Ghosh | La maldición de la nuez moscada | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 392 Seiten

Reihe: Ensayo

Ghosh La maldición de la nuez moscada


1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-127084-3-1
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 392 Seiten

Reihe: Ensayo

ISBN: 978-84-127084-3-1
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



El nuevo libro de Amitav Ghosh, una poderosa obra de historia, ensayo, testimonio y polémica, remonta nuestra crisis planetaria contemporánea al descubrimiento del Nuevo Mundo y la ruta marítima hacia el Océano Índico. 'La maldición de la nuez moscada' sostiene que la dinámica del cambio climático actual hunde sus raíces en un orden geopolítico secular construido por el colonialismo occidental. En el centro de la narración de Ghosh está la hoy omnipresente especia nuez moscada. La historia de la nuez moscada es una historia de conquista y explotación, tanto de la vida humana como del entorno natural. En manos de Ghosh, la historia de la nuez moscada se convierte en una parábola de nuestra crisis medioambiental, revelando el modo en que la historia humana siempre ha estado enredada con materiales terrestres como las especias, el té, la caña de azúcar, el opio y los combustibles fósiles. Nuestra crisis, demuestra, es en última instancia el resultado de una visión mecanicista de la Tierra, en la que la naturaleza sólo existe como un recurso para que los humanos la utilicemos para nuestros propios fines, en lugar de una fuerza propia, llena de agencia y significado. Escribiendo con la pandemia mundial y las protestas de Black Lives Matter como telón de fondo, Ghosh enmarca estos relatos históricos de una manera que conecta nuestras historias coloniales compartidas con la profunda desigualdad que vemos a nuestro alrededor hoy en día. Entrelazando debates sobre todo tipo de temas, desde la historia global del comercio del petróleo hasta la crisis migratoria y la espiritualidad animista de las comunidades indígenas de todo el mundo, 'La maldición de la nuez moscada' ofrece una aguda crítica de la sociedad occidental y habla de las formas profundamente notables en que la historia humana está moldeada por fuerzas no humanas.

Autor indio bengalí. Estudió en el internado masculino The Doon School de Dehradun. Creció en la India, Bangladesh y Sri Lanka. Mientras estudiaba, colaboraba regularmente con ficción y poesía en The Doon School Weekly (dirigido entonces por Seth) y fundó la revista History Times junto con Guha. Después de Doon, se licenció en el St Stephen's College, la Universidad de Delhi y la Delhi School of Economics. Obtuvo la beca de la Fundación Inlaks para completar un doctorado en antropología social en St Edmund Hall, Oxford. Trabajó en el periódico Indian Express de Nueva Delhi y en varias instituciones académicas. En 1986 publicó su primera novela. Ghosh Ganó el 54º premio Jnanpith en 2018, el mayor galardón literario de la India. Ha recibido dos premios Lifetime Achievement y cuatro doctorados honoris causa. En 2007, el Presidente de la India le concedió el Padma Shri, uno de los más altos honores del país. En 2009, fue elegido miembro de la Royal Society of Literature. En 2010 fue ganador, junto con Margaret Atwood, del premio Dan David, y en 2011 recibió el Gran Premio del festival Metrópolis Azul de Montreal. Fue el primer escritor en lengua inglesa en recibir el galardón.
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01

La caída de una lámpara

Hasta el día de hoy nadie sabe con exactitud qué sucedió en Selamon aquella noche de abril del año 1621, solo que una lámpara cayó al suelo en el edificio donde se alojaba el funcionario holandés Martijn Sonck.

