de Rojas Zorrilla | Progne y Filomena | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 334, 162 Seiten

Reihe: Teatro

de Rojas Zorrilla Progne y Filomena


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-781-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 334, 162 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-781-3
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Progne y Filomena se encuentra en la Primera Parte de las comedias de Rojas Zorrilla. La obra se representó por primera vez en el Palacio Real el 10 de enero de 1636, por la compañía de Juan Martínez de los Ríos. Varios son los aspectos del mito de Progne y Filomena, procedente del libro VI de las Metamorfosis de Ovidio, en los que el argumento se separa de las fuentes latinas. Al margen de que en la conformación clásica del mito Hipólito no sea hermano de Tereo sino uno de sus hijos -confusión, no obstante, que incrementa la tensión dramática al presentar un rival amoroso inexistente en las primeras versiones del relato- Rojas desestima los detalles más tremendistas narrados por Ovidio: - por un lado, en la comedia áurea Filomena es simplemente herida en la lengua y no se le arranca de cuajo con unas tenazas como sucede en el mito de Ovidio - por otro, desaparece el episodio de la muerte de Ithis.De igual modo Rojas evita toda referencia final a la transformación de las protagonistas.

Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1648). España. Hijo de un militar toledano de origen judío, nació el 4 de octubre de 1607. Estudió en Salamanca y luego se trasladó a Madrid, donde vivió el resto de su vida. Fue uno de los poetas preferidos de la corte de Felipe IV. En 1645 obtuvo, por intervención del rey, el hábito de Santiago. Empezó a escribir en 1632, junto a Pérez Montalbán y Calderón de la Barca, la tragedia El monstruo de la fortuna. Más tarde colaboró también con Vélez de Guevara, Mira de Amescua y otros autores. Felipe IV protegió a Rojas y pronto las comedias de éste fueron a palacio; su sátira contra sus colegas fue tan dura al parecer que alguno de los ofendidos o algún matón a sueldo le dio varias cuchilladas que casi lo matan. En 1640, y para el estreno de un nuevo teatro construido con todo lujo, compuso por encargo la comedia Los bandos de Verona. El monarca, satisfecho con el dramaturgo, se empeñó en concederle el hábito de Santiago: las primeras informaciones no probaron ni su hidalguía ni su limpieza de sangre, antes bien, la empañaron; pero una segunda investigación que tuvo por escribano a Quevedo, mereció el placer y fue confirmado en el hábito (1643). En 1644, desolado el monarca por la muerte de su esposa Isabel de Borbón y poco más tarde por la de su hijo, ordenó clausurar los tablados, que no se abrirán ya en vida de Rojas Zorrilla, muerto en Madrid el 23 de enero de 1648.
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Jornada segunda


(Sale Filomena, medio desnuda, con una luz, y una espada en la mano, y Progne con otra luz.)

Progne¿Dónde, hermosa Filomena...

Filomena¿Adónde, Progne divina...

Progne¿Tu pasión te determina?

Filomena¿Te ha conducido tu pena?

Progne¡Tú confusa y tú turbada!

Filomena¡Tú en tu afecto tan veloz!

Progne¡Tú para espada la voz!

Filomena¡Y tú para voz la espada!

Progne¿Dónde vamos a porfía,

el paso y color turbado?

FilomenaYo a decirte mi cuidado.

ProgneY yo a buscarte salía

determinada y mortal;

que digas tu pena espero.

FilomenaLa novedad del acero

dirá lo extraño del mal.

ProgneTempla el dolor inhumano,

deja el acero cruel.

FilomenaNo me hallo, Progne, sin él,

y él no se halla sin mi mano;

como una traición espero,

si hay en el mal esperanza,

es un imán la venganza

que está trayendo el acero.

ProgneQue me refieras te pido

el mal que te ha ocasionado:

cuéntame lo que ha pasado.

FilomenaOye lo que ha sucedido;

y para contarlo, dejo,

por ser el mal tan extraño,

luz que fue mi desengaño,

y acero que fue mi espejo.

(Pone la vela y la espada a un lado.)

Que salimos de Atenas ya lo sabes;

que en diez ligeras naves

dos años ha que a Tracia hemos llegado.

ProgneCon llanto lo confiesa mi cuidado.

FilomenaYa sabes que por ti sola he venido.

ProgneCon afectos lo tengo agradecido.

FilomenaA Hipólito ya sabes que le adoro.

ProgneY ya sabes también que no lo ignoro.

FilomenaQue ha dos años también que le deseo.

ProgneQue hoy le espera a que llegue el rey Tereo.

FilomenaQue hoy llega a Tracia.

Progne Y que hoy llega triunfante.

FilomenaEsto importa saber.

Progne Pasa adelante.

