De Molina | Los lagos de san Vicente | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 280, 130 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina Los lagos de san Vicente


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-316-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 280, 130 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-316-2
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En 1607 Tirso de Molina escribió la comedia hagiográfica Los lagos de San Vicente sobre la vida, legendaria y heroica, de Santa Casilda. Según la historia Casilda hija del emir de Toledo y practicando la caridad, solía llevar alimentos a los prisioneros cristianos detenidos por su padre. Los lagos de San Vicente presenta las vicisitudes de Santa Casilda para encontrar la cura de una enfermedad que padece en la sangre y que la aflige. Casilda rechaza la asistencia médica por parte de médicos musulmanes y milagrosamente encuentra la cura en el mundo cristiano. En este trayecto se presenta la evolución intelectual y espiritual de la futura santa en defensa de la fe cristiana.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Salen el Rey moro, doña Blanca, Alí Petrán, y don Tello.)

Rey ¿Qué importa que mi corona

su jurisdicción me ofrezca

en la ciudad que blasona

imperios godos, y crezca

con triunfos que Alá ocasiona?

¿Qué de la circunferencia

de España, centro se llame,

y en su apacible eminencia

pródigo el cielo derrame

lo mejor de su influencia?

¿Qué importa haber extendido

el imperio que he adquirido,

por todo lo que no enfrena

fragosa Sierra Morena,

Guadarrama presumido;

que me tribute Sevilla;

Córdoba a mis pies postrada,

cuando ofrecen a mi silla

parias el rey de Granada,

treguas el rey de Castilla,

si todo lo que interesa

la gloria de mi corona,

tanto triunfo, tanta empresa,

lo desluce y desazona

el mal de vuestra princesa?

¿Posible es que Alá permita

que en tan hermosa presencia

tanta enfermedad compita?

No sé si su providencia

ofende y desacredita;

sé a lo menos que afectara

blasón de deidad severa,

si como suele ser rara

maravilla permitiera

que siempre el Sol se eclipsara.

¿Para que tan extremada

belleza en Casilda, rosa

fresca a un tiempo y maltratada,

si cuando la admiro hermosa

la lloro siempre eclipsada?

Tello No es mucho que vuestra alteza

pondere así tanto daño,

que yo que vi su belleza,

de ley y nación extraño,

le acompaño en la tristeza

¿Es posible que no habrá

remedio?

Rey Ya no le espero.

Arabia médicos da

por ser patria del primero;

pero la salud Alá.

Un Avicena ha ofrecido

Córdoba; en ella han nacido

un Rasis, un Almanzor;

mas fue su fama mayor

que sus efectos han sido.

No he dejado diligencia

en todos sus profesores,

mas esta invisible ciencia

en estatua y en doctores

vende sola la apariencia.

Alí Hipócrita es el que ignora

efectos de su doctrina.

ReyDices bien, pues siendo ahora

morisca la medicina

no la halle la infanta mora.

Treguas, don Tello, me pide

vuestro rey que le concedo,

sólo por vos, como olvide

enojos, y de Toledo

os permita, aunque lo impide

su privado, que salgáis

a su gracia reducido.

Violento en mi reino estáis,

puesto que en él aplaudido

de los moros que obligáis.

No se quiere desposar

aquí vuestra dama bella;

es tormento el esperar

dichas que libráis en ella

y aquí no podéis lograr.

Iréis a Burgos los dos,

aunque a ser tan cuerdo vos

como sois enamorado,

temiérades de un privado

la enemistad, que si es Dios

casi un rey, con tan profunda

pasión, no sé en que se funda

el amor que os desespera

siendo Dios causa primera

y obrando por la segunda;

por la de un privado digo.

TelloDe doña Blanca, señor,

el orden y gusto sigo.

AlíEs primer móvil amor

y puede más que un amigo;

yo lo soy vuestro y en fe

de que estimo este blasón,

a vuestra patria asalté,

y dándola confusión

vuestra dama os entregué.

