E-Book, Spanisch, Band 4, 320 Seiten
Reihe: Kingcaid Billionaires
Delaney Hechizada por ti
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-10070-85-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, Band 4, 320 Seiten
Reihe: Kingcaid Billionaires
ISBN: 978-84-10070-85-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Tracie Delaney es una autora «All Star» de Kindle Unlimited con más de veinticinco novelas de romance contemporáneo que escribe desde su despacho en el gélido noroeste de Inglaterra. Antes, el despacho era un garaje, pero necesitaba un lugar tranquilo para escribir, así que se lo robó a su pobre y afligido marido, que todavía sigue lamentándose por haber terminado en el cobertizo. Lectora ávida desde que tiene uso de razón, Tracie era además un trasto de pequeña. Solía trepar por los árboles con sus queridos libros de Enid Blyton para leer durante horas, y regresaba a casa solo cuando estaba a punto de oscurecer con el culo dormido y unas cuantas astillas clavadas. Los libros de Tracie suelen contar con mujeres que demuestran que la verdadera fuerza se manifiesta de maneras distintas, y con machos alfa que dan mucha guerra (¡aunque la acaban perdiendo!). Por las noches, le gusta acurrucarse en el sofá con sus dos westies, Murphy y Cooper, y hacer maratones de series de Netflix. Es posible que haya vino de por medio. Hechizada por ti es la cuarta novela de Tracie en Phoebe tras el arrollador éxito de Cautivada por ti, Consumida por ti (2024) y Destrozada por ti (2025).
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1
Marlowe
¿Cuánto dura una condena por asesinato?
La furia me reventaba el pecho. Las manos, que había cerrado con fuerza, me temblaban a pesar de tenerlas tan apretadas que me estaba clavando las uñas en las palmas. Recorrí el salón una y otra vez hasta contar la vigésima vuelta al llegar al ventanal que daba a la piscina de la casa que compartía con mi hermano, Jason.
Dios, lo odiaba. Lo odiaba. A mi hermano no. No, a él lo quería. Pero a su mejor amigo, Nolen Kingcaid, en cambio…
Puf, mejor ni empezar.
Ese hombre se había empeñado en hacerme la vida imposible, y como me conocía prácticamente de toda la vida, sabía muy bien cuáles eran mis puntos débiles. Pero con esa última estratagema… había ido demasiado lejos.
El sonido de una puerta al cerrarse hizo que me acercara a mirar por la ventana. Me asomé por la persiana justo cuando mi hermano salía de la parte trasera de un coche de lujo. El chófer sacó su equipaje del maletero y lo dejó en el suelo. Intercambiaron unas palabras. Jason se rio por algo que había dicho el chófer, y luego me vio tras la ventana. Le flaqueó la sonrisa.
Ah, así que había ido a ver a Nolen antes de venir a casa… Me quedé de piedra.
Seguramente, Nolen lo había confesado todo para advertir a Jason de mi inevitable arranque de furia.
Era capaz de escribir el guion exacto de lo que estaba a punto de suceder. Yo echaría pestes por la boca sobre su querido mejor amigo, y Jason lo justificaría restándole importancia a lo que Nolen había hecho. Cuando me hubiera quitado toda la rabia de encima, ambos admitiríamos que estábamos en desacuerdo hasta el momento en que Nolen volviera a cabrearme, y todo volvería a empezar de nuevo.
Jason y yo éramos unos hermanos de lo más unidos, pero también éramos personas muy distintas. Yo tenía un temperamento más explosivo que las llamaradas del sol, mientras que Jason era tranquilo y siempre tenía una sonrisa en la cara. No recordaba la última vez en que se hubiera enfadado por nada.
Yo ya perdía los nervios lo suficiente por los dos, y el noventa y cinco por ciento de las veces la causa o el objetivo era un solo hombre.
—No dispares. —Jason dejó su maleta en el vestíbulo y entró en el salón con las manos alzadas en señal de rendición—. Ya he hablado con Nolen. Sé que estás enfadada.
—¿Enfadada? ¡Enfadada! Uf, estoy mucho más que enfadada. —Puse los brazos en jarras y volví a caminar de un lado a otro sin parar—. ¿Te lo ha contado? ¿Lo de Charlotte?
Charlotte era mi magnífica asistente. Y había dicho «era», en concreto, porque Nolen me la acababa de arrebatar delante de mis propias narices.
—Sí. —Se quitó la corbata de un tirón y la arrojó sobre el respaldo de la silla más cercana. La siguió la chaqueta de su traje—. No es lo que parece.
Solté un resoplido. Qué típico. Estaría bien equivocarme de vez en cuando. Al menos, sobre aquello.
—Es exactamente lo que parece. Nolen, de nuevo, se frota las manos ante otra nueva oportunidad de sumar puntos y salirse con la suya, según él cree y por motivos que solo él conoce.
Volví a arrepentirme de haber decidido ir a Las Vegas. Volver a aparecer en el radar de Nolen tras una década separados había desenterrado recuerdos amargos que me había esforzado mucho por suprimir. Sin embargo, tras mi fracaso matrimonial —un matrimonio del que culpaba, en parte, a Nolen—, Jason me había pedido que viniera para ayudar a expandir la empresa inmobiliaria que había fundado junto con él. Dejar Nueva York atrás en busca de un nuevo comienzo en la otra punta del país me había parecido una buena idea en ese momento.
Ojalá lo hubiera pensado mejor. Desde que me había ido a vivir allí doce meses antes, mi resentimiento hacia el hombre con quien pensé que me casaría durante toda mi juventud se había recrudecido. Era como un tumor que se había expandido hasta arrasar con todos los recuerdos felices y llenar mi mente de imágenes nítidas de aquella otra noche, diez años atrás, durante la fiesta de graduación de la universidad de Nolen.
