E-Book, Spanisch, Band 267, 134 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina La prudencia en la mujer
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-248-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 267, 134 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-248-6
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(En el Palacio Real de León.)
(Don Juan, Ismael.)
Don JuanDe reinar tengo esperanza
con traidora o fiel acción;
mas no juzgo por traición
la que una corona alcanza.
Reine yo, Ismael, por ti,
y venga lo que viniere.
IsmaelSi el niño Fernando muere,
cuya vida estriba en mí,
no hay quien te haga competencia.
Don JuanDe viruelas malo está;
fácil de cumplir será
mi deseo, si a tu ciencia
juntas el mucho provecho
que de hacer lo que te pido,
se te sigue.
Ismael Agradecido
a tu real y noble pecho
quiero ser, porque esperanza
tengo que en viéndote Rey,
has de amparar nuestra ley.
Y en ella nuestra venganza,
y si palabra me das
en viéndote Rey, de hacer
mi nación ennoblecer,
y que podamos de hoy más
tener cargos generosos,
entrar en ayuntamientos,
comprar varas, regimientos
y otros títulos honrosos;
quitándole al Rey la vida,
te pondrás corona hoy.
Su protomédico soy;
la muerte llevo escondida
en este término breve;
(Saca un vaso de plata.)
conque si te satisfago,
diré que el Rey en un trago
su reino y muerte se bebe.
A un sueño mortal provoca,
donde con facilidad,
de la sombra a la verdad
y al corazón de la boca
viendo el veneno correr,
llamar, de la muerte puedes
los médicos, Ganimedes,
pues que la dan a beber.
Don JuanIsmael, no pongas duda
que si por ti Rey me veo,
satisfaré tu deseo,
y medrarás con mi ayuda.
Los de tu nación serán
de ilustre y famoso nombre;
haréte mi ricohombre;
tu privanza envidiarán
cuantos desprecian tu vida.
Enferma Castilla está;
pues su médico eres ya,
purga con esa bebida
la enfermedad que la daña.
Su cabeza es un infante
pequeño, siendo gigante
su cuerpo el mayor de España.
Monstruosidad es que intente
un cuerpo de tal grandeza
tener tan chica cabeza,
y que el gobierno imprudente
de una mujer, el valor
regir de Castilla quiera.
Púrgala, por que no muera
deste pestilente humor;
que yo con premios y honores
la cura te pagaré.
IsmaelHaciéndote Rey, daré
a Castilla defensores
que del loco frenesí
de una mujer la aseguren,
por más que ingratos procuren
ir, Infante, contra ti.
Vete con Dios; que aquí llevo
tu ventura recetada.
Don JuanUna traición coronada
no afrenta. El proverbio apruebo
de César, cuya ambición
es bastante a autorizar
mi intento, pues por reinar
lícita es cualquier traición.
(Vase.)
(Ismael.)
IsmaelPues honra y provecho gano
en matar a un niño Rey,
estima tanto mi ley
a quien da muerte a un cristiano,
¿qué dudo que no ejecuto
del infante la esperanza,
de mi nación la venganza
y destos reinos el luto?
La droga le voy a dar.
¿De qué tembláis, miedo frío?
Mas no fuera yo judío,
a no temer y temblar.
Alas pone el interés
al ánimo; mas, ¿qué importa,
si el temor las plumas corta,
y grillos pone a los pies?
Pero, ¿qué hay que recelar
cuando mi sangre acredito,
y más no siendo delito
en médicos el matar?
El niño Rey está aquí;
que beba su muerte trato.
(Al querer entrar en el aposento del Rey, repara en el retrato de la Reina, que está sobre la puerta.)
Mas, ¡cielos!, ¿no es el retrato
éste de su madre? Sí.
No sin causa me acobarda
la traición que juzgo incierta,
pues puso el Rey a su puerta
su misma madre por guarda.
¡Vive Dios, que estoy temblando
de mirarla, aunque pintada!
¿No parece que enojada
muda me está amenazando?
¿No parece que en los ojos
forja rayos enemigos,
que amenazan mis castigos
y autorizan sus enojos?
No me miréis, Reina, airada.
Si don Juan, que es vuestro primo,
y en quien estriba el arrimo
del Rey, prenda vuestra amada,
es contra su mismo Rey,
¿qué mucho que yo lo sea,
viniendo de sangre hebrea,
y profesando otra ley?
No es mi traición tan culpada;
la ira vengativa.
¿Qué hiciérades a estar viva,
pues que me asombráis pintada?
Mas, ¿para qué doy lugar
a cobardes desvaríos?
Ea, recelos judíos,
pues es mi oficio matar,
muera el Rey, y hágase cierta
la dicha que me animó...
(Al querer entrar, cae el retrato, y tápale la puerta.)
Pero el retrato cayó,
y me ha cerrado la puerta.
Dichoso el vulgo ha llamado
al judío, Reina hermosa;
mas no hay más infeliz cosa
que un judío desdichado.
Y pues tanto yo lo he sido,
riesgo corro manifiesto,
si no huyo de aquí...
(Quiere huir por la otra puerta; sale la Reina, detiénele y él se turba.)
(La Reina, Ismael.)
Reina ¿Qué es esto?
¿De qué estáis descolorido?
Volved acá. ¿Adónde vais?
¿De qué es el desasosiego?
IsmaelVolveré, señora, luego.
ReinaEsperad. ¿De qué os turbáis?
Ismael¿Yo turbarme?
Reina No es por bueno.
¿Qué lleváis en ese vaso?
Ismael¿Quién? ¿Yo?
Reina Detened el paso.
IsmaelQuien dijere que es veneno,
y que al Rey nuestro señor
no soy leal...
Reina ¿Cómo es eso?
IsmaelQue estoy turbado confieso,
pero no que soy traidor.
ReinaPues aquí, ¿quién os acusa?
Ismael (Aparte.)(Mi misma traición será.)
ReinaCulpado, Ismael, está
quien sin ocasión se excusa.
IsmaelEl Infante es el ingrato;
que yo no le satisfice;
y si el retrato lo dice,
engañárase el retrato.
Que aunque el paso me cerró,
cuando a purgar al Rey vengo,
yo, Reina, ¿qué culpa tengo
si el retrato se cayó?
Don Juan, el infante, sí;
que con aquesta bebida
me manda quitar la vida
al tierno Rey que ofendí...
Digo, que ofendió el Infante.
ReinaEn fin, vuestra turbación
confesó vuestra traición;
no paséis más adelante.
¿Es la purga de Fernando
ésa?
Ismael Gran señora, sí;
así he de decir aquí
la verdad... ¿Qué estoy dudando?
El deseo de reinar
con don Juan tanto ha podido,
que ciego me ha persuadido
que llegue la muerte a dar
al niño Rey; y el temor
de que no me castigase
me obligó que le jurase
ser a Su Alteza traidor.
Afirméle que este vaso
iba con la purga lleno
de un instantáneo veneno;
pero no haga de ello caso
Vuestra Alteza, que es mentira
con que pretendí...




