De Molina | La vida de Herodes | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 274, 154 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina La vida de Herodes


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-268-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 274, 154 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-268-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



La vida y muerte de Herodes es un drama bíblico de Tirso de Molina. Aquí el autor entreteje lo histórico y lo novelesco, lo trágico y lo cómico y combina motivos propios de la comedia palatina (ambiente cortesano y conspiraciones palaciegas) con otros de la tragedia. En esta obra se suceden escenas cargadas de dramatismo y de crueldad, llevando así al extremo la idea lopesca de la deleitosa variedad. En La vida y muerte de Herodes, Tirso aúna el esfuerzo imaginativo y la fuerza poética. Hay también un continuo manejo de fuentes histórico-bíblicas que son un punto de partida. La libertad de creación de Tirso se muestra en todo su esplendor en esta obra llena de ingenio para unir historia y espectacularidad.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
De Molina La vida de Herodes jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


Jornada segunda


(Salen Mariadnes y Herodes, de pastor.)

Mariadnes Deja, pastor, que el Sol sus flechas quiebre

en las hierbas menudas que marchita

y a ese caballo dan fértil pesebre;

y mientras el tirano solicita

mi deshonra y su bárbara venganza

por la ocasión que tu valor le quita,

entre estas sombras que el rigor no alcanza,

y en cuyas hojas leves representa

a los tiempos el viento su mudanza,

premiada tu lealtad tome a su cuenta

principios de favores que te debo,

y porque los asiente, aquí te asienta.

Herodes Afrentaránse de favor tan nuevo

estos cedros y palmas, gran señora,

de la ventaja y dicha que les llevo;

quisieran ellos humillar agora

sus elevadas cumbres y cabezas

para besar tus pies, que el mundo adora.

Mariadnes El campo siempre obliga a las llanezas

que la ambición desprecia, dando silla

a la soberbia hinchada con grandezas;

de aquí a Jerusalén habrá una milla;

siéntate, que de noche entrando en ella

aseguro peligros.

(Siéntase Mariadnes e hinca Herodes la rodilla.)

Herodes La rodilla

hincada, como a imagen de amor bella,

es mejor que te adore agradecido

a mi propicia y venturosa estrella.

Mariadnes Éste es mi gusto, acaba.

(Siéntase Herodes.)

Herodes ¡Que ha podido

mi dicha verme junto al Sol sentado!

Amorosa deidad, perdón os pido.

Mariadnes Agora, pues, que nos convida el prado

a divertir agravios del estío

y dar lícitas treguas al cuidado,

quiero que dejes satisfecho el mío,

que, en mil contradicciones, te prometo,

se quieren persuadir a un desvarío.

Mil cosas he mirado en tu sujeto

tan opuestas y nuevas como extrañas.

Si rústico, ¿cómo eres tan discreto?

No niego yo que a veces las montañas

no fertilice el cielo dando en ellas

al ingenio, al valor y a las hazañas.

Comunes son a todos las estrellas,

y entendimientos hay que entre sayales,

en cuerpos toscos, cubren almas bellas;

pero por más que influyen naturales,

no retóricas lenguas, que consisten

en idiomas de corte artificiales,

los que antíparas toscas cual tú visten,

con palabras groseras satisfacen

a los que en techos míseros asisten;

que aunque es verdad que los ingenios nacen

delicados, tal vez en cualquier parte,

los oradores con el uso se hacen,

o la naturaleza pule el arte.

Tú, pues, sin él, que afrentas la elocuencia

y a Demóstenes puedes compararte,

¿cómo, falto de letras y experiencia,

sutilizas conceptos y palabras

y a Atenas hurtas el lenguaje y ciencia?

Y aunque el misterio a mis enigmas abras,

con respuestas que ignoro y dificulto;

dime si al Sol y al aire riges cabras

y su inclemencia por el monte inculto

los rostros tiraniza, pues los yerra

como si el ver sus rayos fuera insulto.

