Gómez de Avellaneda / López-Labourdette | Sab | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 111, 180 Seiten

Reihe: Narrativa

Gómez de Avellaneda / López-Labourdette Sab


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9816-976-8
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 111, 180 Seiten

Reihe: Narrativa

ISBN: 978-84-9816-976-8
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Once años antes de que La cabaña del tío Tom se ocupase del tema de la abolición de la esclavitud en Norteamérica, Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873) escribió Sab, una historia de amor desgraciado entre un esclavo mulato y la hija de su dueño blanco. El libro fue tan polémico que no se publicó en Cuba hasta 1914, setenta y tres años después de su aparición en España. Aquí se reflejan las luchas por abolición de la esclavitud en las colonias americanas. La novela nos narra las relaciones humanas entre amos y esclavos antes de que se promulgara la ley que abolía la esclavitud. - Sab es un esclavo mestizo, hijo de una esclava y del amo de la finca donde trabaja, - que se enamora de Carlota, la heredera de la finca, - y que antepone el amor que siente hacia ella a su libertad y a la de los suyos.Pero Sab es también la historia de Teresa, la criada de Carlota, que a través de sus actos y sus palabras refleja la voz del otro lado oscuro de la esclavitud: la mujer esclava de la época. El esclavo al menos puede cambiar de amo, puede esperar que juntando oro comprará algún día su libertad: pero la mujer, cuando levanta sus manos enflaquecidas y su frente ultrajada, para pedir libertad, oye al monstruo de voz sepulcral que le grita: «En la tumba». Además, la obra expone la situación trágica de los indígenas de Cuba, que es reflejo de hasta dónde es capaz de llegar esa sociedad que arrasó con todo lo que no se incluía en sus planes, como arrasó con el pueblo, la cultura, la lengua y la sociedad de la Cuba anterior a la conquista.

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camagüey, 1814-Madrid, 1873). Cuba. Era hija de un oficial de la marina española y de una cubana. Escribió novelas y dramas y fue actriz. Estudió francés y leyó mucho, sobre todo autores españoles y franceses. Tras una corta estancia en Burdeos, vivió un año en La Coruña y después en Sevilla, donde conoció a Ignacio Cepeda, con quien tuvo un romance. Por esta época ejerció el periodismo y estrenó su primer drama. Su creciente prestigio literario le permitió establecer amistad con Espronceda y Zorrilla. Poco después se casó con Pedro Sabater, quien murió tres meses más tarde. Tras un retiro conventual, la Avellaneda volvió a Madrid y, entre 1846 y 1858, estrenó al menos trece obras dramáticas. Hacia 1853 quiso entrar en la Academia Española, pero se le negó por ser mujer. En 1855 se casó con el coronel Domingo Verdugo, conocida figura política que en 1858 fue víctima de un atentado. Más tarde éste fue nombrado para un cargo oficial en Cuba. Entonces la Avellaneda dirigió en La Habana la revista Álbum cubano de lo bueno y de lo bello (1860). Su marido murió en 1863 y ella se fue a los Estados Unidos. Estuvo en Londres y París y regresó a Madrid en 1864. Durante los cuatro años siguientes vivió en Sevilla. Utilizó el seudónimo de La peregrina.
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Prólogo


Afirmaba Jorge Luis Borges, en uno de esos giros tan caprichosos como lúcidos, que la muerte de un autor conllevaba siempre a un proceso «ruin, porque parece husmear corrupciones»1 en el que los críticos intentan vaticinar cuán fugaz o imperecedera será la obra de dicho autor. Sab (Madrid, 1841), la primera novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda estuvo, ya mucho antes de la muerte de su autora, sometida a un juicio que parecía querer dictaminar su permanencia en el mundo de los lectores. Sab fue censurada en Cuba hasta 1883 y excluida de sus Obras completas por la propia autora, en 1869. A eso se suma la poca frecuencia con que ha sido reeditada, y la relativa atención que durante mucho tiempo le dedicó la crítica. Sab ha sido considerada como obra menor, cargada de los clásicos errores de una ópera prima y fiel a un supuestamente pobre paradigma de la novela romántica, en el que una historia de amor imposible se desarrolla en un escenario mezcla de locus amoenus y cuidado exotismo. Quizá la más dura predicción haya venido de manos de Marcelino Menéndez y Pelayo, lúcido crítico español del siglo XIX y en ciertas ocasiones elogioso de la obra de la autora cubana,2 para quien la primera novela de Gómez de Avellaneda «no tiene posibilidades de llegar a la posteridad». Incluso las «Palabras al lector», correspondientes al 1841 —el texto fue escrito entre 1836 y 1838— parecieran mostrar un distanciamiento de la propia autora para con su texto, señalando que: «acaso si esta novelita se escribiese en el día, la autora, cuyas ideas han sido modificadas, haría en ella algunas variaciones».

