Garrido Goitia | Introducción a la fe cristiana | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 440 Seiten

Reihe: Surcos

Garrido Goitia Introducción a la fe cristiana

Para personas que buscan
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9073-477-3
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Para personas que buscan

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Reihe: Surcos

ISBN: 978-84-9073-477-3
Verlag: Editorial Verbo Divino
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Actualmente, no cabe evangelizar dando por supuesta la fe cristiana, ni tan siquiera la experiencia religiosa. El fenómeno global de la secularización y el pluralismo de ofertas de sentido se traduce en una tipología altamente variada de personas: las que dejaron de creer; las que necesitan clarificar su identidad cristiana; las que no distinguen entre la espiritualidad que viene del Oriente y la tradición judeocristiana; las que, por diversas razones, inician la búsqueda de sentido de la existencia humana Este libro es, como su propio título pregona, una introducción a la fe cristiana, una puerta de entrada que tal vez sea insuficiente para algunas personas -sobre todo si esperan pruebas racionales-, mientras que para otras podrá parecer demasiado explícita y pretenciosa, pero con la que Javier Garrido trata de ayudar a todas ellas, con honradez, en su búsqueda.

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2. Búsqueda de sentido

A veces se separa la búsqueda de identidad y de sentido, pero muchas veces están muy unidos. Repetiré algunas cosas, pero no importa, porque son dos grandes temas que se solapan.

2.1. Planteamientos

Hay distintos planteamientos para la búsqueda de sentido. Es muy variado el modo como cada persona fundamenta el sentido de su vida. Mencionamos algunos ejemplos.

1. «No hace falta buscar: el sentido de la vida es vivir»

Para algunas personas esta cuestión de fundamentar el sentido de la vida no tiene base. Consideran que estas búsquedas son un añadido que hacemos a la vida.

Afirman que «el sentido de la vida es vivir». Evidentemente, hay una parte de verdad importante. No es raro ver a gente muy ideologizada (y la Iglesia católica tiene mucho poder para ideologizar las conciencias) que, en vez de vivir, elabora mundos mentales con la ilusión de creer que vive.

Es clara la dificultad de vivir el momento presente, y la tendencia a estar siempre proyectando el futuro en función de deseos e ideales. Por eso, descubrir la densidad de lo real, del vivir y saber dar sentido a la vida desde esa densidad del vivir es muy importante, de tal manera que, si la fe cristiana no llega a esta densidad del vivir, algo de base está fallando. Uno de los frutos más claros, cuando uno vive un proceso de personalización, es ir descubriendo poco a poco la espiritualidad de la vida ordinaria. Esto requiere su tiempo y su coste.

2. Estar en orden

Se tiene miedo a tomar decisiones; peligro de no acertar; y se monta un sistema ordenador de conducta. Aunque la persona no sea muy normativa o no tenga ninguna formación rígida, hay muchas maneras de plantearse la vida como orden. Por ejemplo: uno nace, se educa, crece; qué más va a hacer, pues seguir con lo lógico: casarse, tener hijos, trabajar, y cuando toque morir, pues morir.

Entre cristianos y no cristianos vivir en orden tiene mucho que ver con pensar que la vida consiste en ser buenos, hacer el bien, no hacer daño. Y a esto podemos añadir «una pizca de sal», el amor al prójimo. Ya tenemos la estructura ideológica perfecta: eres bueno, amas al prójimo y así justificas tu vida. Detrás de la pregunta sobre el fundamento de sentido está la cuestión de cómo justifico mi vida. En este caso, a través de las buenas obras.

Quizás esto de las buenas obras nos suena como cuando éramos practicantes; pero hoy muchos justifican su vida desde la ética, desde la conducta. También podemos distinguir entre la ética como conducta y la ética como sabiduría de la vida. Es muy importante esta distinción, porque la mayoría de la gente no conoce otra ética que aquella con la que justifica su vida haciendo obras buenas.

3. Fundamentar el sentido en cosmovisiones

Los humanos necesitamos tener respuestas a los enigmas de la existencia; las religiones han creado sistemas de respuesta, caminos de salvación, sabidurías del ser, procesos de iluminación; y esto se suele traducir en sistemas de creencias. Los cristianos, por ejemplo, creen en la resurrección, los budistas, en el Nirvana, los hinduistas, en las reencarnaciones. Unos creen en Jesús, otros en Krishna, etc. Son sistemas de creencias.

Los sistemas de creencias no pueden nunca fundamentar el sentido de la vida como sentido vivido. Dan la ilusión de que lo hacen, porque, cuando la vida no tiene sentido y vienen los problemas del sinsentido, empezando por el sufrimiento y el mal, entonces tenemos respuestas a mano que nos dan la ilusión de fundamentar el sentido. Pero este está ideologizado; son recursos que utilizamos para tener respuestas. No son procesos vividos, sino respuestas preestablecidas, con las que nos identificamos, las asimilamos y nos servimos de ellas como recursos para vivir.

Las ideologías tocan de tal manera las necesidades vitales que con una parte de ideología viviremos siempre. Siempre necesitamos algunos recursos ante los enigmas de la existencia; pero es muy distinto a que fundamenten.

