E-Book, Spanisch, Band 90, 160 Seiten
Reihe: Narrativas
Fish Hicimos un jardín
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-19168-53-5
Verlag: Gallo Nero
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, Band 90, 160 Seiten
Reihe: Narrativas
ISBN: 978-84-19168-53-5
Verlag: Gallo Nero
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Margery Fish (1888-1969) pasó la mayor parte de su vida en Londres antes de mudarse a Somerset. Fue colaboradora activa de las revistas 'Amateur Gardening' y 'The Field'. Como voluntaria de la Cruz Roja Británica, abrió su jardín al público para recaudar fondos que luego donó a esta asociación y otras organizaciones benéficas.
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El jardín
El jardín trasero que venía con la casa estaba dividido en dos jardines minúsculos, rodeados de muros y dispuestos en pequeñas parcelas cubiertas de hierba. Supusimos que tal arreglo se remontaba a la época en que había dos casas independientes.
Además de los muros que separaban los dos pequeños jardines del fondo, otro muro nos separaba del antiguo corral, y al pie de todos ellos, alguien se había entretenido excavando y clavando piedras verticales, como almendras en un bizcocho decorado. Eso nos dio la idea de construir una bonita rocalla donde entretenernos. Cuando de verdad nos consagramos a trabajar en el jardín, lo primero que hicimos fue derribar los muros y las piedras y apilarlos para posibles usos futuros. Todos esos montones de piedras supusieron un gran problema, pues teníamos que moverlos de un sitio a otro mientras acondicionábamos el suelo, y yo no veía la manera de poder darles algún uso.
El alto muro que nos separaba de la carretera lucía unos acabados al más puro estilo de Somerset, con piedras colocadas en vertical, una más alta y otra más corta, así alternadas. Nunca he llegado a descubrir la razón de esos muros irregulares, y sigo sin verles el atractivo por ningún lado. Pregunté al constructor local y lo único que supo decirme fue que así se conseguía un buen acabado, pero se me ocurren mejores maneras de resolver el problema sin tener que usar semejante cantidad de piedras enormes.
Aún quedaba mucho espacio para plantar entre los montones de piedras, por lo que Walter sugirió que podía empezar a ocuparme de la parte alta de los muros mientras decidíamos qué hacer con el resto del jardín. Compré unas plantas de roca que no requirieran muchos cuidados y planté unas semillas de valeriana, aliso, aubrieta y arabis para revestir aquellas almenas de tres al cuarto. Por entonces, las enormes pilas de piedras estaban pegadas al muro, de modo que trepé por ellas para plantar, y luego también cuando quería regar a mi pequeña familia. Casi siempre regaba después de la cena, y para este acto social —cuando no había que cocinar— en aquella época una debía llevar vestido largo y zapatillas de satén. No alcanzo a entender cómo no me torcí el tobillo, pues tenía que sujetar la falda con una mano y la regadera con otra mientras las piedras se inclinaban y balanceaban bajo mi peso.
Poco a poco, claro está, conseguimos librarnos de las piedras. Regalamos carros llenos a quien quisiera venir a buscarlas, en su mayoría agricultores que los vaciaban a las puertas de las granjas para tratar de contener el barro de Somerset. Nos quedamos con las mejores, sin reparar en el hecho de que, a medida que íbamos fraguando nuestros planes, acabaríamos comprando muchas más de las que teníamos al principio.
Desde entonces, he ido quitando todas las piedras verticales de la parte alta de los muros y poniendo en su lugar otras planas en horizontal. En momentos de prisas y estrés, cuando buscaba piedras para terminar algo que tenía a medias, miraba con fastidio las que había allí puestas en balde, tan anchas y regulares, hasta que, poco a poco, todos esos tesoros en lo alto del muro desaparecieron. Ahora las clemátides y las rosas trepan hasta traspasarlo para que el mundo exterior también pueda deleitarse con las flores. Las plantas de roca, o sus descendientes, ya crecen entre los resquicios. Si las hundo entre las grietas que lo permiten, puedo dar vida al muro antes de que las plantas salgan retozando por el borde de abajo. Así, largas cascadas de color blanco, lila, amarillo y rosa impiden que el muro luzca frío y desnudo a comienzos de la primavera.
Una vez derribados todos los pequeños muros y obstáculos para poder conformar una visión del lugar sin ellos, la siguiente labor fue despejar el patio situado frente a las dependencias, entre la casa y el huerto. La tarea habría asustado a cualquiera, pero no a Walter. Cualquiera con unas mínimas nociones agrícolas puede imaginar los montones de hierro y basura que se habían acumulado con los años. Las dependencias que habíamos comprado, así como el patio y el huerto, pertenecían a un pequeño granjero que criaba pollos, por lo que además del legado agrícola, nos había dejado las reliquias de los animales. Para rizar el rizo, también había camastros viejos, estufas de petróleo oxidadas, corsés antiguos, ollas, sartenes, latas, porcelana, botellas, jarras de vidrio y algunos pedruscos que tal vez, en algún momento, se usaron para moler grano.
