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De Sahagún / Temprano | Historia general de las cosas de la Nueva España I | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 357, 502 Seiten

Reihe: Historia

De Sahagún / Temprano Historia general de las cosas de la Nueva España I


1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9897-069-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 357, 502 Seiten

Reihe: Historia

ISBN: 978-84-9897-069-2
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La Historia general de las cosas de la Nueva España reúne doce libros (este presente volumen comprende los libros del 1 al 6). Los publicó en México el monje franciscano Bernardino de Sahagún entre 1540 y 1590. Trabajó a partir de entrevistas con informantes indígenas en Tlatelolco, Texcoco y Tenochtitlan. El mejor manuscrito que se conserva de la obra es el denominado Códice florentino, está en los archivos de la Biblioteca Laurenciana de Florencia. Es una copia de los textos cuya fuente original se perdió, posiblemente destruida por las autoridades españolas. A lo largo de los doce libros que integran la obra se abordan distintas cuestiones de la cultura de los nativos. Se habla de las creencias religiosas, la astronomía y la adivinación, las oraciones y las formas retóricas típicas de los discursos tradicionales en lengua náhuatl, de los conocimientos sobre el sol, la luna y las estrellas, o el comercio, la historia, la sociedad azteca y la conquista española. La Historia general de las cosas de la Nueva España sigue siendo una de las principales fuentes de información sobre la vida de los aztecas antes del «descubrimiento». Es también el primer intento de practicar el complicado ejercicio etnográfico de «ponerse en el lugar del otro». Sahagún procuró asumir la lógica de una mentalidad ajena para comprender el mundo de los habitantes originarios de México.

Bernardino de Sahagún (Sahagún ca. 1499-Ciudad de México, 1590), España. Su nombre original es Bernardino de Rivera. Sahagún escribió en náhuatl y castellano, y su obra es muy valiosa para la reconstrucción de la historia del México anterior a la Conquista. Hacia 1520 Sahagún estudió en la Universidad de Salamanca. Allí aprendió latín, historia, filosofía y teología. Hacia 1525 entró en la orden franciscana y en 1529 se fue a México en misión con otros frailes, encabezados por fray Antonio de Ciudad Rodrigo. En 1536 Bernardino de Sahagún fundó el Imperial Colegio de la Santa Cruz de Tlaltelulco. Desde el comienzo enseñó latín allí. El propósito del Colegio era la instrucción académica y religiosa de jóvenes de la nobleza nahualt. Bernardino estuvo luego en conventos de Xochimilco, Huejotzingo y Cholula; fue misionero en Puebla, Tula y Tepeapulco (1539-1558); definidor provincial y visitador de la Custodia de Michoacán (1558). En 1577 sus trabajos fueron confiscados por orden real y sus investigaciones sobre el mundo azteca fueron mal consideradas.
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PRÓLOGO


El médico no puede acertadamente aplicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causa procede la enfermedad. De manera que el buen médico conviene sea docto en el conocimiento de las medicinas y en el de las enfermedades, para aplicar conveniblemente a cada enfermedad la medicina contraria. Los predicadores y confesores, médicos son de las ánimas; para curar las enfermedades espirituales conviene tengan experitia de las medicinas y de las enfermedades espirituales: el predicador de los vicios de la república para enderezar contra ellos su doctrina, y el confesor para saber preguntar lo que conviene y entender lo que dijeren tocante a su oficio. Conviene mucho que sepan lo necesario para ejercitar sus oficios. Ni conviene se descuiden los ministros de esta conversión con decir que entre esta gente no hay más pecados de borrachera, hurto y carnalidad, porque otros muchos pecados hay entre ellos muy más graves y que tienen gran necesidad de remedio. Los pecados de la idolatría y ritos idolátricos, y supersticiones idolátricas y agüeros, y abusiones y ceremonias idolátricas, no son aún perdidos del todo.

Para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es de saber cómo las usaban en tiempo de su idolatría, que por falta de no saber esto en nuestra presencia hacen muchas cosas idolátricas sin que lo entendamos. Y dicen algunos, escusándolos, que son boberías o niñerías, por ignorar la raíz de donde salen: que es mera idolatría, y los confesores ni se las preguntan ni piensan que hay tal cosa, ni saben lenguaje para se lo preguntar, ni aun lo entenderán aunque se lo digan. Pues porque los ministros del Evangelio que sucederán a los que primero vinieron, en la cultura de esta nueva viña del Señor no tengan ocasión de quejarse de los primeros por haber dejado a oscuras las cosas de estos naturales de esta Nueva España, yo, fray Bernardino de Sahagún, fraile profeso de la Orden de Nuestro Seráfico padre San Francisco, de la observancia, natural de la Villa de Sahagún, en Campos, por mandado del muy Reverendo padre, el padre fray Francisco Toral, provincial de esta provincia del Santo Evangelio, y después obispo de Campeche y Yucatán, escribí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas, y humanas y naturales de esta Nueva España. El primero de los cuales trata de los dioses y diosas que estos naturales adoraban; el segundo, de las fiestas con que los honraban; el tercero, de la inmortalidad del ánima y de los lugares adonde decían que iban las almas desque salían de los cuerpos, y de los sufragios y obsequias que hacían por los muertos; el cuarto libro trata de la astrología judiciaria que estos naturales usaban para saber la fortuna buena o mala que tenían los que nacían; el quinto libro trata de los agüeros que estos naturales tenían para adivinar las cosas por venir; el libro sexto trata de la rectórica y filosofía moral que estos naturales usaban; el séptimo libro trata de la filosofía natural que estos naturales alcanzaban; el octavo libro trata de los señores y de sus costumbres y maneras de gobernar la república; el libro nono trata de los mercaderes y otros oficiales mecánicos, y de sus costumbres; el libro décimo trata de los vicios y virtudes de estas gentes, al propio de su manera de vivir; el libro undécimo trata de los animales y aves y peces, y de las generaciones que hay en esta tierra, y de los árboles, hierbas y flores y frutos, metales y piedras y otros minerales; el libro duodécimo se intitula «La conquista de México».

