G. Parente / M. Pascual | Ladrones de libertad | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 3, 638 Seiten

Reihe: Marabilia

G. Parente / M. Pascual Ladrones de libertad


1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-16858-50-7
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 3, 638 Seiten

Reihe: Marabilia

ISBN: 978-84-16858-50-7
Verlag: NOCTURNA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



La tripulación del Angeliqueestá orgullosa de ser lo que es: una tripulación de piratas. Su día a día consiste en navegar por los mares de Marabilia entre aventuras, asaltos a barcos y búsquedas de riquezas; en definitiva, los piratas del Angelique viven sin acatar leyes ni obedecer órdenes de nadie. Hasta que el rey Geraint de Dahes los captura y todo apunta a que eso se ha terminado. La pena por piratería es la muerte. A menos, claro, que alguien les proponga un trato que les permita salvarse... Uno que a su vez ofrezca la posibilidad de una venganza muy ansiada. Ante un tesoro tan valioso como la libertad, cualquier precio parece escaso.

Iria G. Parente (1993) y Selene M. Pascual (1989) son dos jóvenes autoras de Madrid y Vigo respectivamente. Entre sus libros destacan Sueños de piedra (Nocturna, 2015), Alianzas (La Galera, 2016), Títeres de la magia (Nocturna, 2016), Rojo y oro (Alfaguara, 2017), Encuentros (La Galera, 2017), Ladrones de libertad (Nocturna, 2017) y Antihéroes (Nocturna, 2018). Jaulas de seda (Nocturna, 2018) es su nueva novela, una historia independiente ambientada en el mundo de Marabilia.
G. Parente / M. Pascual Ladrones de libertad jetzt bestellen!

Weitere Infos & Material


Nadim

No es la primera vez que pienso que morir es un justo castigo después de tanto tiempo sin encontrarte.

Es la primera vez, sin embargo, que estoy tan cerca de conseguirlo.

Me pregunto si te encontraré entre los muertos. Me pregunto si estás allí, desde hace días, semanas o años, aguardando el momento de volver a verme para recriminarme actos del pasado o sólo para reírte de mí. Quizá, de hecho, no me esperes. Quizá la muerte haya sido piadosa contigo y ni siquiera me recuerdes. No creo que tenga la misma bondad guardada para mí: no me he ganado la suerte de olvidar, olvidarte, olvidarnos. Olvidarme.

Ojalá no te halle entre los muertos. Ojalá estés en este mundo, todavía rebosante de vida, provocando tormentas con tu presencia. Preferiría eso a encontrarte ahora, habiendo tomado la forma de la estrella que siempre fuiste, sabiendo que fui yo quien provocó que ocupases un lugar en el firmamento.

Sólo hay una cosa que lamento de morir: no voy a hacerlo solo.

Demasiadas personas van a caer conmigo. Y puede que no sean las más nobles, puede que hayan cometido pecados por los que, como yo, deben pagar. Han matado, han robado, han sido egoístas y traicioneros. Son piratas, ni más ni menos. Si se trata de justicia, sin duda ninguno de los que morirán conmigo merece salvación. Pero yo también soy egoísta y traicionero, y traicionaría a quien hiciera falta por ellos.

A mí no me importa morir aquí esta noche o en cuanto el alba asome. La vida es algo que desde hace tiempo parece vacío y pesado por la culpa y por tu recuerdo. Tu fantasma aparece demasiadas veces, y el tiempo tras de ti se extiende ya por años que no han dado resultados. Pero Collen es demasiado joven; Rick, demasiado fuerte; Tayeb, demasiado listo; Sabir, demasiado alegre; Harren, demasiado apacible; Owain, demasiado amable; Gavin, demasiado estoico, y Jared…

Bueno, a Jared ya lo conoces. Nunca podría definirlo con una palabra. ¿Qué palabra utilizarías tú? No es el mismo que conociste, por supuesto. Hace tiempo que dejó de serlo, como yo mismo. Como tú, supongo, estés donde estés. Todos hemos debido de cambiar. Ha sido mucho tiempo desde la última vez…

