E-Book, Spanisch, Band 243, 160 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina El celoso prudente
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-199-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 243, 160 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-199-6
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera
(Salen Lisena y Diana. Lisena tiene en la mano un librillo de cera blanca encendido, y en la otra un papel que Diana quiere quitarle.)
Lisena No has de verle. Sueltalé;
que ya pecas de cansada.
Mira que le rasgaré.
Diana¿Tú has de encubrirme a mi nada
bien lo que me amas se ve.
¡Tú a tal hora en el jardín
sola, con luz y papel,
sin que yo sepa a qué fin!
¿Merece saber mas de él
que yo esta murta y jazmín?
Si de testigos te enojas,
que hablar puedan en tu mengua
cuando cuentes tus congojas,
yo solo tengo una lengua,
e infinitas estas hojas.
Murmurar las siento aquí
con cualquier aura liviana,
y debe de ser de ti;
porque siendo yo tu hermana,
no te osas fiar de mí.
Lisena, suelta el papel
o dime lo que contiene
y a quien estimas en él.
LisenaNi que lo sepas conviene
ni una letra has de ver de él.
Diana ¿No soy tu hermana mayor?
Lisena¿Qué importa aquí el parentesco
donde el secreto es mejor?
DianaPues que verle no merezco,
venta será del honor;
que por ser de mí estimado
en el extremo que entiendes,
a encubrirle te ha obligado.
LisenaBien sé, hermana, que pretendes
que te diga mi cuidado;
y por eso hablas ansí,
aunque en diverso conceto
estoy acerca de ti;
y pues te guardo el respeto
que tú me pierdes a mí,
ni de esa suerte me trates
ni por fuerza saber quieras
lo que es.
Diana Cuando te recates
de que sepa tus quimeras
y encubras tus disparates,
como en cosas del honor
no toquen, no soy curiosa;
mas soy tu hermana mayor.
Ésta es hora sospechosa;
el papel encubridor
de algún liviano suceso;
la luz, señal que procuras
publicar tu poco seso;
que el yerro que se hace a escuras
alivia a la afrenta el peso;
el sitio no conveniente
para quien profesa honor
y el riesgo que corre siente;
caviloso tu temor,
o al menos impertinente
pues has dado en recelarte
de mí con tan necio extremo.
Soy tu sangre, tengo parte
en tu mal o bien, y temo
no haya venido a engañarte
quien a tal hora provoca
tus deseos inconstantes;
que una travesura loca
es mal de participantes
que a todo un linaje toca.
Lisena En mejor reputación
esté mi fama contigo.
No sé yo por qué razón
me das antes el castigo
que mi culpa la ocasion.
Mis pensamientos, si en ellos
se han fundado los enojos
qon que intentas ofendellos,
tan altos son, que tus ojos
no han de alcanzar ni aun a vellos.
Si eres mi mayor hermana,
y temes que he de ofenderte,
trátame mejor, Diana;
y si malicias, advierte
que la malicia es villana
y que, aunque en los nacimientos
tu edad más respetos cobra,
te aventajo en pensamientos,
pues del valor que les sobra
te puedo dar alimentos.
Si aquí a tal hora me ves,
advierte, aunque maliciosa,
crédito a quimeras des,
que no hay hora sospechosa,
si la persona no lo es.
Y que como no la esmalta
el Sol, de los cielos vida,
por si algún temor me asalta,
vengo con luz encendida,
supliendo lo que le falta,
señal que no ha de temerse
cosa indigna de mi ser
y que de mí ha de creerse,
que aun de noche no sé hacer
cosa que no pueda verse.
Este papel que ha causado
la inquietud que en ti se ve,
aunque le hayas injuriado,
basta que en mi mano esté,
para estar calificado.
Y el sitio, pues yo le piso,
da nuevo ser a su ornato
y a tus sospechas aviso
y, aunque culpes mi recato
porque llamarte no quiso,
no importa; que él es discreto,
y yo basto a dar valor
contra tu ruin conceto,
sitio, noche, temor,
la luz, papel y el secreto.
Diana Pues ¿puédesme tú negar,
que enamorados desvelos
no te han hecho trasnochar?
LisenaMas ¿si me pidieses celos?
DianaBien sabes que no sé amar,
y que hasta agora no ha habido
quien me haya puesto en cuülado.
LisenaYa yo sé que te has querido
alzar con el principado
de la crueldad y el olvido
y que cuantos quieren bien,
una Anajarte alemana
en tu severidad ven,
siendo en el nombre Diana
como en belleza y desdén.
Y así yo que con temor
ando de ver el extremo
de tu intratable rigor,
huyo de ti porque temo
a quien nunca tuvo amor.
Diana ¡Gracias a Dios que he sacado
en limpio esta confusión!
En fin, ¿amor te ha quitado
el sueño, y como ladrón
de noche te ha salteado?
Ya, pues los principios sé,
saber puedo lo demés.
¿Quién el venturoso fue,
en cuyo papel estás
deletreando su fe?
Dime, Hermana, la verdad.
Ea...
Lisena Háceseme grave
descubrir mi voluntad
a quien, porque amar no sabe,
es de ajena facultad.
Diana No tanto, que aunque no adore,
ni tus desvelos imite,
favorezca, escriba y llore
ni la práctica ejercite
vuestra teórica ignore.
De amor sé la pasión ciega
quizá mejor que quien tira
sus gajes y al centro llega
de su esfera; que quien mira,
más alcanza que el que juega.
Conservo mi libertad;
mas no porque no consiento
tu amorosa ceguedad
eches al entendimiento
culpas de la voluntad.
Acaba; declaraté.
Lisena¿Haste de enojar conmigo?
Diana¿Tan baja tu elección fue
que estás temiendo el castigo
si la prenda que amas sé?
Lisena Antes es tan generosa
que entiendo, en siendo sabida
de ti mi elección honrosa,
que me llames atrevida
y me riñas envidiosa.
Diana ¡Válgame Dios! ¿Quién será
este hipérbole de amor?
¡Para aqueste monte ya!
LisenaSi el conde de Peñaflor
fuese el que ocasión me da
de estimarle, ¿qué dirías?
DianaQue a tu sangre corresponde
el amor que en ella crías.
Lisena¿Y si fuese más que el conde?
Diana¿Más que el conde? Desvarías.
Lisena ¿Si Enrique de Oberisel,
del rey privado y sobrino,
me escribiese este papel...?
¿No es más galán? ¿No es más dino
que el conde?
Diana Es monstro con él.
La alemana bizarría
se avergüenza en su presencia.
¡Dichosa tú, hermana mía!
LisenaSi me amase una excelencia,
en vez, de una señoría,
con más razon te admiraras.
Diana¿Excelencia?
Lisena El duque...