En todo caso, el tiempo y los lectores han hecho de esta novela un clásico ya no sólo de la literatura cubana, caribeña o hispanoamericana, sino también un texto clave dentro de la literatura romántica, la literatura antiesclavista o la literatura femenina.

Sab cuenta el amor imposible del esclavo del mismo nombre, prendado locamente de Carlota, joven criolla, proveniente de una familia de la antigua sacarocracia provinciana (la novela se desarrolla en Camagüey, provincia oriental de la isla) que a su vez persigue el amor de Enrique, un apuesto joven inglés en busca de una pretendiente acomodada social y sobre todo, económicamente. Teresa, Don Carlos, José y Martina completan el cuadro de personajes en el que priman las asociaciones no tanto en función de lazos familiares (Carlota, Teresa y Don Carlos por un lado, José y Enrique por el otro, y, finalmente, Sab y Martina), sino más bien a partir de afinidades selectivas que, una y otra vez, reorganizan la escena en que se desarrolla el relato. Dichas afinidades se erigen básicamente alrededor de tres ejes principales: la actitud frente a la naturaleza —o su contraparte, la civilización—, la condición subalterna —o su contraparte, el poder—, y la alteridad irresuelta —o su contraparte, la identidad en tanto unidad y homogeneidad—. La fuerza de la primera novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda consiste precisamente en imbricar dichos ejes de modo tal que en la fluidez del relato estos se tornen imperceptibles. Bajo la apariencia de una «simple» novela sentimental se oculta un complejo tejido de posicionamientos y desplazamientos.

El texto abre con un encuentro entre Sab y Enrique, el prometido de Carlota, que por primera vez visita el ingenio Bellavista, donde vive Don Carlos junto a Carlota y Teresa. Ambos personajes son presentados al lector a través de un narrador que se detiene en su fisionomía cual si de un cuadro se tratara. Enrique, alternativamente visitante, viajero y extranjero, de «hermosa presencia» , blanco, rubio y de cabellos azules, se contrapone a Sab, campesino, labriego o nativo cuya alta estatura y proporciones regulares no esconde su «fisonomía particular», «un compuesto singular en que se descubría el cruzamiento de dos razas diversas». Nada se dice de su condición de esclavo. Por el contrario, su belleza peculiar, su facilidad de palabra y su cuidada dicción desorientan tanto al visitante como al lector, que «ven» por primera vez a Sab. De hecho, Enrique llega a pensar que Sab es un terrateniente de la zona:

—Presumo que tengo el gusto de estar hablando con algún distinguido propietario de estas cercanías. No ignoro que los criollos cuando están en sus haciendas de campo, gustan vestirse como simples labriegos, y sentiría ignorar por más tiempo el nombre del sujeto que con tanta cortesía se ha ofrecido a guiarme. Si no me engaño es usted amigo y vecino de don Carlos de B...

Confusión sostenida no sólo por la apariencia del esclavo —por ese «pasar por blanco» que tanto eco tiene en el habla cubana—, sino también debido al hecho de que el propio Sab resalta las condiciones inhumanas en que trabajan y viven los esclavos, refiriéndose a estos en tercera persona y creando así una distancia entre ellos y su propia persona. Sólo ante la insistencia del visitante, Sab se «identifica» y lo hace con el gesto y la mirada ante que con la palabra:

—No soy propietario, señor forastero, y aunque sienta latir en mi pecho un corazón pronto siempre a sacrificarse por don Carlos no puedo llamarme amigo suyo. Pertenezco —prosiguió con sonrisa amarga—, a aquella raza desventurada sin derechos de hombres... soy mulato y esclavo.