Creo que, pese a ello, tú conseguirías calmarlo. Harías que dejase de moverse por la celda como un animal enjaulado, dispuesto a saltar sobre cualquier presa que se acerque a los barrotes que nos mantienen presos. Sólo que nadie ha venido desde que nos lanzaron aquí dentro y eso ya fue hace demasiadas horas como para contarlas. Hay soldados al final del pasillo que cambian las guardias, pero no se acercan a nosotros ni cuando Jared les increpa ni cuando Rick intenta bromear con ellos ni cuando Sabir les hace insinuaciones sobre erguir sus lanzas. Se mantienen callados, impasibles, en un silencio que no hace más que frustrar a nuestro capitán. Sus paseos por nuestra celda —compartida, demasiado pequeña para ambos— no cesan. Apenas lo veo con la poca luz que hay en el pasillo de los calabozos. Sólo oigo las conversaciones de mis compañeros en otras celdas, hablando en susurros que me cuesta desentrañar. Creo que reconozco el sonido de algún beso e imagino que así es como intentarán llenar las últimas horas Collen y Rick. Por un momento me los imagino colgando de la horca, e incluso entonces tienen los dedos entrelazados. Ocuparán lugares muy juntos entre las estrellas, no me cabe duda.

Si tú estás allí arriba, seguro que hasta alcanzándote estaremos a años de distancia, como miembros de constelaciones contrarias. Puede que pasemos a formar parte de los Gemelos, cada uno completando un cuerpo diferente.

El enésimo intento de Jared por echar la puerta abajo, con un grito de frustración, me obliga a volver a la oscuridad de la celda, sin noche ni astros. Nuestro capitán sacude los barrotes, aferrado a ellos como si sus manos pudieran fundir el metal.

—Sabes que no vas a conseguir nada, ¿verdad?

Mi voz es extraña y me rasga la garganta. Suena ronca, estrangulada. No tanto como llegará a estarlo en cuanto el sol aparezca, claro. Vuelvo a tragar saliva porque siento la boca seca. Quizá no pretendan matarnos en una plaza para dar alguna lección al pueblo; puede que ni siquiera nos consideren tan importantes y por eso nos dejarán aquí abandonados, muriendo por inanición.

Jared se gira hacia mí, con la mirada enfurecida que suele gobernar sus ojos cuando las cosas no salen como quiere. En eso no ha cambiado tanto desde que tú lo conociste. Ya por aquel entonces tenía mal genio.

—En algún momento alguien tendrá que venir a sacarnos de aquí.

Me acomodo en el suelo húmedo de la celda, echo la cabeza hacia atrás y cierro los ojos. O uno de ellos, en realidad; el otro ni siquiera consigo abrirlo después de un puñetazo demasiado certero.

—Sí, alguien vendrá. Para llevarnos al cadalso. No sabía que tú también tuvieras tantas ganas…

Un resoplido.

—Vengan a lo que vengan esos cabrones, usaremos el momento para escapar.

—Por supuesto. Con nuestras incontables armas…, que nos han quitado.

—Todavía tenemos los puños.

—Cogidos por grilletes.

—Pues les ahogaremos con ellos.

La resolución de Jared y su gran imaginación tampoco han cambiado, ya lo sabes.

—Sin duda serán lo bastante estúpidos para venir de uno en uno y permitirnos movernos tan rápido.

—Sin duda no saldremos vivos de aquí si es por tu colaboración, Nadim.

—Ah, el realismo, siempre tan injustamente desprestigiado…

Nuestra conversación se pierde con el murmullo de unos pasos acercándose. Creo que son varias las personas que vienen. Hay un revuelo en las celdas contiguas, cuchicheos entre mis compañeros. También hay voces ajenas que retumban entre las paredes de piedra.

Supongo que ha llegado el momento. Para mí, resignado, de dejar que suceda lo inevitable. Para Jared, siempre más enérgico, de plantar cara. Lo veo retroceder, alejarse de la puerta, y sé que sólo se está preparando para tomar impulso. Lo conozco lo suficiente para saber que piensa echarse sobre la primera persona que intente sacarnos de aquí.

—¡Vaya, vaya, si parece que tenemos visita! —Es la voz de Rick la que suena. Se encuentra en la celda de enfrente, por lo que puedo ver sus brazos salir entre los barrotes—. ¡Y nosotros en estas pésimas condiciones, sin nada para servir a unos dignos invitados! Bueno, tenemos ratas muertas. Pueden no parecer muy apetecibles, pero, oh, con una guarnición de cucarachas creo que estarán deliciosas.

