De Molina | Escarmientos para el cuerdo | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 253, 130 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina Escarmientos para el cuerdo


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-135-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 253, 130 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-135-9
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En Escarmientos para el cuerdo Tirso de Molina presenta una rica variedad de culturas a través de sus personajes. Aunque la obra está ambientada en el contexto español del Siglo de Oro, el autor introduce personajes de diversas procedencias y orígenes culturales, lo que enriquece la trama y refleja la diversidad de la época. Por un lado, encontramos personajes españoles que representan la cultura dominante de la sociedad de la época. Estos personajes encarnan las normas sociales y culturales de la España del Siglo de Oro y actúan como una especie de referencia para el desarrollo de la trama. Por otro lado, destacan los personajes indios y africanos que aparecen en la obra. Safidín, Rey indio, Rosambuca, Reina india, Curguru y Quingo, negros, son ejemplos de cómo Tirso de Molina incluye en su obra personajes de diferentes culturas. Estos personajes aportan una perspectiva cultural distinta y permiten al autor explorar temas relacionados con la interacción entre diferentes culturas y la diversidad étnica de la sociedad de la época. Esta variedad de culturas en los personajes de Escarmientos para el cuerdo refleja la realidad histórica del Siglo de Oro español, una época de encuentro y choque cultural entre distintas civilizaciones. Tirso de Molina, con su habilidad para crear personajes complejos y realistas, logra transmitir esta riqueza cultural en su obra teatral y brinda al lector una visión de la diversidad y complejidad de la sociedad de su tiempo. Su legado como escritor del teatro barroco español ha dejado una huella duradera en la literatura y el teatro hispanohablante.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen doña María, de hombre, y Manuel de Sosa.)

ManuelSon con tanto fundamento

tus quejas, doña María;

tan justo tu sentimiento,

tan grande la culpa mía,

tanto mi arrepentimiento,

que el silencio sólo puede

responderte, pues en él,

porque más confuso quede

de mi descuido cruel,

la pena el agravio excede.

¡Seis años de amor perdidos,

tus méritos ofendidos,

tus favores mal pagados,

sin premio tantos cuidados

y yo con tantos olvidos!

Si disculpas les buscara,

mayor mi delito hiciera,

más tu enojo provocara

y mayores causas diera

A que el mundo me afrentara.

¿De qué servirá alegar

olvidos de tanto amor

con la ausencia y con el mar,

si hago mi culpa mayor,

pudiéndome despertar

un hijo en cuyo retrato

contemplando cada rato

su hermoso original veía?

¡Ay, cara doña María,

dame muerte por ingrato!

María No digas más, que en quien ama,

Manuel, disculpa menor

basta a despertar su llama,

agravios perdona Amor,

que por eso dios se llama.

Siendo hombre tú, no me espanto

que ausente no correspondas,

a tus deudas y a mi llanto.

Tantos mares cuyas ondas

sepultaron bajel tanto,

¿qué mucho que puedan más

que yo? Disculpado estás,

que ya de la ley salieras

de amante ausente si fueras

más firme que los demás.

Yo perdono lo pasado

como enmiendes lo presente.

Manuel No hay más amor bien logrado

que el que en belleza prudente

hace fácil su cuidado.

¡Qué discreta es tu hermosura,

generosa en perdonar

agravios de mi locura!

MaríaNo hay ciencia para tornar

atrás el tiempo, ni hay cura

que remedie lo pasado

sino sólo el escarmiento.

Manuel, ya estás perdonado;

culpas venideras siento;

sospechas me dan cuidado.

Hermosa es doña Leonor,

su padre gobernador,

hombre tú, yo tu mujer;

la riqueza y el poder

se oponen contra mi honor.

En el papel que te escribe

delitos de amor confiesa,

y a peligros te apercibe;

la venganza portuguesa

no en cera, en diamante vive;

cosa que no es para escrita

y que riesgos amenaza,

mal su opinión acredita,

si del secreto hace plaza,

que amor mostrar solicita.

No es mujer doña Leonor

que hiciera ofensa a su honor,

menos que estando segura

de la fe con que procura

burlar bellezas amor.

