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E-Book

E-Book, Spanisch, 184 Seiten

Reihe: Ecúmene

Enloe Globalización y militarismo

Las preguntas feministas
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-18941-78-8
Verlag: Trama Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

Las preguntas feministas

E-Book, Spanisch, 184 Seiten

Reihe: Ecúmene

ISBN: 978-84-18941-78-8
Verlag: Trama Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



El militarismo no llega un día y se apodera de todo sin previo aviso: solo se adueña de una sociedad si se va consolidando de forma gradual. Y en cada paso de este proceso hay un elemento de género. En otras palabras, cada paso por el que se alimentan las ideas, los incentivos y las relaciones militarizadas depende de una determinada noción (reducida) de lo que es un «hombre de verdad», o (distorsionada) de lo que es una «buena mujer». Se puede resistir la militarización, se puede incluso revertirla, pero para ello es necesario arrojar una luz brillante y crítica sobre las operaciones cotidianas del patriarcado, y es necesario prestar atención a la vida diaria y a las relaciones íntimas. Éstas constituyen el verdadero núcleo de la vida política. ¿Por qué algunas mujeres jóvenes se sienten cautivadas por los hombres que visten de uniforme? ¿Están todas las madres, independientemente de cuál sea su origen étnico o racial, orgullosas de que sus hijos sirvan en los ejércitos? ¿Cómo hacen los gobiernos para que las mujeres de los militares se mantengan calladas? ¿Se pueden militarizar los derechos LGTBQ? ¿Consiguen las mujeres combatientes al empuñar las armas en nombre de la justicia social que el sexismo retroceda? ¿A quién le entra en la cabeza que los veteranos del ejército puedan ser los mayores defensores de la paz? ¿Qué nos pueden enseñar las mujeres que trabajan en las discotecas y prostíbulos cercanos a las bases militares sobre las masculinidades militarizadas? A estas y otras preguntas responde la autora en un texto de lectura obligada, no sólo para los y las interesadas en el feminismo, sino para los y las estudiosas de la seguridad, el conflicto y la paz, las relaciones internacionales y la geopolítica.

Cynthia Enloe es Profesora de Desarrollo Internacional en la Universidad Clark de Massachusetts, donde ha sido directora del Departamento de Gobierno y el Programa de Estudios sobre la Mujer. Es autora de obras como Maneuvers: The International Politics of Militarizing Women's Lives y The Curious Feminist: Searching for Women in a New Age of Empire, así como una nueva edición actualizada de su libro más celebrado: Bananas, Beaches and Bases: Making Feminist Sense of International Politics.
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CAPÍTULO 1

PALABRAS PARA INVESTIGAR

El mundo actual destaca históricamente por su nivel de militarismo globalizado. Es decir, el mundo en el que vivimos ahora se distingue de las épocas en las que vivieron nuestros padres, abuelos y bisabuelos por el número de ejércitos nacionales que existen (casi 200) junto con el número cada vez mayor de milicias armadas ilegales y ejércitos insurgentes (muchos tolerados por algunos representantes de los Estados), además del creciente número de fuerzas policiales locales y nacionales que ahora están militarizadas y el de empresas de seguridad privada que han entrado en escena.

Esto, sin embargo, es solo la punta del iceberg de la militarización que caracteriza al mundo actual. A este cóctel militarizador hay que añadir la multiplicación de empresas (privadas y estatales) que producen y venden armamento, o que obtienen beneficios de la venta de bienes y servicios a las fuerzas militares estatales y privadas. La lista resultante es larga: fabricantes de equipos de defensa, agencias de publicidad, empresas de comida rápida, fabricantes de ropa, laboratorios de ingeniería e investigación científica, empresas de transporte, arrendadores, empresas farmacéuticas, empresas de software informático.

