Eisenbaum | Pablo no fue cristiano | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 440 Seiten

Reihe: Ágora

Eisenbaum Pablo no fue cristiano

El mensaje original de un apóstol mal entendido
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-9945-934-9
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

El mensaje original de un apóstol mal entendido

E-Book, Spanisch, 440 Seiten

Reihe: Ágora

ISBN: 978-84-9945-934-9
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
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Pablo no es el fundador del cristianismo ni un converso ferviente del judaísmo, como se ha dicho frecuentemente. Tampoco afirmó que Jesús sustituyera a la Torá. Pablo, argumenta convincentemente Pamela Eisembaum, continuó siendo un judío piadoso que creía que Jesús uniría a los judíos y a los paganos, y cumpliría el plan universal de Dios para la humanidad. Fruto de una meticulosa investigación, este libro constituye una contribución muy necesaria para corregir las ideas erróneas sostenidas por cristianos y judíos, tanto liberales como conservadores.

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Introducción


Una vez, visitando una iglesia grande y rica de la ciudad el Domingo de Pascua, escuché a un hombre que estaba dando un testimonio de su conversión al cristianismo. Hablaba de cómo anhelaba un sentido espiritual y de cómo buscaba ansiosamente la verdad religiosa a largo de su vida (me parecía que tendría unos cuarenta o cincuenta años), pero decía que siempre le decepcionaban las respuestas que le daban, hasta que recientemente había descubierto a Cristo. De pronto, se dio cuenta de que su vida anterior era una vida de pecado. Antes de convertirse, explicó, había sido judío. Pero ahora había aceptado la gracia del amor incondicional de Dios en Jesucristo y había dejado el pecado del judaísmo.

La verdad es que ya no puedo recordar los detalles de su discurso, que era bastante largo, pero estoy segura de que asociaba, si es que no llegaba a identificar, una vida judía con una vida de pecado. Cuando comenzó a hablar de su sórdido pasado, me esperaba algo más estereotípico –al menos, tal como yo me imaginaba el estereotipo– de los testimonios cristianos que se dan en el contexto de las iglesias evangélicas protestantes de Norteamérica. Pensé que diría que había sido alcohólico o drogadicto, o que había abusado de miembros de su familia o bien que había estado obsesionado con el dinero y el prestigio, y que, por consiguiente, vivía una vida superficial y vacía; sin embargo, no mencionó ninguna de estas cosas. La descripción de su vida anterior, denominada vida de pecado, me pareció perfectamente respetable. La mención del judaísmo y del pecado en la misma frase me produjo un impacto doloroso, por decirlo suavemente.

Como judía que soy, me resulta profundamente ofensiva la idea de que el judaísmo es una religión imperfecta inherentemente vinculada al pecado. Desafortunadamente, se ha unido esta idea con el apóstol Pablo, pero en realidad procede de una larga historia de intérpretes cristianos del apóstol. Mientras que prácticamente los cristianos de todo tipo, católicos y protestantes (tanto los históricos como los evangélicos), aceptan sin mayor problema que Jesús era judío, Pablo es típicamente considerado como el primer verdadero cristiano. Esta imagen de Pablo también exige que sea el primer verdadero convertido al cristianismo. La historia que tradicionalmente se cuenta de Pablo es la siguiente: era un judío celoso que perseguía a la Iglesia hasta que sucedió algo totalmente milagroso, a saber, Jesús resucitado se le apareció. Esta revelación hizo que Pablo se convirtiera del judaísmo al cristianismo y que de ser un fariseo celoso pasara a ser un predicador imparable del Evangelio de Jesucristo. Una vez convertido, se dio cuenta de la futilidad del judaísmo, con sus interminables exigencias legales, y lo rechazó.

Al combinar estos supuestos sobre la biografía de Pablo con la teología de sus cartas, tal como ellos las entendían, los intérpretes cristianos llegaron a creer que la experiencia de conversión de Pablo le condujo a formular la doctrina de la justificación por la fe, una doctrina que se encuentra en el centro del cristianismo y que, al mismo tiempo, define a este como la antítesis del judaísmo, considerado típicamente como la religión de las obras. Según esta concepción, el cristianismo reconoce correctamente el inevitable fracaso de los seres humanos para obtener la justicia y, por consiguiente, la necesidad de aceptar la gracia de Dios –en la forma de Jesucristo–, mientras que el judaísmo pone erróneamente su fe en la capacidad de los seres humanos para obtener la salvación mediante sus propios esfuerzos. A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han oscilado entre ver a los judíos como meramente equivocados o como obstinadamente insolentes, pero estaban totalmente de acuerdo en que una teología que apoya la «salvación por las obras» refleja una mala religión, porque niega la gracia de Dios. Así pues, aquel hombre que describió su conversión del judaísmo al cristianismo como un paso del pecado a la gracia había seguido casi a la perfección el guión paulino tradicional.

