E-Book, Spanisch, Band 239, 142 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina El árbol del mejor fruto
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-192-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 239, 142 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-192-7
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(Salen Constancio, viejo emperador, con luto, Andronio y otros, un Paje.)
Andronio En este desierto fue
la tragedia, gran señor,
que provocó su valor.
Aquí muerto le dejé,
y huyendo los forajidos
cuando se certificaron
ser César el que mataron
temerosos si atrevidos,
de tu enojo y su castigo.
Llegué a esta pequeña aldea,
que en llantos su amor emplea;
llevé pastores conmigo
torné el cadáver difunto,
y habiéndole embalsamado
le dejé depositado,
partiéndome al mismo punto
a darte la nueva triste
que certifican tus ojos
en sus funestos despojos.
ConstancioMuerte con ella me diste.
¡Ay, parca fiera e ingrata!
¿por qué ofendes tu decoro?
¿Juventud despojas de oro?
¿Vejez reservas de plata?
Vieran mis años prolijos
tu rigor ejecutado
en este padre cansado;
conservárase en sus hijos
mi memoria; y la grandeza,
que ya mi esperanza pierde,
floreciera en abril verde
su joven naturaleza,
y dieras final enero
de la vejez que ya lloro.
Cobraste el tributo en oro.
Menospreciaste el acero.
Traedme el cuerpo y veré,
mientras llanto le apercibo,
muerto el gusto, el dolor vivo.
Segunda vez le daré
el ser, si el dolor informa,
como el alma al cuerpo frío.
Alma llora. El llanto mío,
¿podrá darle vida y forma?
Andronio Ya con fúnebre aparato
le traen.
Constancio ¡Ay, cielo!, ¡ay rigor!
cortaste un árbol en flor,
de la belleza retrato;
dejaste un tronco con vida.
¡Elección bárbara y ciega!
huye a quien te llama, y ruega
al que te huye apercibida.
Muriera el César romano
entre armados escuadrones,
dando vida a sus blasones,
ya conquistando al britano,
o ya oponiéndose al persa,
ganando con pompas reales,
ya cívicas, ya murales,
glorias de fama diversa.
Ya cegando cavas hondas,
ya muros altos midiendo,
porque imitara muriendo
la fama de Epaminondas;
pero, ¡entre unos bandoleros,
porque de una misma suerte
den a tu fama la muerte
como a tu vida! ¡Qué fieros
te son los hados! ¡Qué esquiva
la Fortuna, que envidió
tu suerte, y no permitió
dejar tu memoria viva!
Paje El príncipe Constantino
viene ya.
Constancio Ya sé que viene,
por mi mal; ya sé que tiene
determinado el camino,
Su vista a mis años largos,
infeliz, porque en mi espejo
quebrado miré este viejo
fines de un principio, amargos.
¿Por qué prolijo me adviertes
pena que yo llego a ver?
Mi alma no ha menester
que a pedradas la despiertes.
(Tocan cajas destempladas y trompetas roncas. Sacan enlutados un ataúd y banderas negras arrastrando.)
Con otro recibimiento,
hijo, os aguardaba yo.
En túmulo se trocó
vuestra boda y mi contento.
Con vos, el tiempo avariento
pagó el curso acostumbrado
a la muerte, juez airado
que, ya grave, ya ligera,
dando a otros pleitos de espera,
de vos cobra adelantado.
Descubríme el rostro triste,
retrato de lo que fue;
en él mi muerte veré,
si en él mi vida consiste.
Vaso que el licor tuviste
de un alma que ya en su ocaso
se puso y con leve paso
voló a eterno señorío,
bien parece que vacío
no tiene valor el vaso.
¡Qué hermoso que te vi yo!
Pero eres vaso de tierra.
Bañó la vida que encierra
el alma que te informó;
como el baño se acabó,
la tierra te desengaña,
pues de su color te baña,
y el alma de ti se aleja,
como el pastor cuando deja
despoblada la cabaña.
(Suenan chirimias y atabales.)
Pero, ¿qué muestras son éstas
de triunfos y glorias reales,
mezclando vivas señales
entre memorias funestas?
¿Yo lágrimas y ellos fiestas?
(Salen Cloro, del mismo modo que Constantino, Maximino, Irene, Isacio, Mingo, Clodio, Peloro y Melipo.)
ClodioMuestra, Cloro, tu valor
aquí; no como pastor,
como el César verdadero
te trata, porque así espero
verte presto emperador.
Cloro Clodio, vuestro desatino
hasta agora os ha engañado;
que soy Cloro habéis pensado,
siendo el César Constantino.
Melipo¿Cómo?
Cloro Por Jove divino,
si injurias el noble ser
que me vino a engrandecer,
que a costa de vuestras vidas
experimente perdidas
las fuerzas de mi poder.
Si más Cloro me llamáis,
lloraréis vuestro fin hoy.
Constantino el César soy,
y mi padre el que miráis
PeloroMelipo, Clodio, ¿escucháis
la arrogancia del villano?
Como le dimos la mano,
por eso nos da del pie.
Mingo Con más miedo vengo, a fe,
que vergüenza.
Melipo ¿Hay tal tirano?
Cloro Vuestra sacra majestad
me dé los pies.
Constancio ¡Cielo santo!
¿Qué es esto?
Cloro Y al bello encanto
de esta divina beldad,
los brazos.
Constancio ¡Alma, dejad
sueños si es que estáis durmiendo!
MaximinoMi fortuna engrandeciendo
ampara el cielo divino,
pues a Irene y Constantino
ha enlazado.
Constancio ¿Qué estoy viendo?
Maximino Dad a Maximino agora
los brazos, que alegre viene
a ofreceros con Irene
el ave que Arabia adora
ConstancioSi la desdicha que llora
este trágico suceso,
y tiene el sentido preso
en la cárcel del pesar,
no me ha venido a engañar,
yo estoy soñando sin seso.
Andronio, si estoy despierto,
libra mi imaginación
de esta extraña confusión.
¿Qué es esto?
Andronio Señor, lo cierto
es que Constantino muerto
en este bosque quedó.
ConstancioPitágoras afirmó
que las almas que dejaban
un cuerpo, se trasladaban
a otros, y no mintió.
Sí, a creer me determino
lo que alegra mi esperanza,
que el amor, que es semejanza,
apoya este desatino.
El alma de Constantino
buscó un cuerpo semejante
al primero, en que, constante,
sus espíritus reciba,
dándome la imagen viva
del muerto que está delante.
El corazón dividido
en dos mitades agora,
cuando un hijo muerto llora,
vivo un hijo ha recibido.
Luto por el que ha perdido
fuerza el dolor a traer;
fiestas hacen suspender
el pensar que en verle calma.
Dos contrarios en un alma
me obligan a suspender.
Pésames tristes recibo
del hijo que muerto...




