G. | Te esperaré siempre | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 355 Seiten

G. Te esperaré siempre


1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-10070-03-5
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 355 Seiten

ISBN: 978-84-10070-03-5
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



«Por favor, deje su mensaje después de la señal...». Tatiana, son ya las cuatro de la madrugada y no puedo dormir porque estoy borracho y en vela, pensando en ti... En que casi fui tuyo, y tú casi fuiste mía. Mi vida es un desastre, y toda mi carrera como luchador en la MMA pende de un hilo. Soy muy consciente de que tengo que cambiar muchas cosas. Necesito que me devuelvas el favor que me prometiste, ese que aún tenemos pendiente desde hace años. Necesito que finjas ser mi prometida durante noventa días. Solo noventa días. No tenemos por qué hablar a escondidas ni tampoco ser amigos de nuevo. Ni siquiera tenemos que besarnos, aunque te aseguro que ningún otro hombre te habrá besado mejor que yo... Te prometo que no nos tocaremos, a pesar de que la última vez que nos vimos parecía que era eso precisamente lo que deseabas (no intentes negarlo). En resumidas cuentas: quiero cobrarme ese antiguo favor que juraste que me deberías «siempre». No te estoy pidiendo demasiado. Solo necesito que finjas por mí que es real...

Whitney G. (1988, Tennessee, Estados Unidos) es una optimista de la vida obsesionada con los viajes, el té y el buen café. Es autora de varias novelas best seller incluidas en las listas de The New York Times y de USA Today, y cofundadora de The Indie Tea, página que sirve de inspiración para autoras de indie romántico. Cuando no se encuentra hablando con sus lectores a través de su página de Facebook, la podremos encontrar en su web, en su Instagram, en Twitter... Pero si no la vemos en las redes, es porque está encerrada trabajando en una nueva y loca historia... Te esperaré siempre es la nueva novela de Whitney en nuestra colección Phoebe, después del éxito de Una noche y nada más y Turbulencias en 2017; Carter y Arizona en 2018; Mi jefe, Mi jefe otra vez y Dos semanas y una noche en 2019; Sexy, descarado, irresistible, Olvidar a Ethan y El rey de las mentiras en 2020; Fue un martes, Entre tú y yo y Te esperaré todas las noches en 2021 y Fue un miércoles y Por supuesto que no es él en 2022.
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Acto primero


Chico conoce a chica

Por aquel entonces

Reno, Nevada

Travis

—¡Uf! Odio a Tatiana Brave —se queja mi hermana menor, Penelope, en un mensaje de voz incoherente—. No entiendo por qué tiene que cambiar de parejas a solos, ni por qué la ha tomado conmigo. Llámame cuando escuches esto. ¡De inmediato!

—¡Bip!

Compruebo la hora y sopeso mis opciones. Ha dejado otros diecisiete mensajes, todos ellos en la última hora, y no creo que ninguno sea en realidad una emergencia.

Juraría que acabamos de hablar de lo mismo…

Contra toda sensatez, reproduzco el siguiente.

—Tuve que verla ganar la semana pasada y escuchar a todos hablar de lo «increíblemente guapa» que es cuando es de lo más normal. Y su manera de patinar es mediocre, como mucho. Como mucho.

—¡Bip!

—Antes de que digas que estoy exagerando o que estoy mal anímicamente porque me abandonaste aquí en Seattle con tu horrible amigo friki, te diré que me llamó «zorra sobrevalorada» cuando estábamos haciendo cola en…

Corto el mensaje, porque no soporto escuchar más. Después borro los siguientes. No me hace falta escucharlos para saber de qué van.

A pesar de haber sido calificada como la mejor patinadora artística del mundo, Penelope siempre se obsesiona con su mayor oponente —sea quien sea— durante varias semanas. Sin embargo, por algún motivo, la tal Tatiana Brave es una historia distinta. Ha estado viviendo dentro de la cabeza de Penelope, sin pagar alquiler, durante casi un año, y yo ya he renunciado a enviar una orden de desalojo.

