E-Book, Spanisch, Band 137, 172 Seiten
Reihe: Historia
Exquemelin Los piratas de América
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-496-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 137, 172 Seiten
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ISBN: 978-84-9897-496-6
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Se sabe poco de Alexandre Olivier Exquemelin, también conocido como el cirujano de los piratas. Al parecer, podría tratarse de un hugonote nacido en Honfleur (Francia) en torno a 1645, que huyó de las persecuciones religiosas hacia el 'nuevo mundo' en 1666, fecha en la que se inicia esta crónica, y regresó años después para establecerse en Ámsterdam, donde murió hacia 1707.
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Primera parte
Capítulo I. La partida del autor hacia el poniente americano en servicio de la Compañía Occidental de Francia; encuentro de una nave inglesa, llegada a la Isla de la Tortuga
Partimos del Havre de Grace en un navío llamado San Juan, que estaba montado con veintiocho piezas de artillería, veinte marineros, y doscientos veinte pasajeros; contando los que la Compañía enviaba en su servicio como pasajeros libres y sus criados, en dos 2 del mes de mayo del año de 1666. Ancoramos debajo del cabo Borflor para juntarnos allí con otras siete naves de la Compañía, las cuales venían de Dieppe, buscándonos con otro navío de guerra, fuerte de treinta y siete piezas de artillería y doscientos cincuenta soldados. De estas naves dos estaban destinadas para Senegal y cinco para Caribe, y nosotros para la isla de la Tortuga. Juntáronse allí también cerca de otros veinte navíos que iban para Terra Nova con otros bajeles holandeses que pasaban a Nantes, La Rochelle y San Martín; de manera, que componíamos en todo, una flota de treinta velas; aparejámonos allí y nos dispusimos en forma conveniente para pelear, sabiendo que cuatro fragatas inglesas (cada una de sesenta piezas de artillería) nos esperaban junto a la isla de Ornay. Después que el caballero Sourdis, almirante de nuestra flota, hubo dado sus órdenes, dimos a la vela con viento muy favorable; algunas nieblas se levantaron, que nos impidieron la vista, y no ser vistos de los ingleses. Caminábamos siempre cerca de las costas de Francia, huyendo del enemigo; y en este curso hallamos una nave de Ostende, la cual se quejó a nuestro almirante diciendo que un corsario francés le había robado por la mañana. Oído esto nos dispusimos para buscar dicho corsario; pero en vano, pues no pudimos darle alcance.
Los habitantes de las costas de Francia estaban tímidos y alborotados juzgando éramos ingleses, que creían buscábamos puesto para echar pie a tierra; arbolábamos nuestras banderas; mas aún no se confiaban. Dimos después fondo en la bahía de Conquet en Bretaña, cerca de la isla de Heysant, para hacer aguada; con que, habiendo hecho frescas provisiones, proseguimos el viaje para pasar el Ras de Fonteneau, por no exponernos a pasar la derechura de Sorlingas; temiendo a los ingleses que allí cruzaban la mar buscándonos. Este río Ras tiene una corriente fuertísima y pasando por muchos peñascos desemboca en la costa de Francia, en la altura de 48 grados y 10 minutos; por cuya razón es muy peligroso pasaje, no estando todos descubiertos los escollos o peñascos.
Pasado el Ras tuvimos el viento muy favorable hasta el cabo de Finisterre, donde nos sobrevino una grandísima borrasca que nos separó de las otras naves; duró ocho días este mal tiempo, en el cual era grande lástima ver de la manera como echaba la mar de una parte a otra a los pasajeros; de tal suerte era, que los marineros se veían obligados a pasar por encima de ellos para asistir a los que le tocaba. Corrida esta borrasca nos hizo un tiempo muy favorable hasta que llegamos a la línea llamada el trópico de Cáncer; éste es un cerco imaginario que los astrólogos han inventado, el cual es como una limitación del Sol hacia el norte y está en la altura de 23 grados y 30 minutos, debajo de la línea. Tuvimos en aquella parte un muy próspero tiempo, de que nos alegramos infinito por tener grande necesidad de agua; de tal suerte, que ya estábamos tasados a dos medios cuartillos de ella cada uno al día.
Cerca de la altura de las Barbados vimos una nave real de ingleses, la cual nos daba caza; mas percibiendo ellos que no nos llevaban ventaja huyeron y nosotros la seguimos tirándola algunas balas de artillería de ocho libras; al fin se nos escapó y volvimos a nuestro curso. Poco después de esto, dimos vista a la isla de la Martinica, pues hacíamos lo posible para llegar a la costa de la isla de San Pedro, siéndonos casi imposible por levantarse allí una borrasca con que determinamos ir a la isla de Guadalupe, que tampoco pudimos conseguir y, así, pusimos la proa para la isla de Tortuga, que era la parte de nuestro destino. Pasamos costeando la isla de Punta Rica que es deliciosísima y agradable, guarnecida de frondosos árboles y florestas hasta las cumbres de los montes; vimos después la isla Española (cuya descripción pondremos más abajo) y fuimos siempre costeándola hasta llegar a la Tortuga, donde ancoramos el día séptimo de julio del mismo año, sin haber perdido en todo el viaje un hombre. Descargamos en ella las mercadurías de la compañía y la nave fue enviada a Cal de Sac para llevar algunos pasajeros.
