Fox | En busca del padre Alfons Roig Izquierdo | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 476 Seiten

Fox En busca del padre Alfons Roig Izquierdo


1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-685-7368-7
Verlag: Editorial Bubok Publishing
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

E-Book, Spanisch, 476 Seiten

ISBN: 978-84-685-7368-7
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En busca del padre Alfons Roig Izquierdo no es una biografía convencional. Es un libro de memorias, un esfuerzo personal por comprender, capturar y conmemorar la esencia de alguien que nació en circunstancias humildes, se preparó para una carrera modesta como párroco y terminó siendo una figura significativa como pedagogo, defensor del arte moderno y confidant de un número sorprendente de artistas, poetas y escritores tanto españoles como europeos, así como un padre espiritual para, entre otros, el autor de este libro. Su defensa del arte moderno le valió una reputación de revolucionario dentro de la jerarquía eclesiástica, y parece la razón por la que fue relevado de su cargo de párroco y, sin ser expulsado formalmente, privado de toda posibilidad de ejercer un papel formal dentro de la Iglesia. La época que vivió Roig fue sin duda una de las más turbulentas de la historia del país. Revolucionario en su forma de pensar y simpatizante de la Segunda República, durante la Guerra Civil se vio obligado a refugiarse en la zona rebelde para salvar su vida, escapando del destino de muchos sacerdotes que fueron asesinados durante aquel terrible período. El padre Alfons Roig (1903-1987) debe ser considerado una de las figuras más destacadas de la historia cultural y pedagógica del siglo XX en España y - más allá de las fronteras del país- en Europa Occidental.

Jeremy Fox es autor de las novelas The Chocolate Man (1995) y Conquest (2021). Traductor que maneja fluidamente, además de su inglés nativo, el español, el portugués y el francés; su carrera en las letras incluye la dramaturgia y la escritura por encargo. Fox también ha sido editor de revistas y libros, periodista, profesor universitario, director artístico de una compañía de teatro, funcionario del British Council y consultor de gestión. El autor de En busca del padre Alfons Roig Izquierdo se educó en las universidades de Oxford y Londres y en la Escuela de Administración de Cranfield. En su hoja de vida constan sus títulos en Idiomas Modernos, Estudios Latinoamericanos (Historia e Historia Económica) y Negocios.
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CAPÍTULO 1

En Primer Lugar

Introducción

Para la mayoría de los europeos que, como Alfons, nacieron en las primeras décadas del siglo XX, la experiencia más significativa de su vida fue indudablemente la Segunda Guerra Mundial. Los españoles son una excepción. Aún se puede decir sin exageración que aquel episodio tan terrible de la historia del continente, en que murieron millones de personas, pasó casi desapercibido para la mayoría de la población civil española.

Al estallar aquel conflicto, España ya había sufrido su propia guerra, más corta y menos extensa pero igual de salvaje, no por el número de muertos sino porque era una guerra de familia, un conflicto de autolesiones y de fratricidas cuyas cicatrices han sido duraderas, heredadas de padres a hijos a través de múltiples generaciones. Sostener que hoy, en España, la Guerra Civil sigue a flor de piel es simplemente lo normal. El momento en el que escribo estas palabras coincide con una fuerte discusión, tanto en los medios de comunicación como en los bares y cafés, sobre el lugar de descanso final más apropiado para los restos del General Franco. Y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), formada al comienzo del presente milenio, continúa aún su labor para descubrir el paradero de las personas asesinadas o forzosamente desaparecidas entre 1936 y la muerte de Franco en 1975.4

Al comienzo de la Guerra Civil, Alfons tenía 23 años: su inteligencia, conciencia política y sensibilidad religiosa y cultural ya estaban despiertas e indudablemente activas. ¿En qué mundo había nacido y crecido?

Era un mundo complicado, de grandes contradicciones, conservador en cuanto a su estructura social y religiosa, de gran fomento creativo en el área cultural, y políticamente fluido y algo caótico.

Alfons había nacido en 1903 en Bétera, un pueblo mediano de la Comunidad de Valencia, en el seno de una familia de escasos recursos económicos y, según me contó en un raro momento de autorevelación, fue la Iglesia la que le brindó la oportunidad de seguir su educación más allá de la escuela primaria. En ese sentido, si no en otros, creo que sintió gratitud y respeto por la Iglesia, que él consideraba su alma mater. Que tenía también fuertes discrepancias con ella es innegable, tal y como veremos en las páginas que siguen.

