E-Book, Spanisch, Band 151, 166 Seiten
Reihe: Teatro
Gómez de Avellaneda La hija de las flores
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-805-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 151, 166 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9897-805-6
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Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camagüey, 1814-Madrid, 1873). Cuba. Era hija de un oficial de la marina española y de una cubana. Escribió novelas y dramas y fue actriz. Estudió francés y leyó mucho, sobre todo autores españoles y franceses. Tras una corta estancia en Burdeos, vivió un año en La Coruña y después en Sevilla, donde conoció a Ignacio Cepeda, con quien tuvo un romance. Por esta época ejerció el periodismo y estrenó su primer drama. Su creciente prestigio literario le permitió establecer amistad con Espronceda y Zorrilla. Poco después se casó con Pedro Sabater, quien murió tres meses más tarde. Tras un retiro conventual, la Avellaneda volvió a Madrid y, entre 1846 y 1858, estrenó al menos trece obras dramáticas. Hacia 1853 quiso entrar en la Academia Española, pero se le negó por ser mujer. En 1855 se casó con el coronel Domingo Verdugo, conocida figura política que en 1858 fue víctima de un atentado. Más tarde éste fue nombrado para un cargo oficial en Cuba. Entonces la Avellaneda dirigió en La Habana la revista Álbum cubano de lo bueno y de lo bello (1860). Su marido murió en 1863 y ella se fue a los Estados Unidos. Estuvo en Londres y París y regresó a Madrid en 1864. Durante los cuatro años siguientes vivió en Sevilla. Utilizó el seudónimo de La peregrina.
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Acto I
La escena pasa en una casa de campo de las inmediaciones de Valencia, y a corta distancia del mar. Época para los trajes, siglo presente, allá por los años de 10 a 20.
Jardín espacioso, con grupos de frondosos rosales y otros arbustos floridos. A la derecha del actor, fachada y puerta de una casa de campo; al fondo, una verja con puerta que da entrada al jardín; detrás de la verja, casi en el centro, un poco hacia la izquierda, pero también en el foro, una pequeña glorieta o cenador, cubierto de verdura. Dos bancos de piedra a derecha e izquierda del proscenio, y algunas sillas rústicas. Al levantarse el telón comienzan a aparecer los albores matinales.
Escena I
Flora y Juan.
(Salen ambos de la casa.)
Tomasa¡Jesús! si amanece apenas.
¿A qué privarme del sueño
a tales horas?
Juan¡Eh! calla;
que es un potro de tormento
la cama, con calor tanto.5
TomasaPara mí no; sin objeto,
sin motivo madrugar...
JuanMujer, según reza el pliego
recebido ayer, ¿no vienen
de aquesta finca los dueños,10
hoy veintisiete de junio?
Tomasa¿Y qué?
Juan¡Qué!... seis aposentos
mandan preparar; ¡es nada!
y hay que tenerles almuerzo
prevenido, y muy temprano.15
Tomasa¡Ya! Si te tomas a pecho
lo que no es de tu encumbencia...
Somos aquí jardineros
y nada más.
JuanYo no digo
que no; pero el amo mesmo,20
desque murió el tío Robles
(que Dios lo tenga en su reino),
de su propio puño y letra
me escrebió en estos conceutos:
«Juan, en tanto que decido25
quién ha de ocupar su puesto,
tú harás en todo y por todo
las veces del probe muerto.»
De lo dicho acá, dos meses
van corridos, y de nuevo30
nada ocurrió; conque, ansí,
soy mayordomo de hecho.
Tomasa¡Pues!, ¡oficio sin salario
le place al amo, lo creo!
Como te ven un Juan Lanas,35
abusan.
JuanQue agusen, bueno;
el caso es que yo hablo gordo
y gozo todo el respeuto
de mayordomo. ¿No has visto
que a mí mismo, a Juan Cantueso,40
vuelve a escrebirle nuestro amo,
y con letrones tan gruesos?
(Saca un papel.)
TomasaDame acá. Con mi jaqueca
de ayer, casi no recuerdo
lo que dice la tal carta.45
JuanLee y verás.
TomasaSí que leo.
