E-Book, Spanisch, 408 Seiten
Reihe: Ensayo
Gaskin Guía del nacimiento
1. Auflage 2020
ISBN: 978-84-122192-2-7
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 408 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-122192-2-7
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Hija de una matrona autodidacta, como explica en su libro Partería espiritual, dirige desde 1971 una comunidad de matronas y centro de nacimiento conocido como 'La Granja', situado cerca de Summertown, Tennessee (EE.UU). En 2011, las matronas de este centro habían acompañado cerca de 3.000 partos con unos resultados extraordinarios que casi ningún otro lugar del mundo ha conseguido equiparar: bajas tasas de intervención, morbilidad y mortalidad; incluso tratándose de partos más complejos, como los de nalgas, los gemelares o los de grandes multíparas. Parte de estas estadísticas se publicaron en 1992 en el artículo 'The Safety of Home Birth: The Farm Study por A. Mark Durand', publicado en el American Journal of Public Health. Durante 22 años, Ina May también publicó la revista trimestral Birth Gazette, que cubría temas de salud, embarazo, parto y posparto y actualmente colabora de vez en cuando con la revista Midwifery Today. Ha sido presidenta de Midwives' Alliance of North America entre 1996 y 2002. Entre los numerosos premios que ha recibido a su carrera y trabajo destacan el título de doctora honoris causa en la Universidad Thames Valley de Londres.
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Invitación
Sea cual sea su motivo para escoger este libro, alabo su curiosidad y su deseo de saber más sobre la importante tarea de tener hijos. En el caso de las que están embarazadas, que sepan que pensé especialmente en ellas mientras escribía este libro.
Considérense invitados a saber más sobre las verdaderas capacidades del cuerpo femenino durante el parto y el alumbramiento. No voy a hacer un resumen del conocimiento médico actual traducido desde el lenguaje técnico al común. De eso ya hay mucho en las librerías. Cuando hablo de las verdaderas capacidades, me refiero a las que experimentan las mujeres de verdad, independientemente de que las reconozca o no un modelo estrictamente médico de parto cuyo diseño se rige por el miedo, entre otros principios. Lo ideal sería que cualquier hospital proporcionase a las mujeres sanas una atmósfera en la que un gran porcentaje de ellas pudiera dar a luz a sus hijos por vía vaginal.
A mi juicio, la mejor formación para conocer el cuerpo de la mujer debe aunar todo lo bueno que ha ofrecido la medicina en el último siglo con lo que las propias mujeres han podido aprender sobre sí mismas antes de que el parto pasara a ser sobre todo responsabilidad de los hospitales. El propósito de este libro es servir de guía para obtener la mejor información existente sobre las verdaderas capacidades de la mujer en el parto y mostrar cómo puede combinarse con el uso más eficaz posible de la tecnología perinatal moderna. Mi intención es dar aliento e informar.
Fui matrona de una pequeña comunidad durante casi 50 años. Vivía en un pueblo en una zona rural de Estados Unidos, donde las mujeres tenían relativamente poco miedo al parto. Estoy segura de que era así, en parte, gracias a que, durante los primeros años de existencia de la comunidad, no tenían acceso a cine ni televisión, que quizá las habrían puesto en contacto con muchos de los temores que se representaban en los medios de comunicación. En total, mis socias y yo atendimos el nacimiento de casi 2.900 niños en un periodo de 45 años, casi todos ellos nacidos en casa de sus padres o en nuestro centro de maternidad. Mi trabajo me permitió aprender cosas sobre las mujeres que no suelen saberse en el mundo de la educación médica actual. No es fácil saber si las mujeres del pueblo tenían menos miedo al parto porque sabíamos que nuestras capacidades eran mayores de lo que se solía creer o si nuestras capacidades eran mayores por no sufrir la angustia cultural del parto que imperaba en Estados Unidos en general. En realidad, las dos cosas eran ciertas.
La comunidad se llama La Granja, y está situada en el sur de Tennessee, cerca de Summertown. Mi difunto marido y yo, junto con unas 300 personas más, fundamos la comunidad en 1971. Hoy es distinta en muchos aspectos a lo que era en sus primeros años, y yo ya no vivo allí, pero eso es lo de menos. Lo importante es que una de las peculiaridades de aquella pequeña sociedad juvenil fue que pude organizar un sistema autogestionado de atención perinatal. Éramos demasiado pobres para pagar seguros médicos privados, y no había ningún sistema público de sanidad al que pudiéramos recurrir. Y, aunque hubiera existido, preferíamos no aceptar ninguna forma de beneficencia. Normalmente, reclutaba a varias mujeres para que me ayudaran (yo estaba todavía en edad de tener hijos), y los hombres contribuían con todos sus conocimientos tecnológicos y prácticos para asegurarnos de tener cubiertas lo más posible nuestras necesidades de transporte y comunicaciones.
