De Molina | La romera de Santiago | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 269, 134 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina La romera de Santiago


1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-255-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 269, 134 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-255-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



La romera de Santiago es una obra teatral escrita por Tirso de Molina, uno de los más grandes dramaturgos del Siglo de Oro de la literatura española. Este texto se encuadra en el género de la comedia histórica y profana, con elementos característicos de la dramaturgia barroca española. En la obra, Tirso de Molina se inspira en las tradiciones y leyendas transmitidas por el romancero, un género poético de origen oral que ha recogido durante siglos las narraciones de los pueblos hispanos. El romancero, en sus distintas variantes, ha nutrido durante siglos la literatura española, aportando tramas, personajes y temas que han sido reutilizados y reinterpretados por los escritores. En La romera de Santiago, Tirso de Molina recurre a este rico acervo cultural para construir una historia que combina el entretenimiento con la reflexión moral. La trama, como es habitual en las comedias de este autor, está llena de enredos, equívocos y sorpresas que mantienen el interés del público hasta el final. El título de la obra hace referencia a la figura de la romera, una peregrina que realiza la romería a Santiago, una tradición de peregrinaje muy arraigada en España. Este personaje y su viaje proporcionan el marco en el que se desarrolla la acción de la obra. A pesar de su naturaleza profana, la obra también puede contener una dimensión espiritual, como es común en la obra de Tirso de Molina. En este sentido, el viaje de la romera podría interpretarse como una metáfora del camino de la vida, lleno de obstáculos y dificultades que deben ser superados para alcanzar la meta final. La romera de Santiago es una muestra más del talento de Tirso de Molina para crear obras teatrales de gran valor literario y profundidad temática a partir de las tradiciones populares.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
De Molina La romera de Santiago jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


Jornada primera


(Salen los que pudieren de acompañamiento, y el conde don Lisuardo, de camino, y Ordoño, rey de León, y doña Linda, infanta, su hermana, y siéntanse el rey Ordoño: y la infanta Linda.)

Ordoño ¿Conde?

Lisuardo ¡Señor!

Ordoño Escuchad.

La memoria de los reyes

hace asegurar las leyes

del temor y la lealtad,

con el premio y el castigo

que son los polos por donde

suelen navegarse, conde,

estos dos mares que digo.

Porque la definición

de la justicia es igual

medida que cada cual

con la pena o galardón

da lo que le toca. Yo

estoy de vos obligado,

y vos no tan bien pagado

como el valor mereció

de vuestra heroica persona,

puesto que para pagallo

es poco con tal vasallo

partir, conde, la corona,

y por ver si corresponde

la paga al valor igual,

quiero hacer un memorial

de vuestros servicios, conde.

Cuando el moro de Navarra,

en ofensa de León

quiso hacer ostentación

de su persona bizarra,

saliendo yo con la mía

del marte alarbe navarro,

al paso, vos tan bizarro

anduvistes aquel día

que nos dimos la batalla,

que cuerpo a cuerpe le distes

muerte y en fuga pusistes

toda la alarbe canalla;

y tanta africana Luna

metistes de esta ocasión

arrastrando por León,

que envidié vuestra fortuna

más que la de haber nacido

rey, en fin, porque es mayor

imperio el que da el valor

que el que en la tierra han tenido

los príncipes que nacieron

con la dicha de heredallo;

que a tan valiente vasallo

reyes llegar no pudieron.

Cuando sobre el feudo entró

Relox Fernández, el conde

de Castilla, hasta adonde

el Esla los pies bañó

a sus soberbios caballos,

sobre la puente del río

no mostró el romano brío

de Horacio para estorballos

el paso más valentía

que vos, pues a voces dijo

que erais rayo, que erais hijo

del Sol, Castilla, aquel día.

Cuando el moro cordobés

las cien doncellas pidió

que Mauregato le dio,

rey infame, vil leonés,

y le obligó mi respuesta

a que pusiese en campaña

de la morisma de España

cuanta gente al arco apresta,

adarga embraza y empuña,

lanza jineta aprestando

otro berberisco bando

por la gallega Coruña

haciendo empeñar el suelo

y que el África se asombre,

¿no levantastes el nombre

de Ordoño segundo al cielo?

