E-Book, Spanisch, Band 260, 136 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina La huerta de Juan Fernández
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-223-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 260, 136 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-223-3
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada II
Salen Doña Petronila y Tomasa, de hombres.
Doña Petronila Por muerta, Vargas, me cuenta.1090
No tengo seso, no estoy
en mí.
Tomasa ¿Qué has visto?
Doña Petronila Vi hoy
otra segunda tormenta
mayor que la de Sevilla.
Tomasa¿Mayor?
Doña Petronila Para mis desvelos,1095
porque es tormenta de celos.
TomasaNo se usan en esta villa.
Todo lo que no es dinero
en la corte, no es amor.
Doña PetronilaVargas, de tu buen humor1100
más penas sacar espero
que alivios. Déjame agora.
TomasaPues ¿qué has visto?
Doña Petronila ¡Ay, cielos! Vi
lo que dudosa temí,
lo que mi desdicha llora.1105
Llevóme el conde consigo
a esa huerta, infierno ya,
a quien Juan Fernández da
nombre y fama. Yo te digo
que aunque al principio su vista1110
mis sentidos recreó,
porque en ella se cifró
Chipre, en que Venus asista,
después que hallé entre sus flores
un áspid que disfrazado1115
ponzoña a mi pecho ha dado,
y aumentos a mis temores,
volcanes son sus planteles,
incendios sus fuentes son,
tormentos su recreación,1120
penas su rosa y claveles.
¡Ay, Vargas! Quien las cultiva
es don Hernando Cortés.
Tomasa¡Jesús! ¿Qué dices? No des
crédito a engaños.
Doña Petronila Ni viva1125
quien para desdichas nace.
Conocíle jardinero;
que con el traje grosero
le manda amor que disfrace
el fuego de mis querellas.1130
¿Quién creerá (¡ay, fieros rigores!)
que llamas cultiven flores,
y que estén verdes con ellas?
Rogóme el conde que fuese
con él, y sin declararse,1135
quiso primero informarse
(antes que quién es supiese)
de la belleza de Laura,
con quien amante pleitea,
y si el pincel de su idea1140
en su original restaura
la hermosura que usurpó
lisonjas a los colores;
porque en cohechos pintores
siempre el interés mintió.1145
Vióla en el dicho jardín,
que entre unos cuadros, abeja,
agravia flores que deja,
y obliga las de un jazmín
a que fundamento den1150
a un ramillete que aliña,
porque un hilo juntos ciña
celos, amor y desdén.
Estaba de jardinero
mi don Fernando Cortés1155
(mío no, que de Laura es),
y aunque en disfraz tan grosero,
le conocieron mis males;
que aunque le vi de aquel modo,
amor, espíritu todo,1160
penetra hasta los sayales.
Escogíala las flores
que su amor le aconsejaba;
las amorosas le daba
para obligarla a favores;1165
las azules le escondía
por no ocasionar desvelos
y si flores tienen celos,
yo su amante ¿qué tendría?
Con doméstica llaneza1170
vi que Laura le trataba,
cuando las flores le daba;
y amor, todo sutileza,
todo industria, todo enredos,
terceras quiso obligarlas;1175
ella risueña a tomarlas,
y él lisonjero en los dedos.
Que las debió de cohechar
si la adora ¿qué lo dudo?,
pues cuando amor está mudo,1180
por los dedos suele hablar.
Preguntó el conde quién era
(mientras yo me atormentaba)
la dama que se humanaba,
de aquel jardín Primavera.1185
«La condesa de Valencia
del Po», le respondió un paje,
«que en Milán con su linaje
pleitea sobre su herencia.»
No se atrevió a descubrirse,1190
puesto que sí a enamorarse;
que amor que sabe arriesgarse,
es cobarde al resistirse.
Juzgó en ella de los cielos
un sol que le deslumbró;1195
¿qué juzgara, Vargas, yo
que la miraba con celos?
Volvímonos, él perdido
de amor, y yo rematada;
él sin alma allá usurpada,1200
yo allá y aquí sin sentido.
Hame cobrado amistad
de suerte, que no permite
que de su lado me quite;
ni yo tengo voluntad1205
de perder su compañía,
porque siempre amigos son
los que de una profesión
llama el sabio sympatía.
Amamos en un lugar,1210
y una misma competencia
nos iguala en la experiencia
del querer y el envidiar.
Impórtame que le asista,
pues si Laura, cual sospecho,1215
tiene a mi amante en su pecho,
y él no la pierde de vista,
el conde y yo, que nos vemos
parientes en los cuidados,
amantes y desdeñados,1220
mejor nos consolaremos.
Tomasa Pues no te aflijas ansí,
¡cuerpo de tal! ten valor
que sin competencia amor,
él mismo se apaga en sí.1225
Si nunca te vio tu amante,
si lo que le amas ignora,
y vienes a hallarle agora,
con desvelo semejante,
ensayándose a quererte1230
en ajena voluntad,
porque le halle tu lealtad
diestro, cuando llegue a verte,
¿qué temes? o ¿qué querías?
¿que ya en Madrid, cortesano1235
su amor, mano sobre mano,
gastase ocioso los días?
Déle el gusto puerta franca;
quiera bien, que eso me alegra;
ensaye en la espada negra1240
tretas que logre en la blanca;
que pues que el conde te cobra
voluntad, y aquí ha venido
a título de marido
de Laura, bástate y sobra1245
que al principio del camino
vida a tu esperanza des.
¿No somos tres? Pues los tres
seremos tres al mohino.
Calla y animosa alienta1250
el fin de tu pretensión.
Doña PetronilaEl conde es éste.
Tomasa Chitón,
y corra esto por mi cuenta.
(Sale el Conde.)
Conde Don Gómez, yo te he elegido
por amigo verdadero,1255
y en de serlo, no quiero
que tenga el pecho escondido
secreto para ocultarte.
Ya dije ayer la ocasión
de que en esta confusión1260
siga a Amor y olvide a Marte
que mi padre aquí me envía
para que pleitos cansados
truequen derechos letrados
en amor; que es prima mía1265
Laura, y que intente con ella,
casándome, asegurar
lo que ya dudo alcanzar,
por los que vuelven por ella.
Mal su justicia asegura1270
quien en sus pleitos ignora
que mujer competidora
se ampara de su hermosura.
Porque si en mí verlo quieres,
más efecto he visto hacer1275
de su cara el parecer
que mil...




