E-Book, Spanisch, 120 Seiten
Han La sociedad del cansancio
4. Auflage 2024
ISBN: 978-84-254-5145-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Cuarta Edición Especial
E-Book, Spanisch, 120 Seiten
ISBN: 978-84-254-5145-4
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959) estudió Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura Alemana y Teología en la Universidad de Múnich. En 1994 se doctoró por la primera de dichas universidades con una tesis sobre Martin Heidegger. Ha sido profesor de Filosofía en la Universidad de Basilea; de Filosofía y Teoría de los Medios en la Escuela Superior de Diseño de Karlsruhe y de Filosofía y Estudios Culturales en la Universidad de las Artes de Berlín. Es autor de más de una veintena de títulos, casi todos ellos publicados en castellano por Herder Editorial.
Autoren/Hrsg.
Weitere Infos & Material
La violencia neuronal
TODA época tiene sus propias enfermedades características que la definen. Por ejemplo, hubo una época bacteriana. Esa época terminó cuando se descubrieron los antibióticos. Hoy, pese al miedo evidente que todos tenemos a la pandemia gripal, ya no vivimos en una época vírica. Las técnicas inmunológicas nos han permitido superarla. Desde el punto de vista patológico, los comienzos del siglo XXI no han sido bacterianos ni víricos, sino neuronales. Enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP) o el síndrome de desgaste laboral o burnout son las que definen el panorama patológico de comienzos de este siglo. No son infecciones, sino infartos. Y no son provocadas por la negatividad de lo que nuestro sistema inmunitario detecta como distinto, sino por un exceso de positividad. Por eso, no son tratables con técnicas inmunológicas, cuya función sería repeler la negatividad de lo extraño.
El siglo pasado fue una época inmunológica. Eran tiempos en los que se distinguía tajantemente entre dentro y fuera, entre amigo y enemigo o entre lo propio y lo ajeno. También la Guerra Fría obedecía a este esquema inmunológico. Es más, el paradigma inmunológico del siglo pasado se expresaba en una terminología típica de la Guerra Fría y obedecía a un modelo estrictamente militar. La acción inmunitaria se basa en defender y atacar. Este modelo inmunológico, que rebasando el ámbito biológico se extiende ya hasta lo social y engloba a la sociedad entera, trae aparejada una ceguera: todo lo que es extraño se repele. El objeto de rechazo inmunitario es la extrañeza misma. Aunque el extraño no venga a nosotros con ánimo hostil, aunque no comporte ningún peligro para nosotros, ya por su mera alteridad reaccionamos contra él.
Recientemente han aparecido diversos discursos sociales que recurren expresamente a modelos explicativos inmunológicos. Sin embargo, la actualidad del discurso inmunológico no debe tomarse como indicio de que la organización de la sociedad obedezca hoy más que nunca a criterios inmunológicos. Que un paradigma se tome expresamente como tema de reflexión es, a menudo, síntoma de su decadencia. Sin que nos demos cuenta, desde hace ya algún tiempo se está produciendo un cambio de paradigma. En realidad, el final de la Guerra Fría ya vino acarreado por ese cambio.1 La sociedad está entrando hoy, cada vez más, en una coyuntura que no encaja con el modelo inmunológico de organización y rechazo. Esta coyuntura actual se caracteriza por la desaparición de la alteridad y la extrañeza. La alteridad es la categoría fundamental de la inmunología. Toda respuesta inmunitaria es una reacción a la alteridad. Pero hoy la alteridad está siendo desbancada por la diferencia, que no provoca ninguna reacción inmunitaria. La diferencia posinmunológica ya no nos enferma. Ni siquiera la diferencia posmoderna lo hace. Desde el punto de vista inmunológico, diferencia es igualdad.2 Por decirlo con una metáfora, la diferencia no tiene ese aguijón de extrañeza que provocaría una enérgica respuesta inmunitaria. Una vez que la extrañeza se ha reducido a fórmula de consumo, se vuelve inocua. La nueva extrañeza es el exotismo. El turista recorre lo exótico. Turista y consumidor han dejado de ser sujetos inmunológicos.