Supongo que cada uno se enfrenta a la idea de la muerte como quiere o como puede, y que Rick se marchará riéndose. De ellos o de nuestra suerte, eso no lo tengo claro.

—No te olvides de la bebida, Rick —le recomienda la voz aguda de Collen—. El agua estancada es una delicia. O siempre quedará algo de orina, si prefieren algo más exótico…

—¡Cierto, cierto! ¿Quién quiere licor, teniendo semejantes posibilidades?

El corredor se ilumina entonces a medida que las voces y los pasos se acercan.

—¡¡Callaos, miserables!! Más os vale mantener la boca cerrada hasta que se os ordene hablar u os cortaré la lengua yo mismo.

Reconozco la voz del capitán de la guardia, el mismo que nos echó en las celdas. Pronto lo veo porque él y la comitiva de hombres que lo sigue se plantan justo ante mi celda y la de Jared. Aparto la vista cuando nos alumbra con el orbe de luz que lleva entre las manos, cegándonos por un momento.

—Estos son, majestad. Alteza.

Así que han traído hasta aquí al rey y al príncipe de Dahes. Parpadeo varias veces para acostumbrarme a la nueva iluminación, intrigado. ¿Tú no lo estarías? No todos los días se está ante uno de los gobernantes de Marabilia. Siento curiosidad por saber si es todo lo impasible que afirman, si parece tan poderoso…, pero es sólo un hombre. Con porte, si quieres considerarlo así, y por descontado que no nos mira con misericordia, ni a nosotros ni al resto de la tripulación, porque se pasea por las celdas con parsimonia, con pasos calmados. Supongo que su fría tranquilidad es lo que le ha dado cierta fama de temible, pero es sólo alguien que tuvo la suerte o la desgracia de nacer con una corona destinada a su cabeza. ¿Tú qué piensas? ¿Suerte? ¿Desgracia? Su hijo parece creer lo segundo. Puede que no de nacer como príncipe, pero desde luego debe de estar maldiciendo tener que estar aquí. Él no sigue a su padre en su paseo, sino que se queda frente a nuestros barrotes. Si el rey de Dahes es sólo un hombre, él es apenas un muchacho: sus manos se cierran con nerviosismo, aunque intenta mantener la cabeza alta y mirar con la misma indiferencia que su padre. No lo conseguiría ni aunque lo intentase durante horas. Sus ojos, en realidad, repasan lo que le rodea sin fiarse de nada. Su nariz se arruga, con toda probabilidad de desagradado por el olor que nos rodea.

No tengo ninguna duda de que te reirías de él.

Los pasos del rey vuelven a nuestra celda. Sus ojos se encuentran un segundo con los míos, pero no me presta demasiada atención. No soy quien más le interesa de aquí. De soslayo, lanzo un vistazo a mi compañero. Veo sus puños apretados. Casi percibo su rechinar de dientes. ¿Recuerdas cuando se lanzó contra aquellos matones, en el callejón, el día que lo conocimos? Parece que hace una eternidad de eso, ¿verdad? Pero sigue poniendo la misma expresión cuando se enfada. Sólo que ya no es un niño.

—Así que esta es la temida tripulación del Angelique… No parece gran cosa.

Es la chispa...



Ihre Fragen, Wünsche oder Anmerkungen
Vorname*
Nachname*
Ihre E-Mail-Adresse*
Kundennr.
Ihre Nachricht*
Lediglich mit * gekennzeichnete Felder sind Pflichtfelder.
Wenn Sie die im Kontaktformular eingegebenen Daten durch Klick auf den nachfolgenden Button übersenden, erklären Sie sich damit einverstanden, dass wir Ihr Angaben für die Beantwortung Ihrer Anfrage verwenden. Selbstverständlich werden Ihre Daten vertraulich behandelt und nicht an Dritte weitergegeben. Sie können der Verwendung Ihrer Daten jederzeit widersprechen. Das Datenhandling bei Sack Fachmedien erklären wir Ihnen in unserer Datenschutzerklärung.