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E-Book, Spanisch, 392 Seiten

Guinness El llamamiento

Cómo hallar y cumplir el propósito esencial de tu vida
1. Auflage 2017
ISBN: 978-84-947215-0-2
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Cómo hallar y cumplir el propósito esencial de tu vida

E-Book, Spanisch, 392 Seiten

ISBN: 978-84-947215-0-2
Verlag: Andamio Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection



'El llamamiento' es todo un clásico en su análisis del propósito y sentido de la vida. Os Guinness va más allá de lo aparente en el llamamiento de parte de Dios, ocupándose de lo específico en el llamamiento individual. ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué quiere Dios para mi vida? ¿Dónde encajo a nivel individual? ¿Cómo debería ese llamamiento influir en mi vida profesional y en mi futuro, según mi concepción de éxito? El autor ayuda aquí al lector a descubrir respuestas apropiadas a todas esas preguntas y otras posibles, con la ayuda complementaria al final de cada capítulo de preguntas para la reflexión y el estudio, adecuadas tanto para reuniones en grupo o de forma individual. En su opinión, 'alejados del fundamento del llamamiento de Dios, nada puede colmar el anhelo humano de auténtico propósito y realización'. ''El llamamiento'' da respuesta a la cuestión básica de una vida de fe con genuino propósito.'

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CAPÍTULO 1

El porqué último

“Como saben, he tenido mucha suerte en mi carrera profesional y he ganado mucho dinero, mucho más de lo que había soñado jamás, mucho más de lo que podré gastarme en la vida, mucho más de lo que necesita mi familia”. Quien decía estas palabras era un destacado empresario durante una conferencia celebrada cerca de la Universidad de Oxford. En su rostro se leía la firmeza de su determinación y de su carácter, pero una vacilación momentánea le traicionó con algunas emociones más profundas ocultas tras la firmeza externa. Por su mejilla bronceada se deslizó lentamente una lágrima.

“Para serles sincero, una de mis motivaciones para ganar tanto dinero era sencilla: disponer de dinero para contratar a personas y pedirles que hicieran lo que yo no quiero hacer. Pero hay una cosa para la que jamás he podido contratar a nadie para que la haga en mi lugar: encontrar mi propósito y realizarme como persona. Daría lo que fuera por averiguarlo”.

Durante más de treinta años como conferenciante y en incontables conversaciones que he mantenido por todo el mundo, he comprobado que este tema surge con más frecuencia que cualquier otro. En determinados momentos cada uno de nosotros se plantea esta pregunta: ¿cómo puedo encontrar el propósito central de mi vida? Hay otras preguntas que, por lógica, anteceden a esta e incluso son más profundas, como por ejemplo “¿quién soy?”, “¿cuál es el sentido de la propia vida?”. Pero hoy en día hay pocas preguntas que se formulen con mayor volumen e insistencia que la primera. Como somos modernos, andamos a la búsqueda del éxito. Deseamos marcar la diferencia; anhelamos dejar un legado. Tal como lo expresó Ralph Waldo Emerson, deseamos “dejar un mundo un poco mejor”. Nuestra pasión se centra en saber que cumplimos el propósito por el que estamos en este mundo.

Todos los otros baremos que miden el éxito (la riqueza, el poder, la posición social, el conocimiento, las amistades) se vuelven huecos y superficiales si no satisfacemos ese anhelo más profundo. En algunos casos, esa vaciedad lleva a lo que Henry Thoreau describió como “vidas de silencioso desespero”; para otras personas, la vaciedad y la falta de sentido se profundizan convirtiéndose en una desesperación más aguda. En un borrador temprano de Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski, el Inquisidor hace una descripción espantosa de lo que le sucede al alma humana cuando duda de su propósito: “Pues el secreto del ser del hombre no es solo vivir... sino vivir por un motivo definido. Si no cuenta con un concepto firme de su propósito en la vida, el ser humano no la aceptará y preferirá destruirse antes que permanecer en la Tierra...”.

Llámalo El bien mayor (summum bonum), el fin último, el sentido de la vida o como te apetezca. Pero para descubrir y cumplir el propósito de nuestras vidas disponemos de incontables vías en todos los momentos de la vida:

Los adolescentes lo sienten cuando el mundo de la libertad fuera del hogar y el instituto de secundaria les presentan una vertiginosa batería de opciones.

Los licenciados se enfrentan a él cuando la emoción del paradigma “el mundo es mi territorio” se enfría al pensar que decantarse por algo supone renunciar a otras cosas.

Los treintañeros lo descubren cuando su trabajo cotidiano adopta su propia realidad bruta sin tener en cuenta las consideraciones previas sobre los deseos de sus padres, las modas de sus compañeros, y el atractivo del sueldo y la posibilidad de un ascenso.

Las personas de mediana edad lo ven cuando la diferencia entre sus dones y su trabajo les recuerda diariamente que no encajan donde están. ¿Pueden imaginarse “haciendo lo mismo durante el resto de sus vidas”?

Las madres lo sienten cuando sus hijos crecen, y se preguntan qué propósito superior llenará el vacío en la siguiente etapa de sus vidas.

Las personas de cuarenta y cincuenta años que han tenido un éxito resonante se topan de repente con el problema cuando sus progresos suscitan preguntas sobre la responsabilidad social de su éxito y, aún más profundamente, sobre el propósito de sus vidas.