Por eso, es falsa la hipótesis en que Roberto Esposito basa su teoría de la inmunidad, por ejemplo, cuando escribe:
Un día cualquiera de los últimos años, los diarios publicaron, acaso en las mismas páginas, noticias aparentemente heterogéneas. ¿Qué tienen en común fenómenos como la lucha contra un nuevo brote epidémico, la oposición a la petición de extradición de un jefe de Estado extranjero acusado de violación de los derechos humanos, el refuerzo de las barreras contra la inmigración clandestina y las estrategias para neutralizar el último virus informático? Nada, mientras se los lea en el interior de sus respectivos ámbitos separados: medicina, derecho, política social y tecnología informática. Sin embargo, las cosas son distintas si se las refiere a una categoría interpretativa que halla la propia especificidad justamente en la capacidad de cortar transversalmente esos lenguajes particulares, refiriéndolos a un mismo horizonte de sentido. Como ya se pone de manifiesto desde el título de este ensayo, he identificado tal categoría como la de «inmunización». [...] A pesar de su falta de homogeneidad léxica, todos los acontecimientos antes citados pueden entenderse como una respuesta de protección ante un peligro.3
Ninguno de todos esos acontecimientos que enumera Esposito denota que nos hallemos en plena época inmunológica. Tampoco hoy los llamados «inmigrantes» son inmunológicamente distintos ni son, en sentido estricto, extraños que representen para nosotros un verdadero peligro o de los que debamos tener miedo. Vemos a los inmigrantes y a los refugiados más como una carga que como una amenaza. Ni siquiera el problema de los virus informáticos tiene demasiada virulencia social. Por eso, no es casualidad que, al hacer su análisis inmunológico, Esposito no atienda a problemas actuales, sino que se centre sin excepción en asuntos del pasado.
El paradigma inmunológico es incompatible con el proceso de globalización. La alteridad, al provocar una respuesta inmunitaria, contrarrestaría ese proceso de superación de límites y disolución de las fronteras que define a la globalización. Un mundo organizado inmunológicamente tiene su topología peculiar. Típicos de él son las fronteras, los pasos y los umbrales, las vallas, las trincheras y los muros, que impiden un proceso universal de trueque e intercambio. La promiscuidad generalizada, que hoy impera en todos los ámbitos vitales, y la ausencia de una alteridad que provocara efectos inmunológicos se necesitan mutuamente. A la inmunización también se opone diametralmente la hibridación, que hoy no solo domina el discurso de la teoría cultural, sino que marca una actitud vital generalizada. La hiperestesia inmunológica no toleraría ninguna hibridación.
Lo que más caracteriza a la inmunidad es la dialéctica de la negatividad. Lo inmunológicamente distinto es lo negativo que se infiltra en lo propio y trata de negarlo. Si lo propio no es capaz de negar la negatividad de lo distinto, sucumbe bajo ella. Así pues, la autoafirmación inmunológica de lo propio se lleva a cabo como una negación de la negación. Lo propio se afirma a sí mismo en lo distinto, al negar su negatividad. También la profilaxis inmunológica, o sea, la vacunación, obedece a la dialéctica de la negatividad. Se inyectan en lo propio meros fragmentos de alteridad para provocar la respuesta inmunitaria. La negación de la negación se produce en este caso sin riesgo vital, porque el rechazo inmunitario no es aquí una reacción directa a lo diferente. Uno se inflige voluntariamente un daño pequeño para preservarse de un daño mucho mayor, que podría ser mortal. La desaparición de la alteridad significa que la época en que vivimos es pobre en negatividad. Sin duda, las enfermedades neuronales típicas del siglo XXI obedecen a una dialéctica, pero no a la dialéctica de la negatividad, sino a la de la positividad. Son estados patológicos atribuibles a un exceso de positividad. La violencia no viene solo de la negatividad, sino también de la positividad; no solo de lo diferente o lo extraño, sino también de lo igual. Es evidente que Baudrillard alude a esta violencia de la positividad cuando escribe: «Quien vive de lo igual morirá de lo igual».4 Baudrillard habla también de la «obesidad de todos los sistemas actuales», de los sistemas informativo, comunicativo y productivo. No hay reacción inmunológica a la grasa. No obstante, la teoría de Baudrillard tiene un punto débil, y es que expone el totalitarismo de lo igual desde una perspectiva inmunológica:
No es casualidad que hoy se hable tanto de inmunidad, de anticuerpos, de trasplantes y de rechazos. En épocas de penuria, nos preocupamos de absorber y de asimilar. En épocas de abundancia, el problema consiste en rechazar y expulsar. La comunicación generalizada y el exceso de información amenazan a todas las defensas humanas.5
En un sistema donde impera lo igual solo metafóricamente se podría hablar de rechazo inmunológico. La defensa inmunitaria siempre se dirige contra lo distinto o lo extraño en sentido estricto, lo igual no provoca la producción de anticuerpos. ¿Qué sentido tendría fortalecer las defensas inmunitarias en un sistema donde impera lo igual? Debemos distinguir entre el rechazo inmunológico y el no inmunológico. Este último se dirige contra el exceso de lo igual, contra la positividad desmesurada. En el rechazo no inmunológico no interviene la negatividad. Tampoco es una exclusión, que presupondría un interior inmunológico. Por el contrario, el rechazo inmunológico es una reacción a la negatividad de lo distinto, que se produce con independencia de su cantidad. El sujeto inmunológico tiene un interior que rechaza y excluye lo distinto, por mínimo que sea.
El exceso de producción, de rendimiento y de comunicación genera una violencia de la positividad. Pero esa violencia ya no es...




