E-Book, Spanisch, 312 Seiten
Reihe: 100XUNO
Francisco / Wolton Política y sociedad
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-9055-854-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Conversaciones con Dominique Wolton
E-Book, Spanisch, 312 Seiten
Reihe: 100XUNO
ISBN: 978-84-9055-854-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Jorge Mario Bergoglio (Buenos Aires, 1936) es el primer papa jesuita y latinoamericano de la historia de la Iglesia. Hijo de emigrantes piamonteses, tras diplomarse como técnico químico, entra en el seminario diocesano para pasar al poco tiempo al noviciado de la Compañía de Jesús. En 1969 recibe la ordenación sacerdotal y sigue su preparación en la Compañía de 1970 a 1971 en Alcalá de Henares. En 1973 emite la profesión perpetua y al poco tiempo es elgido provincial de los jesuitas en Argentina Tras diversas tareas pastorales y educativas, en 1992 Juan Pablo II le nombra obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires y en junio de 1997 es promovido como arzobispo coadjutor, de modo que, a la muerte del cardenal Quarracino, le sucede en febrero de 1998 como arzobispo, primado de Argentina. Tres años después, en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, Juan Pablo II le crea cardenal. En estos años su figura se hace cada vez más popular en América Latina, convirtiéndose en el principal artífice de la Conferencia de Aparecida de 2007. Es elegido papa con el nombre de Francisco el 13 de marzo de 2013.
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Introducción
«NO ES FÁCIL, NO ES FÁCIL...»
El proyecto
Hay destinos individuales que se encuentran con la Historia. Este es el caso del papa Francisco que, procedente de América Latina, aporta otra identidad a la Iglesia católica. Su personalidad, su trayectoria, sus actos interpelan a una época dominada por la economía, aunque también por la búsqueda de sentido, de autenticidad y, con frecuencia, de valores espirituales. Este encuentro entre un hombre y una historia es el que se muestra en el corazón de nuestras conversaciones, conversaciones entre un hombre de Iglesia y un intelectual francés, laico, especialista en el campo de la comunicación, y que trabaja desde hace muchos años en la mundialización, la diversidad y la alteridad.
¿Por qué un diálogo? Porque permite una apertura al otro, una argumentación, y la presencia del lector. El diálogo proporciona su sentido a la comunicación humana más allá del rendimiento (performance) y de los límites de las técnicas.
La perspectiva que hemos elegido para este libro se proyecta sobre una de las cuestiones recurrentes de la historia de la Iglesia: ¿cuál es la naturaleza de su compromiso social y político? ¿En qué difiere de la naturaleza de un actor político? Estas cuestiones se plantean cada vez que la lectura del Evangelio, la relectura de los Padres de la Iglesia o de las encíclicas favorecen un compromiso crítico y una acción orientada a los pobres, a los dominados, a los excluidos... Aquellos que se han levantado durante siglos para denunciar las injusticias y las desigualdades han establecido con frecuencia un vínculo directo entre el mensaje político y la espiritualidad. El debate —y los conflictos— sobre la teología de la liberación constituye uno de sus últimos grandes ejemplos. ¿Cómo pensar la dimensión espiritual y distinguirla de la acción política de la Iglesia? ¿Hasta dónde se puede llegar y hasta dónde no? La idea que nos mueve es favorecer una reflexión sobre lo que une y lo que separa espiritualidad y acción política. Esta reflexión es algo que se impone, sobre todo en un momento en el que estamos constatando un retorno de la búsqueda espiritual y en el que, al mismo tiempo, con la mundialización de la información, se vuelven más visibles las desigualdades, algo que trae consigo la urgencia de los compromisos, aunque, en ocasiones, también la simplificación de los argumentos y, a menudo, la voluntad de reducirlo todo a un enfoque político. ¿Cómo se puede evitar que se intente limitar, en nombre de la «modernidad», el compromiso crítico de la Iglesia al de un actor político mundial, primo hermano de la ONU? Los jesuitas, en virtud de su historia, y América Latina, por lo que se refiere a la del papa, constituyen ejemplos palpables de este debate, de la necesidad y de la dificultad que supone preservar una distinción entre estas dos lógicas.
El encuentro
No es posible dominar un encuentro, es un tipo de realidad que se impone. En este caso fue un encuentro libre, no conformista, confiado, lleno de humor. En medio de una simpatía mutua. Al papa se le nota presente, a la escucha, modesto, se advierte en él el peso de la Historia, sin hacerse ilusiones por lo que respecta a los hombres. Me reúno con él al margen de todo marco institucional, en su casa, pero esa ausencia de protocolo no explica todo lo que se refiere a su capacidad de escucha, a su libertad y a su disponibilidad. Recurre poquísimo a las evasivas o al lenguaje estereotipado.
A veces siento vértigo cuando pienso en las aplastantes responsabilidades que recaen sobre sus hombros. ¿Cómo puede decidir y pensar, en medio de tantas presiones y cuestiones apremiantes, y escuchar y actuar, no ya solo en los asuntos que atañen a la Iglesia, sino también en lo relacionado con otra gran cantidad de asuntos relativos al mundo? ¿Cómo se las arregla? Sí, este papa tal vez sea, realmente, el primer papa de la mundialización, a caballo entre América Latina y Europa. Un papa a la vez humano, modesto y, al mismo tiempo, dotado de una gran determinación, con sus dos pies puestos en la Historia. Su rol no tiene nada que ver con el de los grandes dirigentes políticos del mundo y, sin embargo, tiene que confrontarse con ellos constantemente.