Quiero dejar algo claro cuando hablo del miedo y el parto en aquella comunidad. No me refiero a que las mujeres de mi pueblo nunca tuvieran miedo durante el embarazo o el parto, ni se preguntaran: «¿Seré capaz de hacer esto que parece imposible?». Esos temores son naturales. Estoy segura de que muchas de nosotras nos lo planteábamos de vez en cuando. Casi todas las mujeres lo hacen. Al fin y al cabo, la gente criada en culturas urbanas —en particular aquellas en las que la mayoría de la gente no tiene ningún contacto con animales— no comprende de inmediato cómo se desarrolla un parto. Cuando las mujeres de mi comunidad tenían esos momentos de duda, podían confiar en la seguridad de que sus amigas, sus hermanas y sus madres eran capaces de hacerlo. Eso les permitía creer que ellas también podían, independientemente de que hubieran presenciado alguna vez un parto o no. Las mujeres de la comunidad habían vuelto a aprender y a ejercer unos comportamientos femeninos que no suelen observarse en las mujeres modernas de las culturas civilizadas, que van más allá de los conocimientos médicos habituales sobre el cuerpo femenino y el parto.
Mis experiencias como comadrona me enseñaron que los cuerpos de las mujeres funcionan. Lo que les ofrezco aquí es una nueva forma de entender un antiguo sistema de sabiduría que pueden sumar a sus conocimientos generales sobre el parto. Al margen de dónde y cómo den a luz, su experiencia tendrá consecuencias para sus emociones, su mente, su cuerpo y su espíritu durante el resto de su vida.
Las mujeres en la comunidad contaban con dar a luz por vía vaginal, porque ese era el método por el que nacían todos menos uno o dos de cada cien niños. A veces teníamos que trasladar a una mujer al hospital para una cesárea o un parto con ayuda de instrumentos o, en ocasiones, para administrarle una epidural en las últimas fases del parto para que pudiera descansar un poco antes de expulsar al niño, pero esas intervenciones eran relativamente infrecuentes en las mujeres que daban a luz allí. (Nuestra proporción de cesáreas hasta el año 2000 era del 1,4 por ciento; la de nacimientos con fórceps y ventosa, del 0,05 por ciento. El porcentaje de cesáreas en todo Estados Unidos, en 2014, fue del 32,8 por ciento, y el de partos con ayuda de instrumentos, de aproximadamente el 12 por ciento). Las mujeres de la comunidad sabían que el parto puede ser doloroso, pero muchas sabían también que puede ser una experiencia eufórica e incluso orgásmica. Eso no quiere decir que todas las mujeres lo vivan así, pero, en cierto sentido, es beneficioso saber que algunas tienen esa experiencia. No se empeñen en que tiene que ser así. Simplemente, tengan en cuenta que no existe una maldición especial que obligue a que todas las mujeres tengan experiencias negativas en el parto. Conviene pensar en ello como una tarea que hay que hacer, que una larga línea de mujeres han hecho antes que nosotras y que ha permitido que estemos aquí hoy. Sobre todo, las mujeres de mi comunidad, tanto si tenían partos dolorosos como si no, los vivían como una experiencia tremendamente enriquecedora.
¿Nunca han oído hablar a alguien en términos positivos del parto y el alumbramiento? No me extraña. Uno de los secretos mejor guardados en un número cada vez mayor de culturas de todo el mundo es que el parto puede ser placentero y enriquecedor. El parto que conduce al éxtasis proporciona fuerza interior y sabiduría a la mujer que lo vive, como aprenderán de muchas de las historias que vamos a contar aquí. Las mujeres de mi comunidad, incluso cuando sentían dolor en el parto, sabían que hay maneras de hacer tolerables esas sensaciones sin necesidad de adormecer los sentidos con fármacos. Sabían que casi siempre es mejor mantenerse alerta para experimentar la genuina sabiduría y el poder que ofrecen el parto y el alumbramiento.
En la Primera Parte de este libro, oirán las voces de estas mujeres contando sus experiencias. Algunas pertenecen a la generación pionera, la que creó como colectivo la cultura del parto en nuestra comunidad; otras las cuentan sus hijas y sus nueras, que crecieron en esta cultura o tienen una pareja que lo hizo. Varias historias son de mujeres que nacieron en casa, crecieron en esta cultura perinatal tan especial y luego dieron a luz con matronas en otras partes del país. Otras son de mujeres que decidieron formar parte de nuestra cultura y tener a sus hijos en nuestro centro de maternidad. Si está usted embarazada o piensa estarlo en un futuro próximo, quizá desee releer estas historias una y otra vez para fortalecer su ánimo como preparación para el parto.
Mi primer libro, Spiritual Midwifery, cuya edición original se publicó en 1975, fue uno de los primeros libros norteamericanos sobre matronería y partos. Vendió de inmediato más de medio millón de ejemplares y se tradujo a varios idiomas, lo que me puso en contacto no solo con una generación de mujeres en edad fértil y sus parejas, sino también con un número asombroso de médicos y otros profesionales relacionados. En algunos países se incluyó en el plan de estudios de las escuelas de matronas. Algunos médicos me dijeron que lo habían leído para recuperarse de los aspectos más terroríficos de su formación en obstetricia. Gracias al libro y a las estadísticas natales que incluía en él, me invitaron a viajar por todo el mundo y a compartir los resultados de mi trabajo y el de mis colegas con profesionales de la obstetricia y mujeres de muchos países y culturas diferentes. Este tipo de experiencia multicultural me permitió ver el parto y la maternidad desde una perspectiva más amplia y comprobar que determinadas prácticas y costumbres obstétricas arraigadas en diversos países impiden precisamente que el cuerpo femenino funcione con la máxima eficacia posible. Mi experiencia me enseñó también el papel tan...




