Dumas | La reina Margot | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 520 Seiten

Dumas La reina Margot


1. Auflage 2022
ISBN: 978-959-03-0973-1
Verlag: RUTH Casa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 520 Seiten

ISBN: 978-959-03-0973-1
Verlag: RUTH Casa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



París, 1572. El rey Enrique de Navarra se casa con la reina Margarita de Valois, hermana del rey de Francia Carlos IX. El enlace es una maniobra política del monarca francés, y de su madre, la Reina madre Catalina de Médici, para deshacerse de los hugonotes, de los cuales Enrique es cabecilla. Una profecía auguraba el reinado de este en Francia, por ello, Catalina, una mujer muy supersticiosa, hace todo lo posible por impedirlo. Planea entonces la matanza de San Bartolomé, donde mueren muchos protestantes, creyendo que Enrique sería una de las víctimas. Pero el de Navarra parece que hará cumplir la profecía, pues elude todo atentado contra su vida, ayudado tanto por su esposa, Margarita, como por Carlota y La Mole, amantes de ambos, respectivamente. Así, vemos que la trama se nutre de aventuras, asesinatos, intrigas palaciegas, y cierto tono humorístico, para darnos un cuadro fiel de los momentos inmediatos previos y posteriores a la matanza de San Bartolomé. Esta novela es la primera de la Trilogía de los Valois, seguida por La dama de Monsoreau y Los cuarenta y cinco, que nuestra Editorial publicará próximamente.

Alejandro Dumas, padre (1802-1870). Fue un prolífico novelista y dramaturgo francés, uno de los autores más conocidos de las letras francesas. Cultivó la novela histórica, las de aventuras, las biográficas. Entre sus novelas más conocidas se encuentran: Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo y El tulipán negro.
Dumas La reina Margot jetzt bestellen!

Autoren/Hrsg.


Weitere Infos & Material


PRÓLOGO


Hace años, cuando vi por primera vez la versión cinematográfica de la novela de Alejandro Dumas padre, La reina Margot, realizada en 1994 y dirigida por Patrice Chéreau, ya fallecido, y protagonizada por tres grandes del cine europeo, la también difunta actriz italiana Virna Lisi (que encarna magistralmente a la Reina Madre Catalina de Medici), la francesa Isabelle Adjani (que personifica a la reina Margarita) y su compatriota Daniel Auteuil (en el papel de Enrique de Navarra), me motivé a buscar el libro y leerlo. Como prefiero leer lo que poseo, y no lo prestado —manía inofensiva que tengo—, obvié las bibliotecas públicas, lo cual me dificultó la empresa. Súmesele a esto que no existía una edición cubana de la novela, y las librerías de libros viejos, raros y curiosos que conozco no tenían ningún ejemplar en existencia.

Después de haber disfrutado de la película varias veces, tuve por fin la dicha de tener en mis manos, gracias a la generosidad de un amigo, la susodicha obra literaria en una edición argentina de los años cuarenta. De antemano sabía que iba a disfrutar inmensamente la obra, puesto que su autor es, como ya queda dicho, Alejandro Dumas padre, uno de mis escritores favoritos y que no necesita presentación. ¿Quién no se ha solazado alguna vez con la lectura de Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo o El tulipán negro por solo mencionar algunas de sus obras más conocidas? Novelas todas de una fama tal que han sido adaptadas más de una vez al cine, la radio y la televisión.

Con la primera lectura de La reina Margot —publicada en 1845— quedé subyugado, pues la prosa de Dumas es capaz de atrapar por su dinamismo, transparencia y comicidad. Pero reconozco que hice una lectura superficial, con limitaciones, como de adolescente amante de las novelas de aventuras, obnubilado por el desconocimiento histórico. Después de haber ocupado el pupitre de un aula universitaria durante dos años en la Facultad de Humanidades del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona primero y luego durante cuatro en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana, decidí releer la novela de Dumas y… ¡válgame Dios lo que cambió mi impresión sobre ella desde la primera vez que la leí! Casi me arrepentí de haber hecho estudios universitarios en Historia.

Involuntariamente me convertí en el mayor crítico de Dumas por su manera de tratar la Historia. Ya no leía solo por el placer de hacerlo, sino también con el placer del cazador de gazapos históricos en los que incurre Dumas. Menuda faena la mía en aquel entonces. Fui cegado por un orgullo vano. Cuando desperté de tamaña sinrazón, me di cuenta que casi había asesinado en mí el más puro placer por la lectura de uno de los clásicos del genial escritor francés. Entonces, por enésima vez, releí la novela, ya sin tapujos, sin predisposiciones, sin ojo crítico —o al menos sin llevarlo al extremo—, y sobre todo con un profundo deseo de divertirme. Y este último sentimiento o disposición de ánimo, es el que siempre hago prevalecer por sobre todos los demás que puedan intentar aparecer cuando me enfrento a la lectura de una novela que tenga algún trasfondo histórico.

