Delevigne | A solas con mi jefe | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 140 Seiten

Delevigne A solas con mi jefe


1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-10070-01-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 140 Seiten

ISBN: 978-84-10070-01-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



MIA En el momento en el que mi jefe, Miles Wright, me propuso ir a su cabaña de Monte Rainier para una reunión de negocios con los accionistas, supe que no era una buena idea. Después de todo, y a pesar de ser el hombre más atractivo que he visto en mi vida, nuestra relación no es la mejor, y prefiero verlo solo en la oficina. Sin embargo, nada me prepararía para quedarme atrapada a solas con Miles... en medio de una tormenta de nieve. Sin luz. Sin línea. Resistirme a la tentación y a sus ojos grises nunca había sido tan difícil... MILES Quedarme encerrado por un vendaval con mi eficiente y, para qué mentir, preciosa secretaria, Mia Silver, era lo último que me podía imaginar cuando fuimos a una reunión a mi cabaña de Monte Rainier. Atrapados mientras una espesa capa de nieve cubre las carreteras y la puerta de mi casa, soy incapaz de mantener las distancias y no sentirme atraído por la forma en la que sonríe cuando algo le hace gracia o la forma en la que sus ojos brillan cuando me pillan observándola... Sé que entre nosotros hay una conexión sexual irrefrenable, y aunque me prometí no tener relaciones con nadie de mi empresa, Mia hace que cada vez me cueste más ser fiel a mis principios.

Es el seudónimo que utilizo para escribir novelas románticas eróticas. Nací en Sevilla en 1995, en plena primavera. Desde muy pequeña he pasado la mayor parte de mi tiempo leyendo libros que me transportaban a otros lugares, hasta que, a los dieciocho años, llegué a la conclusión de que quería crear mis propias historias, donde los protagonistas viviesen intensas historias de amor. Para mí, los ingredientes fundamentales para una buena novela romántica son el erotismo, las aventuras y un buen final feliz. Cuando no escribo, veo una película, leo o doy largos paseos junto a mis perros, Melón y Gazpacho. A solas con mi jefe es mi última novela con Phoebe, después de Una sola noche y Sin límites en 2021, La tentación, El pacto, Siempre fuiste tú y Al final era él en 2022 y El cielo en llamas, Mi guardián, Las tres reglas de mi jefe y Las noches que te debo en 2023.
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1


Olympia, Washington (Estados Unidos)

Mia

—Esto es una idea terrible —dije mientras observaba cómo mi mejor amiga se sentaba encima de mi enorme maleta para poder cerrar la cremallera—. Van a ser solo tres días.

—En tres días pueden pasar muchísimas cosas, sobre todo cuando es invierno en Monte Rainier. —Taylor consiguió cerrarla tras soltar un gemido por el esfuerzo—. Joder, ha costado. Ahora temo levantarme de la maleta y que explote.

—Los tacones eran innecesarios —señalé, y me senté en el borde de mi cama.

—No lo son si tienes una cena en una cabaña junto a otros empresarios. Eres la secretaria de Miles Wright, tienes que estar deslumbrante. —La fulminé con la mirada y ella alzó las manos—. Siempre lo estás, pero allí tienes que estarlo aún más.

—Sigo sin entender por qué Miles ha insistido en que nos desplacemos hasta su enorme casa en Monte Rainier y nos reunamos con algunos de los accionistas. Podríamos haberlo hecho en la oficina. —Estiré la mano para acariciar las orejas de Queen, mi querida perra. Sus ojos marrones me observaban atentamente—. Prométeme que me mandarás todos los días fotos y vídeos de mi Queen.

—Te lo prometo. Voy a cuidarla muchísimo.

Asentí con confianza a sabiendas de que iba a ser verdad y me tumbé. Pensar que en menos de veinticuatro horas estaría en un coche con Miles Wright y tendría que aguantarlo durante algo más de una hora y media de viaje me producía… dolor de cabeza. Como mínimo. Me resultaba terrible tener que estar encerrada con él en un espacio tan pequeño mientras un tenso silencio llenaba el ambiente. Porque Miles era incapaz de dirigirse a sus trabajadores si no era para hablar sobre negocios o estallar porque no habíamos hecho el trabajo a tiempo. Algo que no solía suceder. Todos éramos bastante eficientes.

