E-Book, Spanisch, 305 Seiten
Delevigne Las noches que te debo
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-19301-68-0
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 305 Seiten
ISBN: 978-84-19301-68-0
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Es el seudónimo que utilizo para escribir novelas románticas eróticas. Nací en Sevilla en 1995, en plena primavera. Desde muy pequeña he pasado la mayor parte de mi tiempo leyendo libros que me transportaban a otros lugares, hasta que, a los dieciocho años, llegué a la conclusión de que quería crear mis propias historias, donde los protagonistas viviesen intensas historias de amor. Para mí, los ingredientes fundamentales para una buena novela romántica son el erotismo, las aventuras y un buen final feliz. Cuando no escribo, veo una película, leo o doy largos paseos junto a mis perros, Melón y Gazpacho. Las noches que te debo es mi última novela con Phoebe, después de Una sola noche y Sin límites en 2021, La tentación y El pacto en 2022 y El cielo en llamas y Mi guardián en 2023.
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1
Un año más tarde
Zack
—Mira, Zack. Por ahí vienen las hermanas Sheridan.
Alcé la cabeza de mi libro de matemáticas y seguí el dedo de mi mejor amigo, Devin, que miraba por la puerta del instituto. Allí estaban las dos hermanas, Rain y Storm. Storm llevaba el pelo, de color castaño oscuro, liso y suelto, iba con el rostro totalmente serio y sus ojos estaban clavados en la carpeta que apretaba contra su pecho, como si ese trozo de cartón le infundiera valor o pudiera protegerla. En cambio, Rain, su hermana pequeña, tenía la mirada perdida. Su pelo negro y liso estaba recogido en una trenza informal por la que se escapaban muchos de los espesos mechones. Sus ojos, de un tono verde tan claro que parecían ser blancos azulados, estaban llenos de dolor y… ¿rabia? Una chica rubia se acercó hasta ellas para preguntarles qué tal les había ido el fin de semana.
—Pobres. Tiene que ser terrible perder a tu padre de un día para otro —susurró Devin.
Sí, debía de serlo, especialmente para Rain, quien se había salvado de milagro. Al parecer, Rain, su padre y el señor Wayne Lori habían estado navegando un domingo en las aguas tranquilas del Atlántico hasta que, de un momento para otro, se había levantado una violenta tormenta. Los tres lucharon con todas sus fuerzas por volver al muelle cuando una enorme ola empujó el barco hasta las rocas, donde se partió por la mitad.
Según había leído en el periódico, Rob Sheridan se había golpeado la cabeza contra una de las afiladas piedras y había fallecido en el momento. Wayne, en cambio, se había quedado inconsciente tras golpearse contra el casco del barco cuando había salido disparado por el impacto. Acabó inconsciente y ahogándose en las aguas. Rain era la única superviviente. Se había partido la pierna por tres lugares diferentes y tuvo que ser intervenida de inmediato. Tardó meses en recuperarse, y, según me había enterado, ya comenzaba a andar con normalidad sin la ayuda del bastón que había usado durante meses.
Los ojos de Rain conectaron con los míos durante unos segundos, y sentí una profunda presión en el pecho al vislumbrar lo que guardaba en su interior. Luego retiró la mirada, pero a mí se me quedaron grabados a fuego en la cabeza el dolor, la culpabilidad y la angustia que habitaban en ella.
Continuaron su camino hacia su clase en silencio, sin hablar entre ellas ni con nadie.
En ese momento llegó Lauren junto a dos amigas más. Sus ojos de color miel hicieron contacto con los míos antes de acercarse tanto a mí que capté su olor a fresas y nata, demasiado dulce para mi gusto.
—Hola, Zack—ronroneó.
—Hola, Lauren. ¿Qué tal estás? —pregunté, más por educación que por interés.
—Bastante aburrida… ¿Sabes? He estado pensando… —Sus dedos se agarraron a mi camiseta, y se mordió el labio inferior. Intentaba parecer sexy, y seguramente lo fuera para el resto de los chicos del instituto, pero para mí no, ni aunque tuviera un rostro bonito y un cuerpo de infarto—. ¿Qué te parece si salimos esta noche? Voy a estar sola en casa.
A Devin se le pusieron los ojos como platos, y se aclaró la garganta.
—Eh, tío. Te espero en clase.
Lo fulminé con la mirada por dejarme a solas con Lauren, aunque me mordí la lengua y asentí. Mi mejor amigo sabía lo poco que me gustaba quedarme con ella. Hablaba sin parar y no cesaba hasta conseguir lo que se proponía. Y ese día su objetivo era yo, su casa a oscuras y ella. Una ecuación que no me llamaba en absoluto.
—¿Y bien? —insistió, enseñando su perfecta sonrisa.
—Me lo pensaré —dije con rapidez antes de hacerme a un lado e ir hasta clase.
Lauren corrió hasta colocarse a mi izquierda y contarme todo lo que podríamos hacer en su casa. Fingía que la escuchaba, aunque cada vez iba más rápido.
—Oh, vamos, Zack. Será divertido, te lo prometo. —Me agarró de la mano y dio un tirón para impedir que avanzara—. Solo piénsalo.
—Lo haré. De verdad. —Fue mi respuesta antes de entrar en mi clase.
