E-Book, Spanisch, Band 330, 134 Seiten
Reihe: Teatro
de Rojas Zorrilla No hay ser padre siendo rey
1. Auflage 2012
ISBN: 978-84-9897-778-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 330, 134 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-778-3
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Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada primera
(Salen el Rey y acompañamiento, con memoriales, el Duque, Alejandro y Rugero, hijos del Rey.)
ReyUna silla me llegad;
la gota me trae sin mí,
RugeroLa silla tienes aquí.
AlejandroSiéntese tu majestad.
Rey (Aparte.)(Para males tan prolijos,
que a mis dos brazos iguala,
dos báculos me señala
mi vejez en mis dos hijos.
Bien que impropio se desmiente
entre los dos mi retrato,
pues éste tiene de ingrato
lo que estotro de obediente.
Reñirle pienso otra vez,
pues será buena ocasión.)
Hijos, paciencia, éstas son
pensiones de la vejez.
(Siéntase.)
Rugero (Aparte.)(¡Que el Rey me estorbase así!)
Alejandro (Aparte.)(¡Que ahora el Rey me estorbase!)
Rugero (Aparte.)(¡Que esto sufra!)
Alejandro (Aparte.) (¡Que esto pase!)
Rugero (Aparte.)(Pero saldremos de aquí.)
(Llegue el Duque por un lado a hablar al Rey.)
Duque¿Señor?
Rey ¿Qué decís?
Duque Mirad,
que han reñido en este instante
el Príncipe y el Infante.
ReyYa lo sé, Duque, callad.
DuquePorque remediéis lo digo
la causa de tantos males.
ReyYa os entiendo; memoriales;
no quede nadie conmigo.
(Vayan dando memoriales, y hace que se va Rugero.)
RugeroVoime, pues vengarme espero.
AlejandroLa defensa es natural.
(Vase.)
DuqueYo cumplí con ser leal.
(Vase.)
ReyEsperad; no os vais, Rugero.
Rugero (Aparte.)(¡Hay tal vejez! Vive Dios...
¡Que esto consiento!, ¡esto escucho!)
¿Qué mandáis?
Rey Yo tengo mucho,
Príncipe, que hablar con vos.
RugeroObedeceros intento.
(Aparte.)(Largo ha de ser el sermón.)
Rey (Aparte.)(Dios temple su condición.)
Estadme, Rugero, atento.
Seis años pienso que hará
que mi esposa y madre vuestra
a ser mejor cortesana
se partió a mayor esfera,
dejando a este reino triste
la admiración más suspensa,
la imaginación con ojos,
y la emulación sin lengua;
y a mí, con ser quien la pierde,
consolado, que es violencia
culpar, siendo oficio suyo,
a la muerte lo que lleva,
puesto que nos da de gracia
todo aquello que nos deja.
Decís que estoy ya muy viejo
(decís muy bien) y que fuera
razón que aquesta corona
pusiera en vuestra cabeza.
Esto ha de salir de mí,
que el gobierno y la grandeza
no consiste en procurarla,
sino sólo en merecerla.
¿Sabéis a lo que se expone
el que un imperio gobierna?
No hay cosa bien hecha en él
que a los suyos lo parezca:
Si es justo, cruel le llaman;
si es piadoso, le desprecian;
pródigo, si es liberal;
avaro, si se refrena;
si es pacífico, es cobarde;
disoluto, si se alegra;
hipócrita, si es modesto;
es fácil, si se aconseja.
Pues si la virtud no basta
al que la virtud conserva
vos, todo entregado al ocio,
al apetito y torpeza,
mal podréis vivir buen rey
si aun ser bueno no aprovecha.
¿Y cómo es posible, cómo
(si ya el cielo no lo trueca),
que gobierne tanto imperio
quien a sí no se gobierna?
Yo, pues, ahora me quejo,
que vos, rompiendo obediencias,
preceptos atropellando,
al Duque, que me sustenta
la carga de mis cuidados,
con rigor y con soberbia
le queréis quitar la vida,
porque yo le quiero, y ésta,
contra mi bien declarada
viene a ser precisa ofensa.
¿El Duque en qué os ofendió,
que con la espada sangrienta
le buscáis puertas al alma
y a vuestras venganzas puertas?
Y ahora con vuestro hermano
habéis tenido allá fuera
un enojo. Ea, rapaz,
prended el labio a la lengua,
pues él os da más discreto
la respuesta sin respuesta.
Noramala para vos,
en las alarbes fronteras
gastad esas altiveces,
y de la gola a las grevas
sobre el andaluz armado
el rey Otomano os vea.
¡Con tu hermano! ¡Bien por Dios!
Y con el Duque, que es fuerza
que por mí el uno le sufra,
y otro por él le consienta.
¿No queréis os dé consejo?
Pues sabed que en mí es fineza
que aunque hay muchos que aconsejen,
son pocos los que aconsejan.
Bien sé que me aborrecéis;
y aunque os diga vuestra idea
que del que es aborrecido
nunca es buena la sentencia
para ser recto el consejo
es necesario que sea,
no de aquél que yo quisiere,
sino de aquél que me quiera.
Vos injuriáis los humildes;
pues temed con todas veras
más hacer ofensa al pobre
que hacer al señor afrenta,
porque el señor, cuando mucho,
si se llama a la defensa,
o con la espada se incita
o con el plomo se altera.
Pero el pobre con el llanto;
mirad, pues, la diferencia
que hay entre el llanto y la espada;
que el rico una vez se venga,
y el pobre se está vengando
todo el tiempo que se queja.
A las letras os negáis,
y puesto que es evidencia
que buena ciencia sin sangre
o se escurece o se afea,
también a una buena sangre
es menester buena ciencia.
Nunca al que os pide le dais;
pues aunque no lo merezca,
ya merece lo que os pide
siquiera por lo que os ruega
porque no hay cosa más cara
que la que cuesta vergüenza.
En estas calles y plazas,
siempre que la aurora argenta
cuando ha de dorar con rayos
el padre de las estrellas,
se hallan muertas mil personas,
y la desdicha es aquesta;
que es tal vuestra mala fama,
que aunque el vulgo las cometa,
dice, hecho una lengua todo,
que tenéis la culpa dellas.
De suerte, que vos, Rugero,
citando me llamo a clemencias,
os provocáis a rigores;
si os muestro amor, vos soberbia
si doy premio a mis vasallos,
castigáis al que se premia;
avaro sois, si yo doy;
libre, si os suelto la rienda;
si os detengo, os incitáis
los consejos os molestan,
los avisos os perturban,
los rigores os desvelan,
las venganzas os incitan,
la crueldad os atropella,
sois mal quisto con los vuestros,
y no hay vasallo que os quiera;
y tal vez puede mentir
una lengua y otra lengua
pero todas, no es posible,
pues el pueblo, es evidencia
que habla por lengua de Dios
y es imposible que mienta.
Gobernad vuestras acciones
para que Polonia vea
que os reducís a vos mismo,
y que hoy de nuevo se trueca
vuestro rigor en piedad,
y sois, con acciones nuevas,
comedido en las palabras,
justiciero en las sentencias,
piadoso en la ejecución,
disimulado en la ofensa
advertido en los peligros
y firme en las...




