de Torres Ramírez | Miradas desde la perspectiva de género | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 42, 216 Seiten

Reihe: Mujeres

de Torres Ramírez Miradas desde la perspectiva de género

Estudios de las mujeres
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3071-7
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Estudios de las mujeres

E-Book, Spanisch, Band 42, 216 Seiten

Reihe: Mujeres

ISBN: 978-84-277-3071-7
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Una obra necesaria que proporciona a especialistas y lectores en general, información y reflexión sobre qué son, qué han significado y significan los Estudios de las Mujeres, al tiempo que pone de manifiesto la presencia de las mujeres en los espacios universitarios y su participación en la producción y transformación del conocimiento científico y tecnológico. A lo largo de sus páginas se hace ver la capacidad del feminismo para generar lo que se ha llamado el feminismo académico, cuya meta es transformar el conocimiento, liberándolo de los sesgos de género desde no importa qué disciplina. El libro se estructura en tres partes: 'Nuevas perspectivas para el conocimiento y la investigación', 'Repensar las disciplinas desde una óptica nueva', 'La sociedad de la información también es cosa de mujeres', y un epílogo: 'Las mujeres en el laberinto de cristal universitario'. Una obra colectiva en la que se aprecia la multidisciplinariedad de los Estudios de las Mujeres, y se muestran los caminos inéditos que la mujeres universitarias abren a la investigación y el conocimiento.

Isabel DE TORRES RAMÍREZ, de la Universidad de Granada, coordina a doce profesoras vinculadas a distintas disciplinas académicas y pertenecientes a diversas universidades españolas.
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1. Los feminismos en la Historia: el restablecimiento de la genealogía


ANA DE MIGUEL ÁLVAREZ

La teoría feminista es una teoría crítica de la sociedad, una teoría que irracionaliza y deslegitima la visión establecida, patriarcal, de la realidad. Celia Amorós nos recuerda la raíz etimológica de teoría, que en griego significa ver, para subrayar el que es el fin de toda teoría: posibilitar una nueva visión, una nueva interpretación de la realidad, su resignificación1. La teoría, pues, nos permite ver cosas que sin ella no vemos; el acceso al feminismo supone la adquisición de una nueva red conceptual, «unas gafas» que nos muestran una realidad ciertamente distinta de la que percibe la mayor parte de la gente. Y tan distinta, porque donde unos ven protección y deferencia hacia las mujeres otras vemos explotación y paternalismo, donde unos observan que «en realidad las mujeres gobiernan el mundo» otras vemos la feminización de la pobreza y la dolorosa resignación con que las mujeres aceptan lo que todavía se hace pasar por su destino.

Escribir sobre los desarrollos recientes de la teoría feminista resulta cada vez más complicado, porque en estas últimas décadas, y en buena medida de la mano del desarrollo de los estudios feministas y de género en el ámbito académico, el enfoque teórico feminista ha desarrollado una variedad de temas y una complejidad y especialización analíticas más que notables. Complejidad ésta que —hay que subrayar— no supone necesariamente un alejamiento de los intereses de las mujeres ni del movimiento feminista. Y es que, como ha señalado Amelia Valcárcel, a pesar de las tensas relaciones entre la teoría y la acción, en los colectivos de mujeres y los núcleos feministas existe mayor vocación teórica que en ningún otro colectivo2. Esta realidad propicia que las mujeres que acceden a la conciencia feminista puedan reconocer su propia experiencia en buena parte de las elaboraciones abstractas y conceptuales, y no podría ser de otro modo porque, en definitiva, las teóricas también han partido de esas mismas experiencias. En general, la mayor parte de estas teorías han contribuido a iluminar de forma espectacular nuestro conocimiento de la insidiosa mezcla de complejidad y sencillez que apuntala la impresionante capacidad de reproducción del sistema patriarcal.

Cuando nos referimos a la teoría feminista no queremos dar la impresión de estar remitiendo a una teoría monolítica y acabada; muy al contrario; dentro del feminismo encontramos un conjunto de teorías que a pesar de sus diferencias y agrios enfrentamientos constituyen ya un sólido enfoque específico, incluso un paradigma, es decir, comparten una serie de presupuestos en torno a cuáles son las preguntas y problemas relevantes que interesa formular a la realidad. El objetivo de este capítulo es, en realidad, el de ofrecer un panorama general del pasado y el presente de este paradigma feminista3.

Las primeras olas: las luchas por la inclusión en la esfera pública


Que el feminismo ha existido siempre puede afirmarse en distintos sentidos. En el sentido más amplio del término, siempre que las mujeres, individual o colectivamente, se han quejado de su injusto y amargo destino bajo el patriarcado y han reivindicado una situación diferente, una vida mejor. Sin embargo, en este capítulo abordamos el feminismo desde una perspectiva más específica: trataremos los distintos momentos históricos en que las mujeres han llegado a articular, tanto en la teoría como en la práctica, un conjunto coherente de reivindicaciones y se han organizado para conseguirlas.

