E-Book, Spanisch, Band 284, 144 Seiten
Reihe: Teatro
De Molina Quien no cae no se levanta
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9953-419-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 284, 144 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-419-0
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Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda
(Sale Lelio quitándole a Lisarda, su esposa, unas joyas, y Britón.)
Lelio Por vida de los dos, que no las quiero
para jugar. Lisarda, no me enojes;
he menester un poco de dinero,
e importa que esas joyas te despojes
para empeñarlas, no para venderlas.
LisardaEn lindo tiempo, por mi fe, me coges;
deseo debes de tener de verlas
empleadas mejor en otro cuello
más digno que no yo de mi oro y perlas.
Es dama al uso, que tendrá el cabello
negro, que ya no se usan hebras de oro,
y si es moreno el rostro será bello.
Lelio ¡Oh, qué pesada estás¡Porque te adoro
te atreves a enojarme.
Lisarda ¿Es ojizarca?
Pero ojinegra es, que no lo ignoro;
en los tiempos del Dante y del Petrarca
los ojos zarcos eran los mejores,
adorados del príncipe y monarca,
y a los negros rasgados dan favores;
que las bellezas son como el vestido,
que mudan con la hechura los colores.
Lelio Quítate ya esas joyas, que he tenido
mucha paciencia. ¡Ea!
Lisarda ¿Qué es aquesto?
¿Cuándo, Lelio, el respeto me has perdido?
Dos años ha que el yugo nos ha puesto
del conyugal amor la iglesia santa,
tirando a su coyunda el carro honesto,
voluntad me has mostrado siempre tanta,
que a cuantas damas hay envidia he dado.
Pues ¿qué mudanza mi ventura espanta?
De un mes acá te veo tan trocado,
que, si antes a las nueve te acostabas,
volver sueles al alba disfrazado.
Apenas, Lelio, de comer acabas
cuando, antes que levanten los manteles,
tomas la capa que antes olvidabas.
Jugaste, y aunque pocas veces sueles
gastar el tiempo en esto, ya has perdido
el dinero, la plata y los doseles,
y no tan malo, si en el juego ha sido
esta pérdida sola y no en desvelos
que sospecho te traen desvanecido;
que el juego que hay peor es el de celos,
pues pierden con la vida la paciencia.
Lelio¿Quieres, Lisarda, no llorarme duelos?
Ni el juego ni el amor me da licencia
para quitarte joyas que no he dado,
pues las trajo tu dote por herencia;
salí fïador, estoy ejecutado,
no quiero que entre en casa la justicia
y lo sepan tu tío y mi cuñado;
otras joyas habrá de más codicia
que comprarte prometo. Acaba, amores.
LisardaYa esa fïanza vino a mi noticia,
deuda es que tiene muchos acreedores,
y aunque su honra es ya dita quebrada,
se empeñan más por ella sus deudores.
No estoy, Lelio, en tu amor tan descuidada,
que aunque callo y consiento, no trasnoche
celosa con razón, y desvelada.
Bien piensas tú que del disfraz de anoche
tan ignorante estoy que no he sabido
la negra traza de la silla o coche.
Autor de este entremés debe haber sido
aqueste bienaventurado.
Britón ¡Bueno!
Yo he de tener la culpa. Si ha perdido,
Britón le hizo perder; si del sereno
le duele la cabeza, este bellaco
de Britón es la causa; si el moreno
se emborracha con vino o con tabaco,
Britón le dio a beber; si falta en casa
alguna cosa, Britóncillo es caco.
No lo puedo sufrir, de raya pasa,
un año ha que te sirvo, hagamos cuenta,
diez reales cada mes me das por tasa,
aquí está el papelillo en que se asienta
lo que recibo; débesme once reales
menos tres cuartos, no tengo otra renta,
páguenmelos y adiós, y sean cabales.
Lelio¿Estás sin seso?
Britón Estoy muy enojado
y harto de llevar ya tus atabales.
A un hombre como yo bien opinado
no es razón que le llamen alcahuete.
¿Hanme visto llevar algún recado?
¿Cuándo te traje yo carta o billete?
Siempre el rosario traigo en cuello
o mano, dentro mi faltriquera no se mete.
......................... [ -ano]
De fray Luis, y porque veas si miento,
estas hojas dirán si soy cristiano.
(Va a sacar un libro de la faltriquera y saca envuelta al rosario una baraja de naipes que se le cae.)
Lisarda Muy bien lo dicen, pues de ciento en ciento
te salen a abonar descuadernadas
como tu vida; y quién te da sustento
de ésas y de otras cartas despachadas;
por el infierno debes ser correo.
Britón¡A afrentarme salistes desolladas!
¡Volveos al nido, que en mi muerte creo,
que de vosotras, en lugar de tablas,
he de hacer ataúd, según deseo
que andéis conmigo siempre!
Lelio En vano entablas
dilaciones; del cuello el oro quita,
que pierdo tiempo mientras tanto me hablas.
Quita las perlas.
Lisarda ¿Qué furor te incita?
¿No están mejor al cuello de tu esposa
que no al cuello...
Lelio ¿De quién?
Lisarda De Margarita?
Lelio No digas necedades, si celosa
estás; que es tan honrada como bella
Margarita, y doncella generosa.
Lisarda Será virgen y madre, si es doncella,
que de Valerio dicen que ha parido.
LelioMientes, y toma; acordaráste de ella.
(Dale un bofetón.)
Lisarda ¡Ay, cielos!
Britón Más me pesa, que has rompido
la sarta.
Lelio Los anillos le he quitado
y los zarcillos.
Britón Su pirata has sido.
Lelio Coge las perlas.
Britón ¿No me ves bajado,
cual fraile en Gloria patri?
(Sale Roselio.)
Roselio ¿Qué es aquesto?
Lisarda, ¿de qué lloras?
Lisarda He quebrado
la sarta de las perlas en que he puesto
todo m¡gusto.
Britón (Aparte.) (No hay más linda pieza
que una mujer para mentir de presto.)
Roselio No es esa la ocasión de tu tristeza;
que no eres tú, sobrina, tan liviana
que por eso des muestras de tristeza.
¿Qué es eso del carrillo? Mas la grana
en que se tiñe el daño que recelas
y tu honrada respuesta me hizo llana.
Lelio, ¿hasla dado?
Lelio ¿Yo?
Roselio Deja cautelas.
Britón, ¿qué es esto?
Britón Es una niñería,
un dolorcillo que le dio de muelas.
Roselio ¿Calláis los dos? A la sospecha mía
doy crédito; la cara de Lisarda
es un papel que a mi venganza envía,
tinta es la sangre que la letra aguarda,
con cinco plumas la escribió el villano
valiente con mujeres que acobarda.
Lisarda Por mi fe que te engañas.
Roselio Jura en vano,
que ya en la plana de tu rostro veo
el renglón riguroso de la mano.
¡Ah Lelio, Lelio! ¿Es éste el justo empleo
que hace en ti de Lisarda que te adora?
LisardaNo ha reñido conmigo.
Roselio Ya lo veo.
Lelio Si la he reñido, ¿qué tenemos ahora?
Quitéla estos zarcillos y estas...




