De Molina | La huerta de Juan Fernández | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 260, 136 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina La huerta de Juan Fernández


1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-223-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Reihe: Teatro

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La huerta de Juan Fernández de Tirso de Molina es una comedia escrita entre marzo y mayo de 1626. Se public en 1634 en Tortosa, en la tercera parte de las obras del autor, compiladas por su sobrino Francisco Lucas de Ávila. La huerta de Juan Fernández pertenece a las comedias de capa y espada cuyos personajes son caballeros que se baten en duelo y seducen a las damas. De esto se desprende que el galanteo será central en esta comedia, también que el estamento social de los personajes no excederá el de la nobleza y que el desconocimiento o la duda sobre la identidad de los personajes motivarán los acontecimientos. Estos rasgos se presentan en esta comedia de Tirso, donde dos mujeres, Petronila y Tomasa, viajan a la ciudad de Madrid, disfrazadas de hombres -tópico del teatro del Siglo de Oro-, con el objetivo de hallar a dos caballeros, Hernando y Mansilla, quienes, respectivamente, les han prometido desposarlas. La honra de ambas mujeres puede perderse si los dos caballeros no cumplen sus promesas, de ahí que ellas opten por salir a buscarlos para recuperar su estado. Sin embargo, en Madrid don Hernando se enamora de la condesa Laura, con la que también tendrá amores, y olvida la promesa que ha hecho en Sevilla a la madre de Petronila, de tomar por esposa a su hija. El soldado Mansilla tampoco pretende cumplir el juramento realizado a Tomasa mientras no sea capitán, por esta razón, se dedica a hacer méritos con don Hernando.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España.  Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada II


Salen Doña Petronila y Tomasa, de hombres.

Doña Petronila Por muerta, Vargas, me cuenta.1090

No tengo seso, no estoy

en mí.

Tomasa ¿Qué has visto?

Doña Petronila Vi hoy

otra segunda tormenta

mayor que la de Sevilla.

Tomasa¿Mayor?

Doña Petronila Para mis desvelos,1095

porque es tormenta de celos.

TomasaNo se usan en esta villa.

Todo lo que no es dinero

en la corte, no es amor.

Doña PetronilaVargas, de tu buen humor1100

más penas sacar espero

que alivios. Déjame agora.

TomasaPues ¿qué has visto?

Doña Petronila ¡Ay, cielos! Vi

lo que dudosa temí,

lo que mi desdicha llora.1105

Llevóme el conde consigo

a esa huerta, infierno ya,

a quien Juan Fernández da

nombre y fama. Yo te digo

que aunque al principio su vista1110

mis sentidos recreó,

porque en ella se cifró

Chipre, en que Venus asista,

después que hallé entre sus flores

un áspid que disfrazado1115

ponzoña a mi pecho ha dado,

y aumentos a mis temores,

volcanes son sus planteles,

incendios sus fuentes son,

tormentos su recreación,1120

penas su rosa y claveles.

¡Ay, Vargas! Quien las cultiva

es don Hernando Cortés.

Tomasa¡Jesús! ¿Qué dices? No des

crédito a engaños.

Doña Petronila Ni viva1125

quien para desdichas nace.

Conocíle jardinero;

que con el traje grosero

le manda amor que disfrace

el fuego de mis querellas.1130

¿Quién creerá (¡ay, fieros rigores!)

que llamas cultiven flores,

y que estén verdes con ellas?

Rogóme el conde que fuese

con él, y sin declararse,1135

quiso primero informarse

(antes que quién es supiese)

de la belleza de Laura,

con quien amante pleitea,

y si el pincel de su idea1140

en su original restaura

la hermosura que usurpó

lisonjas a los colores;

porque en cohechos pintores

siempre el interés mintió.1145

Vióla en el dicho jardín,

que entre unos cuadros, abeja,

agravia flores que deja,

y obliga las de un jazmín

a que fundamento den1150

a un ramillete que aliña,

porque un hilo juntos ciña

celos, amor y desdén.

