E-Book, Spanisch, Band 55, 240 Seiten
Reihe: Sociocultural
García Mínguez La educación en personas mayores
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-277-3034-2
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Ensayo de nuevos caminos
E-Book, Spanisch, Band 55, 240 Seiten
Reihe: Sociocultural
ISBN: 978-84-277-3034-2
Verlag: Narcea Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Jesús GARCÍA MÍNGUEZ es Licenciado en Psicología, Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación y Profesor Titular de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Granada.
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PRÓLOGO
Prologar un libro consiste, entre otras cosas, en valorar y exponer sus puntos esenciales. Pero un prólogo puede servir, también, de exordio para que el desconocido lector continúe con la lectura del texto que tiene en sus manos. Y para lograrlo nada mejor que exponer las ideas esenciales de la obra, valorarlas y despertar la atención del ignoto lector.
A la satisfacción de prologar un libro escrito por un apreciado colega, debo añadir que la temática del mismo me permite referirme a un tema de gran interés en el mundo actual: la educación en las personas mayores. Quizás por ello asumo esta responsabilidad no como un compromiso o un acto académico más, sino como la feliz oportunidad de comentar algunos de los aspectos tratados por el autor.
Dicho esto, quisiera añadir que no es mi intención, por supuesto, convertirme en un simple prologuista adulador. Me conformaré con intentar lograr la atención del posible lector acerca de algunos aspectos que, a manera de «pólenes» pueden justificar la lectura de la obra Educación en personas mayores. Ensayo de nuevos caminos.
De todos es sabido que desde la segunda mitad del siglo XX, debido al descenso de la natalidad y al notable aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento ha experimentado un progresivo protagonismo, convirtiéndose la llamada «revolución silenciosa» en el gran desafío para la sociedad del siglo XXI. Quizás por ello, no sea preciso justificar que la vejez interesa a casi todas las personas. Debates científicos, congresos, publicaciones, medios de comunicación, etc., son buena prueba de la importancia de este tema. Unos lo tratan desde la demografía, otros desde el punto de vista económico o médico, y los políticos desde la perspectiva social y electoral. Incluso la opinión pública se preocupa por el problema de la vejez, si bien no siempre es capaz de diferenciar lo que en ella hay de mito y de realidad.
Aunque el artículo 50 de nuestra Constitución, inspirado en la «Declaración de los Derechos de las Personas de Edad», afirme que «los poderes públicos promoverán el bienestar de la tercera edad en cuanto a salud, vivienda, cultura y ocio», lo cierto es que incluso en nuestra evolucionada sociedad occidental, la igualdad de derechos no se aplica a las personas mayores y dado que envejecemos como hemos vivido, es necesario vivir y organizar la sociedad para que la gente mayor tenga igualdad de derechos y un protagonismo social en ella. El problema no son los años ni la pasividad. El problema radica en que, por una incorrecta pedagogía, muchas de las personas mayores viven desvinculadas, aisladas y sin roles sociales. En cierta manera son «dependientes» y «sombra» de los denominados «adultos».
Las personas mayores tienen derechos. Tienen derecho a la libertad y tienen derecho a actuar y a vivir de manera autónoma. Y aunque el primer síntoma de la libertad, como decía Freire, es reconocer las propias limitaciones, éstas en ningún caso permiten poner en duda que las personas mayores son un capital cultural y humano al que no podemos renunciar, ya sea por solidaridad o por egoísmo. Las personas mayores pueden ser un capital social, principalmente si les otorgamos el derecho a elegir su estilo de vida, el derecho a ser generación y a decidir por ellas mismas. Ahora bien, si lo que hacemos es llenar de nihilismo la vida de las personas de edad, de poco sirven conceptos como justicia, libertad y educación. Las personas mayores necesitan decidir respecto a su plan de enriquecimiento personal. Deben aprender y dar sentido a su vida de manera personal y autónoma.
Pensemos, por ejemplo, que en la Unión Europea más del 32% de las personas mayores viven solas, el 51% vive en pareja y un 13% lo hacen con algún hijo o pariente. Sólo un pequeño porcentaje de la población mayor vive en centros o instituciones. Por lo tanto, y aunque la demanda en este sentido va en aumento, no podemos referirnos a las personas mayores como una única realidad, sólo como una «clase de edad». Además, dado que los avances técnicos y las políticas de salud minimizan la dependencia de las personas mayores, éstas representan una inmensa reserva de recursos hasta hoy no suficientemente reconocida ni movilizada.