Por muy irritantes que sean sus mensajes, en parte estoy agradecido de que ya no sostengamos el móvil en silencio, de que ninguno de los dos se esfuerce por encontrar las palabras adecuadas para llenar el enorme agujero que ha dejado la muerte de nuestros padres.

Los recuerdos de su terrible accidente de coche siguen causándome pesadillas cada vez que cierro los ojos, y soy incapaz de perdonar al adolescente borracho que destrozó nuestras vidas en tan solo un segundo.

Ha habido muchas ocasiones en que he querido decirle a Penelope el motivo exacto por el que tuve que dejarla en Seattle para poder venir aquí e intentar hacer carrera en la lucha, pero soy incapaz de hacerlo.

Si supiera las deudas que dejaron nuestros padres, o lo cerca que estuvo el banco de hipotecar su —ahora nuestra— casa, seguramente colgaría los patines e intentaría ayudarme a pagarlo todo.

Y entonces estaríamos obligados a tener una vida de mierda los dos…

—¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

—¡Abra la puerta, señor Carter! —grita el gerente del motel de repente, al otro lado de la puerta—. ¡Sé que está ahí!

Guardo silencio.

—¡Abra ya, o se va a enterar! —Vuelve a llamar a la puerta, pero sigo callado—. ¡Volveré el domingo para cobrar el alquiler de esta semana! —grita—. ¡Si no lo tiene entonces, más le vale sacar el culo de este sitio! —Sus pesados pasos resuenan en el asfalto, y yo suelto un suspiro.

Saco mi cartera y cuento el dinero que tengo: ciento ochenta dólares con cincuenta y ocho centavos.

No me llega para pagar esta habitación de mierda, y mucho menos la gasolina y la comida. Y por si fuera poco, le prometí a Penelope que le compraría un traje nuevo de mil dólares el mes que viene.

Joder…

Necesito aire fresco con desesperación, así que cojo mi mochila y salgo a la calle. En la distancia, hay una valla publicitaria que reza: «Multi-SportsPlex. Abierto veinticuatro horas».

Camino por la calle, saco mi móvil y llamo al mismo número que marco una vez a la semana, como un reloj. Es una llamada secreta que me hace sentir que hago algo más por Penelope, aparte de enviarle dinero y hacer de tutor desde lejos.

Suena una vez.

Suena dos.

—Has llamado a Tatiana Brave —contesta una voz suave—. En estos momentos no puedo contestar, así que, por favor, deja tu mensaje después de la señal.

—¡Bip!

—Soy Travis Carter, el hermano de Penelope, otra vez —anuncio—. Deja de llamar «zorra» a mi hermanita, y acostúmbrate a quedar la segunda durante el resto de tu carrera. —Hago una pausa antes de continuar—. Ah, y tu manera de patinar es mediocre, como mucho. Como mucho.

Después de colgar, subo a toda prisa los escalones que llevan a SportsPlex.

Paso por encima del teclado una tarjeta de socio robada y empujo la puerta, pero no se abre. Pruebo con otra puerta, luego con otra, aunque el resultado sigue siendo el mismo.

Tiene que ser un error.

Reacio a rendirme, camino hasta el otro lado del edificio y me detengo en seco cuando veo a una mujer de pelo rizado colgada de la valla de seguridad.

¿Qué coño…?

—¡Ah! —Se baja de un salto, y vuelve a lanzarse contra la valla otra vez—. ¡Venga ya!

La observo mientras repite ese mismo movimiento fallido cinco veces más antes de aclararme la garganta.

—Supongo que estás teniendo problemas para entrar esta noche.

Ella suelta un gemido y se queda quieta de repente.

—No, estoy… estoy… —tartamudea, sin mirarme a la cara—. Solo estoy intentando recuperar mis cosas. Las dejé ahí sin querer, ¿lo ves?

Señala una mochila gris que hay al otro lado de la puerta, y es evidente que no ha llegado ahí sin querer.

