De Molina | El condenado por desconfiado | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 246, 142 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El condenado por desconfiado


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-211-5
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-211-5
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Por su gravedad y calado filosófico, El condenado por desconfiado ha sido considerada de otro autor, pero su valor y la ausencia de certezas respecto de otra autoría la hacen digna de mención. Ciertamente, este gran drama se aleja del común de la obra de Tirso de Molina. Refleja el principal asunto de debate teológico y filosófico entre las diversas corrientes católicas y protestantes del momento. Se trata de una puesta en escena del problema de la predestinación y el libre albedrío del ser humano. Tirso defiende aquí el mayor peso que tiene la voluntad humana, frente a lo fatalista del concepto de destino divino protestante, y lo hace con un texto dramático humanísimo en el que los personajes muestran sus facetas de fortaleza y debilidad ante un Dios de infinita misericordia. Se trata de un tema que proviene de los más antiguos textos clásicos y que indaga en los territorios insondables del alma humana desde el punto de vista de los conceptos y actitudes religiosas. El argumento, sucinto de El condenado por desconfiado, sería éste: - el ermitaño Paulo se pregunta cuál será su destino - y, al no poder responderse, recela y desconfía de su fe. - El diablo toma ventaja de esta debilidad, - hace creer a Paulo que su destino eterno va unido al del bandido Enrico, - el cual se arrepiente una vez en el patíbulo.Al final de El condenado por desconfiado la gracia y el perdón divino intervendrán en este orden caótico.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Sala en casa de Anareto. Una puerta de alcoba en el fondo, con las cortinas echadas.)

Enrico¡Válgate el diablo el juego!

¡Qué mal que me has tratado!

GalvánSiempre eres desdichado

EnricoFuego en las manos, fuego:

¿Estáis descomulgadas?5

GalvánEcháronte a perder suertes trocadas.

EnricoDerechas no las gano;

si las trueco, tampoco.

GalvánÉl es un juego loco.

EnricoEsta derecha mano10

me tiene destruido;

noventa y nueve escudos he perdido.

Galván¿Pues para qué estás triste,

que nada te costaron?

Enrico¡Qué poco que duraron!15

¿Viste tal cosa? ¿Viste

multitud de suertes?

GalvánCon esa pesadumbre te diviertes

y no cuidas de nada,

y has de matar a Albano,20

que de Laura el hermano

te tiene ya pagada

la mitad del dinero.

EnricoSin blanca estoy; matar a Albano quiero.

Galván¿Y aquesta noche Enrico,25

Cherinos y Escalante?

Empresa es importante.

EnricoA ayudarlos me aplico.

¿No han de robar la casa

de Octavio el genovés?

Galván Aquesto pasa.30

EnricoPues yo seré el primero

que suba a sus balcones.

En tales ocasiones

aventajarme quiero.

Ve y diles que aquí aguardo.35

GalvánVolando voy, que en todo eres gallardo.

(Vase.)

EnricoPues mientras ellos se tardan

y el manto lóbrego aguardan,

que su remedio ha de ser,

quiero un viejo padre ver40

que aquestas paredes guardan.

Cinco años ha que le tengo

en una cama tullido,

y tanto a estimarle vengo

que con andar tan perdido45

a mi costa le mantengo.

De lo que Celia me da

o yo por fuerza le quito,

traigo lo que puedo acá

y su vida solicito,50

que acabando el curso va.

De lo que de noche puedo,

varias casas escalando,

robar con cuidado o miedo

voy su sustento aumentando55

y a veces sin él me quedo.

Que esta virtud solamente

en mi vida distraída

conservo piadosamente,

que es deuda al padre debida60

el serle el hijo obediente.

En mi vida le ofendí

ni pesadumbre le di;

en todo cuanto mandó

obediente me halló65

desde el día que nací,

que aquestas mis travesuras,

mocedades y locuras

nunca a saberlas llegó,

que a saberlas, bien sé yo70

que aunque mis entrañas duras,

de peña, al blando cristal

opuesta fueron formadas

y mi corazón igual

a las fieras encerradas75

en riscos de pedernal,

que las hubiera atajado;

pero siempre le he tenido

donde de nadie informado

ni un disgusto ha recibido80

de tantos como he causado.

(Descorre las cortinas de la alcoba y se ve a Anareto dormido en una silla.)

Aquí está; quiérole ver.

Durmiendo está, al parecer.

¡Padre!

Anareto (Despertando.)

¡Mi Enrico querido!85

EnricoDel descuido que he tenido

perdón espero tener

de vos, padre de mis ojos.

¿Heme tardado?

Anareto No, hijo.

EnricoNo os quisiera dar enojos.90

AnaretoEn verte me regocijo.

EnricoNo el Sol con celajes rojos

saliendo a dar resplandor

a la tiniebla mayor

que espera tan alto bien,95

parece al día también,

como vos a mí, señor;

que vos para mí sois Sol,

y los rayos que arrojáis

de ese divino arrebol100

son las canas con que honráis

este reino.

Anareto Eres crisol

donde la virtud se apura.

Enrico¿Habéis comido?

Anareto Yo, no.

Enrico¿Hambre tendréis?

Anareto La ventura105

de mirarte me quitó

la hambre.

Enrico No me asegura,

padre mío, esa razón,

nacida de la afición

tan grande que me tenéis;110

pero agora comeréis,

que las dos pienso que son

de la tarde. Ya la mesa

os quiero, padre, poner.

AnaretoDe tu cuidado me pesa.115

EnricoTodo esto y más ha de hacer

el que obediencia profesa.

(Aparte.)(Del dinero que jugué

un escudo reservé

para comprar qué comiese,120

porque aunque al juego le pese

no ha de faltarme esta fe.)

Aquí traigo en el lenzuelo,

padre mío, qué comáis.

Estimad mi justo celo.125

AnaretoBendito, Dios mío, seáis

en la tierra y en el cielo

pues que tal hijo me distes

cuando tullido me vistes

que mis pies y manos sea.130

EnricoComed, porque yo lo vea.

AnaretoMiembros cansados y tristes,

ayudadme a levantar.

EnricoYo, padre, os quiero ayudar.

AnaretoFuerza me infunden tus brazos.135

EnricoQuisiera en estos abrazos

la vida poderos dar.

Y digo, padre, la vida

porque tanta enfermedad

es ya muerte conocida.140

AnaretoLa divina voluntad

se cumpla.

Enrico Ya la comida

os espera. ¿Llegaré

la mesa?

Anareto No, hijo mío,

que el sueño me vence.

Enrico A fe,145

pues, dormid.

Anareto Dádome ha un frío

muy grande.

Enrico Yo os llegaré

la ropa.

Anareto No es menester.

EnricoDormid.

Anareto Yo, Enrico, quisiera

por llegar siempre a temer150

que en viéndote es la postrera

vez que te tengo que ver,

porque aquesta enfermedad

me trata con tal crueldad

que quisiera que tomaras155

estado.

Enrico ¿En eso reparas?

Cúmplase tu voluntad.

Mañana pienso casarme.

(Quiero darle aqueste gusto.

aunque finja.)

Anareto Será darme160

la salud.

Enrico Hacer es justo

lo que tú puedes mandarme.

AnaretoMoriré, Enrico, contento.

EnricoDarte gusto en todo intento,

porque veas de esta suerte165

que por sólo obedecerte

me sujeto al casamiento.

AnaretoPues, Enrico, como viejo

te quiero dar un consejo.

No busques mujer hermosa,170

porque es cosa peligrosa

ser en cárcel mal segura

alcaide de una hermosura

donde es la afrenta...



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