De Molina | ¿Tan largo me lo fiáis? | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 223, 136 Seiten

Reihe: Teatro

De Molina ¿Tan largo me lo fiáis?


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-172-9
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 223, 136 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-172-9
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El descubrimiento del texto de Tan largo me lo fiáis plante una serie de preguntas relativas a la relación entre esta obra y El burlador de Sevilla y convidado de piedra. Dejando a un lado el espinoso tema de la autoría de estas dos obras. Algunos estudiosos defienden que Tirso de Molina fue autor tanto de El burlador de Sevilla como de Tan largo me lo fiáis. Otros consideran que El burlador es obra de Tirso, pero Tan largo me lo fiáis, no. Y, por último, están los que le niegan la paternidad de ambas. La autoría de ambas obras y en particular la posible dependencia de una de las comedias respecto a la otra, es uno de los mayores enigmas de la literatura española del Siglo de Oro. Tan largo me lo fiáis, se representó en Córdoba en 1617 por la compañía de Jerónimo Sánchez. Es la primera obra de teatro que recoge el mito de Don Juan Tenorio, sin duda, el personaje más universal del teatro español.

Tirso de Molina (Madrid, 1584-Almazán, 1648). España. Su verdadero nombre fue Gabriel Téllez, y nació hacia 1580-84 en Madrid. Su ascendencia no está documentada, y se ha especulado (con poca solidez) sobre la posibilidad de que fuera hijo ilegítimo del duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón, uno de los personajes más influyentes en la vida pública del momento. También se cree que sus padres debieron ser sirvientes de los condes de Molina, cuyo apellido adoptaría más tarde Gabriel al ordenarse monje como fray Tirso de Molina. Tras realizar estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, donde debió conocer a Lope de Vega, Tirso de Molina ingresó en el convento de la orden de la Merced de Guadalajara, en noviembre de 1600, y tomó los hábitos dos meses y medio después, en el monasterio de San Antolín, en la misma ciudad. En 1606 se ordenó sacerdote en Toledo, donde estudió artes y teología. Desde Toledo haría diversos viajes por la Península (Galicia, Salamanca, Lisboa y otras ciudades), con una estancia de dos años (1614-15) en el monasterio de Estercuel, en Aragón. También estuvo en América, y más concretamente en Santo Domingo, entre 1616 y 1618, experiencia que reflejaría en algunas obras. A su regreso, instalado en Madrid, fueron apareciendo sus comedias profanas, mal recibidas por las autoridades eclesiásticas y políticas, que lo apartaron primero a Sevilla y, años después (1625), a Cuenca. Tirso de Molina, que había empezado a divulgar sus obras de teatro hacia 1605 o antes, hubo de esquivar críticas políticas y religiosas respecto a la ligereza y supuesta inmoralidad de muchas de ellas (sobre todo, las sátiras y las comedias), lo que lo obligó a escribir gran parte de sus textos en el anonimato, cosa que hizo tanto en sus encierros de Sevilla y Cuenca. La reclusión en Cuenca se levantó hacia 1626, pasando después a ostentar diversos cargos eclesiásticos en Trujillo, Madrid, Toledo y Cataluña. Durante la estancia de Tirso en Cataluña, al mismo tiempo que escribía su obra literaria, redactó la crónica de su orden, Historia general de la orden de la Merced. Dicho texto le valió que el papa Urbano VIII le concediera el grado de maestro y cronista general de su orden en 1639, pero nuevos enfrentamientos con miembros mercedarios lo condujeron a un nuevo retiro a Cuenca al año siguiente, de donde sólo saldrá, en 1645, con la encomienda del convento mercedario de Soria, retiro en el que pasará sus últimos años. Tirso de Molina murió en la localidad soriana de Almazán en 1648.
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Jornada segunda


Salen el Rey y Don Juan Tenorio, el viejo.

El rey de Castilla¿Que esto pasa?

Don Juan TenorioSeñor, esto me escribe

de Nápoles don Pedro, que le hallaron

con dama en el Palacio, y apercibe

remedio en este caso.

El rey de Castilla¿Y le dejaron

con vida?

Don Juan TenorioPor don Pedro, señor, vive,5

que sin que se supiese le ausentaron;

y la dama inocente deste agravio,

agresor hizo desto al Duque Octavio,

y ya en Sevilla está.

El rey de CastillaSí; mas ¿qué haremos 10

con Gonzalo de Ulloa, que le había

tratado el casamiento?

Don Juan TenorioBien podremos

poner remedio, pues el tiempo envía

ocasión, y en la mano la tenemos;

que el Duque Octavio remediar podría 15

el yerro de Don Juan, pues que su casa

a la de Don Gonzalo llega y pasa.

El rey de CastillaNo me parece mal, como no inquiete

al Duque la pasión que de Isabela

con el amor que tuvo nos promete, 20

en cuya confusión hoy se desvela,

pues la ocasión tenemos del copete,

asirla, que es ligera y siempre vuela,

y viene a ser aquéste el mejor medio

que a los casos como éstos da remedio. 25

¿Y adónde está ese loco?

Don Juan TenorioJamás niego

a vuestra Alteza cosa que pretenda

saber, y cuando aquí pende el sosiego

de Don Juan, y con esto el yerro enmienda

por quien se acaba el encendido fuego 30

que él comenzó, es ya justo que lo entienda,

señor, tu Alteza. Ya en Sevilla asiste,

que así encubierto está mientras se viste.

