimientos

tu edad más respetos cobra,

te aventajo en pensamientos,

pues del valor que les sobra

te puedo dar alimentos.

Si aquí a tal hora me ves,

advierte, aunque maliciosa,

crédito a quimeras des,

que no hay hora sospechosa,

si la persona no lo es.

Y que como no la esmalta

el Sol, de los cielos vida,

por si algún temor me asalta,

vengo con luz encendida,

supliendo lo que le falta,

señal que no ha de temerse

cosa indigna de mi ser

y que de mí ha de creerse,

que aun de noche no sé hacer

cosa que no pueda verse.

Este papel que ha causado

la inquietud que en ti se ve,

aunque le hayas injuriado,

basta que en mi mano esté,

para estar calificado.

Y el sitio, pues yo le piso,

da nuevo ser a su ornato

y a tus sospechas aviso

y, aunque culpes mi recato

porque llamarte no quiso,

no importa; que él es discreto,

y yo basto a dar valor

contra tu ruin conceto,

sitio, noche, temor,

la luz, papel y el secreto.

Diana Pues ¿puédesme tú negar,

que enamorados desvelos

no te han hecho trasnochar?

LisenaMas ¿si me pidieses celos?

DianaBien sabes que no sé amar,

y que hasta agora no ha habido

quien me haya puesto en cuülado.

LisenaYa yo sé que te has querido

alzar con el principado

de la crueldad y el olvido

y que cuantos quieren bien,

una Anajarte alemana

en tu severidad ven,

siendo en el nombre Diana

como en belleza y desdén.

Y así yo que con temor

ando de ver el extremo

de tu intratable rigor,

huyo de ti porque temo

a quien nunca tuvo amor.

Diana ¡Gracias a Dios que he sacado

en limpio esta confusión!

En fin, ¿amor te ha quitado

el sueño, y como ladrón

de noche te ha salteado?

Ya, pues los principios sé,

saber puedo lo demés.

¿Quién el venturoso fue,

en cuyo papel estás

deletreando su fe?

Dime, Hermana, la verdad.

Ea...

Lisena Háceseme grave

descubrir mi voluntad

a quien, porque amar no sabe,

es de ajena facultad.

Diana No tanto, que aunque no adore,

ni tus desvelos imite,

favorezca, escriba y llore

ni la práctica ejercite

vuestra teórica ignore.

De amor sé la pasión ciega

quizá mejor que quien tira

sus gajes y al centro llega

de su esfera; que quien mira,

más alcanza que el que juega.

Conservo mi libertad;

mas no porque no consiento

tu amorosa ceguedad

eches al entendimiento

culpas de la voluntad.

Acaba; declaraté.

Lisena¿Haste de enojar conmigo?

Diana¿Tan baja tu elección fue

que estás temiendo el castigo

si la prenda que amas sé?

Lisena Antes es tan generosa

que entiendo, en siendo sabida

de ti mi elección honrosa,

que me llames atrevida

y me riñas envidiosa.

Diana ¡Válgame Dios! ¿Quién será

este hipérbole de amor?

¡Para aqueste monte ya!

LisenaSi el conde de Peñaflor

fuese el que ocasión me da

de estimarle, ¿qué dirías?

DianaQue a tu sangre corresponde

el amor que en ella crías.

Lisena¿Y si fuese más que el conde?

Diana¿Más que el conde? Desvarías.

Lisena ¿Si Enrique de Oberisel,

del rey privado y sobrino,

me escribiese este papel...?

¿No es más galán? ¿No es más dino

que el conde?

Diana Es monstro con él.

La alemana bizarría

se avergüenza en su presencia.

¡Dichosa tú, hermana mía!

LisenaSi me amase una excelencia,

en vez, de una señoría,

con más razon te admiraras.

Diana¿Excelencia?

Lisena El duque...



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