(Leyendo.)«Buen Juan, tu antigüedad en mi servicio, y las otras circunstancias que te recomiendan, merecen la preferencia que hago de ti, para anunciarte que mi hija y yo hemos determinado pasar algunas semanas en esa casa de campo, donde almorzaremos, si Dios quiere, mañana veintisiete de junio.»
Juan¿Ves?
Tomasa¡Qué antojo repentino!
Juan¿Qué hemos de hacer?... lo tuvieron.
Tomasa(Que continúa leyendo.)
«Acaso antes que nosotros, llegarán mis amigos el conde de Mondragón y su sobrino don Luis»...
Conque, ¿también convidados?
(Representando.)Pues, señor, yo me divierto.50
¡Tanta gente a que atender,
sin más criada que el trastuelo
de Blasa, que es tan inútil,
tan holgazana!...
JuanPacencia.
El amo...
TomasaEl amo es un viejo55
insufrible, estrafalario.
Ha seis años por adviento,
que pisó aquellos umbrales
la vez postrera.
JuanEs muy cierto;
un día estuvo y no más.60
TomasaComo es la corte su anhelo,
allá se fue desde entonces
hasta hace poco que ha vuelto
a Valencia, y —según dicen—
más maniático y más terco65
que nunca.
JuanVamos, Tomasa,
recuerda que el pan comemos
en su casa, y no te pongas
a murmurar sus defeutos.
Cada uno cual Dios lo hizo.70
TomasaDe lo que más me sorprendo
es de que venga su hija.
JuanPor conocerla me huelgo.
TomasaYo, de moza, tuve entrada
en aquel semiconvento75
de su tía.
JuanEn paz descanse.
TomasaComo hay algún parentesco
entre Beatriz, su nodriza,
y mi padre, el privilegio
de visitarla alcanzaba,80
y en verdad que era un portento
de hermosura por entonces
doña Inés; no sé si luego...
Juan¡Bah! de aquel tiempo al presente,
veinte años hay de por medio.85
TomasaDime, ¿y vendrá la Beatriz
con doña Inés?
JuanVolveremos
a ver la carta.
(La saca.)
TomasaNo, hombre.
Si Beatriz viene, me alegro
del antojo del Barón;90
llegue en buen hora.
JuanTu afeuto
por ella es justo; no hay cosa
más natural.
Tomasa (Con ironía.)¡Por supuesto!
¡Como se porta tan bien!...
Ya ves, no rompe el silencio95
que guarda, va para un año;
y aun hace más no merezco
que, de memoria en señal,
me haya mandado un pañuelo,
una cinta, un alfiler...100
¡Venga! ¡Venga! Yo prometo
que me ha de hallar una cara,
que, quiera o no, la dé miedo.
JuanMujer, pues no haces justicia;
que a la Beatriz le debemos105
el estar doce años hace
en posesión del empleo
que nos da el pan.
TomasaMe parece
que no estábamos hambrientos
allá en casa del Marqués,110
cuidando su hermoso huerto,
cuando el Barón nos llamó
—de la nodriza al empeño—
para darte plaza igual
a la que dejabas.
JuanNiego115
la igualdá, que gano aquí
el doble, y a más campeo
por mi respeuto en la casa.
TomasaY a no ser por mis aumentos,
¿hubiera yo a Castellón120
dejado? No, ni por pienso.
El Marqués era un buen amo,
¡y qué jardines aquéllos!...
JuanAllá, Tomasa, hizo Dios
un milagro en favor nuestro;125
pues —a falta de hijos propios—
nos dio el ángel a quien quiero
más que a mi alma.
TomasaLe hace daño
de ese cariño el exceso.
Juan¿Daño?
TomasaNo poco: tu primo,130
que hoy logra ser nada menos
que capitán de un buen buque
mercante, con más dinero
que un judío, y con más años
que...
JuanDe ese asunto no hablemos.135
¡Mujer! Me tiemblan las carnes,
¿qué digo carnes?, los güesos,
al recordar que has querido
entregarle mi embeleso
a un extraño.
TomasaA un viejo rico,140
solterón sin heredero,
y pariente tuyo.
Juan¡Calla!
TomasaQuiere tener el consuelo
de prohijar a una joven
honrada...
JuanYo no me meto145
en lo que él quiera.
Tomasa¡Egoísta!
¿No ve tu cariño ciego
lo mucho que gana...