Como es sabido, la apertura de un texto es esencial no sólo porque presenta —adelanta— el cuadro que enmarca al relato, sino también porque crea un horizonte de expectativas y otorga ciertas pautas de lectura. En lo que respecta al personaje protagónico, éste aparece como figura irresuelta de una amalgama entre el ser y el parecer (parecer terrateniente y ser esclavo), entre el cuerpo y el alma (de alma libre y cuerpo esclavo), entre lo público y lo privado (el nombre oficial, Bernabé, frente al nombre familiar, Sab), entre el pasado y el presente (un pasado grandioso, encarnado en la madre, «libre y princesa», y un presente villano, de humillaciones y esclavitud), etc. Toda una serie de contraposiciones frente a las cuales Sab aparece como híbrido o figura inquietante, que se exime de toda categorización rigurosa e inamovible. Esto explica las referencias al «monstruo de especies tan raras», en el epígrafe del primer capítulo, que al responder a las dos preguntas primeras: «¿Quién eres? ¿Cuál es tu patria?», sitúa la problemática de la identificación (en ambos sentidos de la palabra) en el centro de toda la novela. Pero más que nada se apunta aquí, y a través de la propia descripción del esclavo, la voluntad antiesclavista de toda la novela.

En el carácter abolicionista de Sab coincide una buena parte de la crítica literaria. El énfasis con que, por ejemplo Max Henríquez Ureña,3 lo subraya sin dejar de anotar su vocación romántica y costumbrista, hace pensar que la unanimidad de opiniones al respecto no ha estado exenta de dudas.4 Once años antes de La cabaña del tío Tom Harriet Beecher Stowe (1852), considerada hoy el paradigma de la literatura abolicionista, Sab ofrecía un discurso antiesclavista basado en idénticos argumentos. En el contexto cubano, las primeras décadas del siglo XIX estuvieron marcadas por un alza en el deseo abolicionista en lucha con los intereses políticos de la época (la capitanía general en manos de Miguel de Tacón y Leonardo O’Donell). El discurso antiesclavista proviene básicamente de las tertulias del grupo delmontino (alrededor de la figura de Domingo del Monte) que, tras comprar la libertad del poeta cubano Juan Francisco Manzano, promueve su Autobiografía (1938). La novela de Gómez de Avellaneda coincide en tiempo —que no en espacio, pues la autora radicaba por aquel entonces en España— con el ateneo delmontino. Sin embargo, en lugar del elogio a la metrópolis inglesa, tan ensalzada por del Monte y su grupo, aparece en Sab un claro rechazo que cobra en los personajes de Enrique y su padre una significación innegable. Al ateneo delmontino pertenecía también Cirilo Villaverde que publicara en Cuba en 1939 una primera versión de su famosa novela Cecilia Valdés y más, tarde, ampliada y revisada, en Nueva York en 1882, una segunda y definitiva versión. En este contexto, la primera novela de Gertrudis Gómez de Avellaneda puede ser considerada, por su indudable amalgama de un discurso antiesclavista y un discurso de género, como disyuntiva al grupo delmontino. No menos esclarecedor resulta observar los paralelismos de Sab con la producción textual de la Condesa de Merlín en una perspectiva de género, así como la manifiesta disparidad en cuestiones sociales y de raza, teniendo en cuenta el carácter claramente pro-esclavista de ésta última.

En las últimas décadas el acento de la crítica a esta novela se ha desplazado hacia la cuestión de género (Guerra, Davies, Araujo, Pastor). En esta línea la localización de Sab en una red de textos o escritos por mujeres (por ejemplo, Aves sin nido [1889] de Clorinda Matos) o cuyos personajes centrales son mujeres (María de Jorge Isaac [1867], Amalia de José Mármol [1851] o Cumandá de Juan León Mera [1879]) ponen en evidencia un momento particular de la producción tanto del sujeto nacional como del sujeto femenino.

La larga discusión del origen (literario) de Gertrudis Gómez de Avellaneda y su correspondiente pertenencia a un canon cubano y/o español ha ido perdiendo eco en aras de una lectura que asume el vínculo doble y ve en esa irresolución...



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