Si el cultivar la siempre fértil tierra

paga surcos en callos que en las manos

por la dureza imitan a la sierra,

¿cómo injurias afeites cortesanos,

siendo excepción de generales leyes?

¿Tú solamente culto entre villanos?

Manos groseras que al arado y bueyes

acostumbradas el trabajo tuesta,

¿pueden en ti afrentar las de los reyes?

Cara, que a la del Sol adusto opuesta,

jamás huyó el encuentro a sus rigores,

¿compite con la dama más compuesta?

A tu traje desmientes, tus colores,

por más pastor que intentes con negallo

encubrirte entre engaños labradores,

cuando agora la silla del caballo

la sed me hizo dejar de aquella fuente

que de ti murmuraba lo que callo,

y tú, templando del calor ardiente

la furia rigorosa con su risa

bañaste en su cristal manos y frente;

testigo contra ti fue la camisa

que, por el cuello libre del ultraje

con que la encierras en sayal me avisa

no dicen bien las puntas de su encaje

con el buriel hipócrita que aforra

en blanco lino el penitente traje.

Declárame este enigma, si no borra

tu poca confianza en el secreto

lo que te debo; así el cielo socorra

tus esperanzas con dichoso efeto.

Las dudas satisface, di cómo eres,

si rústico pastor, galán discreto.

Herodes Ya que apurar mis pensamientos quieres,

curiosa por saber sucesos míos,

por imitar a las demás mujeres,

oye de la Fortuna desvaríos

que ya que no te admiren, te entretengan,

mientras aquestos árboles sombríos

por huésped bello tu hermosura tengan.

Ya que el sutil ingenio

hijo de esa alma noble,

curioso inquisidor

de celos y de amores,

sacando del sagrado

donde el secreto absconde,

sucesos de mi vida,

discreta los conoce,

sabrás, hermosa infanta,

que el rey del sacro monte

que a Salomón dio cedros

para que el templo corte

y Hiram el mundo llama,

se honra con el nombre

de padre mío, puesto

que injuria estos blasones.

Fertilizó su sangre

en himeneos conformes,

el cielo con tres hijos,

los dos de ellos varones.

Y siendo yo el pequeño,

mis años corresponden

al grado en que he nacido

que en dichas son menores.

Como perdí el derecho

al reino, que dispone

su herencia al mayorazgo,

porque los demás lloren,

mis quejas satisfizo

con darme en fuerzas dobles

para un alma de cera

un corazón de bronce.

Dispúsome a la guerra,

que en ella inclinaciones

dan a segundos hijos

riquezas y opiniones.

Y haciendo alarde al viento

de plumas y atambores,

de galas a Cupido

y a Marte de escuadrones,

salí contra el de Arabia

que, descuidado entonces,

pagaba en verdes años

censo en deleites torpes.

Vencíle, brevemente,

que ahorrando digresiones

no con prolijos cuentos

pretendo que te enojes;

dándole, pues, la muerte,

a su vivir conforme,

di a mis hazañas reinos

y a mi valor renombres.

Y mientras que permito

que afrenten y despojen

tesoros y hermosuras

soldados vencedores,

en una galería

entré, que en artesones

dorados eran suma

del cielo y de sus orbes.

Caía a un jardín bello

por cuyos corredores

jazmines frescos eran

escalas de sus flores.

Colgaban sus paredes

pinceles triunfadores

de la naturaleza,

cuyas ostentaciones

bellezas celebraban,

robaban corazones

y daban almas vivas

alientos y colores.

En medio estaba un cuadro

y en él —no sé cómo ose

pintarle sin su injuria

mi lengua agora torpe—

un fénix de belleza,

poco dije, perdone

la diosa enamorada

que en rosa volvió a Adonis.

Yo sé que si la viera

el dios del cuarto coche

causara nuevos celos

a Clicie y a Leucote;

menospreciara a Onfale,

el que la rueca pone

por el mayor trofeo

de sus trabajos...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.