E-Book, Spanisch, Band 128, 264 Seiten
Reihe: 100xUNO
Giussani ¿Se puede (verdaderamente) vivir así? La fe
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-1339-490-9
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 128, 264 Seiten
Reihe: 100xUNO
ISBN: 978-84-1339-490-9
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Luigi Giussani (1922-2005), sacerdote milanés, es el fundador del movimiento eclesial Comunión y Liberación. Cursó sus estudios en la Facultad de Teología de Venegono, donde fue profesor durante algunos años. En los años cincuenta abandonó la enseñanza en el seminario para dar clases en un instituto de enseñanza media de Milán, el Liceo Berchet, donde permaneció hasta 1967. Desde 1964 hasta 1990 enseñó Introducción a la Teología en la Universidad Católica del Sacro Cuore de Milán. Educador infatigable, Giussani publicó en el transcurso de su vida numerosos ensayos, pues como él mismo dijo, «sólo a través de la educación se construye un pueblo como conciencia unitaria y como civilización». En particular quiso mostrar «la razonabilidad y utilidad para el hombre moderno de esa respuesta al drama de la existencia que lleva por nombre 'acontecimiento cristiano'», ofreciendo dicha respuesta «como sincera contribución para una verdadera liberación de los jóvenes y de los adultos». Como reconocimiento a su labor, en 1995 recibió el Premio Nacional para la Cultura Católica y, en diciembre de 1997, su libro El sentido religioso fue presentado en la ONU. Falleció en Milán el 22 de febrero de 2005. Siete años después, el 22 de febrero de 2012, se presentó la petición de apertura de su causa de beatificación y canonización, que fue aceptada por el Arzobispo de Milán. Encuentro ha publicado casi todas sus obras en español.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
CUANDO EMPEZAR ES RAZONABLE
1. LECCIÓN COMENTADA1
1. Hoy empezáis algo que todavía no conocéis. Por eso es justo comenzar pidiendo a Dios que nos ayude, porque se trata de un camino que no conocemos. Puede que sintáis un deseo confuso de este algo nuevo…
…un deseo confuso: muy confuso, habría sido más cauto si hubiese dicho que empezáis con una «confusa disponibilidad»…
…pero no es suficiente; por tanto, es necesario pedir que el deseo se vea iluminado y secundado.
Es necesario que el deseo de conocer este camino se vea iluminado, es decir, que llegue a tener claras sus razones. Se me renueva la impresión que tuve la primera vez que di clase de religión. Me dije a mí mismo: «Estos chavales no se han planteado nunca el siguiente problema: que algo para ser humano debe ser razonable». Lo que caracteriza lo humano, lo que califica al hombre y lo distingue del animal es su capacidad racional.
Y también es necesario que sea secundado, porque si el deseo cuenta con sus razones adecuadas, debes seguirlo. Por este motivo la batalla se librará sobre las razones; porque si admites las razones, estás perdido, ¡debes seguir!
2. Pero, si no conocéis todavía este camino, si no conocéis lo que empieza en vuestra vida, ¿por qué empezáis? A ver, si no lo conocéis, ¿por qué lo empezáis?
Para ser más claros, cambiemos la pregunta y digamos: ¿cuándo es razonable comenzar algo nuevo, algo que no se comprende todavía porque es distinto de lo que ya se conoce? Por consiguiente, ¿cuándo puede ser razonable comenzar algo que todavía no se conoce, que resulta totalmente nuevo? Fijaos en que, si no pudiésemos responder a esta pregunta, nunca podríamos comenzar nada nuevo; no asimilaríamos jamás nada nuevo. Para emprender algo nuevo es necesario que uno se arriesgue, que se mida personalmente con lo que se le propone, con ese torbellino de sugerencias e imágenes sobre las que nunca había reflexionado antes, que nunca había comprendido bien, ni mucho menos ordenado en su cabeza.
Intervención – Porque lo que he visto hasta ahora es suficiente para empezar.
A mi parecer es una respuesta muy justa y razonable, pero quizá se podría describir o puntualizar en términos aún más claros, más conscientes formalmente. Lo que él ha dicho puede querer decir: «Ha habido algo por lo que he querido empezar».
Atentos: ha habido algo que, de alguna manera, nos impulsó a empezar. De hecho, no veis a nadie aquí con una soga al cuello, una soga de la que tira Coki para obligar al desdichado a seguir a la masa. Aunque sí podría darse el caso de que alguien tenga esa soga que le ata el corazón; en este caso, allá vosotros, ¡quemadla!
Y, a mi entender, esta es justamente la respuesta: es la suya, pero simplificada. Empezamos algo que no conocemos. ¿Por qué lo empezamos? Porque ha habido algo por lo que nos sentimos motivados a empezar.
Ha habido algo que me ha movido a empezar. Mirad, después de aquel primer día en el Jordán, ya eran seis o siete los que seguían a Jesús; el primer grupo era de unos seis o siete. ¿Por qué? Porque dos habían comenzado la tarde anterior: se llamaban Juan y Andrés. ¿Por qué comenzaron? Hubo «algo» por lo que comenzaron a vivir siguiendo un horario diferente: es que se habían encontrado con algo distinto y mejor.
Ha habido algo por lo que tú estás aquí. ¿Qué características tiene que tener ese «algo» para que tú tomes la iniciativa de venir aquí? Debe ser algo distinto —porque si es más de lo mismo, te quedas donde estás (¡la intensidad de lo distinto puede ser variada!)— y mejor.
