de Vega y Carpio | La mayor corona | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 419, 156 Seiten

Reihe: Teatro

de Vega y Carpio La mayor corona


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-726-4
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 419, 156 Seiten

Reihe: Teatro

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La mayor corona. Félix Lope de Vega Fragmento de la obra Jornada primera (Salen Ormindo y Teosindo y Rodulfo, galanes.) Teosindo: ¿En qué vendrá a parar esta locura? Ormindo: En elegir mujer que le castigue. Teosindo: ¡Bárbara sumisión! Rodulfo: No halla hermosura en tantas que le agrade y que le obligue. Ormindo: Pues ¿qué procura el padre? Rodulfo: El rey procura, en el discreto intento que apercibe, que venga a ser, Ormindo, alguna de ellas recíproca elección de las estrellas. Teosindo: Princesas de naciones diferentes admira el Betis en su sacra orilla; algunas tan perfectas y excelentes, que por alta deidad las ve Sevilla. Ormindo: ¡Bravo rigor! Rodulfo: Del príncipe, ¿qué sientes? Teosindo: Que su tibieza al mundo maravilla; que si a tantas bellezas se resiste en defecto del ánimo consiste. Ormindo: Doce son con las dos que entran agora las que a España han venido. Rodulfo: ¡Cosa extraña! ¡Cómo a mujer un hombre se enamora! Teosindo: Es el glorioso sucesor de España, el Sol que nace en su rosada aurora cuando el padre en el mar se asombra y baña. Rodulfo: Si a las mujeres tiene tanto miedo, deje el reino en su hermano Recaredo. Ormindo: Dicen, si habla verdad la astrología, que ha de causarle una mujer la muerte, quitándole la sacra monarquía; y no es mucho que tema de esa suerte. Teosindo: ¡No hay estrellas sin Dios! Rodulfo: Son armonía por quien el hombre su grandeza advierte, que canta el cielo, en cláusulas de estrellas, la eterna potestad que puso en ellas. Teosindo: Ya debe de llegar Lísipa hermosa, pues el príncipe sale al regio trono. Rodulfo: Si esta deidad elige por esposa las pasadas locuras le perdono. Teosindo: La música en los aires sonorosa se pierde al Sol en lisonjero trono.

Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1637). España. El que fuera llamado 'Fénix de los ingenios españoles', Félix Lope de Vega Carpio, nació en Madrid a finales de 1562. Su padre, el artesano bordador Félix de Vega, y su madre, Francisca Fernández Flórez, eran, probablemente, oriundos del valle de Carriedo (Cantabria), y se trasladaron a Madrid hacia 1561. El origen humilde de Lope de Vega sería transformado por él mismo en una imaginada hidalguía; de hecho, Lope siempre fue dado a investirse con atributos que le favorecieran y nunca ocultó su abultado deseo de fama y éxito. Sea como fuera, cristiano viejo o converso, lo que sí refleja su obra es una completa y cabal asimilación de los valores imperantes en la sociedad de su tiempo. Lope estudió primero en la escuela madrileña de Vicente Espinel, por quien siempre demostró estima y admiración, y después en un colegio jesuita que, años después, se llamó colegio Imperial. Posteriormente, al parecer entre 1577 y 1581, estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque no consta que obtuviera ningún título. Es probable, también, que siguiera algunas lecciones en la Universidad de Salamanca. Tras servir, desde muy joven, al obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, Lope se alista en una escuadra de navíos y, en junio de 1583, zarpa de Lisboa rumbo a la isla Terceira (Azores), donde habían de combatir al prior de Crato, aspirante al trono portugués entonces en manos españolas a través de Felipe II. Acabada su misión, Lope regresa e inicia una de sus primeras relaciones amorosas, de entre las numerosas que se le atribuyen. Se trataba de Elena Osorio (su Filis), mujer bella y cultivada, hija de un empresario y actor teatral, la cual estaba separada de su marido (un actor). Lope escribiría algunas comedias para el padre de Elena. Años después, en 1587, tras enterarse de que Elena planeaba sustituirle por un influyente personaje madrileño (Francisco Perrenot Granvela), Lope difundió unos poemas infamantes contra ella y su familia, lo que le valió un destierro judicial de Madrid, por cuatro años, y de Castilla, por dos. En mayo de 1588, Lope toma por esposa a Isabel de Urbina Alderete (su Belisa), en Madrid. Isabel pertenecía a una familia muy influyente y de linaje antiguo, y es probable que el casamiento, aunque se realizó por poderes, pasara antes por algunas dificultades y supusiera la violación de la orden judicial por parte del escritor, que tenía prohibido regresar a la capital. Tras su boda, y ante la imposibilidad de estar en Madrid con su esposa, es probable que Lope de Vega se alistara como voluntario, junto a su hermano Juan, en la Armada Invencible, a bordo del galeón San Juan. Tras el fracaso de la expedición, en la que su hermano perdió la vida, Lope estará sucesivamente en Cádiz, Toledo, donde se reúne con Isabel (violando la orden de destierro), y Valencia, donde se establece el matrimonio hacia 1589. Valencia era una de las principales ciudades españolas, y su actividad teatral era de las más notables; allí se relacionó con dramaturgos locales como Francisco Tárrega, Carlos Boyl, Gaspar Aguilar y Guillén deCastro. Su actividad como escritor de comedias pasó de ser un divertimento a una actividad profesional con la que sostenía a su familia y con la que iba ganando creciente fama y popularidad, algo, como se dijo antes, muy conscientemente buscado por el escritor.
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Jornada segunda