En mitad de toda aquella desolación, encendimos una hoguera que estuvo ardiendo varias semanas, hasta que un día Walter decretó que había llegado el momento de allanar el terreno para construir un camino hasta la antigua maltería, que hacía las veces de garaje. Se me indicó que debía encontrar otro sitio para quemar las carretilladas de barro y maleza que recogía a diario. Recuerdo haber discutido, sin ningún resultado, para que la hoguera siguiera ardiendo mientras acometíamos el resto del patio. Ahora creo que Walter estuvo acertado al mostrarse tan firme. La única manera de avanzar en esta clase de tareas es abordarlas con una determinación despiadada.
En aquellos años no había servicio de recogida de basuras, lo cual, sin duda, era el motivo de aquella horrible colección de enseres que encontramos. Recogimos los más pequeños (porcelana, frascos de vidrio, latas…) con carretillas y Walter, para ganar tiempo, cavó varios agujeros y enterró allí los desechos. Con el paso del tiempo, a medida que he ido removiendo la tierra para el cultivo, me he topado con varios de esos escondites, y he llegado a la conclusión de que las prisas siempre son malas compañeras. Por suerte, ahora tenemos un servicio de recogida regular y todos esos recuerdos espeluznantes que fueron surgiendo han desaparecido para siempre.
Entre el patio y el huerto había dos muros, y Walter pensó que podíamos aprovecharlos para hacer sendas rocallas que quedarían bastante bonitas, y así darle un toque colorido e interesante al patio. Solo después de haber aceptado la propuesta con entusiasmo me di cuenta de que, en realidad, quería deshacerse de la chatarra más grande que no podíamos enterrar. Así, todas las viejas estufas de petróleo, armazones de camas, trozos de hierro y rollos de tela metálica se distribuyeron aquí y allá, contra los diversos muros, y yo tuve que hacerme cargo del resto de la tarea.
Por suerte, en esa época teníamos a un jardinero trabajando con nosotros, y entre los dos cubrimos todo aquello con tierra y rebuscamos entre los montones de piedras para elegir las más bonitas. Ninguno de los dos habíamos hecho nunca nada semejante, pero lo cierto es que construimos dos jardines que nos parecieron muy bonitos.
Después de todo ese periplo, empezaron a llegar las visitas. Una de ellas era una experta jardinera que no pasó de la primera rocalla. Pensé que estaba embargada por la emoción al contemplar nuestra destreza y esperé el merecido aplauso, pero luego descubrí que, de hecho, estaba reuniendo valor para decirme que todas esas piedras estaban colocadas en el ángulo equivocado. En lugar de inclinarse un poco hacia dentro para formar un bloque compacto capaz de retener la lluvia, mi rocalla estaba ladeada hacia fuera, de modo que el primer aguacero se llevaría toda la tierra y arrasaría con todo lo que quedara.
Las piedras siguieron ahí varios meses, como un monumento a mi ignorancia, pero un afortunado día nos visitó un primo con un gran talento para la jardinería, y recompuso los jardines. Pese a la clara pendiente en descenso hasta la puerta, colocó las piedras para que produjeran un efecto de estratos nivelados y salientes, algo que yo ni siquiera podría haber soñado y nunca he dejado de admirar. Desde la casa, el efecto es un suntuoso despliegue de plantas de roca que crecen entre un muro uniforme.
Al principio, tenía muy pocas de esas plantas, y las que tenía eran muy pequeñas, así que la primera temporada logré una sucesión de efectos coloridos gracias a las plantas anuales. No sé si fue porque el suelo era idóneo o porque, como principiante, seguí las instrucciones al pie de la letra, o quizá fue la suerte, el caso es que nunca he vuelto a tener unos Phlox drummondii, bocas de dragón enanas, resedas, zinnias, clarkias o godetias tan superlativas, por mencionar solo unas cuantas.
Por una sola vez, logré un despliegue floral que parecía una foto de las que vienen en los paquetes de semillas, y pensé que todo sería muy fácil. Como no soy una jardinera ortodoxa, nunca me he limitado a poner plantas de roca en este tipo de jardines, aunque son las que más abundan. Prefiero darle un aspecto un poco más generoso a la rocalla, de modo que también hay hisopos, ceratos, pies de Cristo, campanitas y unos arbustos enanos para dar cuerpo al conjunto; contra el muro crecen verónicas, coronillas, salvia de Graham, salvia de otoño y fabianas.
Walter tuvo la idea de poner unas piedras planas delante de las rocallas, pues pensó que quedarían mejor que llenarlo todo de gravilla hasta las primeras piedras. Al principio solo eran piedras planas, pero pronto empecé a plantar entremedias, y probé con unas margaritas Dresden China que me habían regalado. Estas pequeñas flores enseguida adquirieron un aspecto esplendoroso, puesto que sus raíces se beneficiaron del espacio entre las piedras, y creo que también debieron encontrar muy nutritiva esa tierra sobre la que antes corrían los pollos. Así, crecieron tan rápido que enseguida empezaron a cubrir todos los resquicios, y en primavera, cuando estaban en plena floración, la estampa era preciosa.
Walter...