Selamon es una aldea en el archipiélago de Banda, una pequeña agrupación de islas en el extremo sureste del océano Índico.[1] La localidad se encuentra en la punta norte de la isla de Lontor, que en ocasiones también se denomina Gran Banda (Banda Besar) por ser la mayor del conjunto.[2] «Gran» es un adjetivo algo exagerado para una isla de cuatro kilómetros de largo y poco menos de un kilómetro de ancho, pero su tamaño no es precisamente insignificante en un archipiélago tan diminuto que en la mayoría de los mapas se representa con una serie de puntitos.[3]

Sin embargo, aquí tenemos a Martijn Sonck el 21 de abril de 1621, a medio planeta de su tierra natal, en el bale-bale, o salón de reuniones, de Selamon, que ha confiscado para su propio disfrute y el de sus consejeros.[4] Sonck también ha tomado la mezquita más venerable del asentamiento: «una hermosa institución» construida en piedra blanca, de interior limpio y ventilado, con dos grandes tinas a la puerta para que los congregantes se laven los pies antes de entrar. Los ancianos de la aldea no han aceptado de buen grado la ocupación de su templo, pero Sonck ha rechazado sus protestas con brusquedad y les ha dicho que tienen muchos otros lugares para practicar su religión.

Esto concuerda con todo lo demás que ha hecho Sonck en el poco tiempo que lleva en la isla de Lontor. Se ha apoderado de las mejores casas para sus tropas y ha enviado a sus soldados a pulular por el pueblo, aterrorizando a sus habitantes. No obstante, estas no son más que medidas preliminares para sentar las bases de su verdadero objetivo: Sonck ha llegado a Selamon con la orden de destruir la aldea y expulsar a sus habitantes de esta isla idílica, con exuberantes bosques y un refulgente mar azul.

La brutalidad de su plan es tal que los aldeanos quizá aún no hayan acabado de comprenderlo. Aunque es cierto que el holandés no ha ocultado en ningún momento sus intenciones; antes bien, ha dejado clarísimo a los ancianos que espera su plena cooperación en la destrucción de su propio asentamiento y la expulsión de sus vecinos.

Sonck tampoco es el primer funcionario holandés en transmitir este mensaje en Selamon. Los aldeanos, al igual que sus vecinos bandaneses, ya han soportado varias semanas de amenazas y demostraciones de fuerza, siempre acompañadas de las mismas exigencias: derribar las murallas de la aldea, entregar las armas y las herramientas —hasta los timones de sus barcos— y prepararse para su inminente salida de la isla. Estas demandas son tan extremas, tan descabelladas, que sin duda se habrán preguntado si los holandeses están en sus cabales. Pero Sonck se ha esmerado en hacerles entender que va en serio: a su oficial al mando, nada menos que el mismísimo gobernador general, se le ha agotado la paciencia. La gente de Selamon tendrá que obedecer sus órdenes hasta el más mínimo detalle.

¿Cómo será enfrentarte cara a cara con alguien que te ha dejado claro que posee poder suficiente para acabar con tu mundo y que tiene toda la intención de hacerlo?

La población de Selamon y sus vecinos bandaneses llevan un par de décadas resistiendo a los holandeses en la medida de sus capacidades; en ocasiones incluso han logrado expulsar a los europeos. Pero jamás han tenido que enfrentarse a una fuerza tan grande y tan bien armada como la que Sonck ha traído consigo. Viéndose aventajados, los aldeanos han hecho todo lo posible por apaciguar al holandés: mientras algunos han huido a los bosques vecinos, un gran número se ha quedado, tal vez con la esperanza de que se trate de un error y los europeos se marchen si consiguen aguantar.

Quienes han permanecido en la aldea, muchos de ellos mujeres y niños, se han guardado de no dar excusa alguna a los holandeses para ejercer la violencia. Pero Sonck tiene una misión que cumplir, una misión para la que no está particularmente capacitado —es recaudador, no soldado—, y es probable que lo asalte un sentimiento de inadecuación. En la calma de los aldeanos advierte una ira latente y tal vez desee que le ofrezcan una excusa, un pretexto cualquiera para dar el siguiente paso.

En la noche del 21 de abril, cuando Sonck se retira a la requisada casa de reuniones de Selamon con sus consejeros, su estado de ánimo es muy precario. Hay tanta tensión en el ambiente que el silencio pareciera augurar una erupción sísmica.