Por ejemplo: «Creo que Dios es bueno, lo he aprendido, lo necesito y lo deseo; esa creencia me tranquiliza y me ayuda a vivir. Para esto sirve la religión». Trampa grave. Es un recurso funcional. Buena parte de los creyentes vive de un Dios funcional, de un Dios para: Dios para los problemas de la vida, Dios para tener una conducta coherente, Dios para que el mundo sea más justo e igualitario, Dios para tener una experiencia con Él, Dios para… Pero ¿cuántos tienen una historia de amor con Dios? Que Dios deje de ser funcional para ser la fuente del corazón es otra cuestión.

4. Sabidurías

Hablamos de sabiduría como el descubrimiento de lo oculto de la realidad. Todas las grandes religiones que llevan a experiencias auténticamente espirituales, sea hinduismo, islamismo, judaísmo, cristianismo, siempre se presentan como sabidurías. La realidad está oculta, y hay que descubrirla porque nunca se entrega a la primera.

El cristianismo no es de entrada una sabiduría; solo de vuelta se constituye en sabiduría. Descubrir el fundamento de sentido en este proceso de sabiduría me parece muy valioso.

5. Fundamentar el sentido en un amor personal

Este paso es muy importante, lo saben las parejas realmente enamoradas, los padres respecto de los hijos. «¿Dónde fundamento el sentido de mi vida? En mis hijos, en mi pareja». Pero, cuando se mueran o se despidan, ¿dónde fundamentarás el sentido de tu vida?

El proceso de la fe no está en tener creencias, adhesiones…; todo depende de ese amor. En la Biblia está claro: Dios salva a Israel, pero el momento determinante no es cuando lo salva del Faraón, lo libera de la esclavitud o le da la tierra; el momento determinante acontece cuando Dios hace alianza con su pueblo: «vosotros sois mi pueblo y Yo soy vuestro Dios», la experiencia del amor de pertenencia.

Desde ahí y solo desde ahí se formulan los mandamientos: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6). Solo si sabes a quién perteneces tu vida tiene sentido.

Realizarse, crecer en autonomía y libertad es bueno, muy bueno, pero solo es algo previo, preparación; lo importante es a quién pertenezco. Pertenecer a alguien es algo que a muchos produce mecanismos de defensa y evitan la expresión. Pero ahí es donde nos lo jugamos. Por eso se puede amar a la pareja y a los hijos hasta dar la vida, pero fundamento de la vida solo es ser de Dios. Solo Dios puede fundamentar el sentido de la vida, porque solo en Dios se puede experimentar el amor fiel y absoluto.

No hay otro secreto para dar sentido a la vida que hacerlo desde el amor. Desde ahí se descubre la ética cristiana, el amor al prójimo, el amor de pareja y de familia, etc. Es un proceso interior, y no cualquier proceso.

Está muy bien, es de sentido común, cuidar que la vida funcione, que haya sentido desde valores… Las sabidurías, la ética, entran dentro de un pensamiento universal y son muy valiosas en esta organización de la existencia, pero ¿podéis hacer la hipótesis de que a Dios se le haya ocurrido amarnos para ser el sentido de nuestra vida? Este es nuestro Dios. Dios está loco por cada uno de nosotros y nos salva con amor de alianza, con amor de pertenencia.

Es necesario todo un proceso, pero la mayoría se queda a medio camino. En la vida cristiana se da de vuelta. Nunca a priori puede saber A si B va a dar sentido a su vida, porque la vida está en distintos valores: trabajo, amistades, hay que abrirse a una posible relación de pareja. Pero cuando realmente, a través de una relación, se da el misterio del amor («soy tuyo», «soy tuya»), ya no hay vuelta, ya no puedes dar sentido a tu vida si no es desde ahí. Con Dios ocurre igual. Andas con preguntas y búsquedas; pero si has entrado en una historia con Él, ya no hay vuelta; y si te encuentras con Él, verás qué pasa por dentro. Podrás olvidarte, dar portazos, pero la nostalgia de su amor no te la va a quitar nadie. Por eso es normal defenderse: «¡dónde me meto!».

Toda la historia de Israel es esta batalla, cuántas veces se ha defendido de Dios. Es como si dijera: «Yo estaba más tranquilo siendo como los otros pueblos: ya sabía que tenía que hacer mis batallas de libertad, tenía que conquistar la tierra de Canaán; como los otros pueblos tengo santuarios y ofrezco ofrendas a los dioses; pero ¿por qué nuestro Dios quiere ser amado en exclusiva? Que nos deje tranquilos». Y aparecen las resistencias, los forcejeos.

Tiene que ser así, no os asustéis de lo real que es Dios. Este Dios no es fácil, pero cuando lo has descubierto no lo cambiarías por nada y te sale del corazón: «¿por qué a mí, por qué a mí?». Por eso uno, al principio, cree que elige la fe, pero luego descubre que no es así, que es llamado y elegido para vivir una historia de amor absolutamente única.

El sentido de la vida, por tanto, siempre se produce a posteriori. Una tesis de la educación tradicional y que todavía en nuestros ámbitos de predicación solemos repetir es que «el fin del hombre es Dios y no podrás ser feliz hasta que te encuentres con Dios». Planteado así es una trampa, afirmación filosófica discutible. La grandeza del hombre, su autonomía, está en que desde su propia libertad puede definir el sentido de su vida....



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