Imágenes de él en la cama con otra mujer la noche en que se suponía que seríamos nosotros quienes consumaríamos nuestra relación. Imágenes de él penetrándola una y otra vez, con el olor a sexo y sudor impregnando el aire. Nunca podría olvidarlo. Nunca podría borrar aquellas imágenes de mi mente ni los olores de mi nariz.
Al principio pensé que me había equivocado de habitación, pero entonces escuché que ella pronunciaba su nombre mientras gemía sin parar…
El suspiro profundo de Jason me hizo regresar del pasado. Se quitó los gemelos y se dobló las mangas de la camisa hasta la mitad del brazo.
—Eso no es lo que ha pasado. Es un malentendido.
¿Un malentendido? Menuda estupidez.
—Ah. —Me di un golpe en el muslo con gesto dramático—. Así que ha sido eso, ¿eh? ¿Entonces no pretendía ofrecerle trabajo a mi asistente? ¿Es eso lo que quieres decir?
—No, no es eso. —Se dejó caer sobre la silla y apoyó la cabeza en su chaqueta—. Él quiso contártelo antes de emitir el contrato, pero su director de Recursos Humanos se adelantó a los acontecimientos y, bueno, supongo que Charlotte contactó contigo antes.
Fruncí los labios, reacia a ceder ni un ápice en la batalla de voluntades entre Nolen y yo. Aunque lo que Jason decía fuera verdad, Nolen no tenía por qué robarme a mi asistente. Había docenas de personas cualificadas que se matarían por trabajar con Nolen Kingcaid.
Me daban lástima, pero, claro, ellos no lo conocían como yo.
Lo que me resultaba imposible de adivinar era el motivo por el que Nolen quería hacerme tanto daño. Sin embargo, nunca me había enfrentado a él para averiguarlo. Me preocupaba tanto mantener mi dignidad intacta que cuando tuvo el morro de venir a buscarme la noche de su fiesta de graduación de la universidad para saber por qué no había ido a verlo como habíamos quedado, me reí en su cara y le dije que solo era un crío y que yo necesitaba a un hombre. O algo por el estilo. No recordaba las palabras exactas: estaba demasiado ocupada tratando de no venirme abajo.
Lo había dejado allí plantado, con los ojos como platos y expresión confusa, y me había largado al bar más cercano. Me bebí todo mi peso en tequila y, a la mañana siguiente, me desperté en la cama con Alexander, el hombre con quien acabé casándome unas pocas semanas después.
Me pasé los diez años siguientes arrepintiéndome de aquella decisión. Intenté que funcionara. Mis padres me habían inculcado que el matrimonio requería esfuerzo, pero a lo largo de los años, en vez de enamorarme más de Alexander, acabé dándome cuenta de que nunca lo había querido, para empezar.
Ni de lejos.
Y ahora, por culpa de mi trabajo en la empresa de Jason, por no mencionar que además vivía en su casa, me encontraba más con Nolen de lo que había calculado.
El único consuelo era que el papel de Nolen en la empresa era el de inversor y socio pasivo. Si tenía que trabajar a su lado todos los días, sería capaz de… de… de matarlo con mis propias manos.
O de volver a caer bajo su hechizo y arriesgarme a que me hiciera daño de nuevo.
No sabía qué era peor, si una condena perpetua en la cárcel para mujeres Florence McClure en Las Vegas o tener que vivir el resto de mi vida con el peso sobre mi conciencia de haber cometido el mismo error dos veces.
—Vale, puede que sea verdad, pero ¿por qué Charlotte? —No esperé a que Jason me respondiera para seguir presionándole—. Te diré por qué: porque trabajaba para mí. Por ningún otro motivo.
—Me ha contado que publicó una oferta de trabajo y que ella se presentó. Le hizo una entrevista y decidió que era la mejor de entre todos los candidatos. Eso es todo.
—¿Esto es todo? Madre mía, Jason, ¿puedes lamerle un poco más el culo a ese tío? Si no te conociera tan bien, diría que estás enamorado de él.
Mi apacible hermano soltó una carcajada.
—Dios, cómo te quiero, hermana. No hay nadie como tú ni de lejos.
Las llamaradas de furia menguaron al ver la reacción afable de Jason a mi rabia. Mi hermano siempre había tenido la capacidad de extinguirlas. Las esquinas de mis labios se alzaron y meneé la cabeza.
—Eres un cabrón insufrible.
Se levantó y me dio un abrazo.
—Yo también te he echado de menos. —Me dio un beso en la coronilla—. ¿Sabes qué pondría fin a lo que hay entre los dos de una vez por todas?
Entrecerré los ojos al sospechar por dónde quería ir, pero, aun así, caí en su trampa.
—Ilumíname, queridito hermano.
—Que los dos aceptarais lo inevitable y os enrollarais.
Solté un suspiro que me salió desde lo más profundo del alma. Jason no ocultaba que quería que Nolen y yo estuviéramos juntos. Siempre lo había deseado, desde que éramos niños. Pensaba que éramos perfectos el uno para el otro.
Yo siempre afirmaba que era ridículo.
Aunque no siempre había sido así. Conocí a Nolen cuando yo tenía ocho años. Acudí a ayudar a mi hermano, de seis años, cuando lo estaban acosando, y ahí estaba él, un renacuajo de la misma edad que Jason que se quedó a un lado, viendo cómo me encargaba de la situación con los ojos como platos y expresión fascinada. A partir de ese día, los tres nos hicimos inseparables.
Crecí pensando que había...




