de Rojas Zorrilla | El caín de Cataluña | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 317, 162 Seiten

Reihe: Teatro

de Rojas Zorrilla El caín de Cataluña


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-194-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 317, 162 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-194-1
Verlag: Linkgua
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El Caín de Cataluña, de Francisco de Rojas Zorrilla, escenifica el tema de la competencia y celos entre hermanos. Relata los acontecimientos que provocaron el fraticidio de Ramón Berenguer, hijo del Conde de Barcelona. Si bien uno de los motivos de celos es el de la primogenitura, Berenguer, el segundo hijo del Conde, no envidia la posición privilegiada de su hermano Ramón sino el afecto que éste recibe. Esta situación, y las locuras con las que manifiesta su desazón al principio de la obra recuerdan al Hamlet de Shakespeare.

Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada segunda


(Sale Constanza a medio vestir.)

Constanza¡Hola, criadas, Rufina,

Cardona, Leonor, amigos!

¡Ah Conde de Barcelona!

Piadosos y enternecidos

oídme todos, si hay

para la piedad oídos.

(Salen Rufina, Leonor, Cardona, y el Conde.)

Rufina¿Quién me llama?

Constanza ¡Fuerte pena!

Leonor¿Qué quieres?

Constanza ¡Ay dolor mío!

Conde¡Quién me da voces?

Constanza ¡Oh muerte!

Conde¿Quién aquí?

Constanza ¡Tarde respiro!

Rufina¿Señora?

Leonor ¿Doña Constanza?

¿Qué accidente repentino

rompió el coto del silencio?

¿Dónde cautelar he visto

el llanto como palabra

y la voz como suspiro

Constanza¡Ay Conde! ¡Ay Leonor! ¡Ay cielos!

¡Luego los dos no habéis visto

muerto a don Ramón, mi esposo,

al acero vengativo

de su hermano?

Conde Oye, Constanza,

y de ese mortal delirio

vuelve en ti, tá esposo vive.

ConstanzaYa no crueles y impíos

me templéis con engañar

el alma por el oído,

pues solamente el dolor

me viene a servir de alivio.

Conde¿Viste muerto a don Ramón?

ConstanzaYa imagino que está limpio

del azul Mediterráneo

campo de corales tintos.

Leonor¿Quién le dio muerte?

Constanza Su hermano

Berenguel.

Conde ¡Cielos! ¿Qué he oído?

¿Tú le viste?

Constanza Mi temor...

Conde¿A tu temor has creído?

ConstanzaSí, que luego el corazón

me lo confesó en latidos.

Leonor¿Quién le acompañó?

Constanza Su ira,

su envidia y traición han sido

cómplices, y al darte muerte,

traidor, como vengativo,

para que el Sol no le ayude

le hizo espaldas aquel risco.

Conde¡Qué valeroso temor

es el mío! Pues me libro

por todo lo que no veo

de todo lo que imagino.

ConstanzaEnternecer con sus quejas

esas montañas le he oído,

y que le volvió sus voces

el eco de compasivo;

por siete heridas vertió

parasismo a parasismo,

no un Nilo por siete bocas,

por cada una siete Nilos,

y como por tantas partes

respiraba a un tiempo mismo,

a consumir vino todo

el caudal de sus suspiros;

cielos, si sois tan piadosos,

¿cómo esta vez tan impíos?

¡Conde! ¡Leonor!

(Sale Berenguel.)

Berenguel A la playa

llegó un bergantín de aviso

que hoy mi hermano don Ramón

llega triunfante.

Conde ¿Has oído

que vive Ramón, tu esposo?

LeonorTus temores han mentido.

ConstanzaYa lo oigo, pero me falta

Creerlo después de oírlo.

CondeEl sueño que representa

ciegas especies han sido.

ConstanzaNo es sueño, pues no perdí

el uso de los sentidos.

LeonorSería ilusión, que ella es

Toda sombras y delirios.

ConstanzaEsta centinela muda

del alma el corazón digo,

can señas difícil luego

dio a mis ojos el aviso;

muerto es, tú le diste muerte;

tú trocaste inadvertido

el clavel en azucenas,

la rosa en cárdeno lirio;

¡Aquí del cielo!

(Sale el Marqués.)

Marqués Ya el mar

hoy más que otra vez tranquilo,

a estas murallas franquea

movible ciudad de pino,

vencedor llega el Adonis

catalán, sólo al arbitrio

confiado de los vientos,

y como del mar son hijos

los vientos, piadoso el mar

se rasga el pecho de vidrio,

para alimento a sus naves

pelícano cristalino:

vencedor, dice el arráez

del bergantín, que le han visto

el mar teñido en corales,

el viento hecho de suspiros;

tres galeras de Viserta

trae al remoleo, teñidos

de africana sangre todos

sus intrincados gemidos;

catorce enemigas naves

sorbió el mar, que al hondo abismo

las hizo abatir el viento

las alas del bruto lino

banderas ciento.

Berenguel Callad,

porque no es triunfo tan digno

vencer a piratas cuatro,

que a leños desconocidos

repentinamente asaltan

cobardes, como atrevidos,

tanto que aquel que más huye

es sólo aquel que ha vencido;

¿Qué hizo mi hermano en vencer

con tanto exceso?

Constanza Ahora digo

que mi esposo vive.

Conde ¿En qué

lo conoces?

Constanza Lo he creído

en que la envidia no pasa

de la muerte; y es preciso,

que perdonara por muerto

al que te ofende por vivo.

(Sale Cardona.)

CardonaAlbricias, Señor.

Conde ¿De qué

pides albricias?

Cardona Las pido

de que un correo ha llegado

de Roma.

Conde Y dime, ¿ha traído

la dispensación?

Cardona La misma.

Conde¿Qué es del pliego?

Cardona Señor mío

en mi faldriquera viene

pero venga algo amarillo

primero, como cadena,

un cordón, un cabestrillo,

o joya, aunque tenga cien

diamantes y sean cetrinos;

que para que no sean fondos,

yo tengo un platero amigo,

que en vendiéndoselos yo

los hará claros y limpios.

CondeEsta cadena te doy.

MarquésDentro tiene este bolsillo

cien escudos.

Cardona Toma el pliego;

por Dios que se me ha caído;

ay, maldita sea mi alma,

cayóseme en el camino,

que para que no viniera

antes Camacho a decirlo,

le metí en la faldriquera,

¡Ay!

(Sale Camacho.)

Camacho Este pliego ha traído

un correo de Roma, en que

por el tacto he conocido,

que para este casamiento

viene dentro el pergamino,

y en él la dispensación.

Cardona¡Ay, vive Dios, que es el mismo

que yo traía! ¡Ah traidor!

CondeAunque Cardonilla quiso

Engañarnos, a ti sólo

albricias y brazos libro.

MarquésToma el bolsillo y cadena.

CardonaSeñores, ha hecho un delito

Camachuelo, que es ladrón.

Marqués¿Pues no me dirás que hizo

que así con él te apasionas?

CardonaSacar seis y meter cinco,

sacóme el pliego a la letra.

CamachoOigan, qué helado y que frío

se ha quedado.

Cardona Sin...



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