E-Book, Spanisch, 312 Seiten
Reihe: Educar Práctico
Gracia Ética y ciudadanía 1.
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-288-3018-8
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 312 Seiten
Reihe: Educar Práctico
ISBN: 978-84-288-3018-8
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Ética y ciudadanía es un manual de educación ética que tiene por objeto ofrecer a los alumnos y profesores de Educación secundaria y Bachillerato un nuevo modo de enfocar la enseñanza de la Ética y de las asignaturas colindantes con ella. Trata de ayudar a que el alumno 'descubra' en sí mismo la 'experiencia moral', y que a partir de ella pueda ir analizando sus diferentes elementos y cobrando conciencia del modo como los seres humanos realizamos juicios morales y tomamos decisiones. El presente manual quiere ser asimismo una guía para el profesor que pretenda orientar su enseñanza de la ética en esta dirección. La función del profesor de Ética no es imponer, ni tampoco meramente informar; es deliberar con los alumnos. Esto requiere un aprendizaje. De ahí que este manual esté proyectado para ir acompañado de cursillos de formación de profesores en el uso y manejo de estas destrezas. El primer volumen, Construyendo la ética, constituye la parte básica o fundamental en un curso de Ética. Partiendo de la experiencia moral de todo ser humano, lo que denominamos experiencia de la obligación y del deber, se intenta describir en ellos el modo como los seres morales vamos determinando los contenidos morales de nuestros actos.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
Descubrir la experiencia moral y aprender a deliberar
Este es un libro de texto de la denominada, desde antiguo, educación moral o de lo que, más recientemente, se ha dado en llamar formación en valores; o también, y acaso dicho más sencilla y claramente, este es un manual de ética. Son dos volúmenes elaborados para la educación ética, aunque no lo son –conviene advertirlo desde el principio– de los escritos y conocidos al uso.
El objetivo de este libro es ofrecer a los alumnos y profesores de Educación secundaria y Bachillerato un nuevo modo de enfocar la enseñanza de la Ética y de las asignaturas colindantes con ella, como Filosofía, Educación para la ciudadanía, Educación en valores, Valores sociales y cívicos, Valores éticos...
Parte de la convicción de que los métodos usuales no son adecuados para el logro del objetivo fundamental de esta disciplina, que no es hacer que los alumnos “sepan” cosas de ética, o que posean una mayor o menor “erudición” sobre ella, sino que sean capaces de repetir en sí mismos la experiencia básica que ha dado origen tanto a esa disciplina como a la ingente literatura concentrada en torno a ella. De lo que se trata es de que el alumno “descubra” en sí mismo esa experiencia, la “experiencia moral”, y que a partir de ella pueda ir analizando sus diferentes elementos y cobrando conciencia del modo como los seres humanos realizamos juicios morales y tomamos decisiones.
Solo tras este descubrimiento inicial, que es el objetivo del primer bloque temático, cabe plantearse la cuestión de “cómo construimos” los seres humanos los “juicios morales”. Este será el objeto del segundo bloque temático. La inteligencia es la función mental que permite a los seres humanos proyectar sus actos, tomar decisiones y, como consecuencia de ello, ser responsables de las decisiones que toman. De ahí que el segundo bloque esté dedicado a estudiar los momentos de que consta la actividad proyectiva de la mente humana, que son fundamentalmente tres: uno factual o de hechos, otro evaluativo o de valor y el último operativo o moral. Analizar con detalle las características de cada uno de tales momentos es el objetivo del bloque segundo.
Poniendo en marcha su inteligencia y proyectando sus actos, es como los seres humanos han ido construyendo históricamente los distintos “sistemas morales” que hoy existen y conviven con nosotros. Analizarlos es el objetivo del bloque tercero.
Uno de los grandes descubrimientos que el alumno realizará en el segundo bloque es advertir que los juicios de deber se montan siempre sobre otros previos, que son los juicios de valor, de modo que el deber se reduce siempre a tomar decisiones que incrementen en lo posible el valor de las cosas y de nuestras acciones.
Si la justicia es un valor y hay injusticia, nuestro deber será promover la justicia; si hay guerra, el deber será promover la paz; y así respecto de los demás valores. Lo cual explica que los sistemas morales que se han dado a lo largo de la historia hayan consistido siempre en lo mismo, en la organización de la vida moral en torno al valor que en una determinada cultura se consideraba más importante.
Cuando ese valor es el religioso, como ha sucedido en la mayor parte de las sociedades históricas, la ética resultante se caracteriza por ser “teocéntrica”. En la Grecia antigua, en los comienzos de la cultura occidental, es decir, en los orígenes de nuestra civilización, los filósofos presocráticos descubrieron otro valor, el de la naturaleza (phýsis) y su orden interno (kósmos), lo que dio lugar a otro tipo de éticas, llamadas “cosmocéntricas” o “naturalistas”. Muchos siglos después, en el mundo moderno, el valor que se colocó en primer término fue el propio del ser humano, con lo cual las éticas modernas se han caracterizado por ser “antropocéntricas”. Finalmente, en el siglo XX, se ha buscado ordenar la ética desde otro valor, la “responsabilidad”. Este es un valor peculiar, porque se diferencia de todos los anteriores en que estos no son directamente morales; uno es religioso, el otro cosmológico y el tercero antropológico.
