Gómez de Avellaneda | La hija de las flores | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 151, 166 Seiten

Reihe: Teatro

Gómez de Avellaneda La hija de las flores


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-805-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 151, 166 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-805-6
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La hija de las flores o Todos están locos (1852) es una obra de teatro escrita por Gertrudis Gómez de Avellaneda, una de las más destacadas dramaturgas hispanas de todos los tiempos. La hija de las flores cuenta la historia de una mujer joven que, abandonada siendo aún una bebé en el jardín de una casa de campo, es adoptada por dos criados que la bautizan con el nombre de Flora. El origen de la joven Flora resulta ser el misterio que atraviesa toda la obra. Don Luis y el Conde (mentor del primero) van a visitar la casa de campo donde Flora vive. Allí se reunirán con Doña Inés para finalizar los últimos arreglos del matrimonio desigual (por la diferencia de edad e intereses) entre esta última y Don Luis. En la obra es claro que Luis y Beatriz no desean casarse. Sin embargo, por no romper con las convenciones sociales establecidas piensan continuar adelante con los planes de este matrimonio por conveniencia. Un día, cuando Luis camina por el campo encuentra a Flora. Inmediatamente se enamora de ella. A la vez, Flora también se enamora de él y así comienzan las complicaciones o los enredos de esta comedia. En La hija de las flores el conflicto creado se debe a la individualidad de los personajes y a su confrontación con estructuras sociales predeterminadas, que promueven la sumisión de hombres y mujeres. A lo largo de los tres actos que dura la comedia, Gertrudis Gómez de Avellaneda critica la hipocresía social, la discriminación hacia la mujer y los matrimonios arreglados. 

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camagüey, 1814-Madrid, 1873). Cuba. Era hija de un oficial de la marina española y de una cubana. Escribió novelas y dramas y fue actriz. Estudió francés y leyó mucho, sobre todo autores españoles y franceses. Tras una corta estancia en Burdeos, vivió un año en La Coruña y después en Sevilla, donde conoció a Ignacio Cepeda, con quien tuvo un romance. Por esta época ejerció el periodismo y estrenó su primer drama. Su creciente prestigio literario le permitió establecer amistad con Espronceda y Zorrilla. Poco después se casó con Pedro Sabater, quien murió tres meses más tarde. Tras un retiro conventual, la Avellaneda volvió a Madrid y, entre 1846 y 1858, estrenó al menos trece obras dramáticas. Hacia 1853 quiso entrar en la Academia Española, pero se le negó por ser mujer. En 1855 se casó con el coronel Domingo Verdugo, conocida figura política que en 1858 fue víctima de un atentado. Más tarde éste fue nombrado para un cargo oficial en Cuba. Entonces la Avellaneda dirigió en La Habana la revista Álbum cubano de lo bueno y de lo bello (1860). Su marido murió en 1863 y ella se fue a los Estados Unidos. Estuvo en Londres y París y regresó a Madrid en 1864. Durante los cuatro años siguientes vivió en Sevilla. Utilizó el seudónimo de La peregrina.
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Acto I


La escena pasa en una casa de campo de las inmediaciones de Valencia, y a corta distancia del mar. Época para los trajes, siglo presente, allá por los años de 10 a 20.

Jardín espacioso, con grupos de frondosos rosales y otros arbustos floridos. A la derecha del actor, fachada y puerta de una casa de campo; al fondo, una verja con puerta que da entrada al jardín; detrás de la verja, casi en el centro, un poco hacia la izquierda, pero también en el foro, una pequeña glorieta o cenador, cubierto de verdura. Dos bancos de piedra a derecha e izquierda del proscenio, y algunas sillas rústicas. Al levantarse el telón comienzan a aparecer los albores matinales.

Escena I

Flora y Juan.

(Salen ambos de la casa.)

Tomasa¡Jesús! si amanece apenas.

¿A qué privarme del sueño

a tales horas?

Juan¡Eh! calla;

que es un potro de tormento

la cama, con calor tanto.5

TomasaPara mí no; sin objeto,

sin motivo madrugar...

JuanMujer, según reza el pliego

recebido ayer, ¿no vienen

de aquesta finca los dueños,10

hoy veintisiete de junio?

Tomasa¿Y qué?

Juan¡Qué!... seis aposentos

mandan preparar; ¡es nada!

y hay que tenerles almuerzo

prevenido, y muy temprano.15

Tomasa¡Ya! Si te tomas a pecho

lo que no es de tu encumbencia...

Somos aquí jardineros

y nada más.

JuanYo no digo

que no; pero el amo mesmo,20

desque murió el tío Robles

(que Dios lo tenga en su reino),

de su propio puño y letra

me escrebió en estos conceutos:

«Juan, en tanto que decido25

quién ha de ocupar su puesto,

tú harás en todo y por todo

las veces del probe muerto.»

De lo dicho acá, dos meses

van corridos, y de nuevo30

nada ocurrió; conque, ansí,

soy mayordomo de hecho.