Seis meses ha que asistís

en Toledo y desmentís

pesares y competencias

que os causaran impaciencias

en Castilla. Si os partís,

iréis, don Tello, advertido

de la voluntad que os muestro,

y sin ponerla en olvido

siempre seré amigo vuestro,

pero mal correspondido.

Tello Eso no, que soy leal;

a quedarme estoy dispuesto

sirviéndoos.

(Dentro.)

Axa ¡Terrible mal!

¡Triste pérdida!

Rey ¿Qué es esto?

(Sale Axa y después Casilda.)

AxaUn accidente mortal,

señor, robarnos procura

con la infanta, la hermosura

del más generoso mayo;

disfrazada en su desmayo

la muerte, a su edad perjura,

en flor nos lleva esta rama,

y la sangre que es su vida

no sé por qué la desama,

pues ingrata y homicida

por el suelo se derrama

Aquí el Sol por ella llora.

(Descúbrese la Santa Casilda en una silla, desmayada.)

TelloGualda es ya, la que clavel.

Rey¡Casilda!

Alí ¡Hermana!

Blanca Señora.

ReyContigo el cielo cruel

rubíes llueve y no es aurora;

hija, que, en fin, se eclipsó

el Sol que a Toledo dio

luz más clara que el Oriente.

CasildaAy, Lagos de San Vicente,

¿cuándo os he de gozar yo?

Rey Amanezca alegre el día

segunda vez en tu cara,

cesará la muerte avara

que en tinieblas nos tenía.

No hay médico ni aforismo

que así al enfermo asegure,

por más que recete y cure,

como el que padece el mismo,

si resistiendo a la muerte

y dando aliento a la vida

pasiones del alma olvida

y sus tristezas divierte.

Hazlo, mi Casilda, así;

no añadas al mal molesto

suspensiones, que con esto

me darás salud a mí.

Casilda ¡Ay padre y señor, que en vano,

cuando el mal se ve de lejos

suele mal lograr consejos

en el que padece el sano!

Un solo medio me ofrece

el cielo para sanar,

pero hásmele de negar,

y así por instantes crece.

Pues que no he de conseguirle,

el remedio es padecer.

ReyRemedio y en mi poder,

¿y tú rehusando el pedirle?

Sin razón mi amor olvidas.

Pide a Toledo desde hoy,

que en albricias te le doy

sólo de que me le pidas.

Casilda Has de juzgarme indiscreta

mientras no le dificulto,

si cuerda no le consulto

aunque salud me prometa.

Este cristiano es prudente

y en tu servicio leal,

fiaré de su caudal

todo lo que el alma siente,

y sabré de él esta tarde

si estará puesto en razón

decirte mi petición.

ReyTodo pedir es cobarde.

Sed, don Tello, consejero

de la infanta, persuadilda

a que es padre de Casilda

un rey con todos severo;

con ella no. Ay, si por vos

cobra salud, no es bastante

premio un reino. Ven, Infante.

Tello¿Qué es esto, válgame Dios?

(Vanse el Rey, Alí Petrán y Axa por una parte, y los demás por otra.)

Blanca ¿Qué oís, temor indiscreto?

¿La Infanta a don Tello a solas?

Celos, si amenazáis olas,

mil naufragios me prometo.

¿Que por difícil no diga

el remedio de su daño

la Infanta? ¡Ay recelo extraño,

cuando ¡a tristeza obliga!

Todo el pecho enamorado

y triste a la infanta veo.

¿Dudaré de su deseo

que el alma al amor ha dado?

Y si enamorada está,

¿podré dudar yo tampoco

que de su apetito loco

no es don Tello el dueño ya?

Mi sospecha es evidente.

¿No dijo: «Por ser leal,

fiaré de su caudal

todo lo que el alma siente»?

Pues con él, ¿qué ha de...



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