3. Este «algo», ¿qué ha sido? Para mí, ya lo sabéis, fue mi maestro de quinto de Básica, centurión de la milicia, quien preconizó que sería cardenal. Se acercó a mi banco, yo estaba en la primera fila, y me dijo: «Oye, tú eres inteligente, si vas al seminario y estudias para ser cura, ¡te harán cardenal!». Así empezó para mí la razón por la que tomar este camino (está claro que no por lo del cardenalato, que ni siquiera sabía qué era…). Dios a veces es hasta guasón —aquella vez realmente lo fue— porque yo nunca había pensado en ello; mi pobre padre era un socialista empedernido y contrario, mi madre era una pía mujer de pueblo que, enseguida, se sintió dudosamente feliz, pero yo quise ir con insistencia, aunque nunca se me había ocurrido antes, ¡ni siquiera iba al oratorio2!
Del mismo modo, a cada uno de vosotros os ha sucedido algo: habéis tenido un encuentro. La palabra encuentro es la que describe más genéricamente ese suceso y es, por tanto, la más útil para indicar todos los casos, porque también lo que me pasó con mi maestro Fossataro en quinto de Básica fue un encuentro: había estado con él todo el año, y solo hacia el final de curso tuvo lugar aquel encuentro.
Ha habido un encuentro, una relación inusual, imprevista, excepcional.
Cada uno de vosotros ha tenido un encuentro, algo por lo que habéis dicho: «Empiezo». Este «algo» puede haber sido un grito de don Giorgio, el ejemplo de algún amigo o amiga vuestra, un pensamiento que habéis tenido; pero no tanto un pensamiento, sino la reacción ante algún hecho, bonito o feo, portador de muerte o de vida, de alegría o sufrimiento.
Habéis sido compañeros de universidad durante cuatro años, pero en un momento dado, ese que era amigo tuyo —y quizá incluso más que amigo, medio novio—empieza la verífica3. Cuando pasa eso, cambia de alguna manera la relación con aquel chico: se introduce algo nuevo. Supone una novedad para ti; lo que era una amistad corriente se convierte en un encuentro; y puede —¡puede!— convertirse en la razón para que tú también consideres ese camino. La razón por la que uno ha querido venir hoy aquí y empieza a seguir este camino puede ser porque lo haya empezado otro, un amigo suyo. «¿Es acaso esto una razón?». «Sí, es una razón». ¿Por qué es una razón? Es una razón porque es conforme a la orientación natural del corazón, es conforme al desarrollo normal de una razón. No contradice ninguna ley. Si nos parásemos aquí, ¡entonces sí la contradiríamos! De hecho, uno no puede pararse aquí. Y, en un momento dado, podría llegar a decir: «No tengo escapatoria»; podría decírselo así de claro a su amigo.
Intervención – ¿Qué quiere decir «conforme a la orientación natural del corazón»?
¡Qué bello! Nadie es tan sencillo y serio con lo que la vida exige en sus andanzas comunes: un amigo ha empezado este camino y es conforme a la ley del corazón que también yo me interese por el asunto.
El corazón se mueve por un motivo, por una razón. Se suele decir: «por algo emotivo». E-motivo quiere decir: «motivo que viene de…». Tenemos un amigo que va a la verífica, entonces nos preguntamos: «¡Vaya!, ¿qué es esa verífica?». En la medida en que quiero a este amigo y lo estimo, me intereso, me informo; prudentemente, pero me informo… Aunque nunca con suficiente prudencia, porque si Dios quiere llamarte —¡zas!— su toque llega.
Quitando estas cosas, la vida carece de interés, excepto el que te provoca un niño que toca el bombo, como me pasó ayer por la tarde: había un niño que tocaba el bombo y no dejaba dormir a nadie porque hacía un ruido infernal. Una vez acabado el sonido del bombo… se acabó, ya no queda nada. No tiene sentido.
¿No estáis de acuerdo en que no hay ninguno de vosotros que esté aquí a quien no le haya pasado algo que le ha hecho decir: «Empiezo»? Algo… Y por eso, aun no conociendo ese «algo», aun no sabiendo el camino, lo habéis emprendido. Pero también porque debéis admitir que ésta es una norma general: antes de conocer algo, para poderlo conocer, hay que empezar.
4. Pero aquí no se trata de simple curiosidad, ni tampoco de una investigación científica.
Lo que se pretende es evitar que alguien empiece por una simple curiosidad. Puede ser que uno venga aquí movido por la curiosidad, pero no puede ser solo por eso, porque es un camino que tiene una característica muy poco habitual: compromete toda la propia vida, reclama la vida entera.
Se trata de entregar la vida, se trata de un compromiso de por vida y, por tanto, no puede apoyarse en una simple hipótesis: «Veamos si…».
No es simplemente una curiosidad, un «veamos si…». Perdonad, en mi opinión, esto es muy importante, porque normalmente la falta de seriedad moral tiene como arma de defensa la ironía o la duda escéptica. Sin que uno mismo se dé cuenta, se vuelve irónico, imitando de algún modo a la zorra de Esopo, la cual —no consiguiendo alcanzar las uvas, porque era muy baja, ¡ella, sí, la zorra!— dijo para consolarse: «Nondum matura est» (todavía no están maduras). Sin embargo, el problema no era que no estaban maduras las uvas, ¡era que ella era pequeña! Y «pusilánime» traduce perfectamente del latín este tener un ánimo pequeño frente a la grandeza del objeto que, de alguna manera, debería ser reconocido de todas formas4.
Es algo más que «veamos si…».
Uno no se puede resignar al «veamos si…», a ese mirar desde la barrera que te mantiene a distancia, al margen, lo cual impide que conozcas cualquier cosa, sea lo que sea.
se trata de algo persuasivo, de una persuasión que...




