E-Book, Spanisch, Band 269, 134 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina La romera de Santiago
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-255-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 269, 134 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-255-4
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada primera
(Salen los que pudieren de acompañamiento, y el conde don Lisuardo, de camino, y Ordoño, rey de León, y doña Linda, infanta, su hermana, y siéntanse el rey Ordoño: y la infanta Linda.)
Ordoño ¿Conde?
Lisuardo ¡Señor!
Ordoño Escuchad.
La memoria de los reyes
hace asegurar las leyes
del temor y la lealtad,
con el premio y el castigo
que son los polos por donde
suelen navegarse, conde,
estos dos mares que digo.
Porque la definición
de la justicia es igual
medida que cada cual
con la pena o galardón
da lo que le toca. Yo
estoy de vos obligado,
y vos no tan bien pagado
como el valor mereció
de vuestra heroica persona,
puesto que para pagallo
es poco con tal vasallo
partir, conde, la corona,
y por ver si corresponde
la paga al valor igual,
quiero hacer un memorial
de vuestros servicios, conde.
Cuando el moro de Navarra,
en ofensa de León
quiso hacer ostentación
de su persona bizarra,
saliendo yo con la mía
del marte alarbe navarro,
al paso, vos tan bizarro
anduvistes aquel día
que nos dimos la batalla,
que cuerpo a cuerpe le distes
muerte y en fuga pusistes
toda la alarbe canalla;
y tanta africana Luna
metistes de esta ocasión
arrastrando por León,
que envidié vuestra fortuna
más que la de haber nacido
rey, en fin, porque es mayor
imperio el que da el valor
que el que en la tierra han tenido
los príncipes que nacieron
con la dicha de heredallo;
que a tan valiente vasallo
reyes llegar no pudieron.
Cuando sobre el feudo entró
Relox Fernández, el conde
de Castilla, hasta adonde
el Esla los pies bañó
a sus soberbios caballos,
sobre la puente del río
no mostró el romano brío
de Horacio para estorballos
el paso más valentía
que vos, pues a voces dijo
que erais rayo, que erais hijo
del Sol, Castilla, aquel día.
Cuando el moro cordobés
las cien doncellas pidió
que Mauregato le dio,
rey infame, vil leonés,
y le obligó mi respuesta
a que pusiese en campaña
de la morisma de España
cuanta gente al arco apresta,
adarga embraza y empuña,
lanza jineta aprestando
otro berberisco bando
por la gallega Coruña
haciendo empeñar el suelo
y que el África se asombre,
¿no levantastes el nombre
de Ordoño segundo al cielo?
Si estos los servicios son
del conde don Lisuardo,
y hacerle merced aguardo,
una Infanta de León,
legítima hermana mía,
sola los basta a pagar,
y hoy la mano os he de dar;
de más de que merecía
vuestra sangre este favor,
que no será la primera
que honrar vuestra casa espera.
LisuardoA tanta merced, señor,
ni sé responder, ni acierto
a agradecer con razones;
bien que en tales ocasiones
es cordura el desacierto.
Considere vuestra alteza
lo que propone mejor,
porque le viene el favor
muy sobrado a mi nobleza.
Ordoño Yo tengo considerado,
conde, el favor que os he hecho,
y es justicia y es derecho,
razón y razón de estado;
porque, a granjear los dos,
conde, venimos así.
Tanto me conviene a mí
como os está bien a vos.
Linda, mi hermana, ha de ser
vuestra esposa, y dad la mano
a la infanta.
Lisuardo El soberano
favor me ha de enloquecer.
Ordoño Levántese, Linda, a dar
la mano al conde.
Linda Ocasión
es, según sus partes son,
que se pudo granjear
a costa de mis deseos.
LisuardoLlegar a tanto en tan poco
me ha de hacer que goce loco
tan soberanos empleos;
traición parece que ha sido
al gusto y a la ventura.
OrdoñoQuien pagar, conde, procura
lo mucho que habéis servido,
de esta suerte lo ha de hacer.
Vuestro valor os levanta
a la alteza de una infanta.
LisuardoSólo os puede responder,
Ordoño, en esta ocasión,
para no caer en mengua,
el silencio, que en la lengua
no hay sentimiento en razón
del saber encarecer
tan nunca vistos favores.
OrdoñoSi pudieran ser mayores
no los dudara de hacer.
Dé la mano vuestra alteza,
hermana, al conde.
Lisuardo Dejad
que imagine que es verdad
tanto bien, tanta grandeza
primero, Ordoño valiente,
generoso, heroico y justo,
porque el gusto como el susto
puede matar de repente.
Con mil vidas que perdiera
por vos, con que derramara
de sangre un mar, no bastara
para que comprar pudiera
lo menos del bien que aguardo
tan sin pensarlo.
Linda Yo estoy
pagada en saber que soy
del conde don Lisuardo.
Ésta es mi mano y con ella
el alma os rindo también.
LisuardoSi no es sueño tanto bien,
loco estoy. Linda, más bella
que el Sol en belleza y nombre,
a tanto cristal, a tanto
del cielo y de amor espanto,
no hay alma que no se asombre
y mil tener estimara
para ofrecer con la mano
a vuestro pie soberano,
prodigio de la más rara
belleza que ha visto el suelo,
de cuya mano divina
con la mía el alma indina
mide al Sol rayo de hielo;
puesto que en empresa igual
más lince Amor, que Dios ciego
hoy trueca flechas de fuego
a cometas de cristal.
Pero, señor, ¿con qué intento
si esta merced me intentastes
hacer, ponerme mandastes
de camino? Un casamiento
tan alto, ¿no requería
galas cortesanas, antes
que cosas que tan distantes
son para tan grande día
como las botas y espuelas?
Perdonad, que enigmas son
tan notable prevención
de caminar, tantas velas
de plumas en mis criados,
tremolando al aire ya,
adonde copiando está
la primavera los prados
en las galas de colores
y a quien el Sol hace fiesta,
de cuya hermosa floresta
son clarines ruiseñores,
y tanto apercibimiento
como León sale a ver,
dando, Ordoño, en qué entender
al Sol, al abril y al viento,
y todo tan diferente
que obliga a esta admiración.
OrdoñoNo ha sido sin ocasión;
escuchadme atentamente.
Desde el día que tomé
la resolución postrera
de casaros con la infanta,
mi hermana, con su belleza
premiando vuestros servicios,
quise que las bodas nuestras
fuesen en un mismo día,
para juntar ambas fiestas
y para mostrar el...