Tomasa¡Pues!, ¡oficio sin salario

le place al amo, lo creo!

Como te ven un Juan Lanas,35

abusan.

JuanQue agusen, bueno;

el caso es que yo hablo gordo

y gozo todo el respeuto

de mayordomo. ¿No has visto

que a mí mismo, a Juan Cantueso,40

vuelve a escrebirle nuestro amo,

y con letrones tan gruesos?

(Saca un papel.)

TomasaDame acá. Con mi jaqueca

de ayer, casi no recuerdo

lo que dice la tal carta.45

JuanLee y verás.

TomasaSí que leo.

(Leyendo.)«Buen Juan, tu antigüedad en mi servicio, y las otras circunstancias que te recomiendan, merecen la preferencia que hago de ti, para anunciarte que mi hija y yo hemos determinado pasar algunas semanas en esa casa de campo, donde almorzaremos, si Dios quiere, mañana veintisiete de junio.»

Juan¿Ves?

Tomasa¡Qué antojo repentino!

Juan¿Qué hemos de hacer?... lo tuvieron.

Tomasa(Que continúa leyendo.)

«Acaso antes que nosotros, llegarán mis amigos el conde de Mondragón y su sobrino don Luis»...

Conque, ¿también convidados?

(Representando.)Pues, señor, yo me divierto.50

¡Tanta gente a que atender,

sin más criada que el trastuelo

de Blasa, que es tan inútil,

tan holgazana!...

JuanPacencia.

El amo...

TomasaEl amo es un viejo55

insufrible, estrafalario.

Ha seis años por adviento,

que pisó aquellos umbrales

la vez postrera.

JuanEs muy cierto;

un día estuvo y no más.60

TomasaComo es la corte su anhelo,

allá se fue desde entonces

hasta hace poco que ha vuelto

a Valencia, y —según dicen—

más maniático y más terco65

que nunca.

JuanVamos, Tomasa,

recuerda que el pan comemos

en su casa, y no te pongas

a murmurar sus defeutos.

Cada uno cual Dios lo hizo.70

TomasaDe lo que más me sorprendo

es de que venga su hija.

JuanPor conocerla me huelgo.

TomasaYo, de moza, tuve entrada

en aquel semiconvento75

de su tía.

JuanEn paz descanse.

TomasaComo hay algún parentesco

entre Beatriz, su nodriza,

y mi padre, el privilegio

de visitarla alcanzaba,80

y en verdad que era un portento

de hermosura por entonces

doña Inés; no sé si luego...

Juan¡Bah! de aquel tiempo al presente,

veinte años hay de por medio.85

TomasaDime, ¿y vendrá la Beatriz

con doña Inés?

JuanVolveremos

a ver la carta.

(La saca.)

TomasaNo, hombre.

Si Beatriz viene, me alegro

del antojo del Barón;90

llegue en buen hora.

JuanTu afeuto

por ella es justo; no hay cosa

más natural.

Tomasa (Con ironía.)¡Por supuesto!

¡Como se porta tan bien!...

Ya ves, no rompe el silencio95

que guarda, va para un año;

y aun hace más no merezco

que, de memoria en señal,

me haya mandado un pañuelo,

una cinta, un alfiler...100

¡Venga! ¡Venga! Yo prometo

que me ha de hallar una cara,

que, quiera o no, la dé miedo.

JuanMujer, pues no haces justicia;

que a la Beatriz le debemos105

el estar doce años hace

en posesión del empleo

que nos da el pan.

TomasaMe parece

que no estábamos hambrientos

allá en casa del Marqués,110

cuidando su hermoso huerto,

cuando el Barón nos llamó

—de la nodriza al empeño—

para darte plaza igual

a la que dejabas.

JuanNiego115

la igualdá, que gano aquí

el doble, y a más campeo

por mi respeuto en la casa.

TomasaY a no ser por mis aumentos,

¿hubiera yo a Castellón120

dejado? No, ni por pienso.

El Marqués era un buen amo,

¡y qué jardines aquéllos!...

JuanAllá, Tomasa, hizo Dios

un milagro en favor nuestro;125

pues —a falta de hijos propios—

nos dio el ángel a quien quiero

más que a mi alma.

TomasaLe hace daño

de ese cariño el exceso.

Juan¿Daño?

TomasaNo poco: tu primo,130

que hoy logra ser nada menos

que capitán de un buen buque

mercante, con más dinero

que un judío, y con más años

que...

JuanDe ese asunto no hablemos.135

¡Mujer! Me tiemblan las carnes,

¿qué digo carnes?, los güesos,

al recordar que has querido

entregarle mi embeleso

a un extraño.

TomasaA un viejo rico,140

solterón sin heredero,

y pariente tuyo.

Juan¡Calla!

TomasaQuiere tener el consuelo

de prohijar a una joven

honrada...

JuanYo no me meto145

en lo que él quiera.

Tomasa¡Egoísta!

¿No ve tu cariño ciego

lo mucho que gana...



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