Estaba de jardinero

mi don Fernando Cortés1155

(mío no, que de Laura es),

y aunque en disfraz tan grosero,

le conocieron mis males;

que aunque le vi de aquel modo,

amor, espíritu todo,1160

penetra hasta los sayales.

Escogíala las flores

que su amor le aconsejaba;

las amorosas le daba

para obligarla a favores;1165

las azules le escondía

por no ocasionar desvelos

y si flores tienen celos,

yo su amante ¿qué tendría?

Con doméstica llaneza1170

vi que Laura le trataba,

cuando las flores le daba;

y amor, todo sutileza,

todo industria, todo enredos,

terceras quiso obligarlas;1175

ella risueña a tomarlas,

y él lisonjero en los dedos.

Que las debió de cohechar

si la adora ¿qué lo dudo?,

pues cuando amor está mudo,1180

por los dedos suele hablar.

Preguntó el conde quién era

(mientras yo me atormentaba)

la dama que se humanaba,

de aquel jardín Primavera.1185

«La condesa de Valencia

del Po», le respondió un paje,

«que en Milán con su linaje

pleitea sobre su herencia.»

No se atrevió a descubrirse,1190

puesto que sí a enamorarse;

que amor que sabe arriesgarse,

es cobarde al resistirse.

Juzgó en ella de los cielos

un sol que le deslumbró;1195

¿qué juzgara, Vargas, yo

que la miraba con celos?

Volvímonos, él perdido

de amor, y yo rematada;

él sin alma allá usurpada,1200

yo allá y aquí sin sentido.

Hame cobrado amistad

de suerte, que no permite

que de su lado me quite;

ni yo tengo voluntad1205

de perder su compañía,

porque siempre amigos son

los que de una profesión

llama el sabio sympatía.

Amamos en un lugar,1210

y una misma competencia

nos iguala en la experiencia

del querer y el envidiar.

Impórtame que le asista,

pues si Laura, cual sospecho,1215

tiene a mi amante en su pecho,

y él no la pierde de vista,

el conde y yo, que nos vemos

parientes en los cuidados,

amantes y desdeñados,1220

mejor nos consolaremos.

Tomasa Pues no te aflijas ansí,

¡cuerpo de tal! ten valor

que sin competencia amor,

él mismo se apaga en sí.1225

Si nunca te vio tu amante,

si lo que le amas ignora,

y vienes a hallarle agora,

con desvelo semejante,

ensayándose a quererte1230

en ajena voluntad,

porque le halle tu lealtad

diestro, cuando llegue a verte,

¿qué temes? o ¿qué querías?

¿que ya en Madrid, cortesano1235

su amor, mano sobre mano,

gastase ocioso los días?

Déle el gusto puerta franca;

quiera bien, que eso me alegra;

ensaye en la espada negra1240

tretas que logre en la blanca;

que pues que el conde te cobra

voluntad, y aquí ha venido

a título de marido

de Laura, bástate y sobra1245

que al principio del camino

vida a tu esperanza des.

¿No somos tres? Pues los tres

seremos tres al mohino.

Calla y animosa alienta1250

el fin de tu pretensión.

Doña PetronilaEl conde es éste.

Tomasa Chitón,

y corra esto por mi cuenta.

(Sale el Conde.)

Conde Don Gómez, yo te he elegido

por amigo verdadero,1255

y en de serlo, no quiero

que tenga el pecho escondido

secreto para ocultarte.

Ya dije ayer la ocasión

de que en esta confusión1260

siga a Amor y olvide a Marte

que mi padre aquí me envía

para que pleitos cansados

truequen derechos letrados

en amor; que es prima mía1265

Laura, y que intente con ella,

casándome, asegurar

lo que ya dudo alcanzar,

por los que vuelven por ella.

Mal su justicia asegura1270

quien en sus pleitos ignora

que mujer competidora

se ampara de su hermosura.

Porque si en mí verlo quieres,

más efecto he visto hacer1275

de su cara el parecer

que mil...



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