A esta ya potente mezcla hay que añadirle el alcance cada vez mayor de los medios de comunicación que presentan historias de guerra patriótica o de aventura y heroísmo militar. Añadamos a cada padre, madre, novia, marido o esposa que actualmente se enorgullece (o depende económicamente) de un soldado o miliciano. Y no dejemos de lado a los votantes. Cada mujer o cada hombre que emite su voto libremente por un determinado partido o candidato porque ese partido o candidato se muestra a favor de un ejército más fuerte o de respuestas militarizadas a las crisis actuales (por ejemplo, la llegada de refugiados o trabajadores inmigrantes) está poniendo su grano de arena para alimentar la militarización.

A pesar de ser poderosos y estar globalizados, los procesos de militarización no avanzan sin encontrar resistencia. El nivel y la diversidad de esa resistencia es también un rasgo distintivo del mundo actual: la proliferación de grupos pacifistas locales y transnacionales, el lanzamiento de programas universitarios de estudios sobre la paz, la difusión de movimientos objetores en países en los que todavía existe el servicio militar obligatorio, la multiplicación y la creciente diversidad de los premios Nobel de la Paz, el número creciente de candidatos electorales que se presentan con plataformas que defienden la reducción de los presupuestos militares y la desmilitarización de las fuerzas policiales, la creciente atención de muchas agencias de las Naciones Unidas para prevenir y poner fin a los conflictos armados. Todo esto también marca nuestra época actual.

Para entender este mundo militarizado —para apoyarlo a sabiendas o para criticarlo con eficacia y, posiblemente, también desafiarlo—, es necesario equiparse con ideas relevantes y fiables y habilidades que una pueda poner en práctica en sus propias investigaciones. Algunas de las ideas más valiosas tienen la forma de conceptos.

Los conceptos son herramientas y deben ser útiles. El valor de cada concepto se mide por lo que revela. Si cualquier concepto que se ofrece oculta más de lo que revela, o distorsiona más de lo que aclara, no es un concepto útil.

Si un concepto se perfecciona y se pone a prueba con realidades desordenadas, puede convertirse en una herramienta que nos permita elaborar explicaciones fiables sobre el funcionamiento del mundo.

Para investigar las dinámicas de género que subyacen a la globalización de las ideas y prácticas militaristas, hemos creado determinados conceptos. Estos son ampliamente utilizados hoy en día porque han arrojado luz sobre patrones que, de otro modo, habrían quedado en la sombra. Tomemos, por ejemplo, el concepto de «feminidades».

Feminidades: Se refiere a las múltiples maneras de imaginar cómo las niñas y mujeres piensan o se comportan, o deberían pensar y comportarse. Esas imaginaciones comprenden ideas sobre la feminidad. Las normas de género y expectativas sobre la feminidad varían en función de estereotipos ligados al estatus, la etnia, la raza o la clase. Por ejemplo, la mujer que emplea a una trabajadora doméstica y la mujer que es empleada pueden estar sometidas a presión para ser «femeninas», pero se espera que las dos mujeres expresen su feminidad de maneras muy diferentes. Con frecuencia esto se debe a ideas ampliamente compartidas sobre la clase y a presunciones raciales y étnicas sobre cómo debe pensar y comportarse un determinado tipo de mujer.

Las personas que tienen como labor socializar, formar, controlar e incluso recompensar a una niña o a una mujer por un modo particular de comportamiento esgrimen todo tipo de nociones sobre la feminidad en frases como: «¡Las chicas no juegan a ese juego!» o «¡Una mujer respetable no iría a ese sitio!» o «¡Qué niña tan buena que ayuda a su madre a lavar la ropa!».

Sin embargo, el conjunto de ideas acerca de lo que constituye la «verdadera» feminidad ha sido objeto de múltiples cuestionamientos. La observación de las feminidades en una comunidad cualquiera y en un momento cualquiera requiere estar atenta a las formas de resistencia, tanto evidentes como sutiles. Por ejemplo, ¿qué chicas insisten en practicar deportes con los chicos? ¿Qué mujer toma la palabra en una reunión pública a pesar de las burlas misóginas a las que es sometida?

