E-Book, Spanisch, Band 329, 142 Seiten
Reihe: Teatro
de Rojas Zorrilla No hay amigo para amigo
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-777-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 329, 142 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-777-6
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Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada primera
(Salen don Luis, galán, y Fernando, su criado.)
Don Luis¡Buena mañana!
Fernando ¡Extremada!
nunca ha salido el aurora
tan hermosa como ahora.
Don Luis¿Por qué?
Fernando No viene afeitada:
ya se quitó el negro manto,
y ya no sale llorosa,
Don LuisSi quiere estar más hermosa
dila que no deje el llanto.
FernandoNo lo entiendo.
Don Luis Fácil es
lo que en tu duda prefieres;
si experimentarlo quieres
cuando enamorado estés,
enójate con tu dama,
y si llora tu rigor,
mas que te llame su amor
su propio llanto te llama;
que en tu retiro violento
y en tu repetido afán,
cada lágrima es imán
del yerro del sentimiento.
FernandoSaber quiero en conclusión,
¿por qué en celos y amor tanto,
se cree mejor al llanto
que se cree a la razón?
Don LuisCon una evidencia admira
la respuesta en puridad;
el alma es una verdad,
y el cuerpo es una mentira.
Él se ve, y ella, invisible,
se deja amar, mas no ver,
él falible puede ser,
y ella ha de ser infalible.
De manera, que en tal calma,
aunque obligue otra pasión,
como las lágrimas son
la retórica del alma,
y en dos líneas o mitades
habla en corrientes conceptos
el alma a aquellos efectos
que es fuerza que sean verdades.
La lengua puede moverse
de amor, fingiendo el encanto,
mas no cuando quiere el llanto
puede a los ojos verterse.
Luego si distingo yo
que entre el dudar y el sentir
suele la lengua fingir,
y nunca el llanto fingió,
¿quién podrá, aunque tenga enojos,
dejar con indigna mengua
por las dudas de la lengua
las verdades de los ojos?
FernandoYa que al Prado hemos salido,
con no ser hora de prado;
y ya que el templo has dejado
donde estabas retraído,
de San Jerónimo, quiero
saber cuál la causa es
de que tan confuso estés,
tan suspenso y tan severo.
¿Por qué andas asombrado?
don Luis, ¿qué te ha sucedido?
¿Qué censo se te ha cumplido?
¿Qué comedía te han silbado?
¿Es, dime, Estrella tu dama?
¿Estrella, digo, Señor,
la que de tu vivo amor
vuelve a habilitar la llama?
¿Acaso la has encontrado
o es que en este campo está?
¿Dime, sabe Estrella ya
que de Flandes has llegado
y que retraído esperas,
porque con valor y suerte
a don Félix diste muerte
antes que a Flandes te fueras?
dime, ¿ha de venir aquí?
un mes no ha que has venido,
y a tu tristeza rendido
vives solamente en ti.
Mas si acaso te molesta
lo que preguntado veo,
recompense mi deseo
siquiera con tu respuesta.
Don LuisFernando, si yo te digo
ese que reprimo ardor,
el que callo como amor
me herirá como enemigo.
Que la lengua en la ocasión
que refiere algún agravio,
se está afilando en el labio
y corta en el corazón.
FernandoEsto quiero preguntarte.
¿Búscate airado, inhumano,
don Alonso, que es hermano
de don Félix, por matarte?
Don LuisNo, que no llega a alcanzar
don Alonso que he venido,
y como estoy retraído
y estoy fuera del lugar,
no lo ha podido saber,
ni aquestos recelos toco,
ni ya esa Estrella tampoco
tiene en mi oculto poder.
Ya en otro accidente muero
de otra luz más pura y bella,
pues de una luciente estrella
pasé a adorar un lucero.
Y este que por nuevo elijo,
es tan fino y tan distante,
que estotra es estrella errante
y estotro es lucero fijo.
FernandoPues cuéntame por tu vida,
¿Quién con más diestro primor
con el acero de amor
te dio en el alma la herida?
Don LuisPues muy atento has de estar,
y no me eches a perder
por no saber entender
lo que le quiero contar.
Era la hora en que el Sol,
fénix del cielo divino,
si por sí mismo muriendo
volvió a nacer de sí mismo,
desvanecía las sombras
que de temor o de oficio
se amontonaron confusas
en la cárcel del abismo.
Sacudió la pluma el ave,
el pájaro afiló el pico,
desperezóse la fiera,
chupó la flor el rocío;
gorjeó el agua risueña,
abrió la rosa el capillo,
requirió el águila el prado,
dejó la tórtola el nido,
y fue enjugando la aurora
cuanto sudaron los riscos;
al tiempo que desde el templo,
a donde estoy retraído,
de este santo, que llamó
(por verlos endurecidos)
con el pedernal al pecho
y con la trompa al oído,
salí a divertir los ojos;
al prado los encamino,
doile a la vista el deseo
y el paso arrojo al destino.
Entro en aquel grande hibleo
o abreviado paraíso,
jardín de aquel regidor
que hizo al invierno florido.
Y apenas por sus estancias
cuadros de flores registro,
cuando hallo seca la rosa,
reparo al jazmín marchito,
cenicienta la azucena,
más cárdeno y mustio el lirio,
el clavel, rey de las flores,
en su botón escondido;
la rosa, reina del campo,
recelando algún peligro,
sacó espinas por archeros,
soldados suyos antiguos.
¿Cuál fue, me dije a mí propio,
la tempestad que ha corrido
en este mar de las flores?
¿Cuál fue el cierzo helado y frío
que leyes de primavera
trocó en preceptos de estío?
mas luego me respondí:
pero si son parecidos
el lucero allá en su cielo,
la flor acá en nuestro abismo,
no fuera correspondencia
que en tierra y cielo divisos
fuesen fijas esas flores
no siendo esos astros fijos.
Busco la causa, y no la hallo,
siéntola, aunque no la miro,
que el sentir mira sin ojos,
y acierta más que ellos mismos
vuelvo la vista, y hallé
(¡no sé como lo repito!)
una mujer, ¡qué grosero!
una dama, ¡estoy perdido!
tan bella; pero la voz
se hiela entre el labio mío.
¡Oh, quién pudiera contarlo
cómo he sabido sentirlo!
en fin, la vi; escucha atento,
y ya que no haya podido
intérprete de mi fuego
declarar su incendio activo,
juez hoy de mi labio, puedes
del modo con que la pinto,
para el tormento de amor
colegir por los indicios.
A un estanque divertida
aurora se contempló,
y aunque hermosa se miró,
también se admiró corrida.
Imitada y dividida
vio su imagen celestial,
pues como nunca otra igual
compitió con su luz pura,
se enojó con su hermosura
porque la halló en el cristal.
El Sol también que nacía
al estanque se miraba,
y el cristal se...