Capítulo II. Descripción de la isla de la Tortuga, de sus frutos y árboles, y de qué manera poblaron allí los franceses dos veces y fueron echados los españoles de ella; y cómo el autor de este libro fue en ella vendido en dos ocasiones
Está situada la isla de la Tortuga al lado del norte de la famosa y grande isla Española; cerca de la tierra firme, en la altura de 20 grados y treinta 30; es grande de 60 leguas; llamáronla Tortuga por tener la forma de una tortuga o galápago de mar; diéronla por esta razón los españoles este nombre; es muy montañosa y llena de peñascos mas, no obstante, espesísima de lozanos árboles, que no dejan de crecer entre lo sólido de los riscos, sin participar inmediatamente de tierra friable, de donde se sigue que las raíces, por la mayor parte, se descubren por todo enlazadas contra las piedras a modo de ramas de yedra en una pared. En la parte que mira al norte no vive gente, lo uno por ser muy incómoda y mal sana; lo otro porque por allí es tan escabrosa que sin grandes dificultades no se puede llegar a la orilla de la mar, si no es entre riscos casi inaccesibles; por esta razón la poblaron de la parte meridional, donde tiene sólo un puerto razonablemente bueno, teniendo dos entradas por donde pueden pasar navíos de setenta piezas, siendo el fondo sin riesgo, y capaz de contener grande número. La parte poblada se divide en cuatro, llamadas: la Tierra baja, ésta es la más famosa por el dicho puerto; llámase el lugar Cayona, en el cual viven los principales plantadores. La segunda se llama MedioPlantage plantío; su territorio aún está nuevo, experimentando de ella ser muy fértil para cultivar tabaco. La tercera se llama la Ringot; están estos lugares situados al fin del poniente de la isla. La cuarta se llama la Montaña, en la cual se hicieron los primeros cultivos que en la isla comenzaron.
En cuanto a los árboles que allí crecen son muy lozanos y vistosos, que pueden servir a distintos usos con grande utilidad, como el sándalo amarillo, que llaman los de la tierra Bois de Chandel, que significa palo de candela, por arder como una candela, y se sirven de ella para hacer la pesca de noche. Crece también Palo Santo que otros llaman Guayaco; sus virtudes son bien notorias, principalmente a los que no observan el tercer voto o sexto mandamiento, dándose a toda suerte de cópulas impuras; sacan de él los médicos, debajo de diversas composiciones, un antídoto para males que proceden del juego de Venus, y humores víscidos, fríos. Los árboles que sudan la Goma Elemi crecen en grandísima abundancia, como también raíz de China, la cual no es tan buena como la que se trae de las Indias Occidentales; es muy blanca y blanda y es pasto gracioso a los jabalíes cuando no hallan otra cosa. Del Aloes o Acíbar no carece esta isla, como de otra infinidad de hierbas medicinales y dedicadas al aspecto de quien las contempla para fábrica de navíos, y de otra cualquier suerte de edificios se hallan en esta mancha de Neptuno, maderas muy a propósito. Las frutas que con abundancia crecen allí, no rinden feudo de menores ni menos estimadas que las otras islas circunvecinas; contaré algunas de las más ordinarias y comunes, como son: Magniot, Patatas, Manzanas de Acajou, Yañas, Bacones, Paquayes, Carasoles, Mamayns, Ananás y otros muchos géneros, que por no ser molesto dejo de especificar. Crece también gran número de árboles llamados Palmites, de los cuáles exprimen un zumo que sirve a los moradores de vino, y sus hojas de cubiertos y tejados a las casas.
Abunda con multiplicación cotidiana, esta isla de Jabalíes; prohibió el gobernador la caza de ellos con perros, diciendo que era la isla pequeña y que tal caza destruiría en poco tiempo dichos animales, juzgando a propósito conservar la casta, para que en caso de invasiones de enemigos pudiesen los defensores mantenerse de tales carnes, principalmente, si los habitantes se viesen forzados a retirarse a los bosques, para que en ellos puedan tener de qué sustentarse y con ese medio poder sufrir cualquier asalto y persecución subitánea o larga; impídese esta caza casi de ella misma, por ser tantos los peñascos y precipicios que, por la mayor parte, están cubiertos de árboles pequeños muy frondosos, de donde con facilidad se han precipitado muchos cazadores de lo cual, no sin dolor, se tiene experiencia de muchos desastres.
En cierto tiempo del año concurren a la Tortuga grandes bandadas de palomas torcaces, siendo ocasión en que los habitantes comen de ellas con largueza y les sobra, dejando totalmente en reposo otros animales, tanto domésticos como silvestres que suplen la ausencia de palomas en la sazón de retiro; y como nada en este mundo, por agradable que sea, deja de mostrar entre sí mezcla de amargura, tenemos bien este símbolo en las referidas palomas, las cuales, pasada la sazón que Dios concedió para el uso de alimento sabroso a las gentes que allí viven con tanta delicia, no las pueden gustar, porque se enflaquecen demasiado y amargan por extremo, proviniendo esta diferencia de cierta simiente que comen amarga como el acíbar. A las orillas de la mar concurren...




