De Molina | El melancólico | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 250, 144 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El melancólico


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-112-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 250, 144 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-112-0
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Uno de los argumentos claves aducidos para apoyar la repetida idea de que Tirso de Molina es un creador de personajes de relieve es la existencia de obras como El melancólico. Esta es una comedia psicológica donde se revela el ingenio y talento de Tirso cuando se trata dibujar el perfil de sus personajes. En este caso la obra se centra describir el aspecto psicológico del melancólico Rogerio. En El melancólico, el noble Rogerio, presuntamente hijo de Pinardo, se enamora de Leonisa, una pastora. Sin embargo, el Duque, que es realmente el padre de Rogerio, quiere que este último se case con Clemencia, deseada también por Enrique. Hacia el final de la obra Rogerio cae en la melancolía cuando es enviado a la corte del Duque y separado de Leonisa.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera


(Salen Leonisa y Firela, pastoras, con líos de ropa en las cabezas, y Carlín, pastor.)

Firela Carlín, déjanos aquí;

no seas siempre pelmazo.

CarlínPues ¿qué importaba un abrazo,

si ves cuál ando tras ti?

Firela ¿Cuál andas?

Carlín Cual te dé Dios

la salud. Ando cual ves.

Firela¿Cuál andas?

Carlín Ando en dos pies,

porque andas tú en otros dos.

Firela En cuatro fuera mejor,

que eres un asno

Carlín Si tratas

de que ande, Firela, a gatas

a gatas anda el Amor,

que es niño, aunque canas tién.

LeonisaDéjanos ir a lavar,

que es tarde.

Carlín Pues no han de hablar.

LeonisaDéjale, Firela, y ven.

Carlín¡Válgame Dios! ¿También lla

rezonga? Pues venga acá.

¿Qué cuenta al cura dará

después, mi pastora bella,

si por no amarme me mata?

Firela ¡Oh, qué pesado que estás!

CarlínEl quinto, no matarás.

No matéis, Firela ingrata,

con desdén a las criaturas,

que tenéis, aunque gallarda,

mucho, Firela, de albarda

en esto de her mataduras.

Firela Mira que estamos cargadas

con los líos de la ropa.

CarlínSi no más de en eso topa,

¿hay son soltarlo, y sentadas

escuchar la arenga larga

de mi amor? Soltaldos —¡ea!—

que lo que el amor desea

es echarse con la carga.

Lejos está el lavadero

escuchad mis desvaríos,

y yo os llevaré los líos.

LeonisaOye aqueste majadero,

porque la ropa nos lleve

y acabe ya de cansarte,

que tengo a solas que hablarte.

FirelaVaya.

Carlín Vaya.

Firela En breve.

Carlín En breve.

Mi burro y, yo...; no va bien,

que el burro no ha de ir delante.

Yo y mi burro...; ¡qué ignorante!

Cuantos a un borrico ven

cargado ¿no es cosa clara

que lleva al dueño tras sí

dándole de palos?

Firela Sí.

CarlínPues llevando yo la vara

con que darle, cuesta arriba

y cuesta abajo, a compás,

llevándome a mí detrás,

el burro delante iba.

Leonisa ¿Y eso importa para el cuento?

Carlín¡Válgame Dios! De aquí arguyo

que es bien darle lo que es suyo

también al pobre jumento.

Firela Pasa adelante.

Carlín ¿Quién? ¡Yo!

Si adelante he de pasar,

no querrá el borrico andar

porque si detrás no vo

se me aleva al primer paso,

que es bestia de mucho tiento.

FirelaQue pase adelante el cuento,

te digo.

Carlín Vamos al caso.

La borrica del barbero,

que venía del molino,

luego que a mi pollino

—no sé yo quien vio primero

a quién— mi burro bajaba,

y, la borrica sobía;

la vista el burro ponía

en cada paso que daba.

La burra, al sobir la cuesta,

no le debió de mirar,

porque nunca suele alzar

los ojos, que es muy honesta.

Leonisa Acaba ya.

Carlín No se aburra;

mas diga, cuando se ven,

¿quién mira primero a quién,

amándose, el burro o burra?

Firela Ambos a dos, si en tal caso

es igual la voluntad.

Carlín¡Por Dios que decís verdad!

Así hué. vamos al caso.

El burro, como se pica

de cortesano, al pasar,

a la burra hizo lugar;

mas díjole la borrica:

«No pasaré, ciertamente;

pase vuesa borriquencia.»

Dijo él: «No haré en mi conciencia».

Yo, que estaba ya impaciente,

alzando la vara y voz,

le di un palo entre las cejas;

y ella alzando las orejas,

le dio al borrico una coz

tal, que ha menester braguero,

porque está el pobre quebrado.

El alcalde ha sentenciado

que la burra del barbero,

si mi burro lo consiente,

con él tién de desposarse,

porque el dar coz es casarse

por palabras de presente.

Mas yo por eso no paso.

FirelaPues eso ¿qué tién que ver,

bestia, con darme a entender

el tu amor?

Carlín Vamos al caso.

El dar coces, ¿no es, Firela,

querer desposarse dos?

Dadme, pues, una coz vos,

con botín o con chinela;

cuésteme una quebradura,

aunque os estará a vos mal,

que con esto no habrá tal

como ahorrar de baile y cura;

pues si por plieto se saca,

venirnos los dos a ser

tan marido y, tan mujer

como Adán y doña Urraca.

Y porque no es para más

y voy a buscar amigos,

de este concierto testigos,

porque no os volváis atrás,

los líos que os prometí

llevo a la huente veloz;

mas mirad dó dais la coz,

no os quejéis después de mí.

(Vase Carlín con los líos.)

Leonisa Es un tonto; déjale;

no hagas caso de él, Firela,

que cosas de más caudal

te quieren decir mis quejas.

Ese Rogerio, aquese hombre

que tiene el alma de piedra

en cuerpo de hueso y carne,

descuidado me desvela.

Ése, que todo lo sabe,

y haciendo del campo escuelas,

le llaman Fénix los sabios

en las armas y en las letras,

desdeñoso, presumido,

con saber todas las ciencias,

ignora las del amor,

que son las que el alma precia.

Bien sabes tú, mi pastor,

que me da nombre esta sierra

verdadero, de cruel,

si mentiroso, de bella.

Aunque entre frisa y sayal

nací, serrana grosera,

en cuerpo humilde y villano

aposento un alma reina.

Caudalosos ganaderos

juran —podrá ser que mientan—

que el alma les tiranizo

cautiva de sus potencias.

¿Qué abril de la juventud

no me ofrece, si no pecha

entre esquilmos de intereses

tributos de gentilezas?

¿Qué tálamos de deseos

no son túmulos que enseñan

de desdenes homicidas

esperanzas ya funestas?

¿Qué tronco no es ya letrado

a puras cifras y empresas,

libros de la voluntad,

del sencillo amor imprentas?

¿Hay fuente que no murmure

mi rigurosa aspereza?

¿Prado que no me retrate?

¿Eco que no me dé quejas?

Pues a todos soy ingrata.

Sólo agradecida, necia

a un hombre sabio, ignorante,

que enamorando atormenta.

FirelaRogerio, Leonisa mía,

que en tantas cosas diversas

se ocupa, no da al Amor,

ociosa deidad, licencia.

Es padre suyo Pinardo,

y sucede en la herencia

de estas fértiles montañas,

que rústicos pueblos cercan.

Tenémosle por señor,

y como tal le respetan

los frutos de aquestos...



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