En 1903 el país había ya entrado en un período de turbulencia e inestabilidad que, de una forma u otra afectaría a la población entera, y que duraría hasta más allá de la muerte de Francisco Franco en 1975.5 En el curso de su vida fue testigo de cambios radicales tanto de gobierno como de régimen; nació en un país monárquico y murió en una democracia, pero en el intermedio vivió bajo un par de dictaduras, y sobrevivió a un conflicto sangriento en el que el hecho de ser sacerdote podía ser, y para muchos fue, mortal. Junto con sus compatriotas, conoció muy de cerca la crueldad, el fanatismo y el exilio tanto físico (sobre todo a través de amigos suyos del mundo artístico) como psicológico en una España en la que las autoridades eclesiásticas y políticas coincidían en vetar libertades y, ya fuera por medio del confesionario o por la práctica de la tortura, incluso la libertad de pensamiento.

Tanto intelectual como espiritualmente España difiere en gran medida de sus vecinos europeos. Es dudoso que exista otro país en el mundo - ni siquiera Italia - cuya trayectoria existencial a través de los siglos haya estado tan entrelazada con la iglesia católica y con la fe. Desde la Reconquista hasta por lo menos la última década del siglo XIX, la religiosidad de España fue prácticamente el único renglón cultural incuestionable. Disturbios políticos, luchas internas por el poder, conquistas y derrotas colonialistas, regionalismos cismáticos, polémicas filosóficas y literarias - todos tuvieron lugar contra un telón de fondo católico. Desgarros en ese telón - perceptibles durante la Primera República (1873 -74) aunque rápidamente remendados - volvieron a manifestarse de manera difícilmente reparable en la estela de la Guerra hispano-estadounidense de 1898 que acabó en la pérdida de las últimas colonias españolas de las Américas: Cuba y Puerto Rico, así como las del Pacífico: Filipinas y las Islas Mariana y Carolina. Hasta la fecha, escritores e historiadores españoles, incluidos algunos de los más prestigiosos, se refieren a esas pérdidas como un desastre, una tragedia, una profunda herida psicológica en el orgullo nacional. Conceptos anticolonialistas se escuchan rara vez en España. Es un tema que volveremos a visitar más adelante.

Sin embargo, la derrota militar, con sus consecuencias territoriales, coincidió - es dudoso que haya sido pura coincidencia - con una tremenda explosión de creatividad intelectual y cultural y, al mismo tiempo, con un profundo cuestionamiento del status quo político y religioso. Lo que hoy llamaríamos «el sistema» (sin pensar tal vez en los múltiples significados posibles del término) dejó de repente de ser intocable.

Al mismo tiempo, y a un nivel tal vez menos intelectualmente elevado, hubo gran desilusión entre las clases más humildes por el grado de explotación y privación que prevalecía tanto en el área industrial como en el campo. Reinaba en el país en aquel entonces un nivel extremo de desigualdad.

En un mundo desigual

Y peor aun: de pobreza. Al comenzar el siglo XX, la mitad de la población adulta del país era analfabeta y sólo una minoría - tal vez un veinte por ciento - leía periódicos, votaba en elecciones, era dueño de al menos una propiedad u ocupaba posiciones administrativas en los gobiernos nacionales y regionales. Las clases trabajadora y campesina apenas participaban en la vida formal de la nación: se interesaban poco por la política y esperaban poco de los políticos. En general su vida giraba alrededor de la Iglesia (quizás algunas veces a regañadientes), del trabajo (si es que lo tenían) y de la supervivencia económica.

España era un país de dos naciones distintas: una - la más reducida numéricamente - próspera, acostumbrada a mandar, religiosa (pero prácticamente desprovista de conciencia social) y dedicada al mantenimiento de su posición de superioridad económica; y la otra, que consistía en una mayoría lumpen, limitada en cuanto a sus perspectivas económicas, viviendo a merced de los dueños de las fábricas y, en el campo, de los grandes terratenientes. Entre estas dos «naciones» había una franja fronteriza habitada por pequeños tenderos y artesanos. generalmente conservadores, contentos con su estatus socioeconómico por modesto que fuera y reacios a aceptar cualquier cambio por miedo a perder lo poco que tenían.

El grado de pobreza y hasta de miseria en el campo llegaba, en algunas regiones, a niveles que hoy solemos asociar con zonas de desastre en el Tercer Mundo. En 1934, el Vizconde de Eza, un experto en agricultura, declaró que más de 150.000 familias carecían de las necesidades básicas de la vida y, cuando pidió a un grupo de campesinos sugerencias para resolver los problemas del desempleo y la miseria, respondieron: «¡Que maten a la mitad de nosotros!»6

En las ciudades, sobre todo las de Andalucía, Castilla, Extremadura y Aragón, proliferaban mendigos, algo que llamaba mucho la atención de observadores extranjeros. El británico Peter Chalmers Mitchell (1864 - 1945), que vivió varios años en Málaga, aseveró que «los mendigos pululaban en las calles y para entrar en la catedral era preciso forjar un camino por medio de una masa de incapacitados».7 George Orwell, que participó en la Guerra Civil, se refiere a «la escuálida miseria» de los pueblos aragoneses. Y le sorprendió especialmente el bajo nivel educativo de los andaluces, que «no sabían lo que todo el mundo sabe en España: a qué...



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