El desarrollo de las democracias occidentales inauguró un nuevo ámbito social y político de igualdad y libertad. Es el espacio de la ciudadanía, de los derechos civiles, políticos y sociales. Como es sabido las mujeres quedaron excluidas de la ciudadanía. Desde entonces, en mayor o menor medida, no han cejado en la lucha contra su exclusión de la esfera pública. Diversas autoras han apuntado a la Ilustración y a la propia Revolución Francesa como el primer momento histórico en que las mujeres se articulan, tanto en la teoría como en la práctica, como grupo social oprimido con características e intereses propios, es decir, como un movimiento social. Así, por ejemplo, en la Revolución las mujeres se autodesignaron «el tercer estado del tercer estado», conscientes del carácter interestamental de su opresión. Y tuvo lugar también, la primera Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, redactada por la girondina Olimpe de Gouges4.

Pero, sin duda, fue a lo largo del siglo XIX cuando se desarrollaron importantes movimientos de mujeres que lucharon por cambiar su situación de exclusión en lo público y de servidumbre en lo privado-doméstico. El debate social en torno a la situación de las mujeres y las relaciones entre los sexos fue, a lo largo del siglo de los movimientos sociales, uno de los temas de la época5. Como se señala habitualmente, el capitalismo alteró las relaciones entre los sexos. El nuevo sistema económico incorporó masivamente a las mujeres proletarias al trabajo industrial —como mano de obra más barata y sumisa que los varones— pero, en la burguesía, la clase social ascendente, se dio el fenómeno contrario. Las mujeres quedaron enclaustradas en un hogar que era, cada vez más, símbolo del estatus y éxito laboral del varón. Las mujeres de la burguesía media experimentaban con creciente indignación su situación de propiedad legal de sus maridos y su marginación de la educación y las profesiones liberales, marginación que, si no contraían matrimonio, las conducía inevitablemente a la pobreza.

En este contexto, las mujeres comenzaron a organizarse en torno a la reivindicación del derecho al sufragio, lo que explica su denominación como sufragistas. Esto no debe entenderse nunca en el sentido de que esa fuese su única reivindicación. Muy al contrario, las sufragistas luchaban por la igualdad en todos los terrenos apelando a la auténtica universalización de los valores democráticos y liberales. Sin embargo, y desde un punto de vista estratégico, consideraban que, una vez conseguido el voto y el acceso al parlamento, podrían comenzar a cambiar el resto de las leyes e instituciones. Además, el voto era un medio de unir a mujeres de condiciones sociales y económicas y opciones políticas muy diferentes. Su movimiento era de carácter interclasista, pues consideraban que todas las mujeres sufrían, en cuanto mujeres e independientemente de su clase social, discriminaciones semejantes.

En los Estados Unidos el movimiento sufragista estuvo inicialmente muy relacionado con el movimiento abolicionista. Gran número de mujeres unieron sus fuerzas para combatir en la lucha contra la esclavitud y, como señala Sheila Robotham, no sólo aprendieron a organizarse sino a observar las similitudes de su situación con la de la esclavitud6. En 1848, en el estado de Nueva York, se aprobó la Declaración de Seneca Falls, uno de los textos fundacionales del sufragismo7. Los argumentos que se utilizan para vindicar la igualdad de los sexos son de corte ilustrado: apelan a la ley natural como fuente de derechos para toda la especie humana y a la razón y al buen sentido de la humanidad como armas contra el prejuicio y la costumbre8.

En Europa, el movimiento sufragista inglés fue el más potente y radical. Desde 1866 en que el diputado John Stuart Mill, autor de La sujeción de las mujeres, presentó la primera petición a favor del voto femenino en el Parlamento, no dejaron de sucederse las iniciativas políticas9. Sin embargo, los esfuerzos dirigidos a convencer y persuadir a los políticos de la legitimidad de los derechos políticos de las mujeres provocaban burlas e indiferencia. En consecuencia el movimiento sufragista dirigió su estrategia a acciones más radicales. Aunque, como bien ha matizado Robotham: «las tácticas militantes de la Unión habían nacido de la desesperación, después de años de paciente constitucionalismo»10. Las sufragistas fueron encarceladas, protagonizaron huelgas de hambre y alguna encontró la muerte defendiendo su máxima: «votos para las mujeres». Tendría que pasar la I Guerra Mundial y llegar el año 1928 para que las mujeres inglesas pudiesen votar en igualdad de condiciones.

El socialismo como corriente de pensamiento siempre ha tenido en cuenta la situación de las mujeres a la hora de analizar la sociedad y de proyectar el futuro. Los socialistas utópicos fueron los primeros en abordar el tema de la mujer. El nervio de su pensamiento, como el de todo...



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