Si ésta que cumplas espera

y en ser tu esposa se funda,

cristiano eres, considera

lo qué será la segunda

viva la mujer primera;

que tengo a Dios de mi parte

y un hijo hermoso en que estriba

mi acción para condenarte;

que es Diego, cédula viva

de que no podrás librarte.

Y si pagando mi amor

dejas a doña Leonor,

¿qué remedio han de tener

deshonras de una mujer,

iras de un gobernador?

ManuelNo he de negarte verdades

que entre tantas confusiones

acusan mis libertades.

Despeñáronme ocasiones,

cegáronme mocedades;

distancias de tu hermosura

peligros atropellaron,

que a plaza sacar procura

mi suerte. ¿Cuándo acertaron

el amor y la locura?

En Dío fue huésped mío

el gobernador, y en Dío,

con haber, mi bien, tan poco

de Dío a Dios, mi amor loco

al tirano señorío

de la belleza rendido,

sin resistencia al valor,

sin prevención al sentido,

la conciencia sin temor

y la mernoria en olvido,

al inviolable respeto

con que el huésped se asegura,

me atreví; fïé al secreto

delitos que mi locura

saca en público. En efeto,

persuasiones amorosas,

frecuencias siempre dañosas,

promesas, seguridades,

y entre ellas, conformidades

de estrellas ya rigorosas,

en dos meses alcanzaron

conyugales permisiones

que palabras engañaron,

que dispusieron traiciones

y derechos profanaron.

Partiéronse, y yo ignorante

llegué ayer, porque hoy castigos

padezca mi fe inconstante,

con dos hijos por testigos

y dos esposas delante.

Pero, en fin, doña María,

escoja la suerte mía

de dos daños el menor,

viviendo tú, no es Leonor

mi esposa, ni mi osadía

es bien que al cielo se atreva.

Si te das a conocer

harás en mi muerte prueba

del rigor de una mujer

deshonrada con tal nueva.

Sólo un medio se me ofrece

con que este daño excusemos.

Si difícil te parece

muera yo y acabaremos

la pena que me enloquece.

María Como perderte no sea,

propón peligros, y vea

el mundo en mi amor constante

sufrimientos de diamante

que admire, aunque no los crea.

ManuelDentro de una hora, don Juan

se ha de partir a Tanor,

de una armada capitán,

cuya amistad y valor

aliento a mis penas dan.

De su nobleza fïado,

haciéndole compañía,

saliéramos de cuidado;

pero daré, esposa mía,

sospechas, de ayer llegado,

si hoy me ausento y me despido,

regalado y persuadido

de don García,que ignora

agravios de honor, y ahora

que le asista me ha pedido.

Doña Leonor, si la dejo,

contará desesperada

lo que ha ocultado el consejo

e impedirá mi jornada

con mi vida airado el viejo.

Vete con don Juan, amores,

sin que descubras quién eres,

que en pasando estos rigores,

cuando algún tiempo me esperes

podrás con gustos mayores

premios debidos gozar

de mi amor, y yo mostrar,

si mudable te ofendí,

que sé volver sobre mí

como te supe olvidar.

María ¿Pues qué inconveniente tiene

que yo me quede contigo?

Manuel Muchos, si a saberse viene

mi insulto, cuyo castigo

será mortal; no conviene

que tú participes de él.

Don García es riguroso,

la vejez es siempre cruel,

si sabe que soy tu esposo

y a su noble sangre infiel,

alcanzaráte el rigor

de su enojo. Al darme el hijo,

triste fruto de mi amor,

un hombre oculto me dijo:

«Guárdaos del gobernador.»

Quien me avisa que me guarde

de él, amores, ya hace alarde

de que su agravio recela;

siempre es vieja la cautela

como el delito cobarde.

Muera yo si ya está dada

la sentencia contra mí,

y no muerte duplicada

con la tuya: quede en ti

la imagen bella amparada

de un hijo en quien resucito;

luz hermosa que adoramos.

Mi bien, ¿no será delito

riguroso, si dejamos

los dos huérfano a Diaguito?

Claro está; mejor podré

ausentarme cuando esté

libre de ti, del...



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