El valor moral por antonomasia es “bueno”, que es el modo como calificamos las cosas y los actos cuando han sido hechos correctamente. Hacer justicia es bueno; poner paz en la guerra es una obra buena; etcétera. Bueno es el calificativo de valor que se aplica al acto o a lo hecho. Pero si se fija la atención no en lo hecho o en el acto en tanto que acto, sino en el que una persona actúe así, si se prefiere, en el actuar, entonces el predicado de valor propio no es el de bueno sino el de “correcto”. En efecto, con nuestro acto estamos respondiendo adecuada o “correctamente” a una situación. Del sujeto que actúa así, decimos que hace lo que “debe”, otro predicado moral, y de su modo de proceder o actuar decimos que es “responsable”.
Hay valores morales y valores extramorales. La justicia es un valor jurídico, de igual modo que la solidaridad o la paz son valores sociales, etc. Pues bien, “correcto”, “debido”, “responsable”, “bueno”, son valores morales. Las éticas del siglo XX se han caracterizado por ordenar la vida moral en torno a estos valores, a diferencia de lo que ha sido más frecuente a lo largo de la historia, el hacerlo en torno a valores extramorales. Lo cual no significa que los valores extramorales dejen de tener su importancia, es decir, su valor. Lo que significa es que la ética tiene su propia especificidad, que no puede confundirse con la propia de la religión, de la ciencia, del derecho o de cualquier otra disciplina. Si resulta importante comenzar el análisis por la experiencia moral, es porque ese es el modo de descubrir la propia especificidad del fenómeno moral, que es primario e irreductible a cualquier otro, por importante que este pueda ser.
Los valores es obvio que no se identifican con los deberes. Entre otras cosas, porque el deber es concreto y ha de tener en cuenta todos los valores en juego, no solo uno, por más que pueda parecer el de mayor importancia. Por otra parte, los valores pueden gestionarse siempre de dos modos distintos, que desde Kant es tópico denominar autónomo y heterónomo. “Autonomía” y “heteronomía” son términos directamente morales, de tal modo que hacen referencia a lo que debe o no debe hacerse, es decir, a la decisión que debe o no tomarse. Se puede tomar una decisión por obediencia, o en general por cualquier otro motivo distinto del deber. De ser así, el acto será heterónomo.
Esto es importante tenerlo en cuenta, porque todos los valores: el religioso, el jurídico, el estético, el económico..., pueden gestionarse autónoma o heterónomamente. La función de la ética es “educar en la gestión autónoma de los valores”. Pues bien, a esto es a lo que van dirigidos los bloques del segundo volumen. En el cuarto se analizan algunos de los valores más importantes en la vida de los individuos y los modos de su gestión autónoma, y en el quinto se estudian los principales valores implicados en la vida en colectividad.
El presente manual quiere ser asimismo una guía para el profesor que pretenda orientar su enseñanza de la ética en esta dirección. Es embarcarse en una empresa nueva, no solo apasionante sino además completamente necesaria, imprescindible. Produce tristeza analizar los actuales libros de ética elaborados para la Educación secundaria y el Bachillerato. Ello se debe a que de modo casi necesario caen en uno de los dos errores básicos que han esterilizado la formación ética a lo largo de los siglos. Uno de ellos es el enfoque que cabe llamar “doctrinal” o “impositivo”, y el otro, más moderno, pero no menos pernicioso, el puramente “neutral” o “informativo”.
El primero de ellos es el que se ha llevado la parte del león en la enseñanza de la ética en la cultura occidental. No en vano lo denominamos con una palabra procedente del latín y usual en todas las lenguas romances. Doctrina es un sustantivo abstracto latino que significa el contenido que se enseña, del que derivan términos castellanos tan peyorativos como “adoctrinar” e “indoctrinar”. Y es que el método más clásico ha sido ese, el de transmitir unos contenidos (eso significa traditio en latín, entrega) de una generación a otra, poniendo a salvo de ese modo la “tradición”, que en tanto que tal es sagrada y debe conservarse reverencialmente, ajena a toda modificación o crítica. La misión del profesor no es otra que la de transmitir ese depósito a la siguiente generación, la de los jóvenes, que son el elemento discente (de disco, aprender). Quien asume el depósito es doctus, lo que le otorga la condición de discipulus. Y así como el depósito que el maestro transmite se denominó doctrina, en el discípulo cobra un sentido nuevo derivado del verbo disco, aprender, el de disciplina. Quien no la acepta de buen grado, quien no se deja cultivar (colere) es por ello mismo dys-colus e...




