E-Book, Spanisch, Band 14, 264 Seiten
Frenz El libro de los animales misteriosos
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-16280-05-6
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 14, 264 Seiten
Reihe: Las Tres Edades / Nos Gusta Saber
ISBN: 978-84-16280-05-6
Verlag: Siruela
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Lothar Frenz (1964) estudió Biología en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, donde también realizó un curso de posgrado de Periodismo. Desde 1991 trabaja como periodista independiente. Es redactor de la revista Geo, en la que escribe con regularidad, y es autor de numerosos guiones para Löwenzahn, una serie cultural infantil de la televisión alemana.
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«Pero nos dedicamos a seguir soñando a contracorriente, y nuestros sueños se desvanecen casi con la misma rapidez con la que los evocamos».
John Irving,
Debido a sus abstrusas teorías, todo el mundo se había burlado del científico que buscaba con ahínco «un eslabón entre los dinosaurios y los mamíferos». Sus adversarios científicos lo denigraron y difundieron que ese tipo de animal había «surgido de la fantasía calenturienta de un catedrático digno de lástima». Al final, el acoso llegó tan lejos que el científico, agotado, emigró y se retiró con sus ayudantes a una isla remota para poder investigar al fin sin ser molestado. Allí el catedrático Habakuk Tibatong encontró al animal que creía extinguido desde hacía millones de años: era Urmel.
Algo parecido le sucedió a otro erudito: el catedrático Challenger informó a la Real Sociedad Zoológica británica que en una expedición a las montañas sudamericanas más remotas había descubierto pterodáctilos –pterosaurios supervivientes–. Pero esos eminentes caballeros se negaron a creerle, pues aquello se les antojaba sencillamente imposible. Entonces Challenger mandó traer un enorme cajón, lo abrió... y uno de los pterosaurios de tiempos inmemoriales se elevó en el aire con sus tres metros de envergadura y huyó por una ventana abierta.
El bebé dinosaurio Urmel del libro infantil de Max Kruse , conocida estrella del teatro de marionetas de la Augsburger Puppenkiste, y las criaturas de , la novela de aventuras de sir Arthur Conan Doyle, redescubiertas aunque se las creía extinguidas, han atraído y fascinado, no sin razón, a generaciones de lectores: son mensajeros imaginarios de un mundo en el que aún acontecen los milagros, en el que se hace realidad lo imposible porque alguien cree firmemente en ello. Pero ¿de verdad esos milagros son puramente imaginarios?
Hoy el mundo parece descifrado. Los satélites examinan cada metro cuadrado de la Tierra, los submarinos se sumergen hasta las simas más profundas del océano, los mares del mundo son medidos con radares y sonar. Los misterios que quedan están «en algún lugar, ahí fuera», en el universo, que aún no podemos visitar. El tiempo de las grandes sorpresas en el reino animal parece cosa del pasado. ¿Dónde se puede hollar todavía una tierra virgen desde el punto de vista zoológico?
En 1819, el famoso naturalista francés Georges Cuvier declaró: «Hay pocas esperanzas de que en el futuro descubramos importantes especies de mamíferos nuevas». Pero el fundador de la moderna paleontología y anatomía comparada se equivocó: solo en vida de Cuvier se descubrieron animales tan grandes y sensacionales como el rinoceronte blanco y el tapir de la India, el tití y el koala, el ornitorrinco y el equidna. Más tarde siguieron el okapi y el jabalí gigante de la selva, el gorila de montaña y el pavo real del Congo, el dragón de Komodo y el celacanto, un pez de la época de los dinosaurios que se creía extinguido desde hace 65 millones de años. La época de la admiración y el asombro todavía no ha transcurrido ni mucho menos. Es más, la mayoría de los descubrimientos siguen pendientes, aunque sean de menor alcance. Hasta hoy la ciencia ha descrito alrededor de 1.750.000 especies animales y vegetales, más de la mitad de las cuales son insectos. No obstante, algunos científicos dan por sentado que podrían existir 15 o incluso 30 millones de especies desconocidas de esos animales hormigueantes de seis patas.
La Taxonomía aún no se ha detenido. Los investigadores descubren continuamente nuevas especies, y no solo insectos, sino animales realmente grandes, espectaculares. Así, por ejemplo, solo en los últimos años se han descubierto varios monos y cetáceos, el tiburón boquiancho y otro celacántido más. Vietnam se ha convertido en un auténtico «vivero» de nuevas especies: allí se han descubierto recientemente varios ungulados desconocidos por completo hasta la fecha, y no cabe descartar nuevas sorpresas.