Taylor se tumbó a mi lado y me miró.

—¿Qué te preocupa?

—Estar encerrada en un coche con mi jefe —respondí—. Se me va a hacer el trayecto larguísimo.

—Pues para mí no sería tan terrible. —Su voz sonaba divertida, y la miré con una ceja alzada—. Está buenísimo.

—No pensarías eso si estuvieras con él diez minutos a solas.

—Si tan terrible es, ¿por qué no has dejado el trabajo?

Suspiré y me incorporé sobre los codos.

—Me paga bien, me gusta mi trabajo y me pilla cerca de casa. Sé separar mi vida laboral de la personal.

—Me alegro por ti. —Taylor estiró la mano y acarició a Queen—. Yo sería incapaz de no devorar a Miles con la mirada si lo tuviese delante. Es la tentación personificada.

No respondí, y no porque no quisiese soltar un comentario mordaz sobre mi jefe, sino porque… tenía toda la razón.

Mi jefe era…

¿Cómo describir a un hombre que es capaz de hacer que hasta una estatua cobre vida y suspire por él?

Miles Wright era… diferente.

Y con «diferente» me refería a que no había ningún hombre como él. Era alto, cerca del metro noventa, con un cuerpo atlético al que le sentaban de maravilla los trajes de chaqueta que llevaba a la oficina. Con hombros anchos y una espalda amplia, la tela solía tensarse sobre él cuando se movía. Describir a Miles con palabras era no hacerle justicia. Sus ojos grises como el acero eran tan bonitos que a veces te preguntabas si realmente eran reales o usaba lentillas. Y no, no usaba lentillas. Al parecer los había heredado de su padre, quien solía presentarse en las oficinas una vez al mes.

—Tampoco es para tanto —susurré.

Mi amiga soltó una carcajada.

—Ya, claro. Y por eso pones esa cara de «es un maldito bastardo sexy». Supéralo. Tu jefe está bueno.

No, si eso ya lo había aceptado.

Miles me había corrompido para el resto de hombres. Pocos tenían su porte elegante y sus inmaculados gestos de cortesía. Sabía que Miles iba a ser el yerno perfecto cuando se casara.

—Lo tengo superado. —Mi estómago gruñó en ese momento y miré al exterior, donde ya comenzaba a anochecer. Tenía que sacar a Queen antes de que hiciera demasiado frío—. Voy a bajar a Queen a la calle. ¿Quieres que pidamos algo para cenar esta noche?

—No puedo quedarme hasta tan tarde, cariño —dijo Taylor, que se incorporó de la cama—. He quedado con Trey.

Oh, claro. No todos tienen la misma inexistente vida social que yo.

Sonreí, intentando no mostrar lo poco que me apetecía quedarme a solas en mi pequeño piso. Había pensado en cenar con Taylor y que se quedara a dormir.

Me levanté para ir con ella hasta la puerta. Mi perra nos siguió todo el tiempo y esperó impaciente a que le pusiera su arnés y su carrea para salir a la calle. Sin embargo, cogí las llaves de repuesto que había sobre el mueble de la entrada y se las di a Taylor.

—Aquí tienes las llaves.

—Mañana vendré a por ella después de trabajar y me la llevaré a casa. —Taylor me miró con tristeza a sabiendas de que odiaba separarme de Queen—. Disfruta, Mia. A Queen no le va a pasar nada. Son solo tres días.

Miré a mi perrita y sentí un pequeño pinchazo en el pecho.

—Me la llevaría…

—¿Para qué? Estoy yo para cuidarla. Además, ya sabes que no le sientan bien los viajes en coche.

Asentí, pues tenía toda la razón.

—Ten cuidado —dije cuando una corriente fría me golpeó de lleno—. No salgas esta noche. Hace mucho frío.