(Sale por una puerta Bada, con acompañamiento, y por la otra Lísipa, de la misma manera.)

Uno¡Plaza a la reina! ¡Parad!

Otro¡Plaza a la reina! ¡Tened!

LísipaAl rey, que aguardo, avisad.

BadaSi el rey me aguarda sabed.

UnoVoy.

Otro Voy.

(Vanse los dos.)

Bada ¡Levantad!

Excusada prevención.

LísipaLa tuya es más excusada,

si es mía la posesión.

BadaHoy me has de ver coronada,

por justicia y por razón.

LísipaCalla, loca.

Bada Tú lo estás.

Lísipa¿Ansí a la reina te atreves?

¿Quién vio igual traición jamás?

BadaMi rigor haré que pruebes

si en esas locuras das.

LísipaEn coronándome, loca,

pondré en tu cabeza el pie.

BadaA mí el castigo me toca,

y, en siendo reina, pondré

el chapín sobre tu boca.

LísipaEstoy muy alta.

Bada Yo estoy

desmintiendo nubes bellas,

que estrella del cielo soy.

LísipaPues yo, despreciando estrellas,

al Sol desprecios le doy.

Bada¡Brava arrogancia!

Lísipa Grandeza,

dirás.

Bada¡Bárbara! ¿Has sabido

mi majestad y nobleza?

LísipaY tú, loca, ¿has conocido

mi poder y mi riqueza?

BadaDesnúdate, si quedar

no quieres necia y perdida.

LísipaA mí me han de coronar,

y por no quedar corrida...

BadaVete, vete a desnudar,

Mi ventura envidiarás

antes de una hora.

Lísipa Y tú ahora

envidia de mí tendrás.

El rey me estima y adora.

BadaA mí el rey me estima más.

Lísipa¡Bravo error!

Bada ¡Locura extraña!

LísipaEngáñate el parecer.

BadaA ti el corazón te engaña.

LísipaReina de España he de ser.

BadaYo he de ser reina de España.

(Sale Hermenegildo.)

HermenegildoSi estoy ya desengañado,

¿cómo estoy tan temeroso,

tan remiso y tan callado?

Si el que en Dios vive animoso

en El muere coronado,

si sé que esto es lo mejor,

¿cómo en tanto engaño vivo

con respeto y con temor,

y cómo ingrato y esquivo

niego a Ingunda tanto amor?