Puesto que la imagen negativa del judaísmo está tan estrechamente unida a Pablo, la mayoría de los intérpretes judíos del apóstol no han dicho nada bueno a su favor. Sin embargo, mi interés por escribir un libro sobre Pablo no surgió por un resentimiento vengativo, sino porque me identifico apasionadamente con su perspectiva sobre el mundo. Al igual que Pablo, yo vivo como una judía entre paganos. Aunque soy judía, mi especialización en los orígenes del cristianismo me hizo aterrizar en el campo de la enseñanza dentro de un instituto de teología cristiana. Estoy segura de que no todos mis estudiantes son cristianos ni están estudiando todos para dedicarse al ministerio, pero muchos sí. Si bien nunca contemplé la posibilidad de enseñar en una institución de este tipo al comenzar mi carrera académica, actualmente lo considero un privilegio. Estar en una institución cristiana me ha hecho más autoconscientemente judía y, de manera bastante sorprendente, ha contribuido también a que desarrolle mi capacidad de ver a Pablo como un judío. Además, he llegado a considerarlo como un judío que se enfrentó con una cuestión con la que enfrentan muchos judíos norteamericanos de hoy: ¿cómo conciliar el hecho de vivir como un judío con el hecho de vivir en y entre el resto del mundo que no es judío?

Pienso que es seguro afirmar que esta cuestión trasciende la peculiar situación de los judíos norteamericanos de nuestro tiempo. Formulado genéricamente, el problema al que me refiero concierne a la relación entre la particularidad y la universalidad. Todo el que desee mantener la particularidad de su identidad étnica o religiosa sin negar la validez de la identidad particular del otro, afronta este problema. Creo que Pablo reflexionó sobre este problema y finalmente desarrolló unas intuiciones de gran calado, unas intuiciones que en gran medida se han pasado por alto debido a la imagen tradicional del Pablo cristiano. No podemos ver cómo afrontó Pablo el problema de la diferencia humana a menos que reconozcamos en primer lugar que él era un judío, tanto antes como después de su experiencia de Cristo, y que luchó con la disonancia física y cognitiva de ser judío en un mundo de no judíos. Así pues, este libro es un intento de resucitar, por así decirlo, a Pablo como judío para ofrecer una lectura constructiva y alternativa de sus cartas que los cristianos y los judíos –y, tal vez, otros– van a encontrar convincente.

Yo también escribo este libro como un reto al retrato de Pablo que ha reinado durante casi dos milenios. Pretendo sacar a la luz la parcialidad incrustada en el retrato tradicional de Pablo y los modos en los que ha contribuido a las grandes distorsiones del judaísmo y ha jugado un papel nada desdeñable en la historia del antisemitismo. Al mismo tiempo, y con igual importancia, tengo la intención de demostrar que puedo explicar las cartas de Pablo convincentemente y construir así un retrato del apóstol más creíble y fidedigno para aquellos lectores que están interesados en entender mejor su vida y obra.

La imagen de Pablo que presentamos en este libro es la de un hombre que, parafraseando a Krister Stendahl, fue «llamado, más que convertido»1. Dicho con otras palabras, Pablo fue llamado por Dios para cumplir una misión particular, una misión que había sido anunciada por los profetas hebreos, a saber, la de llevar el conocimiento del único Dios –el Dios de Israel– a todas las naciones del mundo. Pablo creía que el reconocimiento del único Dios por los paganos era necesario para que pudieran participar en el mundo venidero. Así pues, Pablo no fue un cristiano –palabra que en todo caso desconocía, porque aún no se había inventado–. Él era un judío que se entendía involucrado en una misión divina. Como judío, Pablo se creía encargado del conocimiento especial que Dios solo había dado a los judíos. Sin embargo, Pablo también creía que la resurrección de Jesús indicaba que el mundo venidero estaba ya llegando y que era el momento de reconciliar a los no judíos con Dios. La reconciliación de los no judíos con Dios también significaba reconciliar a los no judíos con los judíos, y no porque fueran necesariamente hostiles unos con otros, sino porque, si todas las personas eran potencialmente hijos de Dios, los judíos y los paganos tenían que considerarse ahora parte de la misma familia; esto implicaba un nuevo nivel de interacción e intimidad.

En contra de la opinión dominante, pienso que la orientación teológica de Pablo con respecto al mundo puede usarse fructíferamente para reflexionar sobre el pluralismo religioso. Espero demostrar bien esta afirmación en las páginas que siguen. Espero, además, que este libro permita que los lectores judíos y cristianos comiencen a apreciar el pluralismo teológico de Pablo. Los judíos han presentado típicamente a Pablo como el gran traidor del judaísmo. Creo que esta imagen es tan incorrecta como la imagen tradicional cristiana. La visión de Pablo como un judío hereje solo ha provocado el desconocimiento judío de un importante recurso teológico. Atendiendo a la historia de las relaciones entre judíos y cristianos, no sorprende la antipatía de los primeros respecto a Pablo. Al mismo tiempo, me parece que la historia de las relaciones judeo-cristianas justifica que crucemos la frontera entre las dos religiones junto con una remodelación de lo que constituye la identidad judía y cristiana, y las relaciones interreligiosas en general. Así como el Dios de la historia bíblica es una fuerza dinámica y no estática, de igual modo,...



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