El rey de CastillaPues decilde que della salga al punto,

que pienso que es travieso, y la pasea, 35

porque el remedio desto venga junto.

Don Juan TenorioA Lebrija se irá.

El rey de CastillaMi enojo vea

en el destierro.

Don Juan TenorioQuedará difunto

cuando lo sepa.

El rey de CastillaLo que digo sea

sin falta.

Don Juan TenorioEl Duque Octavio es el que viene.40

El rey de CastillaDecid que llegue, que licencia tiene.

Sale el duque Octavio. Dichos.

El duque OctavioA esos pies, gran señor, un peregrino,

mísero y derrotado, ofrece el labio:

juzgando por feliz este camino,

en vuestra real presencia el Duque Octavio. 45

Huyendo vengo el fiero desatino

de una mujer, y el no pensado agravio

de un Rey; aunque mal dije, que los reyes

cristal son al espejo de las leyes.

Una mujer, al viento débil caña, 50

pues lo fue en la mudanza que ha mostrado,

a su Alteza, señor, sin causa, engaña,

diciendo que en Palacio la he burlado;

mas el tiempo, que al cabo desengaña,

dará a entender al Rey quién ha causado 55

esta inquietud en él, pues con engaño

por la cara que vio me hace este daño.

El rey de CastillaYa, Duque Octavio, sé vuestra inocencia,

y al Rey escribiré por que os reciba

en su gracia, mostrando su clemencia, 60

cuando el enojo de su vista os priva;

y hoy os pienso casar, con su licencia,

con una dama en cuya gracia estriba

de la beldad la octava maravilla

y el Sol de las estrellas de Sevilla. 65

Don Gonzalo de Ulloa, un caballero

a quien le ciñe la cruz roja el pecho

que horror del moro fue, pues con su acero

su tierra siempre ha puesto en grande estrecho,

tiene una hija, y hoy con ella quiero 70

casaros en Sevilla, que sospecho

que con aquesto vuestro bien ordeno.

El duque OctavioPrimero Alfonso sois, siendo el Onceno.

(Vanse el Rey y Tenorio.)

Salen dos criados del Duque. Dicho.

Criado I¿Qué hay de nuevo?

El duque OctavioEl gusto es tal,

que no he de decirlo bien. 75

Criado IIPues ¿qué tienes?

El duque OctavioMucho bien;

tanto, que es pequeño el mal.

Con un amor desigual

su Alteza me recibió,

con que a mis trabajos dió 80

alivio y fin a mis males,

pues con favores iguales

mis fortunas eclipsó.

Su Alteza me quiere hacer

quedar en Sevilla, y yo, 85

como quien lo deseó,

estoy loco de placer.

Criado I¿Al fin te llegó a ofrecer

mujer?

El duque OctavioSí, amigo, y mujer

de Sevilla, que Sevilla 90

da, si averiguarlo quieres,

porque de oíllo te asombres,

si fuertes y airosos hombres,

las más gallardas mujeres.

Criado IILuego ¿ya no te desvela 95

Isabela?

El duque OctavioNo.

Salen Catalinón y Don Juan. Dichos.

CatalinónDetente,

que aquí está el Duque inocente,

Sagitario de Isabela,

aunque mejor le diré

penitente.

Don JuanDisimula.100

CatalinónCuando le vende le adula.

Don JuanComo a Nápoles dejé

y la casa de mi tío

por un pleito de su Alteza,

Octavio, con tal presteza, 105

aunque fue el intento mío

el despedirme de vos,

no tuve lugar.

El duque OctavioPor eso,

Don Juan amigo, os confieso

que aquí nos vemos los dos. 110

Don JuanEn Sevilla,

El duque Octavio¿Quién pensara,

Don Juan, que en Sevilla os viera?

Don Juan¿Vos, Pusol, vos la ribera

desde Parténope clara,

dejáis?

El duque OctavioAunque es un lugar115

Nápoles tan excelente,

por Sevilla solamente

se puede, amigo, dejar.

Don Juan¿Cuándo llegasteis?

El duque OctavioAyer.

Don JuanDe su hermosa descripción 120

os quiero hacer un borrón,

puesto que la habéis de ver.

Sevilla o Híspalis bella,

que de Hispalo así se dice

o de Hispán, de quien España 125

tiene su primer origen,

aunque un escritor moderno,

seis letras con que se escribe,

a las cuatro del romano

quiere también que se apliquen, 130

diciendo en ellas: Senatus,

equae, virtutis, iustitiae

legibus, Augustus, que es

blasón que mi lengua explique

hoy ansí: «Senado igual, 135

para que más se eternice,

de valor y de justicia,

leyes exenta y libre.»

Y para que estas seis letras

por los orbes se publiquen, 140

de sus lábaros y escudos

eran soberanos timbres;

aunque leídas después

sin puntos, comas ni tildes,

en ingenioso anagrama, 145

Sevilla las seis repiten.

Fue de Hércules fundación,

no el Tebano, de quien fingen

tantos emblemas los hombres

gloriosos como imposibles, 150

sino del egipcio, hermano

del que con nombre de Osiris

dios se llamó, haciendo a Menfis

que incienso le sacrifique;

cuyas caducas memorias...



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