Fui hasta Devin, que aguantaba la risa al ver la mala leche que tenía en ese momento. Estaba sentado en la última fila y ya había sacado el cuaderno, el libro y el estuche. Pasé por al lado de Storm, que garabateaba en las últimas hojas de su cuaderno a la espera del profesor. Eché un vistazo, y me sorprendió la gracilidad y la seguridad con las que su mano se movía sobre el folio mientras dibujaba un barco y unas olas enfurecidas.
Noté que mi garganta se obstruía y avancé.
Ocupé el asiento vacío junto a Devin y le di un codazo entre las costillas.
—No te rías.
—No me río —protestó—. ¿Ha ido mal?
—¿Mal? Ha sido horrible —solté, y bufé.
—Bueno, piénsalo de esta forma: si le has dado una negativa, no volverá…
Alcé una ceja en su dirección y él se calló. ¿Acaso se había olvidado de lo pesada e insistente que podía llegar a ser Lauren? Era guapa, atractiva y lista, pero estaba tan vacía por dentro como una cáscara sin fruto. Sin contar que era la persona menos empática del mundo. Disfrutaba viendo a los demás fracasando o siendo humillados. Una sonrisa de desdén cubría su rostro cuando lo presenciaba.
La profesora entró en ese momento. Era joven, debía de rondar los treinta años, y era bastante querida en el instituto. De cabello castaño ondulado y ojos pardos, llevaba siempre sus gafas de pasta marrón. Sin ellas no veía absolutamente nada, y era tan despistada que raro era el día en el que no tropezaba con las mesas y sillas. Vi que se acercaba hacia Storm y le ponía una mano en el hombro. Leyéndole los labios, supe que le preguntaba cómo estaba. Storm esbozó una pequeña sonrisa, y sus ojos parecieron menos tristes.
—La profesora Lago debería quedarse todo el año —soltó Devin, quien también la miraba.
—Cuando el señor Allen se incorpore, ella tendrá que irse. —Me pasé una mano por el cuello al notarlo tenso—. Pero sí, debería quedarse todo el año.
—Es la única que consigue que me entere de las matemáticas. Sin contar lo bien que trata a los alumnos. ¿Has visto cómo se preocupa por Storm y su hermana? Ninguno de los otros profesores se ha molestado en acercarse a las hermanas Sheridan.
—Lo hicieron cuando regresaron al colegio tras… el accidente —puntualicé, a pesar de estar de acuerdo con mi amigo.
—Bah. La única que merece la pena es ella, y el colegio lo sabe. Es la única asignatura donde todos los alumnos sacan buenas notas y aprenden.
Fruncí el ceño ante el interés que mi amigo mostraba por la profesora. Cuando la clase finalizó, todos comenzamos a recoger. De repente, una alumna que no era de la clase entró y fue corriendo hacia Storm. Le murmuró algo al oído y poco a poco el rostro de Storm se fue volviendo más pálido. Salió de la clase con tanta rapidez que estuvo a punto de llevarse por delante a la profesora Lago.
—¿Qué habrá pasado? —pregunté en voz alta.
Devin entornó los ojos. Justo cuando abrió la boca para hablar, un chico asomó medio cuerpo a nuestra clase.
—¡Hay pelea en el patio! —gritó.
Los alumnos salieron de la clase con rapidez y se empujaron unos a otros para ver quién llegaba antes. Devin me dio con el codo entre las costillas y me señaló la puerta con la barbilla. Fuimos hacia el patio y nos hicimos un hueco entre todos los cuerpos que se interponían entre nosotros y la pelea. Supe que se trataba de cuatro chicas porque vi unas piernas largas y delgadas en el suelo. Al ser alto, solo tuve que ponerme un poco más cerca para ver quiénes eran.
Se me pusieron los ojos como platos al distinguir a Rain y a Storm.
—¡Mierda! —gimió Devin, que se llevó las manos a la cabeza.
Rain estaba sentada sobre el estómago de una chica de un curso superior mientras le tiraba del pelo con fuerza y le gritaba algo que no conseguía comprender. Storm, que debía de haber ido en su ayuda, intentaba librarse de otra estudiante que le pegaba con los puños en la espalda. Sin pensármelo dos veces, me coloqué ante el par de alumnos que había justo delante y fui hasta Rain. La agarré de las axilas y la separé de la chica, que se incorporó con rapidez para bajarse la falda y arreglarse el pelo.
—¡Eres un animal! —le gritó a Rain, que intentaba zafarse de mis manos.
—¡Suéltame! —gruñó Rain, revolviéndose como una lagartija—. ¡Suéltame ahora mismo!
No le hice caso, y la alejé todo lo posible. Devin pareció espabilar y fue hasta Storm. Apartó a la chica de un empujón y se colocó sobre Storm para protegerla de los golpes. En ese momento vi que dos profesores se acercaban corriendo hacia donde nos encontrábamos nosotros. Actué por instinto y decidí llevar a Rain a un lado para que los profesores no la viesen en ese estado, con los ojos brillantes por la furia y soltando palabrotas como un camionero. La alejé hasta la parte trasera del instituto, donde unos alumnos hablaban tranquilamente. Al soltarla, Rain se giró con rapidez y me señaló con un dedo acusador.
—¿Por qué demonios te has metido? —preguntó enfadada.
—Si los profesores llegan a verte agrediendo a una alumna, te habrían expulsado —dije con tranquilidad.
Un mechón oscuro de su pelo cruzó por su rostro. Contrastaba tanto con su olor de ojos, de un tono verdoso, que resultaba casi imposible retirar la mirada de ella. Hasta ese momento no me había fijado en la simetría de sus rasgos, en la...