La mayoría de estas «nuevas» especies demuestran que también los animales grandes permanecen ocultos durante largo tiempo, a pesar de ser conocidos de sobra por la población nativa. Sin embargo, ¿qué científico «serio» presta oídos a los cuentos de los nativos? ¿O a las historias de dragones gigantes, como las que referían reiteradamente los pescadores y buscadores de perlas de las islas orientales de la Sonda a comienzos del siglo XX? Allí, en algunas pequeñas islas, relataban, vivían monstruos que ellos denominaban (cocodrilo terrestre) y que perseguían a los cerdos, a los ciervos y a las personas. John Speke, el descubridor de las fuentes del Nilo, también escuchó en el año 1860 de labios de Rumanika, el rey de Ruanda, historias espeluznantes e increíbles: el monarca hablaba de monos gigantescos y monstruosos que habitaban en las montañas Virunga, raptaban a las mujeres de los nativos y, llevados por su excitación lúbrica, las magullaban hasta la muerte.
Un «dragón» de carne y hueso: el varano de Komodo.
Aurora /Bilderberg
Tras todos y cada uno de estos informes se escondía una nueva especie animal: el primer «cocodrilo terrestre» llegó en 1912 a los dominios de la ciencia y se lo denominó . En 1901 el belga Oscar von Beringe demostró la existencia del «mono monstruoso» tras disparar a algunos ejemplares. Hoy los «monstruos raptores de mujeres» reciben un sobrenombre diferente, concretamente el de , los gorilas de montaña. A lo largo de la historia de la zoología, los monstruos que provocaban horror y las bestias peligrosas han resultado ser especies mal conocidas que, debido a las interpretaciones erróneas, el escaso conocimiento y las exageraciones deliberadas, fueron deformadas hasta convertirlas en criaturas horribles y misteriosas.
Estos hallazgos alientan la esperanza de todos aquellos que sueñan con especies animales que, según la opinión zoológica imperante, ya no existen. Esas especies, opinan, disponían de suficientes refugios, pues lo que sucede realmente bajo el techo de hojas de las selvas tropicales o en las profundidades oceánicas sigue permaneciendo hoy oculto en su mayor parte incluso a las más modernas técnicas de rastreo.
El zoólogo belga Bernard Heuvelmans ha confeccionado una lista sistemática1 con los indicios de más de cien de esas especies animales que parecen fabulosas y fantásticas, pero que en cualquier caso son desconocidas o al menos discutidas: indicios de hombres mono de todas las regiones del mundo –desde el orang-pendek de Sumatra, el yeti del Himalaya, el almas del Cáucaso hasta el bigfoot norteamericano–; de animales exterminados de tiempos históricos, como la vaca marina de Steller, los moas o el lobo tilacino; de especies prehistóricas, dinosaurios, mamuts o perezosos gigantes supervivientes; de especies por entero desconocidas, como el bunyip australiano o el oso nandi de Kenia.
Heuvelmans se convirtió así en el «padre de la criptozoología» o ciencia de los animales ocultos. Los criptozoólogos se toman en serio las leyendas y relatos sobre criaturas misteriosas, recogen huellas, huesos, pieles, excrementos, dientes y restos similares, con la esperanza de poder demostrar algún día la existencia de estos «seres que casi no existen». En su opinión, las narraciones de los indígenas y los testimonios oculares proporcionan valiosos datos sobre las criaturas escondidas hasta ahora.
Los criptozoólogos también se ocupan de Nessie, ese monstruo de las Tierras Altas escocesas que vive en el agua. Algunos opinan que la criatura del lago Ness es un plesiosaurio superviviente desde tiempos inmemoriales. Pero ¿cómo podría vivir y encontrar alimento suficiente en un lago de apenas 40 kilómetros de longitud toda una población de saurios acuáticos, pues un único ejemplar difícilmente habría resistido millones de años? Parece como si las peculiares ondulaciones en el lago Ness simulasen una y otra vez desde hace siglos la existencia de esos seres monstruosos –así lo postula al menos otra explicación del fenómeno «Nessie».
Los seres humanos siempre han visto cosas inquietantes y desconocidas, y siempre han intentado interpretar esos fenómenos con ayuda de su experiencia y de sus mitos –unos intentos de explicación que dejan traslucir asimismo el espíritu de la época correspondiente–. Si antes se veían dragones, dragones sin alas o gusanos con patas, hoy se avistan –con claridad meridiana– dinosaurios supervivientes. Si durante los siglos pasados eran faunos, sátiros, duendes o niños lobo los que habitaban los bosques y regiones montañosas remotas, hoy se tiende más bien a pensar que son hombres primitivos. Y donde las personas veían antaño ángeles o santos en los fenómenos luminosos misteriosos, el moderno ve «hombrecillos verdes», extraterrestres u ovnis.
Sin embargo, en opinión del escalador y aventurero Reinhold Messner, tras el misterioso yeti se esconde realmente un animal: el oso del Tíbet, que se convirtió para los nativos en modelo de un ser fabuloso, en una leyenda que juega un papel especial en los cultos de los pueblos del Himalaya. Pero solo en las mentes de Occidente se convirtió el yeti definitivamente en mito: en el «abominable hombre de las nieves», que varias expediciones han...




