De Molina | El árbol del mejor fruto | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 239, 142 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina El árbol del mejor fruto


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-192-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 239, 142 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-192-7
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El árbol del mejor fruto es una pieza teatral de Tirso de Molina que encierra una compleja simbología y tradición con respecto a la cruz en la que murió Jesús. De esta obra, se desprenden algunas interpretaciones posibles, sobre todo arraigadas al concepto que se tenía de los judíos en el siglo XVII. El árbol del mejor fruto está formado por 3.226 versos de distintas métricas. El primer acto comienza con la acción inmediata que nos presenta al César Constantino. Este muere a manos de unos bandidos que impiden seguir su camino a Grecia para concretar su matrimonio con Irene. Valiente y con coraje, Constantino pierde la vida contra dicha horda de bandoleros, no sin antes advertirles de la magnitud de su crimen.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen Constancio, viejo emperador, con luto, Andronio y otros, un Paje.)

Andronio En este desierto fue

la tragedia, gran señor,

que provocó su valor.

Aquí muerto le dejé,

y huyendo los forajidos

cuando se certificaron

ser César el que mataron

temerosos si atrevidos,

de tu enojo y su castigo.

Llegué a esta pequeña aldea,

que en llantos su amor emplea;

llevé pastores conmigo

torné el cadáver difunto,

y habiéndole embalsamado

le dejé depositado,

partiéndome al mismo punto

a darte la nueva triste

que certifican tus ojos

en sus funestos despojos.

ConstancioMuerte con ella me diste.

¡Ay, parca fiera e ingrata!

¿por qué ofendes tu decoro?

¿Juventud despojas de oro?

¿Vejez reservas de plata?

Vieran mis años prolijos

tu rigor ejecutado

en este padre cansado;

conservárase en sus hijos

mi memoria; y la grandeza,

que ya mi esperanza pierde,

floreciera en abril verde

su joven naturaleza,

y dieras final enero

de la vejez que ya lloro.

Cobraste el tributo en oro.

Menospreciaste el acero.

Traedme el cuerpo y veré,

mientras llanto le apercibo,

muerto el gusto, el dolor vivo.

Segunda vez le daré

el ser, si el dolor informa,

como el alma al cuerpo frío.

Alma llora. El llanto mío,

¿podrá darle vida y forma?

Andronio Ya con fúnebre aparato

le traen.

Constancio ¡Ay, cielo!, ¡ay rigor!

cortaste un árbol en flor,

de la belleza retrato;

dejaste un tronco con vida.

¡Elección bárbara y ciega!

huye a quien te llama, y ruega

al que te huye apercibida.

Muriera el César romano

entre armados escuadrones,

dando vida a sus blasones,

ya conquistando al britano,

o ya oponiéndose al persa,

ganando con pompas reales,

ya cívicas, ya murales,

glorias de fama diversa.

Ya cegando cavas hondas,

ya muros altos midiendo,

porque imitara muriendo

la fama de Epaminondas;

pero, ¡entre unos bandoleros,

porque de una misma suerte

den a tu fama la muerte

como a tu vida! ¡Qué fieros

te son los hados! ¡Qué esquiva

la Fortuna, que envidió

tu suerte, y no permitió

dejar tu memoria viva!

Paje El príncipe Constantino

viene ya.

Constancio Ya sé que viene,

por mi mal; ya sé que tiene

determinado el camino,

Su vista a mis años largos,

infeliz, porque en mi espejo

quebrado miré este viejo

fines de un principio, amargos.

¿Por qué prolijo me adviertes

pena que yo llego a ver?

Mi alma no ha menester

que a pedradas la despiertes.

(Tocan cajas destempladas y trompetas roncas. Sacan enlutados un ataúd y banderas negras arrastrando.)

Con otro recibimiento,

hijo, os aguardaba yo.

En túmulo se trocó

vuestra boda y mi contento.

Con vos, el tiempo avariento

pagó el curso acostumbrado

a la muerte, juez airado

que, ya grave, ya ligera,

dando a otros pleitos de espera,

de vos cobra adelantado.

Descubríme el rostro triste,

retrato de lo que fue;

en él mi muerte veré,

si en él mi vida consiste.

Vaso que el licor tuviste

de un alma que ya en su ocaso

se puso y con leve paso

voló a eterno señorío,

bien parece que vacío

no tiene valor el vaso.

¡Qué hermoso que te vi yo!

Pero eres vaso de tierra.

Bañó la vida que encierra

el alma que te informó;

como el baño se acabó,

la tierra te desengaña,

pues de su color te baña,

y el alma de ti se aleja,

como el pastor cuando deja

despoblada la cabaña.

(Suenan chirimias y atabales.)

Pero, ¿qué muestras son éstas

de triunfos y glorias reales,

mezclando vivas señales

entre memorias funestas?

¿Yo lágrimas y ellos fiestas?

(Salen Cloro, del mismo modo que Constantino, Maximino, Irene, Isacio, Mingo, Clodio, Peloro y Melipo.)

ClodioMuestra, Cloro, tu valor

aquí; no como pastor,

como el César verdadero

te trata, porque así espero

verte presto emperador.

Cloro Clodio, vuestro desatino

hasta agora os ha engañado;

que soy Cloro habéis pensado,

siendo el César Constantino.

Melipo¿Cómo?

Cloro Por Jove divino,

si injurias el noble ser

que me vino a engrandecer,

que a costa de vuestras vidas

experimente perdidas

las fuerzas de mi poder.

Si más Cloro me llamáis,

lloraréis vuestro fin hoy.

Constantino el César soy,

y mi padre el que miráis

PeloroMelipo, Clodio, ¿escucháis

la arrogancia del villano?

Como le dimos la mano,

por eso nos da del pie.

Mingo Con más miedo vengo, a fe,

que vergüenza.

Melipo ¿Hay tal tirano?

Cloro Vuestra sacra majestad

me dé los pies.

Constancio ¡Cielo santo!

¿Qué es esto?

Cloro Y al bello encanto

de esta divina beldad,

los brazos.

Constancio ¡Alma, dejad

sueños si es que estáis durmiendo!

MaximinoMi fortuna engrandeciendo

ampara el cielo divino,

pues a Irene y Constantino

ha enlazado.

Constancio ¿Qué estoy viendo?

Maximino Dad a Maximino agora

los brazos, que alegre viene

a ofreceros con Irene

el ave que Arabia adora

ConstancioSi la desdicha que llora

este trágico suceso,

y tiene el sentido preso

en la cárcel del pesar,

no me ha venido a engañar,

yo estoy soñando sin seso.

Andronio, si estoy despierto,

libra mi imaginación

de esta extraña confusión.

¿Qué es esto?

Andronio Señor, lo cierto

es que Constantino muerto

en este bosque quedó.

ConstancioPitágoras afirmó

que las almas que dejaban

un cuerpo, se trasladaban

a otros, y no mintió.

Sí, a creer me determino

lo que alegra mi esperanza,

que el amor, que es semejanza,

apoya este desatino.

El alma de Constantino

buscó un cuerpo semejante

al primero, en que, constante,

sus espíritus reciba,

dándome la imagen viva

del muerto que está delante.

El corazón dividido

en dos mitades agora,

cuando un hijo muerto llora,

vivo un hijo ha recibido.

Luto por el que ha perdido

fuerza el dolor a traer;

fiestas hacen suspender

el pensar que en verle calma.

Dos contrarios en un alma

me obligan a suspender.

Pésames tristes recibo

del hijo que muerto...



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