—Si no fuera más listo —digo—, pensaría que estás intentando colarte.

—Bueno, supongamos que no eres más listo, para que puedas marcharte y meterte en tus asuntos.

—Entonces imagino que tendré que delatarte. —Me acerco más, para intentar verle la cara—. Es delito venir aquí si no pagas.

—¿En serio? —Se da la vuelta para mirarme, y se me olvida qué coño quería decir.

Me obligo a parpadear varias veces para asegurarme de que no es un puñetero sueño.

Podría quedarme años mirándote…

Totalmente alucinado, observo sus ojos de color avellana y sus labios rosados y abultados. Las mallas de entrenamiento de color beis que lleva puestas hacen juego con ese suave tono canela de su piel, y acentúan sus curvas. Aunque me está fulminando con la mirada, es la mujer más sexy que he visto en mi vida.

Ni siquiera se me ocurre nadie que se acerque a ser la segunda.

Ni la tercera…

—Yo no me he metido contigo —dice, mostrando una hilera de dientes blancos perfectos—. A juzgar por esa camiseta sin mangas que llevas, no parece que seas ni guarda de seguridad del gimnasio ni policía, así que, por favor, ve a meterte con otra persona.

Yo sigo mirándola, y me doy cuenta de que tiene un lunar sobre el labio superior y hoyuelos en las mejillas.

—Espera… ¿Eres guarda de seguridad? —Baja la guardia—. Soy socia de aquí, y se supone que debe estar abierto las veinticuatro horas, así que algún empleado debe de haber cometido un error y bloqueado…

—Si te ayudo a saltar la puerta —la interrumpo—, ¿me abrirás otra a mí por el lado oeste?

—Bueno, yo… —duda un momento—. Tendré que pensármelo.

—¿Perdona?

—Lo he dicho muy claro. —Parece ir muy en serio—. No te conozco, y no puedo permitirme convertirme en la inspiración para un episodio de Ley y orden a estas alturas de mi carrera.

—He venido a usar la sala de pesas. —Levanto mi tarjeta de socio robada—. Yo tampoco puedo permitirme salir en Ley y orden.

Ella se me queda mirando mientras considera mi oferta, y a cada segundo que pasa me parece más sexy.

—Puedo saltar la puerta con toda facilidad —afirmo—. Si no escucho un «sí» en el próximo minuto, lo haré y te dejaré aquí.

—Ay, vale. —Engancha los dedos en la valla de alambre y me mira por encima del hombro—. ¿Me vas a ayudar o no?

—Primero estoy admirando las vistas.

Se suelta con un gesto de exasperación, y yo le agarro de las muñecas con suavidad.

—Es broma —admito—. Agárrate otra vez, y te levantaré a la de tres.

Ella obedece, y yo la agarro de la cintura de inmediato.

—Uno, dos… —hago una pausa— y tres.

La levanto, y ella se agarra al último barrote y salta por encima como una gimnasta antes de bajar al otro lado.

Coge su mochila y me mira.

—Muchas gracias. Te veré donde hemos acordado.

—Hecho.

Decidido a conseguir su número de teléfono, me dirijo hacia allí mientras me pregunto cómo es que no la he visto antes por aquí.

Debe de ser la primera vez que viene.

Cuando llego al lado oeste, me está sujetando la puerta abierta. De alguna manera, se las ha arreglado para estar todavía más atractiva debajo de las brillantes luces blancas.

—Bueno, eeeh… —Se sonroja—. Gracias de nuevo por tu ayuda.

—Encantado. ¿Cómo te llamas?

—Tatiana —contesta—. Tatiana Brave.

—¿Qué?

—Bueno, Tati solo para mi familia y las personas que me conocen. Tatiana Brave para cosas formales y los extraños, sin ánimo de ofender. ¿Y tú eres…?

No me lo puedo creer.

—Travis Carter.

—Encantada de conocerte, Trav… —Entrecierra los ojos y da un paso atrás—. ¿El gilipollas del...



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