FilomenaAnegose en el mar el rubio coche,

las estampas de luz borró la noche,

retrájose a las grutas viento manso,

la fatiga se entraba en el descanso,

cuando yo en mi retrete retraída

a mi esperanza le fié la vida;

quebró el valor, porque el temor lo alcanza,

y no pagó a mi vida mi esperanza;

dormirme procuraba en dolor tanto,

y el ruido me estorbaba de mi llanto;

al descanso llamaba mi tormento,

pero no le dejó mi sentimiento,

aunque el sueño, callando mis enojos,

arrullaba las niñas de mis ojos,

y como se pagaba del cariño,

iba a dormir mi amor, que amor es niño:

apenas desta suerte

hice el primer ensayo de mi muerte,

bien estudiado, pero no suave,

cuando siento que prueban una llave

a mi puerta, y sintiendo estos enojos,

todo mi oído alborotó a mis ojos;

el susto extraño, la ocasión ignoro,

sobre mi propio lecho me incorporo,

guardo todo mi aliento retraído,

encargo mis sentidos al oído,

y la llave reparo, que procura

no sentirse en la propia cerradura,

pues quien era tan quedo la torcía

que el miedo pareció que se la abría;

a mi discurso acudo,

la vergüenza vistió lo más que pudo:

profeta de mi mal, mi agravio lloro,

este acero le entrego a mi decoro,

que siempre ha reservado mi osadía;

vuelvo a fingir al riesgo que dormía,

mi descuido dispongo cauteloso,

y veo entrar...

Progne ¿A quién?

Filomena Al Rey, tu esposo.

Progne¿Mi esposo? ¡Oh celos! ¡Válganme los cielos!

FilomenaTen lástima de mí, no tengas celos;

tu esposo, digo que a mi cuarto entraba,

no pisando lo mismo que pisaba;

requirió todo el lecho,

y de verme dormida satisfecho,

no juzgando que el sueño le fingía,

la luz quiere matar de una bujía;

mirábanle suspensos mis cuidados,

los ojos entreabiertos y cerrados,

y para ver cautelas tan extrañas

la luz introducí por las pestañas;

mata la luz, y mi valor se asombra,

que le temí, como buscó la sombra

buscando el lecho, pues, su vista llega,

sin luz y con amor, dos veces ciega;

yo que sus intenciones comprehendo,

para mi luz a mi razón enciendo;

al lecho se acercaba

al tiempo que del lecho me apartaba;

y porque no me errase,

al tacto le encargó que me buscase;

ya estaba entonces yo junto a la puerta,

a quien su ceguedad se dejó abierta;

huyo hacia esotro cuarto diligente,

que honor cuanto mas huye es más valiente;

dejo a amor burlado y ofendido,

llamo a tu cuarto, y hasme respondido.

Y en tu luz, como en mi espejo,

¡oh Progne! me vengo a ver,

que en ti sola he de tener

mi consuelo o mi consejo;

bien que a tu elección me dejo,

pues porque mi mal arguya

de la intención vana suya,

hoy te avisa mi osadía,

que siendo esta ofensa mía,

es toda esta ofensa tuya.

De este Rey, que arde inhumano

con llama tan licenciosa,

eres desdichada esposa,

y mi esposo el que es su hermano;

en cuatro ofensas tirano

con un intento ha incurrido,

en mí a su hermano ha ofendido,

a su ley con su trofeo,

a mí con todo un deseo,

y a ti con todo un olvido.

Puesto que las dos bebemos,

bien que en vaso disfrazado,

un veneno inficionado,

un antídoto apliquemos;

tus nobles celos curemos,

a tu consuelo apercibo

las dolencias en que vivo,

y obrando mi agravio tal,

para atajar este mal

pongamos el defensivo.

ProgneDe mi esposo en los desvelos,

de su amor en la violencia,

si en ti no hay correspondencia,

¿cómo en mi puede haber celos?

ni aún reliquias de recelos

en mi crédito verás,

que en lo que sintiendo estás

fuera tu mal el mayor,

pues a ti te va el honor,

y a mí unos celos no más;

pero ahora he reparado,

que porque mi pena impida,

soy yo quien tiene la herida,

y eres tú quien se ha quejado;

si el Rey te ha solicitado,

yo la distinción comprendo,

y de su traición me ofendo,

no tu mal estoy llorando,

pues a ti te está adorando,

y a mí me está aborreciendo;

mi amor, viendo mis desvelos,

mejor el riesgo ha inferido,

pues yo feriara su olvido

a la pensión de mis celos;

con celos fueran recelos

los que mi pena sintió,

porque conjeturo yo,

que el que llegó a aborrecer

puede volver a querer,

pero aquel que olvida, no;

pero un medio hallo forzoso,

con que honor y quietud gano,

digámosle que su hermano

es tu amante y es tu esposo;

que...



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