¿Cómo beldad tan amada

temerario he perseguido,

y cómo así, aprisionada,

está, si soy buen marido,

la más perfecta casada?

Mas ya un ángel celestial,

que de los dos ha nacido,

podrá, en desventura tal,

dando luz a mi sentido,

darme nombre desleal.

LísipaDadle a Lísipa dichosa

la mano.

Bada Dadle la mano

a la que es tan venturosa.

Hermenegildo¡Ay! Pues ya sé lo que gano,

daré la mano a mi esposa.

LísipaPor mí lo ha dicho.

Bada Por mí

lo dice.

Lísipa¡Locos antojos!

Bada¡Temerario frenesí!

LísipaYa le vi el alma en los ojos.

BadaYo en los labios se la vi.

Hermenegildo¿Está firme esa villana

en su loco proceder?

LísipaCiega en su opinión romana,

dice que ha de padecer

por la religión cristiana.

Hermenegildo¡Brava constancia!

Bada Locura,

dirás.

Lísipa Beldad mal lograda.

BadaPremio en su afrenta procura.

HermenegildoPues hoy la veréis premiada,

si en ella el premio asegura,

que hoy al premio ha de salir

la verdad de tanto yerro,

y el engaño ha de morir,

y a los malos con destierro

Y prisión pienso oprimir.

La religión verdadera

en mi reino ha de quedar,

y, a pesar de quien la altera,

la verdad ha de triunfar

aunque en su defensa muera.

Traedrne aquesa mujer

que pensaba serlo mía,

que quiero su intento ver.

LísipaYo voy.

Bada Aguarda.

Lísipa Desvía.

HermenegildoLas dos la podéis traer.

Mi potestad, Bada hermosa

y bella Lísipa, os doy

en su prisión rigurosa.

LísipaSin duda su esposa soy.

Bada¡Oh! Soy sin duda su esposa.

(Vanse.)

HermenegildoHoy, divina Ingunda, en vos

las estrellas ascendientes

se engañan, pues me dan vida

cuando al contrario prometen.

Mas no erró la astrología,

que si Hermenegildo muere

en su error, por vos en él

a obrar las estrellas vienen.

Por vos muero y por vos vivo

abrasado como el fénix,

burlando incendios sabeos

en holocaustos de nieve.

Por vos, Leandro, mi tío,

con razones evidentes

me ha dado luz de la luz,

que es Dios de Dios, en quien leen

alfa y omega las causas

por quien principio y fin tienen.

que están la muerte y la vida

de su alfabeto pendientes.

Quiero ver lo que me escribe.

(Lee.) «Sobrino, cuanto pretendas saber de nuestra verdad, lo hallarás cifrado en este «Symbolum Sancti Atanasii quicumque vult salvus esse ante omnia opportet ut teneat catholicam fidem». Yo os miraré muy despacio. Pero ya mi Ingunda viene. Después le leeré, que agora ver quiero el Sol en su oriente.

(Salen Lísipa y Bada con Ingunda, de luto.)

LísipaYa tienes la presa aquí.

Hermenegildo(Púrpura hermosa parece

que en bacía de esmeralda,

formada del botón verde,

virgen y flamante sale

a ser del aire pebete.)

Ya vendrás desengañada,

viendo el imperio que pierdes,

de tu error.

Ingunda Verdad tan alta

manda que imperios desprecie.

Un Dios sempiterno y solo,

que tres Personas contiene

la indivisa Trinidad,

no entendidas de la suerte

que Atrio y Nestorio lo afirman,

que estos dogmatistas mienten.

Lísipa¿Hay tal blasfemia?

Bada ¿Hay tal yerro?

(Danle las dos una bofetada.)

IngundaAsí mi paciencia vence.

HermenegildoUn Dios solo y tres Personas

en la Trinidad entiende

Arrio también; pero son

Padre y Hijo diferentes,

porque el Hijo no...



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