Estos doce, libros, con el arte y vocabulario apéndice se acabaron de sacar en blanco este año de 1569. Aún no se han podido romanzar, ni poner las escolias según la traza de la obra. No sé lo que se podía hacer en el año de setenta que se sigue, pues desde el dicho año, hasta casi el fin deste año de 1575 no se pudo más entender en esta obra por el gran disfavor que hubo de parte de los que la debieron de favorecer. Pero como llegó a esta tierra nuestro Reverendísimo padre fray Rodrigo de Sequera, Comisario General de todas estas provincias de esta Nueva España, Guatemala, etc., de la Orden de Nuestro Seráfico padre San Francisco, de la observancia, mandó que estos libros todos se romanzasen, y así en romance como en lengua mexicana se escribiesen de buena letra.

Es esta obra como una red barredera para sacar a luz todos los vocablos de esta lengua con sus propias y metafóricas significaciones, y todas sus maneras de hablar, y las más de sus antiguallas buenas y malas; es para redimir mil canas, porque con harto menos trabajo de lo que aquí me cuesta, podrán los que quisieren saber en poco tiempo muchas de sus antiguallas y todo el lenguaje de esta gente mexicana. Aprovechará mucho toda esta obra para conocer el quilate de esta gente mexicana, el cual aún no se ha conocido, porque vino sobre ellos aquella maldición que Jeremías de parte de Dios fulminó contra Judea y Jerusalén, diciendo en el capítulo V: «Yo haré que venga sobre vosotros, yo traeré contra vosotros una gente muy de lejos, gente muy robusta y esforzada, gente muy antigua y diestra en el pelear, gente cuyo lenguaje no entenderás ni jamás oístes su manera de hablar, toda gente fuerte y animosa, condiciosísima de matar. Esta gente os destruirá a vosotros y a vuestras mujeres e hijos y todo cuanto poseéis, y destruirá todos vuestros pueblos y edificios». Esto a la letra ha acontecido a estos indios con los españoles, fueron tan atropellados y destruidos, ellos y todas sus cosas, que ninguna apariencia les quedó de lo que eran antes. Así están tenidos por bárbaros y por gente de bajísimo quilate, como según verdad en las cosas de policía echan el pie delante a muchas otras naciones que tienen gran presunción de políticos, sacando fuera algunas tiranías que su manera de regir contenía. En esto poco que con gran trabajo se ha rebuscado parece mucho la ventaja que hiciera si todo se pudiera haber.

En lo que toca a la antigüedad de esta gente, tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España. Porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida; y antes que se edificase los que la edificaron estuvieron mucho poblados en Tullantzinco, donde dejaron muchos edificios muy notables. Pues en que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es consono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual resulta que por lo menos quinientos años antes de la Encarnación de Nuestro Redentor esta tierra era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica, y de gente muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en saber y en policía son otros venecianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartaginenses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tullantzinco, y en un edificio llamado Xuchicalco, que está en los términos de Cuauhnáoac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y alhajas antiquísimos.

Es, cierto, cosa de grande admiración que haya Nuestro Señor Dios tantos siglos ocultada una silva de tantas gentes idólatras, cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal los tiene atesorados; ni puedo creer que la Iglesia de Dios no sea próspera donde la sinagoga de Satanás tanta prosperidad ha tenido, conforme a aquello de San Pablo: «Abundará la gracia adonde abundó el delito». Del saber, o sabiduría de esta gente, hay fama que fue mucha como parece en el Libro Décimo donde, en el capítulo XXIX, se habla de los primeros pobladores de esta tierra, donde se afirma que fueron perfectos filósofos y astrólogos y muy diestros en todas las artes mecánicas de la fortaleza, la cual entre ellos era más estimada que ninguna otra virtud, y por la cual subían hasta el sumo grado del valer; tenían de esto grandes ejercicios, como parece en muchas partes de esta obra. En lo que toca a la religión y cultura de sus dioses, no creo ha habido en el mundo idólatras tan reverenciadores de sus dioses, ni tan a su costa, como éstos de esta Nueva España; ni los judíos, ni ninguna otra nación tuvo yugo tan pesado y de tantas ceremonias como le han tenido estos naturales por espacio de muchos años, como parece por toda esta obra.

Del origen de esta gente la relación que dan los viejos es que por la mar vinieron, de hacia el norte, y cierto es que vinieron en algunos vasos; de manera no se sabe cómo eran labrados, sino que se conjetura, que una fama que hay entre todos estos naturales, que salieron de siete cuevas, que estas siete cuevas son los siete navíos o galeras en que vinieron los primeros pobladores de esta tierra. Según se colige por conjeturas verosímiles, la gente que primero vino a poblar a esta tierra de hacia la Florida vino, y, costeando, vino y desembarcó en el puerto de Pánuco, que ellos llaman Panco, que quiere decir «lugar donde llegaron los que pasaron el agua». Esta gente venía en demanda del Paraíso Terrenal, y traían por apellido Tamoanchan, que quiere decir: «buscamos nuestra casa»; y poblaban cerca de los...



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