Si Dumas se solaza con la Historia, o en la Historia, cuando escribía sus novelas, es una cuestión que no entorpece su lectura para los amantes de las mismas. Pero ¿se pueden considerar algunas de las obras de Dumas novelas históricas? Para responder a esta interrogante es preciso hacer otra, ¿qué se considera una novela histórica? Pues es un subgénero narrativo donde se utiliza un argumento ficticio enmarcado en cierto momento real de la Historia, donde los acontecimientos históricos tienen cierta relevancia en el desarrollo de la trama. Pero aquí existen matices; un novelista que desarrolle este subgénero debe documentarse muy bien desde el punto de vista histórico y tener a la vez una gran habilidad narrativa, y si no hay un adecuado equilibrio entre estos dos factores, se atenta contra la hechura de una novela histórica, pasando a ser o bien una historia novelada o una novela de aventuras con cierto trasfondo histórico. Por ende, a Dumas podemos catalogarlo, sin dudas, como un escritor de novelas de aventuras con fondo histórico, con mayor o menor incidencia en la ficción. Y justo esto es La Reina Margot, que junto a las novelas La dama de Monsoreau y Los Cuarenta y Cinco, conforman la llamada Trilogía de los Valois, que la Editorial Arte y Literatura irá publicando paulatinamente.

Pero ¿de dónde saca el autor la trama de La Reina Margot? Dumas escogió como telón de fondo para su narración novelesca uno de los capítulos que más conmocionaron la historia de Francia después de la guerra de los Cien Años: las guerras de Religión. Estas se extendieron entre 1562 y 1598 con periodos de paz intermedios y fueron una consecuencia de la aparición en la Francia del siglo xvi —el siglo de la Reforma y de la Contrarreforma— de una variante de la herejía protestante que había nacido en Sajonia con Martín Lutero a inicios de ese siglo. Esta variante la había propagado Juan Calvino,[1] definido como el reformador francés por excelencia, con sus escritos y enviados con los cuales había ejercido una gran influencia en Francia. Por tanto el calvinismo —que así se denominó su doctrina herética—, se infiltró en este país y llegó a contar con un gran número de adeptos que fueron conocidos como hugonotes,[2] a pesar de la decidida oposición de los Supremos Tribunales de Justicia y de la Sorbona.

Tal fue la fuerza que tomó la nueva doctrina que parecía que los franceses iban a quedar divididos, como los alemanes, en dos iglesias, con iguales derechos y poderes. Pero hay que tener en cuenta que en Francia no existían las mismas circunstancias que en el territorio alemán, lo que dificultaría este equilibrio religioso entre católicos y protestantes. En primer lugar, Francia era un Estado monárquico unificado, donde los nobles no tenían la independencia perniciosa de los príncipes alemanes. En segundo lugar, estaba la tradición católica nunca interrumpida en Francia. La Sorbona era el baluarte irreductible del papado. En tercer lugar, debía ser la secta calvinista de Ginebra[3] mucho más intolerante que el luteranismo alemán, que consentía un culto análogo al de los católicos. Los protestantes franceses dependían de Ginebra en cuanto a su doctrina y sus ministros. Y por último, las ciudades, sobre todo París, eran decididamente católicas y estaban del lado del poder real.

No obstante, estos obstáculos no impidieron que ya desde el reinado de Francisco I este tuviera que ocuparse de los protestantes, cuya predicación causaba desórdenes. Bajo el gobierno de su hijo Enrique II, los incidentes se multiplicaron. Pero este rey no llevó la represión a extremos de violencia, incluso se dice que manifestaba algunas aficiones protestantes, como cantar salmos. Con su muerte, los acontecimientos se precipitaron. Su hijo y sucesor, Francisco II, no tenía más que dieciséis años y era enfermizo. Estaba casado con María Estuardo de Escocia, y como esta reina era sobrina del duque Francisco de Guisa y de su hermano Carlos, el cardenal de Lorena, de acendrado catolicismo, adquirieron gran preponderancia en la corte, de la que se vieron alejados los protestantes Antonio de Borbón (rey de Navarra por su matrimonio con Juana de Albret) y su hermano el príncipe de Condé, que comenzaron a organizarse para anular la influencia de los Guisa. Se formaron así dos partidos políticos apoyados en la división religiosa del país.[4] Pero había un tercer partido conformándose: el de la Corona, representado por el canciller Miguel de L’Hospital y por la Reina Madre Catalina de Médici.

Los protestantes pasaron a la acción. Bajo el mando de Jean du Barry, señor de La Renaudie, urden un complot para apoderarse del rey al mismo tiempo que de los Guisa, convocar Estados Generales y proclamar a los Borbones como reyes de Francia. Tal fue la conspiración de Amboise de 1560.[5] Descubierta por el cardenal de Lorena, fracasó y Francisco II autorizó a los Guisa a organizar una represión, que los convirtió en dueños absolutos del poder. Los hugonotes se sublevaron en el Mediodía francés, pero Antonio de Borbón y el príncipe de Condé ya habían sido apresados cuando el débil monarca murió.

Le sucedió su hermano Carlos IX, que era menor de edad, por lo que la regencia fue ejercida por su madre Catalina de Médici, mujer sin convicciones religiosas, siempre dispuesta a sacrificar sus deberes y su religión, como lo demostraron los acontecimientos posteriores. Al principio se dispuso a gobernar apoyándose en los católicos que eran la mayoría. Pero un rey de diez años y una regente de origen extranjero despertaban las apetencias políticas de todos los ambiciosos, sobre todo de los Guisa. Catalina de Médici mantuvo escaso tiempo su predilección por el partido católico, y solo procuró gobernar, sosteniendo en el trono a su hijo. Aconsejada por el canciller L’Hospital, hombre tolerante y enemigo de violencias, puso en libertad a Condé y trató de atraerse a los hugonotes, practicando una política de equilibrio entre Borbones y Guisas. Miguel de L’Hospital intentó en vano borrar las diferencias religiosas y la política de tolerancia por él inspirada fue aprovechada por los calvinistas para fundar numerosas iglesias y comunidades, aumentando considerablemente el número de...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.