—Trey vendrá a casa, así que no saldremos ninguno de los dos. —Taylor estiró los brazos para rodearme con ellos y yo hice lo mismo—. Descansa. Mañana va a ser un gran día.

Se separó de mí y me guiñó un ojo. La vi marcharse por el largo pasillo de mi rellano hasta al ascensor. Me esperé a que las puertas de acero se abriesen y me despedí con la mano una última vez antes de cerrar la puerta.

Suspiré y miré a Queen, que movía la cola con rapidez.

Cogí mi abrigo azul marino que solo utilizaba cuando sacaba a Queen en invierno y me agaché para ponerle el arnés, la correa y su abriguito. Luego cogí mi móvil, que descansaba en el mueble donde habían estado las llaves, y me lo metí en uno de los bolsillos.

—De acuerdo, salgamos antes de que las temperaturas caigan aún más.

Unos quince minutos más tarde, cuando regresábamos de camino a nuestro bloque de pisos, Queen se paró en un árbol para olerlo. Miré a mi alrededor mientras esperaba pacientemente a que terminara y me sorprendió ver tanta gente en la calle con el frío que hacía. Tampoco ocurría que yo tolerara muy bien las bajas temperaturas.

Una farola parpadeó sobre mi cabeza y alcé la mirada. La ciudad se fue iluminando poco a poco como si fuera un árbol de navidad y hubiesen enchufado las luces.

En ese momento mi móvil sonó. Fue un pitido corto que me dejó saber que se trataba de un mensaje. Lo saqué del bolsillo y miré la hora. Eran las nueve de la noche, y había hablado con mi familia hacía unas tres horas, por lo que dudaba que se tratara de ellos.

Al desbloquearlo, el nombre que vi en la pantalla me provocó un ligero mareo.

«Miles Wright».

Toqué la pantalla para entrar en el mensaje.

Mañana a las diez de la mañana pasaré a recogerte. Miles W.

Puse los ojos en blanco. ¿Por qué demonios ponía su nombre al final del mensaje? Era un mensaje informal y me aparecía su nombre guardado, por lo que era innecesario.

Pero así era mi jefe, incapaz de no dejar claro que él era quien se dirigía a ti, como si debieses sentirte agradecida.

Lo dejé en leído y guardé el móvil. Estar tres días con mi jefe en una cabaña para reunirnos con los accionistas y engatusarlos para que soltaran dinero no era mi plan ideal. Prefería el trabajo de oficina. Reunirnos con los accionistas significaba hacerles la pelota —o al menos hacerles yo la pelota— para limar las asperezas que Miles levantaba con sus frías palabras. Si por él fuera, compraría las acciones y los echaría a patadas. Tenía dinero. Podía hacerlo. Lo malo era que su imperio se había construido a los pocos años de haberlo levantado, y él no había puesto todo el capital. Otras personas habían confiado en su buen ojo para los negocios y habían invertido en él, lo que había ayudado a que Wright Enterprises fuese actualmente la empresa líder en el sector informático.

Queen ladró, y bajé la vista.

—¿Ya? ¿Nos vamos a casa?

Mi perra volvió a ladrar y continuamos con nuestro camino. Cuando me enteré de esa famosa reunión y de que debía asistir estando de vacaciones, Miles me ofreció un buen extra que no pude rechazar. Con ese dinero iba a poder pagar el seguro del hogar y del coche sin preocuparme por nada. A pesar de su fachada de jefe serio, distante y un poco gilipollas, dentro de él había una persona trabajadora que se sacrificaba por su negocio y que trataba a sus empleados con respeto. Nadie en la plantilla se quejaba de su sueldo y de las horas de trabajo semanales, pero, a cambio, Miles exigía el máximo rendimiento. No permitía que ningún trabajador intentase escaquearse o estuviese con el móvil más tiempo de la cuenta.

Al llegar al portal de mi bloque de pisos, saqué las llaves para abrir y fuimos hasta el ascensor. Mi móvil volvió a vibrar y fruncí el ceño. ¿Quién sería esa vez? Al sacarlo, vi el nombre de mi jefe de nuevo.

Silver, espero que tengas hecha la presentación para la...



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