La atmósfera es tal que, para alguien en el estado de Sonck, acaso sea imposible ver en la caída de un objeto un percance cualquiera: tiene que haber algo más, el presagio de alguna intención aviesa. Así pues, cuando la lámpara se estrella, Sonck concluye de inmediato que se trata de una señal destinada a desencadenar un ataque sorpresa sobre él y sus soldados. Aterrado, toma las armas junto a sus consejeros y comienzan a disparar a diestro y siniestro.

Es una noche oscura, «tan oscura como solo puede serlo una noche sin luna en las Indias». En esas condiciones, cuando no se ve nada, es fácil imaginar la presencia amenazadora de un ejército fantasmagórico. Sonck y sus consejeros siguen descargando ráfaga tras ráfaga sobre un enemigo invisible y sorprenden incluso a sus propios guardias, que no han visto signo alguno de ataque.

Las islas de Banda se encuentran sobre una de las fallas donde la actividad de la Tierra se revela de manera más palpable: al igual que su volcán, son fruto del cinturón de fuego que va desde Chile, en el este, hasta la costa del océano Índico, en el oeste. Por encima de las Banda se eleva un volcán todavía activo, el Gunung Api (o «Montaña de Fuego»), con su cumbre siempre envuelta en nubes arremolinadas y vapor ascendente.

El Gunung Api es uno de los muchos volcanes de esta zona del océano; las aguas circundantes están salpicadas de montañas cónicas de bella conformación que surgen majestuosas entre las olas, algunas de las cuales se elevan mil metros o más. Se dice que hasta el nombre indonesio de la región, Maluku (del que procede el topónimo Molucas), deriva de Molòko, que significa «montaña» o «isla montañosa».[5]

Estas islas montañosas de las Molucas a menudo erupcionan con una fuerza devastadora, lo que trae la ruina y la destrucción a quienes viven alrededor. No obstante, también hay algo mágico en estas emisiones, algo similar a los dolores del parto. Porque las erupciones de estos volcanes hacen aflorar a la superficie mezclas alquímicas de materiales cuyo modo de interactuar con los vientos y el clima de la región da lugar a bosques repletos de maravillas y rarezas.

En el caso de las islas de Banda, el regalo del Gunung Api es una especie botánica que ha prosperado en este minúsculo archipiélago como en ningún otro lugar: el árbol que produce tanto la nuez moscada como la macis.

El árbol y sus frutos presentaban temperamentos muy diferentes. El árbol era hogareño y no se aventuró más allá de sus oriundas Molucas hasta el siglo XVIII. La nuez moscada y la macis, en cambio, eran viajeras incansables y es fácil ver hasta qué punto, ya que antes del siglo XVIII toda nuez moscada y toda macis provenían de las Banda y sus alrededores. Así pues, cualquier mención en cualquier documento previo a 1700 establece automáticamente un vínculo con estas islas. En los textos chinos, dichas menciones se remontan al siglo I a. C.; en los textos latinos, la nuez moscada aparece un siglo después.[6] Pero es probable que llegaran a Europa y China mucho antes de que a los escritores se les ocurriera mencionarlas. Este fue sin duda el caso de la India, donde se ha hallado una nuez moscada carbonizada en un yacimiento arqueológico que se remonta a 400-300 a. C. La primera mención textual fechada de forma fiable (que en realidad menciona la macis) es dos o tres siglos posterior.[7]

En cualquier caso, de algo no cabe duda: la nuez moscada había viajado miles de kilómetros a través de los océanos mucho antes de que los primeros europeos llegaran a las Molucas.[8] Estos viajes fueron los que finalmente atrajeron a los navegantes europeos a las islas, adonde arribaron porque productos vegetales como la nuez moscada ya habían viajado en sentido opuesto mucho antes que ellos.[9]

A medida que cruzaban el mundo conocido, la nuez moscada, la macis y otras especias fueron tejiendo redes comerciales que se extendían por todo el océano Índico hasta lo más profundo de África y Eurasia.[10] Los nodos y las rutas de estas redes, así como las personas que intervenían en ellas, variaron de manera...



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