La frase tal vez más intensa que ha dicho, de una manera natural, a lo largo de nuestras conversaciones es: «Nada me asusta». Y al mismo tiempo está esta otra frase que pronunció despacio con la puerta entreabierta, al despedirse de mí una tarde, y que nunca olvidaré, por lo mucho que simboliza su humanidad, su apostolado: «No es fácil, no es fácil...». ¿Qué se puede decir más allá de semejante modestia, solicitud, lucidez e inteligencia?
La dificultad consistía en encontrar el nivel posible de este diálogo, un diálogo que incluía, a la vez, tantas diferencias entre nosotros y al mismo tiempo la voluntad de intentar comprendernos, de «derribar los muros» y admitir las incomunicaciones. «No es fácil» hacer hablar a alguien que se expresa ya mucho, muy bien, y con una gran sencillez, y tanto más porque el discurso religioso siempre tiene respuesta para todo, y porque ya está dicho todo... Evitar las repeticiones con respecto a lo que ya conocemos de sus intervenciones, tomar una cierta distancia con respecto al vocabulario religioso y oficial. Buscar la verdad, asumir la incomunicación inevitable cuando esta surgía. Nos hemos quedado más en el ámbito de la historia, de la política, de los hombres, que en el de las dimensiones espirituales.
Por lo demás, este diálogo entre el religioso y el laico podría continuar de una manera indefinida, permaneciendo tan rico en sus convergencias como en sus diferencias. Yo no era un valedor ni tampoco un crítico, era simplemente un científico, un hombre de buena fe que intentaba dialogar con una de las personalidades intelectuales y religiosas más excepcionales del mundo. Esta libertad, que sentí a lo largo de las conversaciones, es profundamente la suya. Él no es ni una persona convencional ni conformista. Además, basta con ver cómo vivía, hablaba y actuaba en Argentina y en América Latina para que nos demos cuenta de ello. Hay una diferencia radical respecto a Europa.
Desde el punto de vista empírico, he empleado el mismo procedimiento, sin darme cuenta, que el que empleé para dialogar con el filósofo Raymond Aron (1981), con el cardenal Jean-Marie Lustiger (1987) y con el presidente de la Comunidad Europea Jacques Delors (1994). La filosofía, la religión, la política. Tres dimensiones que, a fin de cuentas, se encuentran también aquí. Una posición que, a no dudar, ilustra del mejor modo posible la postura del investigador, una especie de portavoz de este ciudadano universal, invisible, pero indispensable para la reflexión sobre la historia y el mundo. Hablar, dialogar, a fin de reducir las distancias infranqueables y permitir un poco de intercomprensión. Paradójicamente, nos hemos encontrado a menudo en el terreno de una filosofía común de la comunicación. Dar prioridad al hombre sobre la técnica. Aceptar la incomunicación, favorecer el diálogo, destecnificar la comunicación para volver a encontrar los valores humanistas. Aceptar que la comunicación sea al menos tanto una negociación y una cohabitación como un compartir. La comunicación como una actividad política de diplomacia.
Los grandes temas
Nuestras conversaciones se escalonaron a lo largo de doce encuentros, que van desde febrero de 2016 a febrero de 2017. Algo, a fin de cuentas, considerable con respecto a los usos y costumbres del Vaticano. Y tanto más por el hecho de que no se había decidido nada previamente. Con frecuencia, las conversaciones desbordaban el marco estricto del libro y no se encuentra todo directamente en el texto, pero eso explica en buena parte el tono, la atmósfera y la libertad de nuestras conversaciones. El papa ha leído, evidentemente, el manuscrito y nos hemos puesto fácilmente de acuerdo.
Los temas abordados acometen las cuestiones políticas, culturales, religiosas que aparecen por todas partes con su carga de violencia: la paz y la guerra; la Iglesia en la mundialización y frente a la diversidad cultural; las religiones y la política; los fundamentalismos y la laicidad; las relaciones entre cultura y comunicación; Europa como territorio de cohabitación cultural; las relaciones entre tradición y modernidad; el diálogo interreligioso; el estatuto del individuo, de la familia, de las costumbres y de la sociedad; las perspectivas universalistas; el rol de los cristianos en un mundo laico marcado por el retorno de las religiones; la incomunicación y la singularidad del discurso religioso.
Estos temas han sido reagrupados en ocho capítulos. En cada uno de ellos he completado nuestras conversaciones con fragmentos extraídos de dieciséis grandes discursos del papa Francisco desde su elección el 13 de marzo de 2013. Estos discursos, pronunciados por todo el mundo, ilustran nuestros diálogos. Están reagrupados de dos en dos en cada capítulo.
En cambio, forma parte de un propósito voluntario el omitir aquí toda referencia a los conflictos políticos e institucionales que existen en el seno de la Iglesia. Además del hecho de que hay gente más competente que yo en estos asuntos y de que ya existe una amplia información al respecto, es algo que no correspondía a lo que a mí me interesaba, a saber: cuál es el sitio de la Iglesia en el mundo y en la política, a partir de la experiencia y del análisis del primer papa jesuita y no europeo de la Iglesia católica.
¿Una hipótesis que pudiera explicar su modo de ser? Desde...




