E-Book, Spanisch, Band 282, 140 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina Quien calla otorga
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-417-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 282, 140 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-417-6
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(Sale Ascanio.)
Ascanio Amor, vuestro absoluto y real respeto
de conde de Monreal, me ha trasformado
en secretario: de señor, criado.
Vuestro fuego es la causa, yo el efeto.
En la contemplación de tal objeto,
secretario me hiciera mi cuidado
de mí mismo, si no hubieran llegado
a profanar los cielos mi secreto.
Mira Narcisa apasionadamente
a don Rodrigo, para darme enojos,
y en vano, siendo así, callar presumo
Es mina Amor, y es fuerza que reviente
cuando no por la boca, por los ojos,
él convertido en fuego, ellos en humo.
(Salen Aurora y Narcisa, hablando con su hermana sin ver a Ascanio.)
Narcisa Anda, hermana; que estás ya
demasiada.
Aurora Yo digo
la verdad.
Narcisa Si don Rodrigo
a mi amor materia da,
¿qué pierdo en quererlo?
Aurora Mucho.
Ascanio (Aparte.)(Basta, que vienen las dos
tratando del ciego dios.
¿Esto veo? ¿Aquesto escucho?
Desiguales competencias,
Narcisa se ha declarado.
El español es amado;
no hay que hacer más experiencias.
Caballero es don Rodrigo.
Voy a probar su valor,
y si puede en él amor
más que la lealtad de amigo.)
(Vase Ascanio.)
Narcisa Don Rodrigo es principal,
y es Girón, que le engrandece.
Ya sabes tú que ennoblece
su casa con sangre real.
¿Qué defeto hallas en él,
sabiendo que quiso, hermana,
su esposo hacerle Diana,
condesa de Oberisel?
Aurora Es extranjero.
Narcisa ¿Qué importa?
Nunca las personas reales
se casan con naturales.
AuroraDe ejemplos, Narcisa, acorta;
que esposo te dan los cielos
de más valor e importancia.
Yo intento casarme en Francia,
y has de imitarme.
Narcisa ¿Son celos,
por tu vida?
Aurora ¿Yo? ¿De quién?
NarcisaDel español que procuras
desacreditar.
Aurora ¡Locuras!
NarcisaYo sé que le quieres bien.
Aurora Desterrarle he de mi estado,
si con tan bajas quimeras,
en ese error perseveras.
Narcisa¿Luego al conde has olvidado
de Borgoña, mayordomo
de tu casa y voluntad?
AuroraHombre de más calidad
ha de ser mi esposo.
Narcisa ¿Cómo?
Aurora Pretende monsiur de Guisa
darme el alma con la mano,
y Federico, su hermano,
intenta también, Narcisa,
ser tu esposo. Porque veas
cuán diversos pensamientos
solicitan tus intentos,
las cartas quiero que leas
que los dos nos han escrito
en orden a esto.
Narcisa (Aparte.) (Envidiosa
de la suerte venturosa
con que mi amor solicito
con don Rodrigo, pretende
divertirme de él Aurora;
pero engañaréla agora.)
Aurora¿Qué respondes?
Narcisa Que me ofende
tu mudable condición;
¿A Carlos no te inclinabas,
cuando vino, y ponderabas
su buen talle y discreción?
Pues ¿quién te mudó tan presto,
que el de Guisa te aficiona?
AuroraLa fama que lo pregona,
en tal opinión ha puesto
al duque de Guisa, hermana,
que le quiero bien. Duquesa
vengo a ser, si soy marquesa.
Ya ves lo mucho que gana
nuestra casa, y el valor
que a su sangre corresponde,
lo que va de un duque a un conde
y cuál me estará mejor.
Narcisa ¿Al conde olvidas?
Aurora Pues bien,
¿qué quieres decir en eso?
NarcisaPues la verdad te confieso,
si ya no le quieres bien.
¡Cuánto mejor te estará,
si eres duquesa de Guisa,
el ver condesa a Narcisa
de Borgoña!
Aurora ¿Cómo?
Narcisa Ya
puedo declarar contigo
mis amorosos desvelos.
Por no dar causa a tus celos
fingí amar a don Rodrigo,
siendo el conde de Borgoña
quien mi amor tiranizó,
desde que el alma bebió
por los ojos su ponzoña;
mas pues este estorbo cesa,
según tu elección me avisa,
y casándote tú en Guisa,
me puedes hacer condesa,
déjame a Carlos, Aurora,
y deberéte este estado;
que yo he visto en su cuidado
que te olvida y que me adora.
Aurora Si yo a quien soy no mirara,
te cerrara, necia, loca,
con un candado la boca,
y la lengua te cortara.
¿Tú tienes atrevimiento
tan soberbio y licencioso,
que a quien me da por esposo
de mi padre el testamento,
oses mirar?
Narcisa ¿Ya me alegas
testamentos? Buena estás
si al duque elegido has,
y a su amor el alma entregas,
no sé por dónde ni cómo
de mí puedas agraviarte.
Aurora¿Tú conmigo has de igualarte?
Narcisa¿Es mucho que a un mayordomo
pretenda, cuando tú cobras
a un duque?
Aurora No lo verás.
NarcisaSi como a menor me das
alimentos de tus sobras,
¿en qué te igualo? ¿No dejas
a Carlos?
Aurora ¿Yo?
Narcisa Ahora acabas
de afirmar que al duque amabas,
y que olvide me aconsejas
por su hermano a don Rodrigo.
AuroraMis sospechas lo fingieron,
porque en tus intentos vieron
la traición que usas conmigo;
que ni el de Guisa me ha escrito,
ni otra sino yo ha de ser
del conde Carlos mujer.
NarcisaPues ya, hermana, no compito
contigo. Satisfacerte
de mi buen gusto podrás,
si a don Rodrigo me das,
pues quedo de aquesta suerte
yo casada y tú contenta,
y a España me partiré.
AuroraLos ojos te sacaré
primero que tal consienta.
Narcisa Si no hay Federico ya,
y tú al conde Carlos quieres,
cuando al español me dieres,
¿qué hay perdido?
Aurora No tendrá
tan mal gusto don Rodrigo,
si a Diana quiso bien
que satisfechos estén
sus pensamientos contigo.
Narcisa Si no estriba más que en eso
la causa de tus enojos,
ya me han dicho a mí sus ojos
que mi amor le quita el seso.
Aurora ¿Tú a don Rodrigo?
Narcisa Trinchando,
en verme se divirtió
hoy, y un dedo se cortó,
y aun yo le oí suspirando
decir entre llanto y risa,
baja la voz y compuesta:
«Amor que sangre me cuesta
compasión dará a Narcisa.»
Yo entonces tomé la presa
que tanto mal vino a hacer,
y un lienzo dejé caer
a sus pies junto a la...




