De Molina | Quien calla otorga | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 282, 140 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina Quien calla otorga


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-417-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 282, 140 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9953-417-6
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Quien calla otorga de Tirso de Molina escrita en 1614, es una continuación de El castigo del penseque. Nació fruto de las circunstancias y, sobre todo, del desenlace «imperfecto» y nada popular entre el público de El castigo del penseque. El final del protagonista en El castigo del penseque (el español Rodrigo Girón), recibía un castigo excesivo. Y también dejaba mal parada la galantería española en tierras extranjeras. Por tanto, Quien calla otorga, como segunda parte de este díptico, tiene como finalidad la redención de Rodrigo Girón, de modo que le propone nuevas aventuras, de las cuales esta vez sí resulta triunfante.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


(Sale Ascanio.)

Ascanio Amor, vuestro absoluto y real respeto

de conde de Monreal, me ha trasformado

en secretario: de señor, criado.

Vuestro fuego es la causa, yo el efeto.

En la contemplación de tal objeto,

secretario me hiciera mi cuidado

de mí mismo, si no hubieran llegado

a profanar los cielos mi secreto.

Mira Narcisa apasionadamente

a don Rodrigo, para darme enojos,

y en vano, siendo así, callar presumo

Es mina Amor, y es fuerza que reviente

cuando no por la boca, por los ojos,

él convertido en fuego, ellos en humo.

(Salen Aurora y Narcisa, hablando con su hermana sin ver a Ascanio.)

Narcisa Anda, hermana; que estás ya

demasiada.

Aurora Yo digo

la verdad.

Narcisa Si don Rodrigo

a mi amor materia da,

¿qué pierdo en quererlo?

Aurora Mucho.

Ascanio (Aparte.)(Basta, que vienen las dos

tratando del ciego dios.

¿Esto veo? ¿Aquesto escucho?

Desiguales competencias,

Narcisa se ha declarado.

El español es amado;

no hay que hacer más experiencias.

Caballero es don Rodrigo.

Voy a probar su valor,

y si puede en él amor

más que la lealtad de amigo.)

(Vase Ascanio.)

Narcisa Don Rodrigo es principal,

y es Girón, que le engrandece.

Ya sabes tú que ennoblece

su casa con sangre real.

¿Qué defeto hallas en él,

sabiendo que quiso, hermana,

su esposo hacerle Diana,

condesa de Oberisel?

Aurora Es extranjero.

Narcisa ¿Qué importa?

Nunca las personas reales

se casan con naturales.

AuroraDe ejemplos, Narcisa, acorta;

que esposo te dan los cielos

de más valor e importancia.

Yo intento casarme en Francia,

y has de imitarme.

Narcisa ¿Son celos,

por tu vida?

Aurora ¿Yo? ¿De quién?

NarcisaDel español que procuras

desacreditar.

Aurora ¡Locuras!

NarcisaYo sé que le quieres bien.

Aurora Desterrarle he de mi estado,

si con tan bajas quimeras,

en ese error perseveras.

Narcisa¿Luego al conde has olvidado

de Borgoña, mayordomo

de tu casa y voluntad?

AuroraHombre de más calidad

ha de ser mi esposo.

Narcisa ¿Cómo?

Aurora Pretende monsiur de Guisa

darme el alma con la mano,

y Federico, su hermano,

intenta también, Narcisa,

ser tu esposo. Porque veas

cuán diversos pensamientos

solicitan tus intentos,

las cartas quiero que leas

que los dos nos han escrito

en orden a esto.

Narcisa (Aparte.) (Envidiosa

de la suerte venturosa

con que mi amor solicito

con don Rodrigo, pretende

divertirme de él Aurora;

pero engañaréla agora.)

Aurora¿Qué respondes?

Narcisa Que me ofende

tu mudable condición;

¿A Carlos no te inclinabas,

cuando vino, y ponderabas

su buen talle y discreción?

Pues ¿quién te mudó tan presto,

que el de Guisa te aficiona?

AuroraLa fama que lo pregona,

en tal opinión ha puesto

al duque de Guisa, hermana,

que le quiero bien. Duquesa

vengo a ser, si soy marquesa.

Ya ves lo mucho que gana

nuestra casa, y el valor

que a su sangre corresponde,

lo que va de un duque a un conde

y cuál me estará mejor.

Narcisa ¿Al conde olvidas?

Aurora Pues bien,

¿qué quieres decir en eso?

NarcisaPues la verdad te confieso,

si ya no le quieres bien.

¡Cuánto mejor te estará,

si eres duquesa de Guisa,

el ver condesa a Narcisa

de Borgoña!

Aurora ¿Cómo?

Narcisa Ya

puedo declarar contigo

mis amorosos desvelos.

Por no dar causa a tus celos

fingí amar a don Rodrigo,

siendo el conde de Borgoña

quien mi amor tiranizó,

desde que el alma bebió

por los ojos su ponzoña;

mas pues este estorbo cesa,

según tu elección me avisa,

y casándote tú en Guisa,

me puedes hacer condesa,

déjame a Carlos, Aurora,

y deberéte este estado;

que yo he visto en su cuidado

que te olvida y que me adora.

Aurora Si yo a quien soy no mirara,

te cerrara, necia, loca,

con un candado la boca,

y la lengua te cortara.

¿Tú tienes atrevimiento

tan soberbio y licencioso,

que a quien me da por esposo

de mi padre el testamento,

oses mirar?

Narcisa ¿Ya me alegas

testamentos? Buena estás

si al duque elegido has,

y a su amor el alma entregas,

no sé por dónde ni cómo

de mí puedas agraviarte.

Aurora¿Tú conmigo has de igualarte?

Narcisa¿Es mucho que a un mayordomo

pretenda, cuando tú cobras

a un duque?

Aurora No lo verás.

NarcisaSi como a menor me das

alimentos de tus sobras,

¿en qué te igualo? ¿No dejas

a Carlos?

Aurora ¿Yo?

Narcisa Ahora acabas

de afirmar que al duque amabas,

y que olvide me aconsejas

por su hermano a don Rodrigo.

AuroraMis sospechas lo fingieron,

porque en tus intentos vieron

la traición que usas conmigo;

que ni el de Guisa me ha escrito,

ni otra sino yo ha de ser

del conde Carlos mujer.

NarcisaPues ya, hermana, no compito

contigo. Satisfacerte

de mi buen gusto podrás,

si a don Rodrigo me das,

pues quedo de aquesta suerte

yo casada y tú contenta,

y a España me partiré.

AuroraLos ojos te sacaré

primero que tal consienta.

Narcisa Si no hay Federico ya,

y tú al conde Carlos quieres,

cuando al español me dieres,

¿qué hay perdido?

Aurora No tendrá

tan mal gusto don Rodrigo,

si a Diana quiso bien

que satisfechos estén

sus pensamientos contigo.

Narcisa Si no estriba más que en eso

la causa de tus enojos,

ya me han dicho a mí sus ojos

que mi amor le quita el seso.

Aurora ¿Tú a don Rodrigo?

Narcisa Trinchando,

en verme se divirtió

hoy, y un dedo se cortó,

y aun yo le oí suspirando

decir entre llanto y risa,

baja la voz y compuesta:

«Amor que sangre me cuesta

compasión dará a Narcisa.»

Yo entonces tomé la presa

que tanto mal vino a hacer,

y un lienzo dejé caer

a sus pies junto a la...



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