El movimiento transgénero de la época actual se ha basado en esta concepción de las feminidades como algo irreal e injustamente limitador.

Los análisis feministas tienen especial desconfianza del concepto de feminidades precisamente porque esas ideas —y la aplicación de esas ideas— han servido para sostener sistemas de poder opresivos y hoy siguen ejerciendo poderosas restricciones sobre la vida de mujeres diversas. En muchas sociedades contemporáneas ser una mujer convencional significa disfrutar de la propia dependencia, no buscar la autonomía, avergonzarse en silencio si se sufre una agresión sexual, y no reclamar derechos.

Históricamente, el objetivo más globalizado de la protesta contra las restricciones de los estándares de la feminidad ha sido la presunción, antes muy extendida y compartida tanto por muchas mujeres como por la mayoría de los hombres, de que era poco femenino para una mujer votar en las elecciones de su país. Las activistas del movimiento por el sufragio femenino en países tan diferentes como Gran Bretaña, Brasil y Filipinas hacían campaña no solo por el derecho al voto, sino para cambiar las ideas establecidas sobre la feminidad, especialmente la idea de que, para seguir siendo aceptablemente femenina, una mujer debía permanecer cerca de su casa y confiar la opinión sobre asuntos públicos a su padre o a su marido (Seager, 2009).

En el siglo XXI, quizá el objetivo de la protesta que más se ha globalizado ha sido la presunción de que los maridos tienen el derecho masculinizado de usar la violencia contra sus esposas y que una mujer «femenina» guardará silencio sobre esa violencia, al imaginar que ella misma es la culpable de las agresiones de su marido. El hecho de que la «violencia doméstica» sea un término común en muchos foros nacionales e internacionales es una prueba de que esta presunción tan arraigada se está poniendo en tela de juicio, aunque los actos de violencia de género sigan sucediendo con frecuencia desenfrenada.

Para comprender plenamente cómo la dinámica de género puede dar forma a los procesos de la globalización, hay que explorar el funcionamiento no solo de las feminidades sino también de las masculinidades. Hoy en día, parece que se necesita una extraordinaria voluntad política para dirigir la atención hacia las masculinidades, porque eso requiere cuestionar a los hombres no solo en su papel de banqueros, políticos, deportistas o soldados, sino como hombres. La mayoría de los responsables públicos evitan hacerlo.

Masculinidades: Se refiere al conjunto de ideas de género sobre cómo deben pensar y comportarse los niños y los hombres. En otras palabras, la masculinidad es un conjunto de ideas sobre cómo un chico auténtico o un «hombre de verdad» debe relacionarse con los demás y con el mundo en general. La masculinidad, sin embargo, no es singular, porque las concepciones sociales acerca de la supuesta hombría genuina suelen variar según las presunciones sobre el estado civil, la clase, la etnia y la raza.

Por ejemplo, muchas personas (mujeres y hombres) pueden aceptar ciertos comportamientos varoniles cuando los practican los soldados rasos («los chicos son chicos») que les parecerían escandalosos si los realizaran oficiales varones de más edad. Asimismo, las relaciones coloniales y neocoloniales entre los hombres han estado, y siguen estando, plagadas de nociones controvertidas sobre la hombría. Los hombres homosexuales y transexuales se cuentan entre quienes han desafiado más directamente las nociones comunes sobre lo que son los estándares de la masculinidad.

El género no es estático ni monolítico, sino que evoluciona con el tiempo. En las últimas décadas, nosotras hemos aprendido a prestar atención al género cuando impulsa un proceso de cambio social, y no siempre un proceso de cambio social positivo.

Feminización: Se refiere al proceso de imponer la idea de que cualquier cosa está «naturalmente» o «especialmente» alineada con las mujeres, las niñas o las...



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