La gente se encuentra este obstáculo en todas las diversas transiciones de la vida, desde el cambio de vivienda hasta la búsqueda de un trabajo nuevo, desde los problemas matrimoniales hasta las crisis de salud. Nos da la sensación de que el proceso para asimilar esos cambios es peor y dura más tiempo que los propios cambios, porque la transición desafía nuestro sentido del significado personal.

Las personas de más edad a menudo vuelven a experimentar esto. ¿En qué consiste de verdad la vida? Sus éxitos ¿fueron reales?

¿Valió la pena la inversión? Después de ganar todo un mundo, por grande o pequeño que sea, ¿hemos vendido baratas nuestras almas y hemos perdido el verdadero objetivo? Como escribió Walker Percy, “puedes sacar sobresaliente en todo y suspender en la vida”.

Este tema, la cuestión del propósito de su vida, es lo que motivó al pensador danés Soren Kierkegaard en el siglo XIX. Era muy consciente de que el propósito personal no es una cuestión filosófica ni una teoría. No es algo puramente objetivo y no se hereda. Muchos científicos poseen un conocimiento enciclopédico del mundo, muchos filósofos pueden escudriñar vastos sistemas de pensamiento, muchos teólogos pueden sondear las profundidades de la religión y muchos periodistas pueden hablar, aparentemente, de cualquier tema. Pero todo esto es teoría y, si no media un sentido del propósito personal, es vanidad.

En lo profundo de nuestros corazones, todos queremos encontrar y satisfacer un propósito más grande que nosotros mismos. Solo ese propósito mayor nos puede inspirar para que lleguemos a alturas que nunca podríamos alcanzar por nuestra cuenta. Para cada uno, el propósito real es personal y apasionado: descubrir para qué estamos aquí, y por qué. Kierkegaard escribió en sus Diarios: “La cuestión es comprenderme a mí mismo, descubrir qué quiere Dios que yo haga; la cuestión es encontrar una verdad que sea cierta para mí, encontrar la idea por la que pueda vivir y morir”.

En nuestros tiempos esta pregunta es urgente en las zonas más modernizadas del mundo, y hay una sencilla razón para que lo sea. Han convergido tres factores que inducen la búsqueda de sentido sin precedentes en la historia humana. Primero, la búsqueda del propósito de la vida es una de las cuestiones más profundas de nuestra experiencia como seres humanos. Segundo, la expectativa de que todos podemos tener vidas con propósito se ha visto más que impulsada por la oferta que hace la sociedad moderna de las máximas alternativas de decisión y de cambio en todo lo que hacemos. Tercero, la consecución de la búsqueda de propósito se ve obstaculizada por un hecho sorprendente: de entre más de una veintena de grandes civilizaciones a lo largo de la historia, la civilización occidental contemporánea es la primera que no tiene una respuesta consensuada a la pregunta de cuál es el sentido de la vida. En consecuencia, este tema se ve sumido en una ignorancia, una confusión y un anhelo superiores a los de casi cualquier otro momento de la historia. El problema es que, en nuestra calidad de personas modernas, tenemos demasiado que vivir y demasiado poco por lo que hacerlo. Algunos sienten que tienen el tiempo, pero no el dinero suficiente; otros sienten que disponen de dinero, pero les falta tiempo. Pero la mayoría de nosotros, en medio de la abundancia de bienes materiales, padece la pobreza espiritual.

Este libro es para todos aquellos que anhelan encontrar y cumplir el propósito de sus vidas. Sostiene que este propósito se puede hallar solamente cuando descubrimos el propósito concreto por el que fuimos creados y al que somos llamados. Responder el llamado de nuestro Creador es “el porqué último” de la existencia, el origen más elevado del propósito en la existencia humana. Aparte de ese llamado, toda esperanza de encontrar un propósito (como la teoría que sostienen algunos sobre pasar “del éxito a la trascendencia”) acabará en nada. Sin duda, este llamamiento no es lo que normalmente pensamos que es. Hay que sacarlo de entre los escombros de la ignorancia y de la confusión. Y, por mucho que nos moleste, a menudo contradice directamente nuestras inclinaciones humanas. Pero no hay nada que no sea el llamado de Dios que pueda fundamentar y satisfacer el deseo humano más sincero de encontrar un propósito.

Cada día que pasa es más evidente la insuficiencia de otras respuestas. El capitalismo, a pesar de toda su creatividad y su productividad, se queda corto cuando se enfrenta a responder a la pregunta “¿por qué?”. Por sí solo carece literalmente de sentido, porque no es más que un mecanismo, no una fuente de significado. Lo mismo pasa con la política, la ciencia, la psicología, la administración, las técnicas de autoayuda y todo un arsenal de teorías modernas. Se les puede aplicar lo que Tolstói escribió sobre ellas: “La ciencia no tiene sentido porque no da respuesta a nuestra pregunta, la única pregunta que es importante para nosotros: ¿qué haremos y cómo viviremos?”. Sin búsqueda de propósito no hay respuesta, y ninguna respuesta es más profunda y satisfactoria que la que demos a esa pregunta.

¿Qué quiero decir con “llamamiento”? Por ahora, baste decir que, sencillamente, el llamamiento es la verdad de que Dios nos llama para sí de una forma tan decisiva que todo lo que somos,...



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