De Molina | La gallega Mari-Hernández | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 259, 136 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina La gallega Mari-Hernández


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-214-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 259, 136 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-214-1
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La gallega Mari-Hernández es una comedia de Tirso de Molina. Aquí se narran los eventos históricos que imponen la huida de don Álvaro, noble portugués, y su criado Caldeira hasta las tierras fronterizas gallegas, donde conocerán y se enamorarán de María y Dominga, respectivamente. En La gallega Mari-Hernández las diferencias sociales son el motivo fundamental del abandono del caballero. Tras partida de don Álvaro la gallega María, toma un disfraz varonil y parte valientemente a buscar a su amado caballero.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen Dominga y Caldeira.)

Caldeira Yo pasaba a Santiago

desde Francia, peregrino;

robáronme en el camino

los vestidos y un cuartago

en que un compañero y yo

descansábamos a ratos,

llevando sobre él los hatos

y alforjas. Él se quedó

en la posada desnudo;

yo, de medio arriba Adán,

sobre el puro cordobán

un calzón de lino crudo.

Hallé sin dueño este sayo

aquí y dije, no tan triste:

«También a los pobres viste

como a los campos el mayo.»

Caminaba, hecho un cacique

por entre matas y tojos;

escondiéronse los ojos,

cada cual tras el tabique

de los párpados; tendíme,

por dormir mas a mi salvo,

al pie de un peñasco calvo,

casa de monte sublime;

y soñando en mis pecados,

me pareció que llegaban

y en volandas me llevaban

dos demonios corcobados.

Desperté, haciéndome cruces,

cuando en su cama encarnada

la última boqueada

daba el día entre dos luces.

Víte encima de esa loma

decir, alzando la voz:

«Hene, hene, hene, arrangoroz.»

Y no entendiendo el idioma

de gallegos desaliños,

vi acercarse en escuadrones,

gruñendo, suegras lechones,

que aquí llaman vacoriños.

No supe yo que juntaban

los cochinos de este modo

en Galicia. Temblé todo

pensando que me agarraban;

quise huir; no supo el miedo;

desmayéme, y tú piadosa,

entre rolliza y hermosa,

a medio engullir un credo,

fuiste mi segundo cura,

bautizándome otra vez.

Volví en mí, miré la tez

de esa gallega hermosura;

y aunque nunca tuve cuyo,

como el alma te rendí,

por andar siempre tras ti,

quisiera ser puerco tuyo.

Dominga Si vos, el hechizador,

lo sentís como lo habráis,

a buen puerto vos llegáis;

que a la fe que os tengo amor.

No lo saben sermonear

los de acá tan a lo miel;

quizás lo hace el buriel,

o el carrasqueño manjar.

Mas vos, aunque carichato,

en cada ojo socarrón,

tenedes, si hechizos son,

dos varas de garabato.

Yo sirvo al mejor serrano

que toda la Limia tien;

es rico, y home de bien,

y cinco ducados gano.

Siete da a cada vaquero;

si él os recibe y conoce,

siete y cinco serán doce.

Juntaremos el dinero;

haremos hucha yo y vos.

Diez años le serviremos.

La alcancía quebraremos

a los diez años los dos.

A doce ducados, son

diez años, sí bien lo cuento...

Diez a doce... veinti ciento;

que será lindo pellón.

Compraremos vacoriños,

que los gallegos son bravos,

un prado en que sembrar nabos,

diez cabras y dos rociños;

cogeremos ya el centeno,

ya la boroa, ya el millo.

¡Buen pan éste aunque amarillo,

sano el otro, aunque moreno!

Gallinas, que con su gallo

mos saquen cada año pollos;

manteca de vaca en rollos;

seis castaños, un carvallo;

una becerra y un buey;

y los diez años pasados,

podrá envidiarnos, casados,

el conde de Monterrey.

Caldeira ¡Diez años!

Dominga Pues ¿por qué no?

Caldeira¡Diez años, y sin rascar!

¡Diez años! Será rabiar.

Dominga¿Mondaré nísperos yo?

Caldeira ¿Cómo te llamas?

Dominga Dominga.

CaldeiraMi fiesta de guardar eres.

Si a lo prestado me quieres,

tu esclavo soy; ata y pringa.

Ya estarás golosmeada...

mas dudar en esto es yerro.

¿Pasaste la cruz del Ferro

que vendrás desojaldrada?

¿No has querido a nadie?

Dominga ¿Yo?

Soy, por vida de mi padre,

tan virgen como mi madre

me parió.

Caldeira Deja el «parió»

y a lo primero te llega;

pues ya sé yo, aunque, porfías,

que son muchas gollorías

pedir doncellez gallega.

Dominga ¿Cómo es tu nombre?

Caldeira Godiño.

Dominga¡Ay mi Godiño pachón!

(Dale en la barba.)Encaja.

Caldeira ¿Soy tu lechón?

DomingaNo eres si mi vacoriño.

(Suena música.)

Caldeira ¿Qué es esto?

Dominga Hay fiesta en el valle.

Caldeira¿Pues por qué?

Dominga Cumpre años hoy

la serrana de quien soy

crïada, el más lindo talle

que toda Galicia tien;

y su padre, que la adora,

convida a la sierra agora.

Vamos... Mas nueso amo vien

con sus serranos.

Caldeira En fin,

¿hay hoy fiesta?

Dominga Y colación.

¿Bailas?

Caldeira Como un Salomón...

digo como un matachín.

Dominga Todo es uno.

Caldeira ¿ Y tú?

Dominga En el aire

doy mil vueltas.

Caldeira ¡Ay chancera!

Dominga (Aparte.)(¡Qué en tan mala cara hubiera

tan quillotrador donaire!)

(Salen María, Garci-Hernández, y don Álvaro.)

García En casa, garzón, estáis.

María pide por vos.

ÁlvaroViváis mil años los dos.

GarcíaConsuelo en veros me dais.

¿Sabréis arar?

Álvaro En la huebra

no doy a nadie ventaja,

y por agosto la paja

que el trillo empedrado quiebra,

del grano aparto, amarillo.

GarcíaLos gallegos al limpiallo,

robustos juegan el mallo

y menosprecian el trillo.

Álvaro De todo sé lo que basta.

García¿Cómo os llamáis?

Álvaro Yo, Vireno.

GarcíaPara vaquero sois bueno.

ÁlvaroEso me viene de casta.

García Vaquero seréis.

María Ya llega

el baile.

García Asentemonós.

(Hablan aparte don Álvaro y María.)

Álvaro¿Qué no seré yo por vos,

Mari-Hernández la gallega?

(Salen Carrasco, Martín, Benito, Corbato, Gilote, y otros serranos, y serranas por un lado; por el opuesto el Conde de Monterrey y acompañamiento.)

Conde Razón, García, fuera

que en vuestra fiesta yo parte tuviera,

si no por conde vuestro

por vecino a lo menos.

García Señor nuestro,

regocijos serranos

no son para tan grandes cortesanos.

La mano vitoriosa

nos dad.

Conde Alzad, alzad. ¿Quién se desposa?

GarcíaNadie, señor; María

mi hija, y vuestra esclava, aqueste día

cumple años, y festejo

la sierra, remozándome, aunque viejo,

amor en fin de padre,

que en ella ve la imagen de su...



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