Si estos los servicios son

del conde don Lisuardo,

y hacerle merced aguardo,

una Infanta de León,

legítima hermana mía,

sola los basta a pagar,

y hoy la mano os he de dar;

de más de que merecía

vuestra sangre este favor,

que no será la primera

que honrar vuestra casa espera.

LisuardoA tanta merced, señor,

ni sé responder, ni acierto

a agradecer con razones;

bien que en tales ocasiones

es cordura el desacierto.

Considere vuestra alteza

lo que propone mejor,

porque le viene el favor

muy sobrado a mi nobleza.

Ordoño Yo tengo considerado,

conde, el favor que os he hecho,

y es justicia y es derecho,

razón y razón de estado;

porque, a granjear los dos,

conde, venimos así.

Tanto me conviene a mí

como os está bien a vos.

Linda, mi hermana, ha de ser

vuestra esposa, y dad la mano

a la infanta.

Lisuardo El soberano

favor me ha de enloquecer.

Ordoño Levántese, Linda, a dar

la mano al conde.

Linda Ocasión

es, según sus partes son,

que se pudo granjear

a costa de mis deseos.

LisuardoLlegar a tanto en tan poco

me ha de hacer que goce loco

tan soberanos empleos;

traición parece que ha sido

al gusto y a la ventura.

OrdoñoQuien pagar, conde, procura

lo mucho que habéis servido,

de esta suerte lo ha de hacer.

Vuestro valor os levanta

a la alteza de una infanta.

LisuardoSólo os puede responder,

Ordoño, en esta ocasión,

para no caer en mengua,

el silencio, que en la lengua

no hay sentimiento en razón

del saber encarecer

tan nunca vistos favores.

OrdoñoSi pudieran ser mayores

no los dudara de hacer.

Dé la mano vuestra alteza,

hermana, al conde.

Lisuardo Dejad

que imagine que es verdad

tanto bien, tanta grandeza

primero, Ordoño valiente,

generoso, heroico y justo,

porque el gusto como el susto

puede matar de repente.

Con mil vidas que perdiera

por vos, con que derramara

de sangre un mar, no bastara

para que comprar pudiera

lo menos del bien que aguardo

tan sin pensarlo.

Linda Yo estoy

pagada en saber que soy

del conde don Lisuardo.

Ésta es mi mano y con ella

el alma os rindo también.

LisuardoSi no es sueño tanto bien,

loco estoy. Linda, más bella

que el Sol en belleza y nombre,

a tanto cristal, a tanto

del cielo y de amor espanto,

no hay alma que no se asombre

y mil tener estimara

para ofrecer con la mano

a vuestro pie soberano,

prodigio de la más rara

belleza que ha visto el suelo,

de cuya mano divina

con la mía el alma indina

mide al Sol rayo de hielo;

puesto que en empresa igual

más lince Amor, que Dios ciego

hoy trueca flechas de fuego

a cometas de cristal.

Pero, señor, ¿con qué intento

si esta merced me intentastes

hacer, ponerme mandastes

de camino? Un casamiento

tan alto, ¿no requería

galas cortesanas, antes

que cosas que tan distantes

son para tan grande día

como las botas y espuelas?

Perdonad, que enigmas son

tan notable prevención

de caminar, tantas velas

de plumas en mis criados,

tremolando al aire ya,

adonde copiando está

la primavera los prados

en las galas de colores

y a quien el Sol hace fiesta,

de cuya hermosa floresta

son clarines ruiseñores,

y tanto apercibimiento

como León sale a ver,

dando, Ordoño, en qué entender

al Sol, al abril y al viento,

y todo tan diferente

que obliga a esta admiración.

OrdoñoNo ha sido sin ocasión;

escuchadme atentamente.

Desde el día que tomé

la resolución postrera

de casaros con la infanta,

mi hermana, con su belleza

premiando vuestros servicios,

quise que las bodas nuestras

fuesen en un mismo día,

para juntar ambas fiestas

y para mostrar el...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.