Es importante fomentar trabajos de investigación y ensayos (como el que aquí nos ocupa) a fin de recoger, sistematizar y difundir cuantas informaciones posibiliten superar los nefastos tópicos y etiquetados que niegan a las personas mayores un protagonismo social. La información y el acopio de datos referentes a la gente de más edad son esenciales para diseñar políticas y programas que aseguren su integración en la sociedad. Identificar objetivamente las situaciones y los espacios de riesgo es siempre una acción preventiva.
Años atrás, la Unión Europea, basándose en los artículos 13, 129, 137 del Tratado de Amsterdam (referidos a las personas afectadas de discriminación o exclusión social), a fin de ir «Hacia una Europa para todas las edades: promover la prosperidad y la solidaridad entre las generaciones» (1999), indicaba ya la necesidad de cambiar las obsoletas políticas relativas a las personas mayores. Nosotros, convencidos como decía Marcel Proust, de que el presente no es el único estado posible de cosas, pensamos que, además de diseñar eficaces políticas sociales, es preciso reclamar también lo que podríamos denominar los nuevos derechos sociales de las personas mayores.
Dice el autor de la obra que prologamos: «es imposible gozar de un derecho sin disponer de él». Es decir, todo derecho, además de un reconocimiento, es «ante todo el uso y el disfrute» del mismo. De ahí que en la «Asamblea Mundial del Envejecimiento» (Viena, 1982) se afirmara que el bienestar social era un derecho de todas las personas y se solicitara una real participación de las personas mayores en la elaboración de las políticas sociales que les afectan directamente, evitando la segregación de ciertas propuestas institucionales. Posteriormente, la Resolución 46/91 de 16 de diciembre de 1991, aprobó los Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad, cuyo objetivo era «dar más vida a los años que se han añadido a la vida». Como dice el profesor García Mínguez «algunos de los males que aquejan a los ciudadanos entrados en años se deben a la falta de formación y al escaso repertorio de recursos mentales que impiden una vida más gratificante». Siendo ello cierto, observamos no obstante, que la necesidad de conocer, entender y sentir de las personas mayores no ha merecido la atención de los políticos, más preocupados frecuentemente por tópicos de todos conocidos y desde los cuales se programan las «acciones sociales para estos ciudadanos de segundo orden».
Las personas mayores tienen derecho, por ejemplo, a una correcta definición... y sin desvinculación. Dado que toda definición es el ejercicio de un poder, y puesto que la «definición» de una realidad social genera posibilidad de futuro o un espacio para el olvido, pensamos que algunas definiciones o concepciones de la gente mayor frenan las iniciativas que estas personas pueden experimentar a fin de mantenerse socialmente activas. Si tendemos a comportarnos como se dice que somos, es necesario crear y favorecer una «imagen social positiva» de las personas mayores.
No siempre la realidad de la vejez es como se define. Ramón y Cajal, Bertrand Russell, Tiziano, Churchill, John Glen, Rostropovich, Dame Judi Densch, Gadamer, etc., demuestran que «la aventura de envejecer», va mucho más allá de convertirse, como dice la escritora Teresa Palies, en canguros de los nietos o en la cocinera de los canelones dominicales. Pasividad, extravagancia, inoperancia, desvinculación, añoranza... no son categorías ni características, por definición, de la gente mayor. Al menos no lo son de muchas de las personas mayores.
¿Qué imagen se da de la gente mayor en los medios de comunicación? ¿Qué imagen de los ancianos se transmite a través de nuestra cultura oficial? En principio, admitámoslo, son mínimos los esfuerzos a favor de dignificar la vida de las personas mayores, y en todo caso, pocas veces son del todo acertadas. Si en alguna ocasión, por ejemplo, asoma la vejez en los libros de texto de nuestros escolares, su imagen responde con frecuencia a trasnochados tópicos, y como consecuencia de ello los propios ancianos tienden a conformar su vida a la condición y valoración que de la vejez da la sociedad en la que viven.
De la misma manera que la realidad social de las personas mayores no aparece en los...




